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mayo-agosto, 2015
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ANAP a cincuenta y cinco años de su publicación 
Carmen María Díaz García

La celebración de un hecho nunca es un acto ocioso porque este permite valorar el significado de un pasado. Entonces, la historia, sin proponérnoslo, se hace presente y ofrece la posibilidad de agradecer a quienes de una forma u otra formaron parte de la vida. Para nuestro interés es la vida del campesino y del cooperativista cubano. En su pasado están los sueños y realidades, las manos ávidas de sudor por el trabajo, el cantar de los pájaros y el murmullo del viento entre los árboles y arbustos, el tropel del ganado en el monte, el sonido de la mocha en el corte de la caña, el caminar entre surcos, el ruido del tractor o el mugir del buey.

La revista ANAP resultó órgano oficial de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), por acuerdo del I Congreso campesino celebrado el 17 de mayo de 1961. La primera tirada marcó su inicio en agosto de 1961, acompañando a sus asociados hasta el momento actual, superando las dificultades de la década del 90 del siglo pasado.

La primera edición recogió su misión cuando indicó:

En ella encontrarás orientaciones a las cuestiones que te atañen en tu duro bregar diario, con respecto al cumplimiento de las metas de producción agropecuaria.

Publicaremos en ella reportajes acerca de la producción en Granjas del Pueblo, Cooperativas y en todas las zonas campesinas de la República; contaremos anécdotas de la vida en el campo; narraremos las experiencias de los hombres que hoy liberados de la explotación latifundista, construyen el futuro feliz del socialismo.

La tirada mensual (bimensual ocasionalmente) se distinguió por la diversidad de color y calidad gráfica en portada y contraportada, con un formato de 11 x 8.5 pulgadas, y un número promedio de 60 páginas.

Un recuento en pocas páginas de todos sus años de publicación cumpliendo el objetivo de informar, orientar y educar a sus lectores constituye un reto para hacerlo con rigor; por esa razón y para honrar su quehacer, profundizaremos en la primera década y ella nos dará su continuar. Además de centrarnos en una temática, de por sí representante de su papel en la estructura social cubana: validar esos años de la publicación en lo expresado sobre la aplicación de la política agraria y su esencia socializadora.

La política agraria de la década del 60 del siglo pasado se sustentó en socializar la mayor parte de las tierras del país, en sentido de construir una sociedad socialista, utilizando diversas fórmulas en cuanto a la propiedad específica para cumplir ese fin. La primera Ley de Reforma Agraria, del 17 de mayo de 1959, convirtió el latifundio capitalista, por la vía de la expropiación, en cooperativas[1] y granjas propiedad de todo el pueblo, manteniendo indivisas las tierras para posibilitar la introducción de la técnica y usos científicos en la producción agropecuaria, y educar así al hombre y transformarlo en un ser social afín a las nuevas relaciones de producción donde el objetivo primado era por una sociedad solidaria, equitativa, de distribución acorde al trabajo, donde todos tuvieran derecho a un desarrollo pleno como seres humanos.

Por la ley agraria, a los campesinos se les otorgó la propiedad de la tierra a quienes la trabajaban y no la poseyeran hasta un límite de 5 caballerías.[2] El articulado de la ley protegía al productor individual y le propuso formas de organización de su trabajo para que este fuera más productivo y con un sentido socializador, subrayando el carácter voluntario en decidir la forma de gestión que se asumiría en sus tierras.[3] .

La apreciación sobre el comportamiento de la política agraria de beneficio al campesino durante la década del 60 indicó dos propósitos. Uno, propiciado por el otorgamiento de la propiedad de la tierra al campesino y la seguridad a su trabajo, respaldado por medidas gubernamentales que permitieran su desarrollo integral. El otro propósito relacionado con la búsqueda del desarrollo a través de formas socializadoras de la producción agraria con la integración de los campesinos. Ambos dispuestos a marchar paralelamente en sus primeros años. Sin embargo, el relacionado con las formas socializadoras se fue acentuando al aumentar el por ciento de tierra estatal obtenido por dos vías: la nacionalización de las tierras aún en manos de la burguesía agraria en octubre de 1963[4] y la incorporación voluntaria de tierras campesinas a entidades estatales.

La década del 60 estuvo marcada por el pensamiento sobre la posibilidad de la construcción acelerada del socialismo. El afán por avanzar rápidamente en todos los sentidos quedó expresado por el máximo dirigente de la revolución en 1962 cuando señaló: “… tratar de alcanzar el socialismo más pronto si es posible…”.[5] Pensamiento que quedaría reflejado en la revista campesina con la aplicación de la política agraria en el sentido de dar una organización asociativa y cooperativa a la producción campesina, incluyendo el respeto y apoyo a la decisión de mantener la individualidad productiva.

De acuerdo al artículo 45 de la Ley de Reforma Agraria, las Cooperativas de Crédito y Servicio (CCS) consistían en una forma de trabajo en asociación agrícola entre los campesinos, para fines como la provisión de recursos materiales, medios de trabajo, créditos, ventas, preservación de productos, construcción de instalaciones de uso común como embalses, regadíos e industrialización de subproductos bajo la reglamentación del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). Esta forma era más afín a las características de los campesinos, pues estos no perdían la propiedad sobre su tierra, asumiendo por primera vez su propio destino ante la producción nacional.

La creación inicial de esta forma de trabajo social atendió con prioridad a quienes, a pesar de su dispersión, estaban concen­trados en áreas determinadas.

Los fundado­res en 1959 de las CCS fueron los pequeños vegueros de tabaco de Pinar del Río, con importantes éxitos en el uso colectivo de las casas de curar tabaco, los equipos de regadío y la maquinaria en general. Pero quizás donde su trabajo resultó más sobresaliente fue en la tramitación, distribución y recuperación de los créditos, y en la planificación de la producción y de los insumos, dado el breve período de tiempo y lo riguroso del calendario a cumplir en razón del carácter cíclico y las peculiari­dades de la producción tabacalera. En 1961 se informó por la organización campesina la existencia de más de doscientas CCS en Pinar del Río, con aproximadamente 14 000 pequeños agricultores, y cerca de cien organizaciones en Las Villas, con notable crecimiento en 1963[6] al alcanzar 774 CCS con 47 000 campesinos o familias.

