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mayo-agosto, 2015
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Participación colombiana en la guerra de independencia de Cuba de 1895 
María Herminia Rojas Pacheco

A finales del siglo XIX, Colombia era víctima de una serie de pugnas internas entre los sectores dominantes, divididos principalmente entre conservadores y liberales. Como resultado de estas pugnas, el partido conservador tomó las riendas del poder, y se repitió con esto la historia de 1868. La política conservadora era reticente a los cambios, apoyaban a España y a la Iglesia Católica.

En 1895, al producirse la guerra de independencia de Cuba —organizada por José Martí—, en Colombia una escisión del partido conservador estaba en el poder. El vicepresidente era Miguel Antonio Caro (1892-1898), proveniente del Partido Conservador (Nacionalistas). Su gobierno se caracterizó por la rudeza con que trataba a sus opositores. Expulsó del país a Santiago Pérez —ex presidente de la República, director del Periódico “El Relator” y jefe del liberalismo— y a Modesto Garcés, tesorero de dicho partido.[1] Cerró varios periódicos y ordenó que no se hiciera sin permiso oficial “publicación alguna de carácter político ya en periódicos ya en folletos o en hoja volante” y “los que obrasen en contrario serían tratados como perturbadores del orden y la paz.[2] Según muestra el investigador colombiano Arizmendi Posada, esta medida equivalía a ser apresados y condenados.

Estas contradicciones, entre el gobierno de Miguel Antonio Caro y la oposición al gobierno por parte del Partido Liberal y de un grupo del Partido Conservador, “Los Históricos”, conllevaron a que el 22 de enero de 1895 se desatara una guerra civil, que finalizó con la Batalla de Enciso, el 15 de marzo de 1895, en el Departamento de Santander del Sur, y que dejó al país sumido en la miseria.[3]

Esta contradicción, junto al reciente restablecimiento de las relaciones diplomáticas con España, creaba un ambiente poco favorable para la solidaridad con Cuba.

No obstante, la primera manifestación pública para apoyar a la Isla se produjo el 25 de octubre de 1895, en la ciudad de Bogotá. Allí apareció un mensaje en el periódico El Heraldo titulado “Actitud simpática”, que expresaba: “…con el objetivo de reunir fondos en esta ciudad para auxiliar a los patriotas cubanos heridos y enfermos nos hemos permitido iniciar una suscripción popular en apoyo de la cual solicitamos la colaboración de usted”.[4]

A la vez, hacía un llamado para que la idea fuera publicada en los periódicos. El artículo estaba firmado por José Joaquín Pérez, Guillermo Surano, Gerardo Palacio, Diego Uribe, Pedro E. Manrique, Jorge Roa, José Joaquín Casas, Diego Mendoza, Eduardo Posada, McDuval, Juan Antonio Pardo y P.

Otros periódicos que publicaron este comunicado fueron: La Verdad, de Barranquilla; Las Novedades y los Tiempos, de Medellín; La Hoja, de Ibagué; El Estudio, de Zipaquira; La Estrella, de Panamá, y la revista Gris, de Bogotá. Además, enviaron cartas de respaldo a El Heraldo de las ciudades de Altamira, Chinácota (Santander del Norte), Popayán; del Ferrocarril de Cali, el Correo del Valle, entre otros.

El día 8 de noviembre, mediante un comunicado oficial, el gobierno prohibió las suscripciones por considerar que esta campaña de solidaridad afectaba los convenios establecidos con otras naciones, en que había sido acordado el principio de neutralidad; por ello resolvió: “Es prohibida toda organización o suscripción de fondos que tengan por objeto auxiliar insurrecciones en el exterior. Firmado Manuel Antonio Caro, Presidente, Luis M. Holguín, Subsecretario de Gobierno encargado del despacho”.[5] Por esos mismos días, se reunieron el ministro Rafael Reyes y Rafael María Merchán para tratar este asunto y llegaron al acuerdo de que los jóvenes presentarían un memorial explicando al Ministro que los fondos se invertirían en medicinas para los heridos y enfermos cubanos y que serían enviados a la casa de Camacho Roldán y la compañía Van Sickel, en Nueva York.

