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abril-mayo-junio, 2009
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La política de la administración Kennedy después de la crisis de Octubre 
Tomás Diez Acosta

Las peligrosas experiencias de la Crisis de Octubre de 1962, contribuyeron a desarrollar, tanto en los pueblos de las dos superpotencias –Estados Unidos y la Unión Soviética- como en los demás países, una conciencia mundial de las consecuencias apocalípticas que una guerra nuclear podría tener para la humanidad. Sin embargo, esta conciencia no se tradujo en el inicio de un proceso de desarme mundial ni en un diálogo político dirigido a la búsqueda de soluciones a los graves problemas que aquejaban a la humanidad, sucedió todo lo contrario, se elevó considerablemente la espiral armamentista y tuvieron lugar nuevos conflictos que devinieron en devastadoras guerras en diferentes latitudes del mundo.[1]

El haber obligado a la Unión Soviética a retirar el armamento nuclear en Cuba, sin recurrir a una confrontación militar directa, fue visto por muchos analistas y políticos mundo, como el resultado directo de la superioridad militar de Estados Unidos, esto alentó en los círculos de poder estadounidenses el concepto estratégico de mantener a toda costa el balance favorable de fuerza que permitiera negociar con su principal adversario desde una posición ventajosa. Por su parte, la dirección de la URSS, ante esta debilidad manifiesta tuvo que realizar grandes esfuerzos financieros, científicos y humanos en el terreno militar, a expensa del desarrollo de otras ramas de la economía soviética, para alcanzar un equilibrio o paridad aceptable ante su principal rival a lo largo de los años sesenta y setenta del pasado siglo XX.

Para Cuba la solución dada a la crisis no llegó al fondo del problema, pues si bien alejó el peligro de agresión militar directa de Estados Unidos, latente a lo largo de los primeros años de la Revolución Cubana y con más fuerza en 1962, dejó intacta las causas principales de la confrontación entre ambos países, pues los círculos imperialistas de Estados Unidos no habían renun­ciado a su interés de destruirla y la polí­tica de hostilidad y agresiones no cesó. Sin embargo, la administración Kennedy se vio obligada a bus­car un enfoque más realista para lograr la neutralización del socialismo en Cuba e impedir su influencia al resto de

América, que le acarrearon fuertes crí­ticas de las fuerzas conservadoras y la contrarrevolución cubana en Estados Unidos.[2]

Factores influyentes en el diseño de una nueva política hacia Cuba en 1963

Concluía el año 1962, el fracaso de la política contrarrevolucionaria de la administración Kennedy hacia Cuba era evidente. Los resultados de la Crisis de los "misiles" y su promesa de no invadir a la isla, no resignaron al mandatario norteamericano a vivir eternamente con un gobierno comunista a pocas millas de sus fronteras. Sin embargo, después de terminada las negociacio­nes con la URSS para poner fin al conflicto, comprendía que una invasión directa a Cuba era políticamente tan improbable como una agre­sión a cualquier país socialista europeo o a la propia Unión So­viética, más aún cuando en el territorio cubano queda un fuerte contingente de tropas soviéticas.[3] Al respecto, el profesor ítaloamericano Piero Gleijeses ha escrito:

El hecho de que Estados Unidos no invadiera a Cuba ha dado a la promesa de Kennedy mayor peso del que merece. Los documentos que se han hecho públicos indican que fue «desechada» la perspectiva de una invasión por su posible costo en vida de estadounidenses, la repercusión negativa sobre los aliados y la opinión pública mundial, y no por escrúpulos derivados de la supuesta promesa de no invadir.[4]

Esta realidad planteó una nueva dinámica y obligó a una revisión de algunos presupuestos que hasta ese momento habían guiado la política estadounidense hacia Cuba.

Para muchos funcionarios de la administración era un hecho reconocido, desde agosto de 1962, que la Operación Mangosta había fracasado en su propósito de organizar un frente contrarrevolucionario interno en Cuba que fuera capaz de provocar una rebe­lión del pue­blo[5] y que la intervención militar directa era el único medio factible para lograr el derrocamiento del régimen revolucionario cubano. En un último intento, desde principios de septiembre de 1962, había comenzado una nueva fase de dicha operación con el objetivo de incrementar las acciones de espionaje, terrorismo y sabotaje en Cuba, pero los resultados no fueron los esperados por la alta dirección del gobierno de Estados Unidos.

Tal situación se expresó en varias de las reuniones realizadas por el Grupo Especial (Ampliado)[6] durante la primera quincena del mes octubre. Por ejemplo, en la reunión efectuada, el 4 de octubre, Robert Kennedy planteó que el Presidente estaba "...preocupado acerca del avance de la Operación Mangosta", pues los fracasos de la operación eran constantes. El Fiscal General opinaba que "...se le debía dar mayor prioridad al montaje de acciones de sabotaje" e instaba al Grupo Especial a la urgente necesidad de "una actividad colectiva" dentro de la estructura de trabajo de la operación.[7]

A partir de esas observaciones, el 14 de octubre, el Grupo ordenó la aceleración de las operaciones encubiertas en contra de Cuba y la ejecución de un número “considerable de sabota­jes". También, indicó a los oficiales que integraban el grupo de trabajo de la Operación Mangosta que “debía hacerse todo lo posible por desarrollar enfoques nuevos e imaginativos con la posibilidad de desembarazarse del régimen de Castro".[8]

El 16 de octubre de 1962 el Grupo Especial (Ampliado) nuevamente se reunió en la Casa Blanca. En ese encuentro, según las anotaciones de Richard Helms, Robert Kennedy manifestó "la insatis­facción general del Presidente” con los avances alcanzados en la Operación Mangosta y declaró que en vista de “la falta de avances”, [9] él mismo le daría una mayor atención personal.[10] El 26 de octubre el Grupo Especial (Ampliado) se reunió nuevamente para analizar, dentro de las graves y peligrosas circunstancias de la crisis, la necesidad de dar un "enfoque juicioso y realista" a la Operación Mangosta.[11] En aquellas graves circunstancia, el director de la Fuerza de Choque W[12], William Harvey había ordenado a los grupos de misiones especiales y de agentes encubiertos dentro de Cuba, el incremento de los actos de sabotajes y el apoyo abierto a cualquier operación militar estadounidense que pudiera producirse.

Más tarde, el 30 de octubre, cuando se había iniciado el proceso negociador entre Estados Unidos y la URSS, la Casa Blanca ordenó a la jefatura de la Operación Mangosta detener todas las misiones de terrorismo y sabotaje dentro de Cuba. Sin embargo, tres grupos de sabotajes, de los diez planificados, ya habían salido hacia Cuba. A finales de octubre, una de las misiones ordenadas estaba a punto de ser puesta en práctica. Robert Kennedy, irritado ante la noticia de que las operaciones de la CIA proseguían, criticó severamente a Harvey y le pidió al director de la CIA detenerlas.[13]

A pesar de todo lo anterior, mientras en Naciones Unidas las delegaciones de Estados Unidos, la Unión Soviética y Cuba debatían varios proyectos de declaración política que diera por cerrado la crisis, la Casa Blanca aún no había cancelado oficialmente la Operación Mangosta. El 4 de diciembre se reunió el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos (ExComm) [14] para discutir un documento dirigido al presidente Kennedy titulado "Política Futura hacia Cuba".[15] En el mismo, aunque se recomendaba que no fuera aprobada ninguna política general, ni se pusiera en ejecución las acciones abiertas y secretas hasta que avanzaran las negociaciones con los soviéticos sobre Cuba, quedó claramente expresada por los participantes su opinión acerca de la necesidad de reorganizar la maquinaria contrarrevolucionarias de acción estadounidense y hubo "un apoyo general a la idea de una Oficina de Asuntos Cubanos que pudiera ser pública y sin disimulo, y que estuviera en capacidad de hacer un trabajo efectivo con los cubanos libres y otros individuos involucrados con la aspiración de una Cuba después de Castro."[16]