La revista respondió a esa política divulgando crónicas, artículos, intervenciones de dirigentes, reglamentos, algunos de ellos de importancia para el desarrollo productivo representado por las CCS. En su primer número, con el título “El camino de la transformación socialista de la agricultura es el camino de la cooperación, el camino de la unión”[7] —citando frases de Antero Regalado en la I Plenaria Nacional de la ANAP—, indicó la atención o preferencia que daría la publicación al proceso por crear estructuras y hábitos que constituyeran modelo de producción nuevo en sus dos niveles de participación campesina: la asociativa lograda con las CCS y la cooperativa en las Sociedades Agropecuarias.

La intencionalidad de expandir y dar credibilidad al proyecto de asociación quedó explícita en la edición de septiembre de 1961, con la publicación del “Reglamento General de las Cooperativas Agropecuarias de Crédito y Servicio de Agricultores Pequeños (Provisional)”,[8] aprobado por la resolución 3 de la ANAP del 15 de julio de 1961 y en el cual se recogió cómo quedó normado este modelo productivo. Igual propósito siguió la tirada dedicada a la divulgación del II Congreso anapista, que en sus páginas recogió evaluaciones sobre la modalidad de las CCS como experiencia positiva.[9]

Los resultados productivos ventajosos en las CCS para la economía del país y el bienestar del campesino ocuparon espacio en la revista durante los años 1961-1965, apreciándose una constante por mostrar la utilidad de la asociación, con un promedio de reportajes publicados de cuatro a cinco cada año de ese período. Citamos, entre otros: “Cooperativismo emprendedor y fraternal en la Cooperativa de Crédito y Servicio Los Pinos”,[10] “Para los campesinos se va ampliando el disfrute de una nueva vida. La Cooperativa de Crédito y Servicio Juan Pedro Carbó Serviá”,[11] “Buena cosecha de arroz en la Cooperativa Neftalí Martínez”,[12] “Pese a las dificultades sembraremos lo mismo o más”,[13] “En la cooperativa de Crédito y Servicio Anastasio Cárdenas”,[14] ”Reglamento General de las Cooperativas Agropecuarias de Crédito y Servicio de Agricultores Pequeños”,[15] “Pinar del Río: en la cosecha del tabaco”,[16] “Como funciona una cooperativa de Crédito y Servicio”,[17] ”Los agricultores comprenden la importancia del trabajo cooperativo”,[18] “Cooperación”,[19] “Solidaridad”,[20] “Tierras fértiles las de la cooperativa Nieves Morejón”,[21] “Venceremos las tareas que tenga por delante nuestra cooperativa”,[22] “Tabaco”[23] y “Tirado, emporio agrícola de Vuelta Abajo”.[24]

La otra experiencia económica fue la constitución de las Sociedades Agropecuarias (SA), según el artículo 44 de la Ley Agraria; o sea, el desarrollo del cooperativismo entre los campesinos de tipo socialista[25] integrado por campesinos y obreros agrícolas en forma de trabajo y de beneficio colectivo.

Con respecto a esta nueva forma de producción, la revista reprodujo la intervención ya citada de Antero Regalado,[26] en la cual la calificó como una unión de parcelas en producción común, alentando su constitución, pues era el camino para la cooperación agrícola hacia el socialismo.[27] Así, el primer número de la revista registró el camino sobre el que seguiría en lo adelante.

El apoyo a esa política continuó cuando publicó el informe presentado por la dirección de la ANAP al segundo congreso efectuado los días 7 al 9 de agosto de 1963.[28] En este informe expresó cómo en los primeros años la creación de las Sociedades Agropecuarias constituía “una forma de organización económica y social superior a la Cooperativa” (refiriéndose a las CCS).

En ese congreso, la organización campesina dejó explícitamente clara la dedicación a su formación, por ello en el informe tuvo un amplio espacio su evaluación y comportamiento productivo, señalando ejemplos de los resultados.[29] Además hizo presencia de esa voluntad el Reglamento General de la ANAP, el cual estableció como uno de sus fines el “… fomentar y desarrollar la cooperación agraria entre los campesinos, siguiendo en todo ello el principio de la voluntariedad”,[30] significativo estímulo para la incorporación campesina a la cooperación agraria con su forma de trabajo y propiedad colectiva.

Con la función de conocer los resultados de las sociedades agropecuarias, los dirigentes de la ANAP efectuaron recorridos que fueron reportados por la revista. Por ejemplo, con el título Recorrido por la provincia Camagüey. Visita a Sociedades Agropecuarias[31] refirieron las reuniones con los socios, los chequeos a las metas de producción, las normas de trabajo, capacitación y superación de los socios, entre otros asuntos; con amplio destaque fotográfico.

La divulgación en la revista de las nuevas formas para producir y organizar a los campesinos ocupó el mayor número de páginas, privilegiando la política de sentido socializador, hasta llegar a un promedio de 10 trabajos periodísticos por año; en 1965 decreció significativamente como resultado de la prioridad dada a otras formas de socialización socialista, como veremos más adelante.