Rafael María Merchán, en carta a Estrada Palma, el 6 de octubre de ese año, le hace el siguiente comentario:

El general Reyes consultó con el Presidente Caro (y este le contestó según me ha referido el mismo Reyes) que no lo embromen más con memoriales y solicitud de autorización; que hagan con el dinero lo que les dé la gana, que lo envíen a quien quieran y el gobierno no los molestará, que esa Resolución se dictó porque el Ministro español tiene acosado al gobierno; que él es simpático a la causa cubana, pero que su opinión oficial y los tratados con España le imponen deberes, y que cuantas veces le pidan autorización para violar la neutralidad, tendrá que negarla.[6]

Las trabas señaladas disminuyeron un poco la recaudación de dinero, pero en la generalidad el gobierno dejó que la campaña de suscripciones se desarrollara. La prueba es que durante el período de la guerra de 1895 en Cuba —también llamada por los cubanos “guerra necesaria”— fueron creados clubes en casi toda Colombia. Estos realizaban actividades públicas como veladas literarias, bazares, actos teatrales, que eran anunciados con anterioridad en algunos periódicos de la época, así como los nombres de los suscriptores y la cantidad de dinero aportada o los objetos que en muchos casos eran obsequiados por la población.

El respaldo directo por parte del gobierno no se hizo sentir. Sin embargo, no podemos dejar de tener en cuenta el apoyo que brindó el general Rafael Uribe Uribe, distinguido liberal, ferviente simpatizante y admirador de la causa cubana, quien hizo un llamado en reunión de la Cámara de Representantes de Colombia a la solidaridad con Cuba como muestra de latinoamericanismo. La propuesta consistía en:

Acuerda:

Considerar en el acta de este día un voto de simpatía caluroso hacia los patriotas cubanos, que están forzándose para llevar a cabo la independencia de la Grande Antilla, y el deseo de la Cámara de que la guerra actual, tan ruinosa para España como para Cuba, se termine pronto y honrosamente para que entre ambas por medio de tratados que aseguren a la una dicha independencia, y a las dos ventajosas relaciones de amistad y comercio. La Cámara vería, además, con gusto cualquier paso que el poder ejecutivo diese para conseguir estos fines, interponiendo sus buenos oficios, cuando lo creyere oportuno, ya solo, ya en unión de otros gobiernos americanos de los que abrigan idénticos propósitos y sin faltar por ello a los deberes internacionales que nos ligan a la nación española.

Comuníquese al poder ejecutivo y cúmplase.[7]

Esta propuesta no fue aprobada, pero sentó una posición de gran valor, como continuador del ideario bolivariano de unidad latinoamericana, un ejemplo de valentía y un aporte importante en la historia de las relaciones entre Cuba y Colombia.

También fue notoria la actitud de personalidades como Fidel Cano, exponente de las ideas liberales y uno de los que más desarrolló el periodismo en Colombia, quien escribió un artículo en el periódico El Espectador en el año de 1897, en el que, al igual que Rafael Uribe Uribe, consideraba que:

…la causa de Cuba es americana, causa de cuantos siguen los principios republicanos, de cuantos aman la libertad, y por consiguiente causa nuestra (…) Colombia no podrá ver indiferentemente la causa de los patriotas cubanos, sin pesar a la vez contra la justicia, contra la lógica contra la gratitud que debemos a los libertadores y contra las más triviales reglas de prudencia y previsión.[8]

En este mismo sentido, el joven Enrique Olaya Herrero,[9] gran orador político, hizo un discurso el 15 de diciembre de 1897, donde hacía un llamado al apoyo de la independencia cubana y en el que finalizó diciendo: “Demos tregua a nuestras contiendas fratricidas y gastemos nuestras energías juveniles en algo verdaderamente grande: en ayudar a la independencia de una nación hermana, en depositar nuestro esfuerzo por la libertad de la hermosa Cuba”.[10]