Pocos días más tarde, el 18 de diciembre se reanudaron las negociaciones con el gobierno cubano que el abogado James Donovan[17] venían realizando, desde junio de 1962 y detenidas durante la crisis, respecto al pago de la in­demnización exigida por las sentencias dictadas por el Tribunal Revolucionario para la liberación de los mercenarios capturados en abril de 1961, cuando la invasión de Bahía de Cochinos. Las conversaciones concluyeron el 21 de diciembre al firmarse, por los representantes de ambas partes, un memorando según el cual Estados Unidos se compro­metía a pagar en un tér­mino de seis meses 62 millones de dólares en medicinas y alimen­tos para niños, mientras que Cuba dejaría en libertad a 1 113 mercenarios que tenía en prisión, los cuales iniciaron su traslado hacia Estados Unidos dos días después.[18]

A la llegada de los prisioneros liberados a Estados Unidos, el día 24, el presidente Kennedy se entrevistó con los principales cabecillas de la brigada mercenaria. Cinco días más tarde, el manda­tario estadounidense presidía un acto, en el Orange Bowl en la Florida, para darles el recibimiento ofi­cial. En esta oportunidad Kennedy recibió una ban­dera que, según ellos, habían "escondido"[19]. En su discurso, el mandatario aseguró que esa bandera sería entregada en una "Habana li­bre", poniendo en duda con esta decla­ración su promesa de no in­vadir a Cuba y creando falsas expectativas en los grupos contrarrevolucionarios cubanos en Miami que entendieron esta declaración como un nuevo compromiso invasor.

Dos días antes, el presidente Kennedy se había reunido, en su residencia de Palm Beach, Miami, con los Jefes del Estado Mayor Conjunto[20] para discutir sobre el futuro uso de la Brigada y el empleo de sus miembros. El presidente estaba plenamente consciente de la insatisfacción y las críticas de los militares por la forma en que había manejado la reciente crisis y no quería que los jefes pensaran que había sido suave con Castro. Por ello, reiteró su determinación de eliminar al régimen comunista cubano en algún momento en el futuro y dijo afirmó que "la actual situación cubana está latente, debemos asumir que algún día puede que tengamos que ir a Cuba".[21] Le dio a entender al Estado Mayor Conjunto que la invasión todavía era una opción viva en gran medida, cuando aseguró a los jefes que la acción militar "era una posibilidad para los próximos años, fuera presidente o no…".[22] Mencionó los planes de las fuerzas especiales en relación con Cuba y sugirió que continuaban los preparativos para el trabajo luego de la invasión "en los asuntos civiles y el gobierno militar"[23]. Finalmente, el Presidente dio a conocer un proyecto sobre los destinos del personal de la recién liberada “brigada cubana”, que implicaba la incorporación de los mismos en las fuerzas armadas de Estados Unidos.[24] A Kennedy le preocupaba que esta fuerza pudiera convertirse en un punto focal para la formación de un nuevo grupo político, que por un parte contribuyera a desunir más aun a los más de 100 mil refugiados cubanos en el área de Miami, pues uno de los problemas más difíciles era lidiar con ellos por “su falta de filiación partidista formal”, señaló al respecto que “hay cuatro grandes partidos y alrededor de un centenar de grupos menores” y existía la posibilidad de que la “brigada” pudiera convertirse en “un quinto partido, más bien fuerte y emocionalmente agresivo”,[25] pues comprendía muy bien las limitaciones políticas que tenían en aquel momento, como para pensar seriamente en violar su compromiso con Jruschov a principios de 1963.[26] Aunque la opinión de Kennedy sobre Castro no había cambiado, su mayor atención en política exterior se dirigía a mantener la apertura estratégica que había facilitado la crisis en las relaciones Estados Unidos-URSS y mantener los índices de aceptación logrados en la población norteamericana, pues los resultados de esa crisis habían sido definitorios para su presidencia.[27] Sin embargo, los oposi­tores a Kennedy, lo acusaban de ser cada vez más dé­bil, por haber aceptado un compromiso con los soviéticos de no invadir a Cuba, sin haber tan siquiera logrado la inspección in situ de la salida de las armas “ofensivas” soviéticas del territorio insular, situación que reflejaba las lu­chas internas de la sociedad nortea­mericana.

Otro elemento que la administración Kennedy no pasó por alto, a la hora de establecer una nueva política hacia Cuba, fue el hecho del diferendo político surgido entre las direcciones cubana y la soviética, por el pobre papel político de esta última al aceptar todas las exigencias norteamericanas para dar fin al conflicto. Esta situación creó falsas expectativas, ante la posibilidad de tratar de profundizar dicho desacuerdo entre Cuba y la URSS y provocar conflictos entre las propias fuerzas revolucionarias hacia el interior del país.

Todos estos factores, estuvieron presentes, en el diseño y aplicación de la política de Estados Unidos hacia a Cuba, la cual se mani­festó de manera ambivalente y hasta contradic­toria; mientras por un lado aprobaba nuevas medidas destina­das a entorpecer la economía cubana y se incrementaban las acciones subversivas y terroristas, como el aliento a las bandas armadas contrarrevolucionarias, actos de sabotajes, planes de atentados y de guerra psicológica; por otro lado, buscaba canales de comunica­ción con el gobierno cu­bano, en busca de cierta convivencia con el Gobierno cubano, con el propósito de ampliar la capacidad de influencia de Estados Unidos y facilitar la reversión del proceso revolucionario, así como la ruptura de los lazos de Cuba con la URSS y con los movimientos populares y revolucionarios en América Latina.

El Coordinador de Asuntos Cubanos y la política hacia Cuba

Desde los días finales de 1962 y los primeros de 1963, por instrucciones del presidente Kennedy, el Asistente para Asuntos de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy había estado trabajando con un grupo interdepartamental formado por funcionarios de Defensa, Estado, Justicia y la CIA,[28] con el propósito de conciliar y perfeccionar los planes que permitieran manejar la política y la acción contrarrevolucionaria cubana. Como resultado de este trabajo, el 4 de enero, Bundy le escribía al presidente que el momento era propicio para una reorganización de las estructuras creadas para la política norteamericana hacia Cuba, “pues nos parece que las negociaciones marchan bien en New York, los prisioneros ya salieron y existe un buen acuerdo casi universal de que la Operación Mangosta se halla en un final moribundo”. [29]

A continuación, Bundy le hace al presidente un esbozo de las ideas respecto a la estructura organizativa y de subordinación que debía tener la dirección de la política hacia Cuba. A tal efecto, sostiene que el principio rector de esa estructura es que Kennedy mantenga la responsabilidad política final y trabaje de manera conjunta cuando fuera necesario con el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, ya que “las grandes decisiones políticas con relación a Cuba no se puedan tomar en alguna otra parte que no sean en la Casa Blanca”, [30] pues era indispensable la función ejecutiva del presidente, complementada por el ExComm, cuando existieran asuntos políticos importantes o se presentaran dificultades interdepartamentales.

Sin embargo, el asunto más complicado era dónde situar la responsabilidad diaria de la coordinación de esa política. En 1960, durante la administración de Eisenhower y los primeros meses de Kennedy, hasta la debacle de Bahía de Cochinos, ésta recayó en la Agencia Central de Inteligencia; más tarde, mientras se ejecutaba la Operación Mangosta, con cierto grado de independencia, estuvo en el Pentágono. Luego de una larga discusión, afirmó Bundy, se llegó al consenso que esa responsabilidad debía recaer en un “Coordinador de Asuntos Cubanos” que fungiría como responsable de un Comité Interdepartamental. La oficina del “Coordinador” estaría ubicada en el Departamento de Estado y tendría una jerarquía de suplente del Secretario Adjunto de Estado para Asuntos Interamericanos.