Algunos ejemplo de la referencia a esta forma productiva fueron: “4 sociedades agrícolas”,[32]Gabriel Valiente y Victoria de Girón dos Sociedades agropecuarias de la provincia de Matanzas”,[33] “En la Sociedad Agropecuaria Mártires de la Coubre”,[34] “Producción papera en una Sociedad Agropecuaria”,[35]Pedro Lantigua, una Sociedad Agropecuaria”,[36] “Las provincias”,[37] “Plan Nacional de emulación entre organismos de base y sociedades agropecuarias”,[38] “Campos verdes y vegetación vigorosa en la sociedad agropecuaria Ciro Redondo”,[39] “Cosechas records de maíz en la casi totalidad de las provincias”,[40] “Celebrando el Primer encuentro fraternal entre dos Sociedades Agropecuarias”,[41] “Los campesinos defienden su tierra y su revolución”,[42] “Paso a una verdadera unión de la clase campesina”,[43] “En una Sociedad Agrícola”,[44] ”Café y malanga en las lomas de San Cristóbal”,[45] ”La labor de la ANAP es orientar a los campesinos”,[46] “Las sociedades agropecuarias elementos de conciencia revolucionaria”,[47] ”Hacia una agricultura socialista”,[48] “En la Sociedad Agropecuaria Camilo Cienfuegos” ,[49] “La Sociedad Agropecuaria 17 de mayo inaugura su aula de seguimiento”,[50] “Nosotros los campesinos pesamos nuestras propia cosecha”,[51] “Las garantías que la revolución ofrece al campesino son enormes. Negarlo es mentir”,[52] “93 000 arrobas de caña por caballería”,[53] “Eran dieciocho los que en ese momento producían unidos”,[54] “En la Sociedad Agropecuaria José Martí”,[55] “Reglamento General de Sociedades Agropecuarias”,[56] “!Ni una pulgada de tierra sin sembrar…!”,[57] “El esfuerzo unido de los agricultores reporta utilidades en la Sociedad Agropecuaria Rubén Martínez Villena”,[58] “En la Sociedad Agropecuaria Pelayo Cusidó, las cañas promedian a 108 mil arrobas por caballería”,[59] “Una visita de la Legación de Israel en Cuba a 3 Sociedades Agropecuarias”,[60] “Incorporar al trabajo productivo a las mujeres aptas para esos trabajos”,[61]La Nueva Cuba, Sociedad Agropecuaria ganadora en Emulación a nivel nacional”,[62] “La Sociedad Agropecuaria Juanito Garcell, una nueva forma de vida de los campesinos”,[63] “Los campesinos de Venta de Casanova libran la gran batalla de la producción”,[64] “Alta conciencia y estrecha unidad”,[65] “También en Oriente se cosecha el mejor tabaco”[66] y “Moderno pueblo en la Sociedad Agropecuaria Frank País”.[67]

En estos primeros años, la voluntad política por la estatalización del campo tuvo un comportamiento gradual, ese interés se apreció con el incremento en nuevas formas de trabajo colectivo, como la creación de brigadas de trabajo en las CCS para suplir inicialmente la falta de fuerza de trabajo —en particular en cosechas como la caña—, las cuales recibieron el nombre de “Brigada de Ayuda Mutua”. Otro paso en ese sentido fueron las grandes inversiones del Estado en el desarrollo técnico-científico de determinadas producciones agrícolas y pecuarias que dieron origen a los nominados “planes”. Según lo publicado, este proceso se reflejó lento, apreciado por el reducido número de referencia —por ejemplo, 3 sobre las brigadas,[68] 2 vinculados a los planes estatales[69] y 1 donde se abordó ambos temas.[70]

Desde inicio de la década del 1960 hay una intención en estatalizar[71] y revolucionar técnicamente el campo correspondiente con el pensamiento de dar pasos hacia una sociedad comunista. Pero es a partir del año 1967 cuando se irían acentuando las acciones en busca de esa sociedad que involucraría a todos los sectores socioproductivos y, como señalamos antes, se concretaría en formas organizativas-productivas concernientes a la incorporación de campesinos al sector socialista, como parte de la fuerza económico-social del país.

Lo conceptual en cuanto al camino ideológico quedó explícito en el discurso pronunciado por el Comandante en Jefe en el aniversario XV del Moncada, y publicado en la revista; aquí definió el proceso cubano como la búsqueda de un desarrollo paralelo entre las fuerzas productivas y la conciencia comunista.[72]

La revista ANAP dio seguimiento a la política trazada con respecto al manejo de la agricultura campesina y su transformación en una agricultura socializada en sus variadas formas, como: la Brigada de Ayuda Mutua, los 3 tipos de planes estatales[73] y las formas establecidas como CCS y SA. A continuación, la participación de la publicación con respecto a lo anterior.

Brigadas de Ayuda Mutua. En ese contexto, las Brigadas de Ayuda Mutua, creadas para utilizarlas en el área de las CCS, ampliaron el territorio a Granjas buscando fuerza de trabajo para la zafra cañera fundamentalmente, aunque tuvieron otras funciones productivas en el transcurso de los años.

La revista de los campesinos estuvo involucrada en reportar el crecimiento de ellas y su papel en la formación de la conciencia comunista del campesino. A esto respondió la divulgación del texto íntegro de uno los acuerdos del Comité Ejecutivo Nacional de la ANAP, efectuado durante los días 20 y 22 de agosto de 1968, el cual relacionó el desarrollo de ese tipo de organización para el trabajo como una experiencia de gran valor político ideológico. Parte del acuerdo refirió lo siguiente:

…donde los hombres se unen en el trabajo creador y se desarrolla la conciencia por los intereses colectivos, mostrando la falsedad del individualismo y el egoísmo... debemos impulsar este movimiento partiendo del principio de incorporar a todos los campesinos voluntaria y conscientemente, pero sin regirnos en la estructura y en los métodos de trabajo por un esquema, sino en la dinámica creativa de las masas.[74]

La publicación recogió los fines, concepto y funciones de la Brigada de Ayuda Mutua según los acuerdos de la conferencia de brigadas de Oriente, efectuada el 10 de septiembre de 1968 en Palma Soriano.[75] Por estos acuerdos, la Brigada no solo se convirtió en fuerza de trabajo, sino también en organización para otras tareas ajenas a la producción como la educación, la política e incluso el deber militar. La reproducción de ellos permitió conocer su composición y funcionalidad productiva y social en esos años. A través de sus páginas, la revista propició que el elemento organizativo-productivo de la Brigada de Ayuda Mutua, preferentemente dedicada a la atención de la cosecha y zafra azucarera, fuera conocido, incluyendo el significado que tuvo para la mujer por su acceso al trabajo y a una serie de actividades educacionales y culturales, desconocidas para ellas.[76]

La organización en brigadas quedó vinculada, tanto al éxito de la cosecha de la caña, como de otro cultivo, y el número de brigadas fue sinónimo de atención a la producción y la búsqueda de la eficiencia productiva. Por ello la revista reportó el evento nacional de organizadores de la ANAP, celebrado en Camagüey el 28 de mayo del año 1969, que analizó entre otros asuntos la cantidad de brigadas según las provincias.[77] Las cifras divulgadas permitieron apreciar el elevado número de campesinos movilizados en acción no vinculada a su finca. Pinar del Río: 1 774 brigadas con 16 400 hombres. La Habana: 586 brigadas. Matanzas: 91 brigadas con 2 024 hombres; y Camagüey: 18 brigadas de corte manual y alza mecanizada con 252 miembros, y 290 brigadas de corte con 2 389 hombres. Meses después, en reportaje sobre las Brigadas en Oriente, se dio a conocer su número: 4 134 brigadas con 36 272 campesinos.[78]

Según la publicación de noviembre de 1969,[79] se dispuso para la “Zafra de 1970” de 56 095 incorporados al trabajo, con la participación de 2 951 Brigadas de Ayuda Mutua dispuestas para la gran tarea económica.