Otro acto que trascendió en toda Colombia fue el plebiscito organizado por la prensa colombiana y los partidos tradicionales en apoyo a los anhelos de Cuba. Participaron por la capital de la República: El Heraldo, El Republicano, El Derecho, revista Gris, La Mujer, El Sol; en Medellín, El Espectador, El Esfuerzo, Las Novedades, Los Tiempos; en Ibagué, La Hoja; en Cali, El Correo del Valle, El Ferrocarril; en Barranquilla, El Imparcial, La Verdad; en Popayán, revista Caucana; en Cartagena, El Porvenir; en Panamá, La Estrella; en Santa Marta, El Impulso; en Bucaramanga, La Bandera Nacional, entre otros.[11]

Es importante señalar que estos periódicos mantuvieron vivo el sentimiento del pueblo colombiano a favor de la causa cubana a lo largo de la guerra y dieron muestras de permanente entusiasmo por la libertad de la Isla.

Publicaron poesías alusivas a los patriotas cubano y a la guerra que se gestaba, relatos de estos hechos, opiniones continentales al respecto y, en algunos casos, las listas de los suscriptores con la cantidad de dinero aportado; sobre lo referido al nivel de apoyo al país caribeño se puede afirmar que fue un proceso ascendente.

En 1895 se crea en Colombia un club del Partido Revolucionario Cubano (PRC), encabezado por Rafael María Merchán. Se impulsaban las actividades en torno a la solidaridad con Cuba. Propósito que obtuvo un amplio eco al ser de conocimiento de los colombianos la gran hazaña de la invasión de Occidente por la columna comandada por el General Antonio Maceo (octubre de 1895-enero de 1896).

En los primeros meses las contribuciones fueron de forma individual y posteriormente a través de los clubes. En diciembre de 1895 fue fundado el Club Político de Beneficencia Cubano en Cartagena; en Barranquilla, la Sociedad Carolina, dirigida por la cubana Carolina Giménez de Dagand, y en noviembre de 1896 es creado el Club 11 de noviembre, dirigido por Fulgencio Segrera y Eugenio Quesada; también fueron fundados el Club Unión de Medellín y el Club Bolívar de Panamá.[12]

De significativo valor fueron los cientos de cartas enviadas a los dirigentes del PRC, en las que manifestaban admiración y apoyo a la causa cubana. Un ejemplo, la carta a José Joaquín Pérez, donde se señala: “Le suplicamos a usted se sirva recibir la adjunta letra por $25 y endosarla al tesorero de contribuciones para Cuba. Los felicitamos a ustedes por la generosa idea de ayudar en algo a nuestros hermanos de Cuba”.[13]

También fue meritorio al aporte económico, aunque era pequeño; hay que tener en cuenta que el papel moneda se había devaluado considerablemente y el país se encontraba en una profunda crisis política y económica. Así lo señaló Merchán, en carta a Estrada Palma el 31 de diciembre de 1895: “Por desgracia no puede hacerse mucho: hay varias razones primero, el país acaba de pasar por una desastrosa guerra civil, la gente está muy pobre, apenas se empieza ahora a trabajar, el estado de sitio no se ha levantado, y nos hallamos bajo el régimen del papel moneda. Un peso en oro no representa más de 2.50 en papel más o menos y no hace mucho representaba $3”.[14]

En la medida que Colombia se reorganizaba y era de conocimiento general lo que acontecía en Cuba, el apoyo popular hacia la Isla fue mayor en las ciudades más populosas y hasta en las más pequeñas se crearon clubes filantrópicos. Un dato curioso: a pesar de la existencia de tantas rivalidades partidistas, la causa cubana sirvió de hilo de unión entre los sectores en disputa.

En 1897 fue creado el Club Maceo de Bogotá, en honor al General cubano Antonio Maceo. Desarrolló una importante labor como catalizador de la efervescencia del pueblo colombiano hacia Cuba. Sus organizadores, que conocían la problemática colombiana, supieron elaborar sus estatutos sin afectar susceptibilidades. En razón de esta situación, un artículo decía: “Este club no tiene carácter político, en su seno caben todas las opiniones y todas las clases sociales, sin distinción de ninguna especie con el objeto de llenar el fin benéfico que se propone”.[15]

Su directiva estaba conformada por:

Presidente: Adolfo León Gómez

Primer Vicepresidente: José Joaquín Pérez

Segundo Vicepresidente: Federico Rivas Frade

Vocales: Carlos Cuervo Márquez, Carlos A. Torres, Julio A. Añez

Personero: César Sánchez N.