Conocedor Bundy de la preocupación y desconfianza de Kennedy en la CIA y el Pentágono sobre los asuntos de Cuba y de su interés de mantener el máximo control político en estos problemas, propuso los límites en que trabajaría el Coordinador y su Comité Interdepartamental. Al respecto, sugirió que sus funciones no suplantarían la responsabilidad de los departamentos y agencias gubernamentales en las tareas que le pertenecen; o el derecho del Presidente a ser consultado. A su vez, el presidente y ExComm serían los encargados de observar que el Coordinador y su Comité ejecutaran con efectividad las decisiones políticas y cuando existieran diferencias entre los departamentos o agencias que no pudieran ser resultas, las mismas tendrían que llegar a la máxima autoridad, es decir al Presidente.[31]

En el documento de Asistente de Seguridad Nacional también estaba la propuesta de quien debía ser designado como coordinador. De acuerdo a la recomendación del Departamento de Estado, Sterling J. Cottrell era la persona indicada para este cargo, pues había realizado un sólido trabajo como al frente de la Fuerza de Tarea Interagencias sobre Viet Nan y estaba propuesto para ocupar el cargo de Subse­cretario Asistente de Estado de Asuntos Inter­ame­ricanos. Según Bundy, Cottrell tenía tanto experiencia como interés por los problemas relacionados con América Latina y contaba con una alta aceptación interdepartamental y, además, había trabajado bien con el equipo de la Casa Blanca.[32]

Como suplente de Cottrell se recomendó a Robert A. Hurwitch, quien era funcionario a cargo de la oficina de Asuntos Cubanos en el Departamento de Estado, que sería absorbida por el nuevo Comité. Hurwitch era considerado un oficial capaz dentro del Departamento de Estado y había realizado un buen trabajo como representante del mismo en la Operación Mangosta, pero inexperto para un cargo mayor de coordinación interdepartamental. En la propuesta quedaría pendiente la designación de un coordinador suplente, con sede en Miami, que conduciría las relaciones cotidianas con los refugiados cubanos y las agencias gubernamentales interesadas, en aquella ciudad floridana.[33]

Se le sugirió, además, al presidente el cierre de la oficina de Mangosta, conducida por el general Edward Lansdale, pues una vez establecido el Coordinador de Asuntos Cubanos, no era necesario mantenerla, pues "la responsabilidad de las operaciones encubiertas debe formar parte del trabajo del Coordinador y de sus miembros",[34] quienes informarían de estas actividades de la forma acostumbrada al Grupo Especial. Al respecto, Bundy señaló como una de las razones principales para de la desactivación de ese órgano secreto, que las actividades encubiertas de la política anticubana del gobierno de Estados Unidos necesitaban "ser manejados en un contexto más amplio…, centrada en una oficina visible de Asuntos Cubanos".[35] Asimismo, señaló que "el problema de la organización es menos de la mitad de la batalla; lo que nosotros realmente necesitamos es clasificar nuestras políticas hacia Cuba", pues según el criterio del Asistente Presidencial, existían "una serie de cabos sueltos, grandes y pequeños".[36] Ejemplificó como muestra algunos de esos "cabos sueltos", en primer término, “las órdenes de embarque[37] y los aspectos referidos a ensanchar la presión económica sobre Cuba que todavía no estaban definidas.” Otro de los problemas señalado en el memorando era la necesidad de estudiar “la organización y el manejo de los refugiados cubanos”.[38]

La actividad dirigida a minar la Revolución por dentro ocupó un espacio dentro de esa política, por ello Bundy llamó a intensificar las formas y los medios de comunicación con “posiblemente disidentes del régimen de Castro.” Acorde con estos rumbos planteó la necesidad de redefinir la función de los oficiales de inteligencia. “El enorme compromiso de la CIA con relación a las actividades de Mangosta debe ser reexaminado y probablemente reducido de forma sustancial” –afirmó el Asistente Presidencial. Sostuvo que no se había agotado todas las armas para aislar a Cuba y llamó a desarrollar de manera intensiva los aspectos de índole personal, psicológico y político del esfuerzo aislacionista en la OEA. Conocedor de la ilegalidad y la violación de soberanía cubana que significaba los vuelos espías a baja y alta altura llama a “mantener una barrera de fuego respecto a las declaraciones públicas al más alto nivel para defender de forma explícita nuestros derechos a la vigilancia”. Reafirma, que esa posición había que “sostenerla con energía”. [39]

El lunes 7 de enero de 1963, el presidente Kennedy se reunión con Bundy para concretar la creación del Comité Coordinador Interdepartamental para los Asuntos Cubanos. Kennedy estuvo de acuerdo con la proposición de Sterling J. Cottrell para encabezar dicho comité y de Robert A. Hurwitch como suplente. De lo allí tratado y acordado, el Asistente presidencial confeccionó el “Memorando Nº 213 de Acción de Seguridad Nacional”[40] dirigido al Secretario de Estado, Dean Rusk, en el cual planteaba que el Presidente había aprobado las gestiones a fin de facilitar la administración coordinada de la política con relación a Cuba, pera a su vez puntualizaba que la responsabilidad final de la misma “se mantiene en manos del Presidente, trabajando con el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional cuando sea necesario”.[41] En este sentido se establecía:

1. La responsabilidad de la coordinación diaria será asumida por un Coordinador de Asuntos Cubanos en el Departamento de Estado, que fungirá como presidente del Comité Interdepartamental sobre Cuba. El Coordinador será el responsable ante el Secretario de Estado para los asuntos de este departamento, bajo la dirección del Presidente y el Comité Ejecutivo para la coordinación interdepartamental.

2. El Comité Interdepartamental de Coordinación estará formado por el Coordinador, y representantes del Departamento de Defensa y la CIA. Los representantes de otros departamentos se asociarán con el trabajo de este comité en la medida en que sea necesario para casos en particular. También se asignarán funcionarios a la Oficina del Coordinador por parte de los departamentos de Estado; Defensa; Justicia; Salud, Educación y Bienestar Social; la CIA y USIA. Puede que se solicite a otros departamentos y agencias su participación en el trabajo del Comité Interdepartamental y en la Oficina del Coordinador como convenga. Un funcionario de la Casa Blanca mantendrá la comunicación con el Coordinador y con su Comité Interdepartamental.

3. El Presidente y el Comité Ejecutivo velarán porque el Coordinador realice una coordinación efectiva en la ejecución de las decisiones políticas y por recomendaciones periódicas sobre los nuevos cursos de acción. El Coordinador trabajará a través de sus funcionarios asignados y con el Comité Interdepartamental para satisfacer estas responsabilidades.

4. La autoridad del Coordinador no suplantará la responsabilidad de otros departamentos y agencias encargados de la operación para la dirección de sus tareas asignadas, o a su derecho a ser consultados antes de que sus recursos sean comprometidos. Las diferencias que puedan surgir se enviarán de forma expedita a los niveles más altos de resolución.

5. El Coordinador nombrará un representante a tiempo completo, el cual abrirá una oficina en Miami para representar al Gobierno de Estados Unidos en relación con las organizaciones de los refugiados cubanos y coordinar la aplicación de todos los programas federales que se están llevando a cabo en el área, informando sobre tales programas al Departamento de Estado, así como aquellos de carácter local y privado.