En el transcurso de los años, la Brigada de Ayuda Mutua se convirtió en elemento funcional organizativo importante para el cumplimiento de las metas de la zafra y también de otras producciones.

Sin embargo, la publicación del mes de agosto de 1969 recogió la intervención, del 20 de julio de ese año, del presidente de la ANAP, quien alertó sobre el subjetivismo o espejismo que podría ocasionar ese tipo de organización de trabajo, creando una falsa expectativa sobre un cambio en la conciencia del campesino; aunque ratificó la misión estratégica de cambiarla, no como un hecho consumado, sino como una aspiración. Al respecto, señaló:

…todos tenemos una gran esperanza en el movimiento de brigadas como factor importantísimo para cumplir con la zafra y para cumplir con todas las tareas que tenemos que cumplir en la producción. Pero creo un deber llamar la atención para que ese entusiasmo que tenemos con las brigadas, esa fe que tenemos en ellas, no nos deforme un poco nuestra mentalidad y nos haga ser un poco subjetivo y que perdamos un poco de vista la idiosincrasia del guajiro, y que le impongamos una brigada pensando en que ya se reunieron, que ya lo aceptaron, firmaron un acta, hicieron el compromiso y que ya prácticamente son proletarios, que aceptan disciplinadamente lo que les digamos.[80]

Muchas veces las constituimos, pero no tenemos la concepción clara de la razón de la brigada y la forma en que hay que manejar la brigada. Algunas gentes todavía tiene la idea de que la brigada es para resolver la gran presión que tenemos en la falta de fuerza de trabajo; y nosotros entendemos que es así, que en gran parte va a resolver ese déficit, que alivia un poco la situación, pero nosotros no hacemos la brigada solo pensando en esto. Lo hacemos pensando en esa fuerza humana dispersa, desorganizada, con toda una serie de costumbres del individualismo, de apego a su pequeña propiedad, a la ganancia individual y todos estos factores debemos tenerlo en cuenta.[81]

La revista continuó divulgando el criterio sobre el cambio de conciencia entre los campesinos, dando crédito al subjetivismo que permeó estos años y reseñando la Conferencia Provincial de jefes de brigadas de Ayuda Mutua Cañera, efectuada el 5 de octubre de 1969, en la cual el organizador nacional de la ANAP ratificó el valor ideológico de ellas como asunto que debía cuidarse.[82]

Llegó el año 1970 con la esperanza de que en Cuba se produjeran 10 millones de toneladas de azúcar de caña; por esa razón todo el esfuerzo y la atención estuvieron orientados a ese fin, en detrimento de otras actividades administrativas y productivas. La publicación de la organización campesina en el primer número de ese año consideró la “Zafra de los 10 millones” como un hecho histórico[83] y, consecuente con ello, la mayoría de los reportajes en 1970 estuvieron relacionados con el desenvolvimiento de la zafra y, dentro de ella, el uso y funcionalidad de las brigadas de ayuda mutua. Entre estos reportajes, se destaca el referido a la primera brigada de corte y alza campesina en ser millonaria en el nivel nacional,[84] así como el que da a conocer el comportamiento destacado de 100 brigadas con respecto a las 206 cañeras en la provincia de La Habana.[85]

Otros trabajos periodísticos que acapararon los páginas de la revista fueron: “Las Villas ¡A la carga!”, reportando los campesinos millonarios de la provincia; “1er. Lugar regional. Con el Bon Niceto Pérez” y los primeros campesinos millonarios, artículos del periodista Pedro Rojas;[86] “El honor de la columna”, sobre el aporte de la Columna Campesina Ignacio Agramonte; “Millonarios de la tierra roja”, sobre el aporte de las brigadas en corte en la provincia de Oriente; y “Camagüey. A paso de gigantes”, referido al corte millonario de 24 campesinos.[87]

Durante los meses de zafra de ese año, también se hicieron habituales informaciones sobre el comportamiento de la fuerza de trabajo campesina. Unas veces a manera de editorial, como fue el realizado sobre la zafra a fines del año 1969; las cifras sirvieron para valorar que la zafra transcurría con problemas, a pesar de la insistencia en cumplir con los compromisos en fuerza de trabajo organizada en brigadas. En otras informaciones[88] presentó un análisis de la asistencia y productividad de los macheteros del sector campesino, registrando el por ciento de asistencia, cumplimiento de arrobas a entregar y productividad por debajo de lo planificado, lo que permitió tener en cifras la marcha con dificultades de la zafra.

Posterior a la culminación de la “zafra del 70”, la Brigada se mantuvo como forma organizativa productiva entre los campesinos para la recogida de café[89] y para la zafra de 1971,[90] según reportó el órgano oficial de la institución campesina, sin valoración crítica de los resultados productivos del año de mayor número de ellas.

Planes estatales. El Informe al III Congreso de la ANAP en el año 1967[91] y las palabras de clausura de José Ramírez Cruz, presidente reelecto,[92] apoyaron la nueva estructura donde la agricultura estatal y campesina adoptaron una única dirección a través de las agrupaciones. También en el III Congreso quedó trazada la tarea de buscar la especialización entre las producciones campesinas. La búsqueda de la especialización estuvo en relación con el fomento de los planes a los cuales los campesinos se continuarían incorporando.

En torno al tema de las áreas y cultivos especializados, la publicación en julio de 1967 apoyó esa posibilidad, recogiendo un listado de producciones y zonas. Por ejemplo, el cultivo de los cítricos se desarrollaría en las zonas de Holguín, Banes, Contramaestre en Oriente; Ceballos, Sola y Morón en Camagüey; Manacas y Meneses en Las Villas; Jovellanos y Jagüey en Matanzas; San José de las Lajas, La Habana, y Consolación del Sur en Pinar del Río. Igual referencia hizo la revista con respecto al arroz, los frijoles, las viandas y la leche.[93]

En variados artículos, la revista promovió y estimuló la incorporación campesina a las distintas formas de participación en los planes estatales. Una de las variables de la acción del plan sobre los campesinos fue estimular la compra de las tierras. Bajo el título[94] “Con la Brigada Invasora Che Guevara.[95] Eso es lo mejor”, el reportero Francisco Cabrera Guedes refiere la venta de la tierra de un campesino y su establecimiento en un área urbana; este recibiría una pensión vitalicia, que aplicando el principio en esos momentos de atender a las necesidades de la familia fue de 60 pesos, cuando debió ser de 50 u otro menor según el valor real de la venta.