Tesorero: Pedro Miguel Morales

Secretario: Rafael Tobar Calderón

Subsecretario: Pablo I. Barreto

La dinámica de este club consistía en crear sedes en distintas regiones de Colombia, y atender a los clubes que habían sido creados con anterioridad y que aceptaban su dirección. La gran acogida que obtuvo este club fue grandiosa.

El 6 de julio de 1897 el Club Maceo hizo un informe al director del periódico Patria, de Nueva York, para que este le fuera enviado a sus respectivas sedes: Bogotá, Club Martí; Charalá (Santander), Sociedad Antonio Maceo; Roldanillo (Cauca), Club Maceo; Lérida (Tolima), Club Maceo; Cali (Cauca), Club Maceo; Titiribí (Antioquia), Centro Maceo; San Cayetano (Cundinamarca), Club Maceo; Ubaté (Cundinamarca), Club Maceo; Vélez (Santander), Club Maceo; Girardot (Cundinamarca), Club Maceo; Líbano (Tolima), Club Cuba Libre; Neiva (Tolima), Club Maceo; Fredonia (Antioquia), Club Patriota por Cuba; Mompos (Bolívar), Club Máximo Gómez.[16]

La correspondencia dirigida a Rafael María Merchán y al Club Maceo de Bogotá en 1897 —que hoy se encuentra en el Archivo Nacional de Cuba— nos permite precisar que este club tenía sucursales en más de 135 puntos del país:[17] en ciudades, municipios, pequeñas localidades; se denominaba de distintas formas: clubes, centros de apoyo, comités, sociedades patrióticas, organizaciones de apoyo, entre otros, y los nombres que tomaban era de figuras cubanas que se destacaban o de combatientes caídos. Todas las organizaciones mencionadas tenían como objetivo el apoyo a la independencia de la isla caribeña. Estos datos nos permiten apreciar el gran valor que representaba para Colombia la independencia cubana y, a su vez, la presión tan fuerte que ejercían los clubes sobre el gobierno colombiano, teniendo en cuenta que cada club representaba un gran número de integrantes.

Rafael María Merchán, una de las figuras principales en el esfuerzo a favor de la causa cubana y que se caracterizaba por la responsabilidad con que asumía este trabajo, escribió:

No ha de creerse que el total de las suscripciones que pasa de 11500 en papel (incluyendo la de Bucaramanga y Pamplona) sea el único donativo de Colombia. Sabido es que de las costa, de varios departamentos interiores, de Bogotá mismo, se han hecho otras remesas y considerables; pero es natural que en este informe me limite a hablar de aquellos en que he tenido intervención, o sin tenerla, de que se me ha dado conocimiento circunstanciado.[18]

La solidaridad colombiana fue aumentando no solo en cantidad, sino también en calidad. Cada vez eran muchos más los amigos de Cuba que se preocupaban por tener conocimiento de lo que acontecía en la Isla, solicitando más a menudo los periódicos y pidiendo información a los dirigentes de los clubes. Las funciones literarias para recaudar fondos también adquirían mayor organización y la participación con poesías, proclamas, actos teatrales, a favor de Cuba, ganaba mayor profundidad en sus mensajes. También es importante señalar que a lo largo del año 1898 se crearon más clubes en otras ciudades y, a medida que los patriotas cubanos obtenían mayores victorias, las demostraciones de júbilo eran más notables por parte de los colombianos. Esas demostraciones pueden verse en los cientos de cartas de felicitación a Estrada Palma, Merchán o el Club Maceo.[19]

También fueron enviados a los periódicos mensajes donde los colombianos tomaban partido en esa contienda. Una carta abierta enviada desde Barranquilla, el 8 de junio de 1898, a Francisco Pi Margall (Madrid) decía:

…acá en esta tierra de libres se adora la libertad en el altar del derecho y no aceptamos bajezas que humillen, ni conveniencias que lleven el sello del crimen. Por eso señor no somos partidarios de la intervención yankee.