6. El Coordinador asumirá la misma responsabilidad por las operaciones encubiertas como lo hace con las acciones abiertas; sin embargo, informará sobre los asuntos encubiertos al Grupo Especial el cual será dirigido por una política más amplia fijada por el Presidente a través del Comité Ejecutivo.[42]

Con la aprobación del Comité de Coordinación de Asuntos Cubanos en el Departamento de Estado cesaron las actividades de la Operación Mangosta, cuya oficina operaba en el Pentágono. El fin de Mangosta no significó el desmantelamiento de las estructuras creadas por la CIA para dicha operación, ya que mantuvieron funcionando, en especial la Estación JM-WAVE, en Miami. No obstante, se produjeron algunos cambios, como la sustitución de William Harvey, quien hasta ese momento estuvo al frente de la Fuerza de Tarea W, por Desmond FitzGerald, que estaba al mando de la recientemente fundada División de Asuntos Especiales de la CIA, estructura que en adelante se encargaría del caso cubano.

Días más tarde, el 10 de enero, el Secretario Adjunto de Estado para Asunto Interamericanos, Edwin M. Martin, en declaración a la cadena radio Mutual Broadcasting Company, al referirse a Cuba expresó que constituía una amenaza para todo el hemisferio y anunció públicamente que el Sr. Cottrell, del Departamento de Estado, estaba al frente de un Comité Coordinador de la política estadounidense hacia Cuba y la comunidad cubana exilada en Estados Unidos. Ese propio día fue nombrado el teniente coronel John Hung Crimmings como enlace en Miami con los grupos contrarrevolucionarios que infructuosamente trataría de unir.

Después de creado el nuevo instrumento gubernamental para su política anticubana y contrarrevolucionaria, era necesario determinar el lugar y papel que le correspondería a Cuba dentro de la estrategia global de Estados Unidos, como superpotencia líder del sistema imperialista mundial, en su enfrentar a su máximo oponente la Unión Soviética.

Cuando en 1959 triunfó la Revolución, y comenzó aplicar su programa de justicia social a favor del pueblo cubano, ésta fue considerada por la mayoría de los políticos norteamericanos como “la primera penetración significativa de los comunistas en el hemisferio occidental” y un reto que ponía en peligro a su sistema neocolonial en continente, que demandaba “una acción vigorosa para eliminar la infección comunista”.[43] Esta demanda se tradujo, en marzo de 1960, en la aprobación por el presidente Dwight D. Eisenhower del “Programa de Acción Encubierta contra el régimen de Castro”,[44] que conduciría –al dar luz verde a la CIA– a la ejecución de los más abyectos planes de acciones paramilitares, subversivas, terroristas, psicológicas y propagandistas, complementadas con medidas de guerra económica; política que tuvo su punto de ruptura y continuación en la fracasada invasión mercenaria de Bahía de Cochinos, en abril de 1961.

La derrota sufrida por la administración Kennedy, heredera de los planes de Eisenhower, no la hizo recapitular. Ante el temor de que sus oponentes políticos la tildaran de débil, continuaron con sus proyectos contrarrevolucionarios, los que trataron de adecuar a su estrategia político-militar de “respuesta flexible” en su enfrentamiento al bloque comunista en esos años de la guerra fría. Consideraron, igualmente, a “Cuba como una base para exportar la revolución comunista–fidelista” al continente y la necesidad de liquidar su ejemplo. Castro “ha aportado un ejemplo de trabajo de un estado comunista en las Américas, desafiando exitosamente a Estados Unidos”. Asimismo reconocían que “Su supervivencia, frente a los esfuerzos persistentes estadounidenses por sacarlo del poder, incuestionablemente ha disminuido el prestigio de Estados Unidos…”.[45] A partir de estas concepciones se continuó la política de agresiones y hostilidad contra Cuba que alcanzó con la Operación Mangosta su nivel más alto, que condujo directamente, en los meses de octubre y noviembre de 1962, a la crisis más grave y peligrosa de la guerra fría.

¿En qué presupuestos se basaría la nueva política de Estados Unidos contra Cuba, si de nueva se pudiera catalogar? Sus postulados sería explicados por el presidente Kennedy durante la 508 Reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, desarrollada en la Casa Blanca el 22 de enero, cuando sobre Cuba hizo las observaciones siguientes:

Probablemente, llegará el momento en que tengamos que actuar nuevamente contra Cuba. Este país puede que sea nuestra respuesta en alguna situación futura –en la misma forma en que los rusos han usado a Berlín. Nosotros podemos decidir que Cuba pudiera ser una respuesta más satisfactoria que la respuesta nuclear. Debemos estar preparados aunque esto no ocurra. Debemos estar preparados para dar pasos contra Cuba si eso fuera por nuestro interés nacional. Los planes de Estados Unidos y el ejército, en la dirección de nuestro esfuerzo, deben estar adelantados en los meses venideros teniendo siem­pre a Cuba en la mente, para estar listos y maniobrar con toda la rapidez posible. Podemos utilizar a Cuba para limitar las acciones de los rusos, lo mismo que ellos han hecho con Berlín para limitar las nuestras.[46]

Esta nueva concepción estratégica norteamericana de utilizar la amenaza y la agresión militar a Cuba como una respuesta a su principal contendiente, la Unión Soviética, era sumamente peligrosa y ponía a la mayor de las Antillas a expensa de factores coyunturales internacionales y de confrontaciones regionales, donde los intereses estadounidenses pudieran estar en juego, que en estos años de guerra fría pondrían tener lugar en cualquier lugar del globo terráqueo. Sin embargo, esta concepción no agradó ni al Pentágono, ni a la CIA y, mucho menos, al exilio contrarrevolucionario en Estados Unidos que vieron frustrados sus ilusiones de una inmediata intervención militar que rápidamente destruyera la Revolución. Estas contradicciones entre ejecutivo y las fuerzas que tendían hacía solución rápida y violenta del problema cubano pronto se manifestarían en las propuestas de alternativas políticas y en los cursos de acción a seguir respecto a Cuba.

Ejemplo de estas contradicciones se pueden apreciar en materiales secretos circulados entre los miembros del Consejo Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, el 24 de enero de 1963. Uno de estos documentos fue un memorando preparado por Sterling J. Cottrell, Coordinador de Asuntos Cubanos[47], en que se exponía la propuesta de dos alternativas de curso de acción política hacia Cuba. La primera, preparada por el Departamento de Estado y la segunda, por el de Defensa. El Coordinador sugirió al Consejo de Seguridad Nacional la aceptación de la primera alternativa, lo que motivó que el representante del Departamento de Defensa dentro del Comité Coordinador, declarara: “No estoy de acuerdo con la política recomendada por el Coordinador. La Alternativa I no hace que el derrocamiento del régimen comunista de Castro sea un objetivo de Estados Unidos. Además, la Alternativa I no contempla con suficiencia la creación de posibilidades para hacer efectiva la caída de ese régimen.[48] Aunque reconocía que las acciones específicas recomendadas en esa alterna­tiva se correspondían con la política aconsejada en la segunda y, en muchos casos, coincidían en los pasos iniciales que se darían para ejecutar esa política.

Entre los documentos preparados para la reunión del ExComm, que tuvo lugar el 25 de enero, estuvieron: "Resumen de las recomendaciones del Coordinador" y "La política de Estados Unidos hacia Cuba",[49] ambos elaborados por la oficina del Coordinador de Asuntos Cubanos y revisado en el Departamento de Estado. Los mismos eran contentivos del nuevo proyecto y los cursos de acción que, de manera preferente, la administración estadounidense desarrollaría contra el pueblo cubano.

El “Resumen de las recomendaciones del Coordinador” contenía tres aspectos: (1) Los objetivos de la política de Estados Unidos”, (2) Las acciones de apoyo” y (3) La brigada cubana”; mientras que el documento y "La política de Estados Unidos hacia Cuba" también tenía tres puntos: (1) "Política de Estados Unidos", (2) "Acciones de apoyo" y (3) "Los planes de contingencia". Veamos cada uno de estos aspectos.