La compra de tierra y la incorporación de los campesinos a trabajar en el plan se publicitó en trabajos de Antero Regalo y Pedro Rojas, referido el primero a la siembra de frutales y el segundo a cítricos en los cuales se aplicarían la moderna técnica como fumigación por avión entre otros; los campesinos adquirían nuevas y confortables viviendas en pueblos de reciente creación.[96] O el reporte “Facilitan el desarrollo de un gran Plan de Pinareños”, también sobre la unión de campesinos al plan estatal de cítricos y café.[97]

Otros reportajes respondieron a la incorporación a micro planes ganaderos. Por ejemplo, el reportaje de Ramón Aymerich alude al Plan Especial del “Valle de la Victoria” con 8 519 caballerías; de ellas, 1 917 pertenecientes a los campesinos, quienes recibieron atención técnica y la construcción de un silo para asegurar la alimentación del ganado.[98] También el artículo de Manuel Marcer: “Rotolactor. Vaquería circular de gran tecnificación” ,[99] relacionado con la producción ganadera que explicó el vínculo por “convenios de atención” del campesino con el Estado, por el cual los campesinos recibieron vacas Holstein para su cuidado desde los 7 meses de gestadas hasta 10 días antes del parto, cuando pasaban entonces a la atención del Plan. El artículo “Llegaron los Microplanes a Guane”[100] reportó la incorporación de un campesino al plan de ayuda en orientaciones técnicas, incluyendo otras asistencias como la obtención de una sembradora de frijoles, las semillas, los fertilizantes e insecticidas, así como la instalación de un motor con su turbina y las tuberías para el riego de toda la siembra. Además, con el beneficio de una confortable vivienda de mampostería y amueblada en el pueblo recién construido.

Sobre los beneficios económicos y sociales para los campesinos abundó el artículo sobre el Plan Cordón de La Habana en Capdevila,[101] regional Boyeros; el entrevistado Carlos Manuel Hernández, presidente del Plan Piloto Capdevila, opinó: “Ahora, la Revolución nos ha dado casa completamente amueblada y un subsidio de $120.00 mensuales hasta que podamos vender a Acopio la cosecha de café que estamos sembrando”.[102]

Un ejemplo contundente del apoyo de la organización campesina a la concepción de planes estatales con el propósito de desarrollar la agricultura fue el artículo destinado a ganar la comprensión de los campesinos sobre ese tema. “Los campesinos preguntan. Sobre los Planes Especiales. Actualidad”,[103] el cual explicó como razones: la planificación de recursos en insumos, equipos y asistencia técnica para zonas con posibilidades de altos rendimientos y las necesidades del país en determinadas producciones. También refirió la forma en que se ejerció la presión social sobre el campesino: “Es necesario que los campesinos comprendan que la tierra es suya, cierto, pero también es cierto que esa tierra es cubana y el campesino como miembro de la sociedad cubana debe producir en esa tierra lo que el pueblo necesita que se produzca en forma planificada, no anárquicamente como se ha venido haciendo en el pasado”.[104]

La vorágine en el cumplimiento de la zafra del 70 no impidió que se mantuviera la promoción por la incorporación campesina a los planes, comprobado con algunos de los artículos publicados.[105]

En todos los reportes dedicados a la incorporación campesina a los planes estatales sobresalen los beneficios en vivienda, tema sensible y solución atrayente para mejorar la calidad de vida de los habitantes del campo; propósito que, unido a la creación de nuevos poblados, beneficiaría la construcción de nuevos centros de educación y salud. A expensa de un resultado productivo aún incierto, en el orden social sí constituyeron un saldo positivo con respecto al bienestar material del hombre. Es necesario indicar sobre el proceso de estatalización que hubo una reducción del campesinado, aunque esta quizás no en la proporción aspirada en esos momentos. A continuación aparece una tabla sobre el movimiento campesino hacia los planes.

Planes estatales, incorporación campesina y área ocupada

Tipo de Plan

Campesinos

Área ∕ hectáreas

Dirigidos

86 216

165 253

Especializados

25 704

211 593

Integrales

24 528´

376 686

Totales

136 448

753 532

Los campesinos cubanos y la revolución, editado por el Departamento de Orientación Revolucionaria del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, La Habana, 1973, p. 50.

Los incorporados a los planes integrales fueron quienes abandonaron su condición de campesinos, aunque muchos de ellos por mantener áreas de autoconsumo conservaron su condición de miembros de la ANAP.

CCS y SA. En los primeros años de la década de 1960, el esfuerzo se orientó a crear y fortalecer las formas de producción organizadas en CCS y SA, asunto ya expuesto con anterioridad. El progreso de ambas fue notable; sin embargo, el quinquenio 1965-1970 en política agraria se sumergió en el esfuerzo estatal por incorporar masivamente a los campesinos a formas de trabajo colectivo. El ambiente por estatalizar el campo no impidió en 1967 analizar las experiencias productivas de las CCS y SA. Así se recogió en el “Editorial” de la revista ANAP del mes de abril de 1967 que propuso los aspectos principales a debatir en el III Congreso de la ANAP,[106] destacándose entre ellos los referidos al análisis de la experiencia en formas de producción como las SA y las CCS. “…en cuanto a las sociedades agropecuarias como forma de producción de tipo socialista en los pequeños agricultores, a las cooperativas de crédito y servicio y su necesario desarrollo en el marco de una economía socialista…”.[107]

La publicación[108] se dedicó íntegramente a lo acontecido en el III Congreso, durante los días 15 al 18 de mayo de 1967, permitiendo conocer la posición de la organización campesina con respecto a las CCS, calificadas estas de satisfactorias. Así quedó expresado por la Comisión del Congreso encargada de Mecanización y Cooperación Agraria,[109] en cuyo dictamen identificó el número de cooperativas y el sentido colectivo de estas, lo cual correspondía al criterio de la institución campesina con la creación de una sociedad socialista; aunque en otros niveles de la sociedad se manifestará un pensamiento más radical en cuanto a la búsqueda de otras formas que se identificaran con una sociedad más avanzada.