Somos republicanos de pura razón y como usted o más que usted, deseamos la independencia de Cuba. Pero no aceptamos la intervención porque ella empeña las glorias de Maceo, sobre cuya tumba se ostentan los trofeos del martirio…

Luis de Valdepeña (Imprenta de los Andes)[20]

Otra actitud favorable a la independencia fue la de algunos consejos municipales que exigían el reconocimiento de la beligerancia cubana. El 6 de julio de 1898, el consejo municipal de Uribe elaboró un documento que autorizó al Club Maceo de Bogotá para que, en su nombre, exigiera en la siguiente reunión de la Cámara de Representantes una respetuosa solicitud de reconocimiento de la beligerancia cubana.[21]

Otros consejos que se pronunciaron exigiendo el reconocimiento de la beligerancia de Cuba fueron el Consejo municipal de Anorí, de Girardot, el 21 de julio de 1898; Campo Alegre y Tumaco, el 2 de agosto de 1898; Nunchia, el 4 de julio de 1898.

Por intermedio del Club Maceo de Bogotá hubo otras solicitudes: Club estudio de Anari, Soatá, Nunchia, y el Club Maceo de Baraya.[22]

Estos clubes estuvieron activos hasta que el Partido Revolucionario Cubano anunció el término de la guerra. El 26 de septiembre de 1899, por acuerdo del club Maceo, fueron enviados los archivos a Rafael María Merchán para que los hiciera llegar a la Biblioteca Nacional de Cuba.



[1] Veáse Ignacio Arizmendi Posada: Presidentes de Colombia 1810-1890, Planeta Colombiana Editorial S.A., Bogotá, pp. 184-185.

[2] Ibídem, p. 184.

[3] Archivo Nacional de Cuba. Fondos Donativos Legajo 19, Nº 2461.

[4] Archivo Nacional de Cuba. Fondos Donativos Legajo 19, Nº 2961.

[5] Archivo Nacional de Cuba. Fondo Delegación PRC Caja 32 A, expediente A, documento Cuba Colombia folio 437.

[6]Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Correspondencia PRC. Caja 135, documento 16573

[7] Holguín Jorge: Informe del Ministerio de Relaciones Exteriores al Congreso de 1896, Anales Diplomáticos y Consulares de Colombia, Bogotá, 1914, tomo IV, p. 694. Citado por Gabriel Giraldo Jaramillo: Colombia y Cuba, Editorial Minerva Ltda., Bogotá, pp. 111-112.

[8] Ibíd., p. 135.

[9] Enrique Olaya Herrera, miembro del club Máximo Gómez de la Universidad Republicana de Bogotá y posteriormente presidente de Colombia por el Partido Liberal (1930-1934).

[10] Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos. Legajo 103, sig. 2.

[11] Véase Gabriel Giraldo Jaramillo Colombia y Cuba: ob. cit., p. 134.

[12] Véase Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Gobierno de la Revolución 1895. Legajo 9. Sig. 6421.

[13] Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Delegación PRC Caja 32 A, expediente A, documento Cuba Colombia, folio 436.

[14] Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Correspondencia PRC Caja 135, Nº 16571.

[15] Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Donativos Caja 1, Nº 1.

[16] Archivo Nacional de Cuba. Fondo Correos Caja 96 Nº 14455

[17] Véase Archivo Nacional de Cuba. Fondo Delegación PRC. Legajo 51 A. Expediente A-1, números 1 al 337.

[18] Rafael María Merchán: Cuba y Colombia, en Archivo Nacional de Cuba. Fondo Donativos Caja 1, sig. 3, p. 40.

[19] Véase Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Delegación del PRC. Caja 32, expediente A correspondencia Cuba Colombia, folio 165 A 455.

[20] Archivo Nacional de Cuba. Fondo: Delegación del PRC. Caja 32 A, expediente A correspondencia Cuba Colombia, folio 249.

[21] Véase: Ibíd., folios 272, 280, 314 y 316.

[22]Véase. Ibid. Folio 270, 297 y 305.

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