En cuanto a los objetivos políticos se propuso: a. Proteger la seguridad de Estados Unidos y otros esta­dos de la OEA, asegurando que las armas ofensivas no sean introducidas en Cuba; b. La salida del territorio cubano de las fuerzas soviéti­cas que quedaban; c. Evitar cualquier acción militar agresiva de los cubanos contra otros estados del Caribe; d. Reducir las capacidades del régimen de Castro para dirigir y apoyar la subversión e insurrección dentro de los estados miembros de la OEA; e. Alentar y apoyar cualquier acontecimiento que ofrezca la posibilidad de separar al gobierno cubano del apoyo comunista chino-soviético; f. Alentar y apoyar cualquier acontecimiento que ofrezca la posibilidad de sustituir el Gobierno de Cuba por un régimen que rompa con el Bloque chino-soviético, el objetivo final es la sustitución del régimen por uno que sea totalmente compatible con Estados Unidos; g. Elevar al máximo el costo que la URSS debe pagar por apoyar el régimen de Castro; h. Elevar al máximo el aislamiento político del régimen de Castro…; i. Estar preparados para satisfacer la amplia variedad de contingencias militares que puedan surgir a partir de los objetivos anteriores, empleando apropiados elementos de comba­te y/o apoyo logístico de Estados Unidos; y j. Producir una información completa de inteligencia, relacionada con los objetivos anteriores.[50]

Respecto a las acciones de apoyo[51] se planteaba que para el logro de los objetivos anteriores "el Gobierno de Estados Unidos estará preparado para incrementar las presiones políticas, económicas, psicológicas y militares, en la medida en que se presenten o se puedan crear los momentos oportunos".[52] En consecuencia recomienda incluir acciones adicionales, basadas en la reevaluación de los programas vigentes y con las nuevas necesidades de los objetivos anteriores. En ese sentido, además de las tareas del actual programa encubierto,[53] se incluirían:

a. Intensificar la recopilación encubierta de informa­ción de inteligencia en Cuba, especialmente dentro del régimen;

b. Apoyar los esfuerzos de algunos exiliados cubanos que están asociados con los objetivos originales del Movimiento 26 de Julio y que creen que el régimen de Castro se puede derro­car desde dentro para ellos poder: (1) ocasionar la división dentro de la dirección del régimen a niveles provincial y nacional; (2) crear la base política de oposición popular al régimen; y (3) asegurar la información de inteligencia;

c. Ayudar a que los exiliados cubanos desarrollen la capacidad de lanzar globos hacia Cuba que transporten volantes y otros medios de propaganda desde aguas internacionales. Lanzar globos de propaganda luego que se halla establecido una capacidad operativa.[54]

A continuación se proponían un conjunto de medidas de carácter económicas contra las embarcaciones mercantes que realizaban el comercio cubano, las cuales estarían condicionadas a los resultados de las negociaciones que el abogado James Donovan estaba realizando con el gobierno revolucionario cubano para obtener la liberación de más de veinte estadounidenses detenidos y condenados por los tribunales de Cuba por sus actividades contrarrevolucionarias y subversivas, pues con gran cinismo sostenía en el documento de Cottrell, "si estas acciones se toman antes de la conclusión de las negociaciones podrían hacer peligrar la liberación de los norteamericanos". Las acciones recomendadas fueron las siguientes órdenes:

a. Cerrar los puertos norteamericanos a todos los barcos de un país, cuyos navíos transporten armas hacia Cuba;

b. Cerrar los puertos estadounidenses a cualquier embar­cación que haya transportado productos en el comercio del Blo­que con Cuba en el término de 120 días a partir de que busca entrar en un puerto norteamericano;

c. Prohibir que todos los buques con pabellón de Estados Unidos o que sean propiedad de ciudadanos o residentes de este país ingresen a cualquier puerto de Cuba o porque hayan trans­portado cualquier cantidad de productos destinados hacia o desde Cuba; y

d. Prohibir que cualquier carga amparada por cualquier departamento de Estados Unidos sea embarcada en naves que son propiedad o están controladas por personas las cuales poseen o controlan navíos comprometidos en el comercio entre Cuba y el Bloque soviético.[55]

En el plano externo, en la propuesta de Cottrell estaba planeada las aplicación de medidas de presión diplomática, en que un funcionario al más alto nivel gubernamental de Estados Unidos visitaría a los presidentes de Chile, México y Brasil para "hacerles ver" la importancia que le concedía el presidente Kennedy al mantenimien­to de la "solidaridad hemisférica" al apoyarlo en las siguien­tes resoluciones:

a. Una resolución de la OEA que condene a Cuba por sus acciones que continúan haciendo peligrar la paz, que deplore la negativa cubana a permitir la inspección in situ, que condene la presencia de tropas soviéticas, que recomiende la vigilancia continuada contra sus actividades subversivas, que culminen con la invocación del Tratado de Río sobre la Crisis de los Cohetes, junto con;

b. Una resolución de la OEA que recomendaría 1) la exten­sión del embargo de armas a todos los artículos del comercio excepto los alimentos y las medicinas (posición anterior: extensión del embargo de armas a todos los artículos estraté­gicos); 2) prohibir que los barcos de los estados miembros de la OEA transporten artículos embargados y negar la utiliza­ción de puertos a los navíos en el comercio entre Cuba y el Bloque; 3) negar los sobrevuelos soviéticos y los derechos de tránsito para vuelos hacia Cuba; y 4) hacer un llamado a otros estados para que adopten acciones similares.[56]

Luego de alcanzar el máximo apoyo de los anteriores países, los demás miembros de la OEA –cuyos gobiernos eran considerados más dóciles a los mandatos de la Casa Blanca– serían consultados de manera conjunta en Washington y en sus receptivas capitales para respaldar dichas resoluciones. De lograr una respuesta positiva, Estados Unidos informaría a priori a sus aliados de Europa Occidental de la aprobación formal de las resoluciones en el Consejo de la Organización de Estados Americanos, solicitando que en la primera reunión de la OTAN se incluyeran a Cuba en el listado de países a los cuales les están prohibido el embarque de materiales (estratégicos) del listado del COCOM[57], a lo cual seguiría una fuerte acción diplomática para lograr un acuerdo con las naciones industriales del Mundo Libre para evitar los embarques de piezas de repuesto y equipamiento vitales, no comprendidos en los artículos prohibidos por el COCOM; así como, continuarían las presiones a dichas naciones para mantener a sus embarcaciones mercantes fuera del comercio entre Cuba y el bloque soviético.[58]

Respecto a la llamada “Brigada cubana” y a “los planes de contingencia”, el Coordinador de Asuntos Cubanos propuso al Comité Ejecutivo licenciar a la brigada como unidad militar e instar a sus miembros a que “acepten el entrenamiento civil y se enrolen en el actual programa militar de Estados Unidos para los cubanos…[59]. En cuanto a la aplicación de los planes de contingencia en el documento se planteaban tres circunstancias: (1) “como resultado de la acción del Bloque en otras partes del mundo”; (2) “como consecuencia de las maniobras agresivas (o acciones hostiles aisladas) del propio régimen comunista de Castro”; o (3) “como conclusión de los levantamientos por conflictos internos en Cuba.[60]