En ese ambiente contradictorio de búsqueda o idealismo quedó expresado el criterio de esta Comisión a favor del crecimiento de las CCS, reportando la existencia de 1 119 cooperativas que agrupaban 77 933 miembros, los que trabajaban un área de 51 920 caballerías.

En 1967 la ANAP aseguró que, a pesar de la estatalización, la forma de organización de los campesinos en cooperativas de crédito y servicios era la más adecuada para brindar una mejor atención a los agricultores, ya que en estas cooperativas se establecía y desarrollaba un espíritu colectivo en la dirección de la producción, se realizaba una correcta distribución de los recursos y existía mejor control de las tareas, abordando, a la vez, servicios a sus miembros a través del uso en común de la maquinaria y equipos y de la aplicación del fondo social cooperativo.[110]

En cuanto a las SA sí fue elocuente su deterioro: de 328 registradas en 1963 a 136 en 1967. El Informe presentado en el Congreso refirió que las registradas se mantenían a pesar de no tener atención ni de la ANAP, ni de los organismos del estado a pesar de ser una forma de producción colectiva; proponiendo subsanar esa deficiencia, con más atención en la elaboración de los planes de producción, contemplando su fuerza de trabajo, las necesidades económicas y condiciones concretas del lugar.[111]

El Informe publicado, aunque reconoció que el proceso de socializar la agricultura por esa vía sufría deterioro y apuntó razones, subestimó su importancia. Sin embargo, el órgano oficial de la institución reflejó con la disminución de sus reportajes el espíritu de la época, que proyectó otro camino para la socialización de la agricultura.

En reconocimiento sobre la efectividad de las SA, la revista divulgó los buenos resultados obtenidos en alguna de estas, pero fueron ejemplos insignificantes.[112] En los años 1969-1970 no se editó nada con respecto a ellas, demostrando de esta forma la subestimación en el plan general de desarrollo de la agricultura. Igual destino tuvo la promoción o información sobre las CCS, aunque estas en cambio mantuvieron su existencia a expensa de las Brigadas, las cuales tenían toda la atención ante la consideración de forjadoras de hábitos y costumbres entre los hombres de una nueva sociedad y poca valoración de los resultados productivos sobre el abandono de sus tierras por sus integrantes.

La publicación como órgano de divulgación, orientación e información cumplió con su tarea, permitiendo a estudiosos analizar el movimiento en la estructura interna del campesino y su dependencia o relación con la política aplicada y el paso del productor independiente al asociado, que a su vez asimila formas de cooperación para un bien común a favor de la producción nacional.

La labor editorial también ha permitido reconocer como rasgo típico y permanente del campesinado cubano la participación social como tendencia en el movimiento estructural, alejándose del egoísmo individualista que tipifica teóricamente a esta figura socioeconómica hacia figuras más asociativas y cooperativas para emprender el trabajo y la dirección de la producción.



[1] El modelo de administración de las tierras procedentes de los latifundios fue el de cooperativas, hasta 1962 cuando asumió el modo de granja del pueblo. Véase Carmen María Díaz García: Una deuda saldada. La tierra del pueblo, Editora Historia, La Habana, 2010, pp. 9-30.

[2] Las tierras eran otorgadas gratuitamente hasta 3 caballerías y para los que poseyeran con más hasta 5 era a cambio de compra de ellas, trámite que en la práctica se efectuó sin cobro real.

[3] Véase Carmen María Díaz García: Los campesinos a 45 años del triunfo revolucionario, Editora Historia, 8 ∕ 2006, pp. 20-29.

[4] La segunda Ley de Reforma Agraria obedeció a necesidades de orden económico y político-ideológico. Para continuar el proceso de desarrollo científico-técnico era limitado el por ciento de la tierra estatal (40 %). La posición apática de la burguesía agraria en sus tierras originó disminución en la siembra, cultivo y cosecha, con la consiguiente afectación para la economía, pues sus propiedades abarcaban más de 128 000 caballerías: el 22 % de todas las tierras. Otros propietarios se dedicaron a socavar las bases de la Ley Agraria de 1959 al repartir las tierras en su posesión entre sus empleados, en condición de aparceros y arrendatarios. También utilizaron el anticomunismo para confundir o engañar a campesinos y obreros agrícolas y se sumaron a los planes contrarrevolucionarios gestados en esos años.

[5] Fidel Castro Ruz: Discurso en la Escuela de Cuadros Provinciales, 1962. Archivo Instituto de Historia de Cuba (AHIC), Fondo 10.3 ∕ 200 ∕ 24 ∕ 11 ∕ 118.

[6] Informe en el Seminario Internacional de Cooperativas, Checoslovaquia, en ANAP, Año III, no. 11, noviembre 1963, p. 10.

[7] “El camino de la transformación socialista de la agricultura es el camino de la cooperación, el camino de la unión”. Intervención de Antero Regalado en la I Plenaria Nacional de la ANAP celebrada los días 17 y 18 de mayo en el teatro de la CTC y el Palacio de los Deportes. En ANAP, Año I, no. 1, pp.20-32.

[8] ANAP, Año I, no. 2, septiembre de 1961, pp. 46-50.

[9] ANAP, “2do Congreso Nacional de la ANAP. Informe Central”. Agosto 7, 8 y 9, 1963, p. 9.

[10] ANAP, Año I, no. 5, diciembre de 1961, pp. 10-11.

[11] Ibídem, pp. 56-61.

[12] Reportó Marysabel Dueñas Sosa, en ANAP, Año II, no. 7, julio de 1962, pp. 60-61.

[13] ANAP, Año II, no. 10, octubre de 1962, pp. 16-17

[14] ANAP, Año III, no. 1, enero de 1963, pp. 18-23.

[15] ANAP, Año III, no. 10, octubre de 1963, pp. 62-67.

[16] Luis Betancourt, en ANAP, Año IV, no. 1-2, enero-febrero de 1964, pp. 26-28.

[17] Otilio Hernández, en ANAP, Ibídem, pp. 32-33.

[18] Marysabel Dueñas Sosa, en ANAP, Año IV, enero-febrero de 1964, pp. 36-37.

[19] ANAP, Año IV, no. 9 y 10, septiembre–octubre de 1964, p. 22.

[20] Ibídem, p. 23.

[21] Marysabel Dueñas Sosa, en ANAP, Año IV, nos. 9 y 10, septiembre–octubre de 1964, p. 29.

[22] Marysabel Dueñas Sosa, en ANAP, Año V, nos. 2-3, febrero–marzo de 1965, pp. 1415.

[23] Ramón Aymerich, en ANAP, Año V, no. 4, abril de 1965, pp. 8-10.

[24] ANAP, Año V, no. 9, septiembre de 1965, pp. 14-15.

[25] Esta forma de cooperativa asumió el nombre de Sociedad Agropecuaria para evitar que la contrarrevolución utilizara el término cooperativa como elemento de obligatoriedad entre los campesinos.

[26] “El camino de la transformación socialista de la agricultura es el camino de la cooperación, el camino de la unión”. Intervención de Antero Regalado en la I Plenaria Nacional de la ANAP celebrada los días 17 y 18 de mayo en el teatro de la CTC y el Palacio de los Deportes. Ob. cit.

[27] Ibídem, p. 20.

[28] ANAP, 6-7-8 de agosto de 1963, p. 11.

[29] ANAP, 6-7-8 agosto 1963 p. 11.

[30] ANAP, Informe II Congreso ANAP, 6-7-8-agosto de 1963, p. 9.

[31] ANAP, Año IV, nos. 9 y 10, septiembre-octubre de 1964, pp. 6-10.

[32] Reportaje de Frank Sarabia “4 sociedades agrícolas”. Ibídem, pp. 58-61.

[33] ANAP, Año II, no. 3- 4, marzo-abril 1962, pp. 24-29.

[34] ANAP, Año II, no. 5, mayo 1962, pp. 6-8.

[35] Ibídem, pp. 16-19.

[36] Ibídem, p. 20.

[37] Ibídem, pp. 52-54.

[38] ANAP, Año II, no. 6, junio de 1962, pp. 38-37.

[39] ANAP, Año II, julio de 1962, no. 7, pp. 16-19.

[40] ANAP, Año II, agosto de 1962, p. 3.

[41] Reportó José Rodríguez Ramos, en ANAP, Año II, no. 8, agosto de 1962, pp. 26-29.

[42] Reportó Marisabel Dueñas Sosa. Ibídem, pp. 30 -31.

[43] ANAP, Año II, no. 8, agosto de 1962, pp. 48 -51.

[44] ANAP, Año II, no. 9, septiembre de 1962, p. 66.

[45] ANAP, Año II, no. 10, octubre de 1962, pp. 10 -15.

[46] ANAP, Año II, no. 10, octubre de 1962, pp. 24 -27.

[47] Facundo Martínez, en ANAP, Año II, nos. 3-4, p. 45.

[48] ANAP, Año III, no. 1, enero de 1963, pp. 23-24.

[49] Ibídem, pp. 52-53.

[50] ANAP, Año III, no. 2-3, febrero-marzo de 1963, pp. 20-21.

[51] ANAP, Año III, no. 6, junio de 1963, pp. 8-11.

[52] Ibídem, pp. 30-33.

[53] ANAP, Año II, no. 8, agosto de 1963, pp. 30-32.

[54] Marysabel Dueñas Sosa. Ibídem, pp. 46-47.

[55] Ibídem, pp. 48-49.

[56] ANAP, Año III, no. 10, octubre de 1963, pp. 68-72.

[57] ANAP, Año III, no. 11, noviembre de 1963, p. 28.

[58] ANAP, Año III, diciembre de 1963, p. 21.

[59] Ramón Aymerich, en ANAP, Año IV, no. 3-4, marzo-abril de 1964, pp. 14-17.

[60] Carlos Luis Núñez, en ANAP, Año IV, no. 3-4, marzo-abril 1964, pp. 38-40.

[61] Ibídem, pp. 42-45.

[62] ANAP, Año IV, no. 5-6, mayo-junio de 1964, pp. 18-19.

[63] Ibídem, pp. 30-31.

[64] Ibídem, pp. 36-37.

[65] ANAP, Año V, no. 4, abril de 1965, pp. 24-25.

[66] Ramón Aymerich, en ANAP, Año V, no. 5, mayo de 1965, pp. 14-17.

[67] Concha Brito, en ANAP, Año V, no. 9, septiembre de 1965, pp. 6-7.

[68] “Cooperativas intermedias, brigadas de producción en el interés de cooperativas y asociaciones campesinas”, en ANAP, Año III, no. 10, octubre de 1963, p. 22. “!Que no quede una sola caña sin producir azúcar…!, en ANAP, Año V, no. 4, abril 1965, pp.14-15. “Brigada de ayuda mutua. En CCS de Consolación del Sur, Pinar del Río”, en ANAP, Año V, no. 8, agosto 1965, p. 27.

[69] “400 productores de leche en Jaruco incorporados al plan lechero”, en ANAP, Año IV, no. 11-12, noviembre-diciembre de 1964. Ramón Aymerich: “Invitada por el INRA observa la ANAP. Planes agropecuarios en marcha, en ANAP, Año V, no. 9, septiembre de 1965, pp. 18-21.

[70] “Las mejores perspectivas”, en ANAP, Año V, no. 12, diciembre de 1965, pp. 10-13.

[71] Algunos historiadores plantean el año 1966. Entre ellos, María Julia Peláez Groba: Origen y desarrollo del Partido Comunista de Cuba. 1959-2005, Editora Historia 9 ∕ 2006. Arnaldo Silva León: Breve Historia de la Revolución Cubana, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2003. José Cantón Navarro: Historia de Cuba. 1959-1999, Editorial Pueblo y Educación, 2009.

[72] Al respecto, dijo: “…desde nuestro punto de vista para nosotros es que en la misma medida en que las fuerzas productivas se desarrollen hay que ir desarrollando también la conciencia comunista; que en la misma medida en que las fuerzas productivas se desarrollen, cada paso de avance de las fuerzas productivas tiene que ir acompañado de avance de las fuerzas productivas de un avance en la conciencia de los revolucionarios, en la conciencia del pueblo”, en ANAP, Año IX, no. 1, enero de 1969, p. 24.