En el documento de Cottrell se propone además que dichos planes debían incluir los preparativos para crecientes medidas multilaterales y/o bilaterales de tipo político y económico, la utilización en gran escala de cubanos (contrarrevolucionarios) que en esos momentos actuaban dentro de Cuba;[61] una actividad aérea más extensa, tanto de vuelo rasante como de gran altura, dirigida fundamentalmente a la vigilancia y la recopilación de información de inteligencia, que también podrían tener el efecto de molestar al gobierno cubano y mantener a las fuerzas de éste en alerta continua; medidas de represalia, como el bloqueo de petróleo, aceites y lubricantes; el hostigamiento de funciona­rios cubanos en terceros países; las restricciones de las comuni­caciones hacia Cuba y sobre instalaciones claves hacia ésta; el patrullaje naval intensivo; y, finalmente, el empleo de la fuerza militar de Estados Unidos. Asimismo, en la propuesta de Cottrell se sostiene que de producirse la invasión, “las fuerzas militares norteamericanas empleadas contra Cuba deben ir acompañadas por cubanos entrenados por el ejército estadounidense y por las fuerzas armadas de aquellos países latinoamericanos deseosos de participar en el esfuerzo de Estados Unidos”.[62]

En la tarde del 25 de enero, en el Salón Oval de la Casa Blanca, tenía lugar la 38 Reunión del Comité Ejecutivo del Consejo Seguridad Nacional.[63] Momentos antes que el presidente Kennedy llegara al salón, se suscitó un interesante debate entre los miembros del ExComm respecto a los documentos que serían analizados, que reflejaban opiniones contrapuestas acerca del rumbo a seguir contra Cuba, dentro del contexto de la política exterior e interior estadounidense. En ese sentido, el embajador Llewellyn E. Thompson manifestó su desacuerdo con el documento propuesto por el Coordinador de Asuntos Cubanos, Cottrell, titulado "La política de Estados Unidos hacia Cuba", al respecto dijo que el mismo

no tomaba en conside­ración algunos de nuestros objetivos mundiales. Pensaba que debíamos actuar hacia Cuba de forma tal que no provocara una reacción de parte de la URSS, particularmente en el actual período, cuando buscamos negociar el tratado de prohibición de pruebas nucleares y cuando no sabemos todavía qué saldrá de la división entre los comunistas chinos y la URSS.

Agregó además, que "todavía existía la posibilidad de una división entre Castro y los rusos".[64] Instó a que no se hiciera nada de manera abierta que pudiera parecer a los soviéticos contrario de lo que se había acordado con ellos durante las negociaciones. Expresó su criterio que las propuestas para suspender los embarques en puertos estadounidenses a los buques que hayan tocado puertos cubanos motivaría preocupaciones al gobierno de la URSS que podría "retrasar la retirada de las tropas soviéticas aún en Cuba". Sin embargo, reconoció que para el interior de Estados Unidos la política que sugería sería difícil, no obstante, propuso que "los congresistas claves fueran informados exactamente sobre cuál era la situa­ción."[65]

Mientras, el director de la CIA, McCone, manifestaba sus dudas de que los soviéticos retiraran sus tropas de Cuba, el embajador Thompson expresaba que el documento en cuestión ponía "las consideraciones domesticas en primer plano en oposición a las de política exterior y, a su vez, priorizaba a Cuba como objetivo en contraposición a una política hacia la URSS".[66] El Secretario de Estado, Dean Rusk, también expresó las mismas dudas que McCone, pues opinaba que “el riesgo de retraso en la retirada de las tropas soviéticas no era grande" y consideró que se debía "aceptar las acciones enumeradas en el documento”. En lo referente a las órdenes de embarque, llamó la atención al hecho de que prácticamente, las mismas signi­ficarían muy poco, pues de acuerdo con la información que poseía, entre 1 el 19 de enero, "el comercio del Mundo Libre con Cuba prácticamente había cesado." También, reconoció que muchos de los gobiernos aliados tomarían acciones informales para bloquear el uso de sus barcos en el comercio con Cuba, estos mismos se nos opondrían a la exigencia de adoptar el embargo a Cuba, con el cual no estaban de acuerdo. No obstante, Rusk dijo que en vista de la declaración de prensa realizada por el Presidente[67], el día anterior, se debía considerar o no la necesidad de "emitir las órdenes sobre embarque para contrarrestar una seria oposición nacional." A lo que acotó, el Subsecretario de Estado, George Ball, que de tomarse esa decisión "los problemas serios no surgirían hasta que las naves que habían participado en el comercio con Cuba no llegaran hasta los puertos norteamerica­nos y se les negara su ingreso en cumplimiento de las órdenes sobre embarque".[68]

El presidente Kennedy se incorporó a la reunión. Después de una breve explicación al presidente de los aspectos discutidos hasta ese momento, el Director de la CIA, John McCone, retomó el tema de las tropas y el equipamiento soviético en Cuba y repitió su criterio de que eran pocas las pruebas para declarar que "los rusos estuvieran retirando su equipamiento sofistica­do". Se refirió al testimonio que había dado en horas de la mañana de ese día al Comité del Senado, en el cual había estimado que en Cuba había dos veces más equipamiento soviético que el que existía antes de agosto de 1962, cuando se produjo el inicio del despliegue de las tropas soviéticas en el territorio cubano y afirmaba que mayor incremento en técnica militar era en tanques.[69] Al respecto, el Presidente comentó que ahora el senador Kenneth B. Keating estaba alegaba que en Cuba había diez veces más equipamiento que el que hubo anteriormente. Preguntó, "¿cómo podríamos poner a disposi­ción de la prensa declaraciones exactas de los incrementos de equipamiento soviético?" El secretario Rusk sugirió que los departamentos de Estado y Defensa, y la Casa Blanca presionaran a los jefes del Estado Mayor Conjunto para crear un grupo de militares responsabilizados con la entrega de información actualizada a la prensa sobre el equipamiento soviético en Cuba. Por su parte, Bundy expresó que el Departamento de Defensa debía ser el responsable de entregar esa información a la prensa y añadió que el Coordinador debía mantenerse actualizado sobre esa información para evitar dife­rencias.[70]

En cuanto a la retirada de las tropas soviéticas, el Presidente le preguntó al embajador Thompson si no debía tratar con Dobrinin la cuestión de si los rusos iban a retirar las tropas adicionales como se había sugerido en una de las cartas de Jruschov.

A continuación, el Secretario Rusk revisó, para el Presidente, el proble­ma de la emisión de las órdenes de embarque. Kennedy decidió posponerla, pues no creyó oportuno emitirla mientras el abogado Donovan negociaba con el gobierno cubano la liberación de los agentes norteamericanos prisioneros en Cuba. Al respecto el Subsecretario Ball comentó que la única parte de las órdenes de embarque que tenía sentido era la relacionada con el embar­que en naves de propiedad norteamericanas involucradas en el comercio con Cuba y agregó que ninguna orden ejecutiva era nece­saria para lograr este objetivo, porque el Presidente podría dar instrucciones al Departamento de Agricultura que tenía a su cargo cubrir la mayor cantidad de los embarques de alimentos. Por lo tanto, Kennedy decidió que "no habría anuncio público, pero que el Departamento de Agricultura y otras agencias debían ser instruidas para impedir que se embarcaran productos norte­americanos en buques involucrados en el comercio con Cuba".[71]

Otra medida que el Presidente decidió no emplear en esos momentos, fue la del empleo de globos aerostáticos para el lanzamiento de propaganda sobre el territorio cubano. En respuesta a una pregunta de si la posibilidad de los globos se debía dejar para una emergencia, el Director Interino la USIA, Wil­son declaró que su agencia “preferiría apoyarse en la televisión en el aire para una emergencia”.[72]