[73] 1) Planes especializados: constituidos por campesinos incorporados, junto con unidades estatales, a un plan único de producción, basándose en un proyecto de desarrollo territorial especializado. 2) Planes dirigidos: modalidad de especialización en la que los campesinos dedicados tradicionalmente a una producción mercantil como en el caso de las zonas productoras de café, tabaco, granos, cítricos, etc., se organizan en un plan único de producción bajo la dirección estatal. 3) Planes integrales: son aquellos en que la tierra y los productores aptos para laborar se integran en planes de desarrollo agropecuario, sus ingresos principales provienen de su condición de trabajadores del plan y de los bienes integrados.

[74] “Acuerdos del Comité Ejecutivo Nacional ¡Ofensiva Revolucionaria en todos los frentes!”, en ANAP, Año VIII, no. 9, septiembre de 1968, pp. 22-23.

[75] “Acuerdos de la Conferencia de Brigadas de Oriente”, en ANAP, Año VIII, no. 12, diciembre de 1968, pp. 26-27.

[76] Brigadas FMC- ANAP, en ANAP, Año IX, no. 3, marzo de 1969, pp. 16-17.

[77] “Cumplida la primera etapa. Clausura la reunión Nacional de organizadores de la ANAP, en Camagüey”, en ANAP, Año IX, no. 6, junio de 1969, pp. 15-16.

[78] Pedro Rojas: “Brigadas. ¿Qué operan los orientales?”,en ANAP, Año IX, no. 8, agosto de 1969, pp. 6-7.

[79] “Analiza el Ejecutivo de la ANAP el inicio de la presente zafra”, en ANAP, Año IX, no. 11, noviembre de 1969, p. 9.

[80] “A la carga al machete por los 10 millones. Informes y acuerdos de la reunión nacional de producción, educación y divulgación”, en ANAP, Año IX, no. 8, agosto de 1969, p. 22.

[81] Ibídem.

[82] Ramón Aymerich: “La esencia del movimiento de brigadas de ayuda mutua”, en ANAP, Año IX, no. 11, noviembre de 1969, p. 14.

[83] “Editorial”, en ANAP, Año X, no. 1, enero de 1970, p. 3.

[84] “Haciendo los 10 millones”, en ANAP, Año X, no. 3, marzo de 1970, pp. 6-8.

[85] Pedro Rojas: “La Habana: los pequeños agricultores están cumpliendo en la zafra y en la producción de papas”, en ANAP, Año X, no. 2, febrero de 1970, pp. 10-11 y 23-24, respectivamente.

[86] ANAP, Año X, no. 4, abril de 1970, pp.10-13, 14-15 y 16-17, respectivamente.

[87] ANAP, Año X, mayo de 1970, no. 5, pp. 13-15 y 16- 20, respectivamente.

[88] “Análisis de la asistencia y productividad de los macheteros del sector campesino”, en ANAP, marzo de 1970, Año X, p. 26.

[89] Ramón Aymerich: “¡Hasta el último grano!”, en ANAP, octubre de 1970, pp. 10-13.

[90] “¡Proa al 71!”, Ibídem, pp. 31-32.

[91] III Congreso de la ANAP, en ANAP, Año VII, no. 5-6, mayo-junio de 1967, p. 7.

[92] “Se han discutido problemas que interesan a los campesinos, que interesan a la revolución”. Ibídem, p. 13.

[93] “Los campesinos deben especializarse en uno, o dos, o tres productos, pero principalmente en un solo producto. Fidel”, en ANAP, Año VII, no. 7, julio de 1967, p. 4

[94] Francisco Cabrera Guedes: “Con la Brigada Invasora Che Guevara. Eso es lo mejor”, en ANAP, Año VIII, no. 1, enero de 1968, pp. 7-8.

[95] Brigada Invasora Che Guevara creada para la roturación y preparación de tierra en extensas áreas, respondiendo a la creación de los planes agropecuarios de cientos de caballerías que debían atenderse.

[96] En ANAP, Año VIII, no. 9, septiembre de 1968, pp. 10-12 y 14-16, respectivamente.

[97] Ibídem, p. 28.

[98] Ramón Aymerich: “Microplanes lecheros en el valle de La Victoria”, en ANAP, Año VIII, no. 1, enero de 1968, pp. 12-13.

[99] Manuel Marcer: “Rotolactor. Vaquería circular de gran tecnificación”, en ANAP, Año VIII, no. 6, junio de 1968, pp. 8-9.

[100] Jorge Michelena González: “Llegaron los Microplanes a Guane”, en ANAP, Año VIII, no. 1, enero de 1968, pp. 17-19.

[101] Fue reconocido como “Plan Cordón de La Habana” la incorporación de campesinos en las afueras de la capital al cultivo del café y árboles frutales como el tamarindo para servir de cortina rompe viento de los cultivos. Estos campesinos recibieron viviendas construidas en sus lugares de labor, con todas las comodidades de la modernidad y sin costo alguno.

[102] “Cuando haya que virar el cielo para abajo y la tierra para arriba en defensa de nuestra Revolución yo seré el primero en empujar”, en ANAP, Año VIII, abril de 1968, no. 4, p. 16.

[103] ANAP, Año VIII, no 5, mayo 1968, p.8..

[104] Ibídem.

[105] “Editorial”, “Plan Plátano” y “San Cristóbal”, en ANAP, Año X, no. 7, pp. 4 -5 y 18-23; no. 8 pp. 18 -21, respectivamente.

[106] Editorial “Hacia el III Congreso Nacional de la ANAP”, en ANAP, Año VII, no. 4, abril de 1967, p. 4.

[107] Ibídem.

[108] “III Congreso. La dinámica de la revolución en el sector de los pequeños agricultores”, en ANAP, Año VII, no. 5-6, mayo-junio de 1967, p. 3.

[109] ANAP, Año VII, no. 5-6, mayo-junio de 1967, p. 28.

[110] Ibídem.

[111] “Proclamamos que a ocho años de revolución nuestra clase obrera tienen un magnífico aliado en nuestro campesinado”, en ANAP, Año VII, no. 5-6, mayo-junio de 1967, p. 7.

[112] “Lens Feliú” y “Nueva Cuba”, en ANAP, Año VII, no. 8, agosto de 1967, p. 8; y no. 12, diciembre de 1967, p. 12, respectivamente.

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La escritura del tiempo. Historia e historiadores en Cuba contemporánea
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