Seguidamente, Rusk explicó los cursos de acción que se debían llevar a cabo en la OEA, reconociendo que estas nuevas acciones corrían el riesgo de tener una votación menos unánime en el organismo hemisférico, que la obtenida por Estados Unidos, el 23 de octubre pasado, cuando se aprobó una resolución de apoyo a las medidas decretadas contra Cuba.[73] A partir de estas últimas consideraciones del Secretario de Estados, el Presidente planteó fuertes reservas hacia el curso de acción propuesto, pues no veía el por qué se debía cambiar la resolución de la OEA existente y “no deseaba que el Secretario Asistente Martin viajara a México, Chile y Brasil con sombrero entre las manos solicitando apoyo para una resolución modificada”.[74] Aunque Rusk reconocía que el efecto práctico de esa resolución sobre el comercio sería poca cosa, porque los países latinoamericanos comerciaban muy poco con Cuba. Sin embargo, consideraba que esa acción de la OEA “sería una base sobre la cual se le pediría a la OTAN que pusiera a Cuba bajo las regulaciones del COCOM.[75] Tanto el Secretario de Estado, como el Director de la CIA, estuvieron de acuerdo de que en esos momentos se estaba viendo el efecto del embargo (bloqueo) económico a Cuba. El Presidente decidió que el Secretario Asistente de Estado, Edwin Martin “debía ir a México a otros negocios y que incidentalmente averiguara la actual posición de México hacia una acción adicional de la OEA contra Cuba. En dependencia de la reacción mexicana, entonces se podría tomar la decisión de proseguir hacia Chile y Brasil”.[76]

El mandatario estadounidense no deseaba que se realizara una acción que tuviera pocas posibilidades de éxito. Adicionalmente, pidió una valoración en lo tocante a cuál sería el efecto si la OEA adoptaba la resolución que se proponía y si la OTAN estaba de acuerdo en colocar a Cuba bajo las regulaciones del COCOM. El Secretario de Estado acotó, al final de la discusión de este punto, el hecho de que algunos miembros de la OEA consideraban que Estados Unidos debía actuar con más fuerza que como lo había hecho hasta ahora, lo que no dijo Rusk fue que esos gobiernos latinoamericanos eran los más lacayos a Estados Unidos y regímenes dictatoriales como los de Nicaragua y Guatemala.

En cuanto al destino de la Brigada mercenaria, derrotada en Playa Girón, se produjo una discusión interesante en el seno del ExComm. Respecto a este tema el Coordinador Cottrell[77] dijo que "nadie apoyaba continuar con la Brigada como un ‘núcleo fuerte’ y que todos apoyaban un curso de acción medio".[78] Por su parte, el Jefe del Estado Mayor Conjunto, general Maxwell D. Taylor, manifestó sus reservas en cuanto a permitir que los miembros de la Brigada, una vez que terminaran su entrenamiento, pasaran a ser una unidad de reser­va y le preocupaba de que esta unidad "se vol­vieran políticas".[79] Mientras que el Asesor de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy expresó su criterio de que el curso de acción propuesto sería difícil ofrecérselo a los miembros de dicha Brigada.

En este punto, el Fiscal General Robert Kennedy explicó sus criterios en detalle respecto a como emplear para los fines de la política norteamericana a los miembros de la Brigada, señaló que algunos de ellos podría ser enviados a impartir conferencias en universidades latinoamericanas o para involucrarse con grupos de estudiantes de esa región; otros "podrían ser colocados de forma útil en unidades de fuerzas especiales asignadas a países de América Latina", pues consideraba que la experiencia de primera mano que "ellos tenían con el comunismo se podría utilizar con gran ventaja en países latinoamericanos a la hora de explicar la amenaza del comunismo"[80], es decir serían convertidos en agentes secretos o públicos para fines políticos, ideológicos y de propaganda de Estados Unidos en el hemisferio. Asimismo, dijo que lo primero se debía hacer era hablar con los ellos y entonces conformar un programa; que si se manejaban correctamente se le podrían sacar y, de forma sería, decirles honestamente que Estados Unidos no podía invadir a Cuba y que "ellos podrían combatir al comunismo con mucha más efectividad en la actualidad llevando a cabo tareas que se les sugerirían en otros países de América Latina, ya sea como miembros de fuerzas especiales o como civiles en el campo académico".[81]

En la explicación del Fiscal General no faltó sus consideraciones de cómo emplear estos individuos para las tareas subversivas, terrorista y de inteligencia en Cuba, al respecto dijo que "los miembros de la Brigada debían participar de cierta forma en la planifica­ción de nuestras acciones de inteligencia sobre Cuba. Pensaba que nos beneficiaríamos de sus ideas y sugerencias". Instó a que no fueran seleccionados y usados como simples agentes, dio instrucciones de qué hacer. Consideró se debían utilizar "en la selección de los objetivos y los métodos operativos". Robert Kennedy reconoció que "una de las razones de por qué esto no se había hecho hasta ahora se debía a la reputación de los cubanos de que no eran capaces de guardar un secreto. Él dudaba de que los cubanos pudieran ser acusados de hablar mucho".[82]

Al hablar del tema, el Coordinador Cottrell expresó sus dudas de que los miembros de la Brigada fueran aceptados por el grupo 26 de Julio en Cuba, quienes los consideraban como "mercenarios y no confiables". A esta afirmación se opuso el Director de la CIA, McCone dijo con un notable grado de subjetividad y desconocimiento de la realidad que "no creía que la Brigada estuvie­ra desacreditada en Cuba. Por el contrario, dijo que se le consideraba como un grupo bravo de patriotas cubanos. Instó a que no destruyéramos el valor de la Brigada, sino usarla como un medio, preferiblemente trabajando con miembros indivi­duales de ésta".[83] El Secretario de Defensa, Robert McNamara dijo que no habría dificultad en el entrenamiento militar de este personal y que lo harían junto a los 2 200 cubanos ya estaban en campamento.

El Presidente decidió sobre el tema que en las próximas dos semanas se debía indagar con cada de ellos qué era lo que preferiría hacer "obtener un empleo civil, recibir entrenamiento militar, ir a América Latina en calidad de académico, conferencista, líder estudiantil, etc., o con­vertirse en agente de inteligencia".[84] Kennedy expresó que estaba esperanzado de que la mayor parte de los brigadistas pasarían el entrena­miento militar.

El Secretario del Tesoro, Douglas C. Dillon, se refirió a los objetivos básicos enumerados en el documento sobre Cuba y dudó acerca de la viabilidad del objeti­vo que se pronunciaba por alentar a Castro a que se separara de Moscú, pues consideraba que este era incongruente con la finalidad de buscar el derrocamiento de Castro. A lo que Bundy respondió que este era un objetivo subordinado que se debía mantener aún cuando era incon­gruente con otros propósitos incluidos en el documento.[85]

Por último, el Presidente no creyó necesario debatir las partes generales del documento y resumió las acciones específicas que ya había aprobado. En este aspecto, tuvo una discusión acerca de los propósitos de las acciones de inteli­gencia autorizadas en el documento básico. El Presidente expresó su fuerte criterio de que no se debía arriesgar a hombres enviándolos a Cuba para obtener información que solo era de uso secundario y que el Grupo Especial 5412 debía emitir un criterio en cada caso de si el peligro de perder el equipo valdría la pena en beneficio de Estados Unidos, a partir de la información que obtendría. Dijo, además, que ningún oficial de inteligencia debía considerar que se necesitaba enviar el mayor número de agentes por el simple hecho de satisfacer un requerimiento de inteli­gencia.[86] Estas palabras del Kennedy tenían un fuerte basamento, pues por esos días las autoridades cubanas descubrieron dos organizaciones de espías y saboteadores que funcionaban, en Miami y en la base naval de Guantánamo respectivamente, cumpliendo órdenes de la CIA. Como resultado del operativo realizado por la contrainteligencia cubana treinta y tres personas fueron detenidas, a quienes se les ocuparon armas y equipos destinados a sus criminales acciones contrarrevolucionarias. [87]

La presencia fuerzas militares soviéticas en Cuba en el debate político estadounidense.

En 1963 en Es­tados Unidos se desarrollaron enco­nados debates acerca de la su­puesta presencia en Cuba de ar­mas ofensivas so­viéticas y se acusaba a la Revo­lución de constituir el foco prin­cipal de la subversión comunista en el hemisferio.

El tema de la salida de las armas "ofen­si­vas" del territorio cubano ocupó un espacio importante en las de­libe­raciones del Con­greso y fue u­tilizado por la oposi­ción republicana para atacar a la admi­nis­tra­ción, principalmente por el senador Kenneth Kea­ting quien ha­bía alcanzado notoriedad en la opinión pública, al predecir la exis­ten­cia de cohetes en Cuba. Keating declaró en un discurso, el 31 de enero de 1963, que había pruebas

ab­solutamente con­firmadas e innegables de que los soviéticos man­tienen las bases de proyectiles de mediano alcance que habían construido previa­mente en Cuba (...) pue­den tener proyectiles de­jados en la isla y sólo tienen que sacarlos de las cuevas (...). Sin una inspección sobre el terreno, es difícil pensar cómo po­dremos conocer la verdade­ra situación de los proyectiles en Cu­ba.[88]

Esta ola de críticas le creó a la administración una compleja situación, al respecto el Jefe del Estado Mayor Conjunto, general Maxwell Taylor expresó que

las audiencias del Congreso sobre el presupuesto del Departamento de Defensa se habían convertido en una investigación del Congreso sobre Cuba. La mayor parte del tiempo que el Secretario McNamara había inver­tido en el Capitolio fue más por cuestiones relacionadas con Cuba que por problemas del presupuesto militar.[89]

El Presidente Kennedy estaba furioso y decidió frenar estas críticas, de sus opositores políticos. Precisamente, la 40 Reunión del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional[90], realizada en la tarde del 5 de febrero, fue dedicada en buena parte a tratar este tema. El Director de la CIA, John McCone, circuló entre los participantes copias de un memorando secreto sobre la situación de las fuerzas militares soviéticas en Cuba. El Presidente pidió que este documento de la Junta de Inteligencia de Estados Unidos "fuera saneado y hecho pública al día siguiente", instruyó además a los departamentos de Estados y Defensa y a la CIA a realizar declaraciones similares a intervalos frecuentes y que las mismas debían incluir las informaciones de inteligencia más reciente. Kennedy era del criterio si actuaba con rapidez, el ejecutivo estaría en condiciones de detener las críti­cas en el Congreso, poniéndola a su favor y reduciendo el problema a proporciones manejables.[91]

Por su parte, el Secretario Rusk señaló que para acallar las voces republicanas de los que criticaban por no haber invadido militarmente a Cuba, se podía apuntar que "la administración anterior no invadió cuando había sido más fácil hacerlo" y ahora el costo "se incrementaría grandemente".[92]

El siguiente aspecto tratado en la reunión fue el ilegal reconocimiento aéreo de Cuba. Presidente mostró la solicitud del COMOR[93] para realizar vuelos a baja altura a fin de determinar la naturaleza de la carga de la embarcación soviética Simferopol que se dirigía hacia Cuba. Kennedy no accedió a la petición y explicó su que existían dos limitaciones para el empleo de las misiones a baja altura en esos momentos: "(a) las negociaciones para obtener la liberación de los pri­sioneros en Cuba que él consideraba que terminarían de forma exitosa a principios del mes de marzo, y (b) la posible reti­rada del personal militar soviético".[94] El mandatario consideraba que este tipo acción podría ser interpretado como un indicio de preparativos para una acción militar y, ante tal apreciación, conducir a la permanencia de las fuerzas soviéticas

para contrarrestar dicha acción. Prefirió que se redactara una carta a Jruschov, planteándole nuevamente la cuestión de sobre la salida de sus tropas de territorio cubano.

El Director de la CIA, McCone, no muy convencido de la decisión del presidencial, manifestó que deseaba mantener reserva sobre el empleo de dichos vuelos hasta conocer su destino final en Cuba.[95] Por su parte, McNamara informó que la USIB[96] había detectado veintiún objetivos en Cuba que deseaban darle cobertura con misiones a baja altura, lo que implicaba catorce salidas. Afirmó que era muy improbable la pérdidas de un avión en esa misión; sin embrago, apreciaba un alto riesgo a una fuerte reacción cubana y soviética. El Secretario de Defensa arguyó, además de las dos limitaciones mencionadas por el Presidente, que un vuelo a baja altura "podría dar inicio a acciones escaladas que harían en peligro los actuales vuelos de reconocimiento a grandes alturas." Afirmó que no veía necesidad militar alguna por esos vuelos, pero que sí reconocía que "había un problema político nacional." A su criterio solo se justificaban bajo dos circunstancias: "(a) cuando tuviéramos razón para sospechar de que se estaban volviendo a introducir en Cuba armas ofensivas, y (b) cuando nos estuviéramos preparándonos para una invasión y tuviéramos información actualizada a fin de hacer nuestro plan militar".[97]

El Presidente decidió que no se debía efectuar vuelos de reconocimien­to a baja altura hasta que se supiera donde atracaría el buque. McCone comentó que "la comunidad de inteligencia estaba muy preocupada por la inexplicable actividad militar que se estaba llevando a cabo en Cabo Francés, una isla a diez millas de Cuba. Sugirió que los vuelos a baja altura sobre esta área serían altamente útiles".[98] Kennedy resolvió posponer para el viernes 8 la determinación sobre las misiones de reconocimiento y, de ejecutarse, incluir también el sobrevuelo a Cabo Francés.

Finalmente, con el propósito de proyectar una imagen de dureza ante la opinión pública estadounidense, en la reunión del ExComm, el presidente Kennedy aprobó el Memorando de Acción de Seguridad Nacional No. 220, sobre la prohibición de los embarques del gobierno de Estados Unidos por navíos con bandera extranjera que participen en el comercio con Cuba. Al respecto se plantea:

el Comité Ejecu­tivo del Consejo de Seguridad Nacional consideró la política de Estados Unidos con relación a los embarques financiados por los departamentos de Estado, Defensa, Agricultura, la Adminis­tración de Servicios Generales y la Agencia para el Desarrollo en buques de pabellón extranjero empleados en el comercio con Cuba. El Presidente aprobó que tales mercancías no fueran embarcadas en naves de pabellón extranjero, y desde puertos norteamericanos, si tales barcos habían tocado puertos cubanos el 1ro de enero de 1963 o después de esa fecha.[99]

Al día siguiente, el 6 de febrero, como se había acordó por el Presidente, el Director de la CIA, John A. McCone, hizo pública una declaración, en la cual se con­fir­ma­ba que las ar­mas "ofensivas" habían sido reti­radas de Cuba. Pri­mero mostró las fotos de las instalacio­nes en construcción, luego en vías de desmantelamiento, y final­mente los equipos de los cohe­tes lle­vados a bordo de buques. También, a las tres de tarde, el Secretario de Defensa, Robert McNamara le dio una información especial al Departamento de Estado sobre la presencia militar soviética en Cuba.[100] Junto a estas informaciones, a través una nota de la Secretaría de Comercio, la administración oficializó la prohibición de cargar mer­cancías en puer­tos de Estados Unidos a cualquier buque que hu­biese estado en Cuba a partir del 1 de enero de 1963. El documento especificaba que las compañías navieras no se­rían castigadas por an­teriores embar­ques, siempre que se compro­metie­sen a no participar en nuevas transacciones con los cubanos. Para completar esta contraofensiva propagandística del Gobierno, en su conferencia de prensa semanal, el jueves 7 de febrero, el Presidente respondió a cinco preguntas sobre la situación de las fuerzas soviéticas en el territorio cubano.[101]

La moderación que el presidente Kennedy actuaba hacia Cuba, frente sus críticos que lo tildaban de una actitud débil, no significaba que el peligro de una agresión directa hubiera cesado. Los hechos tampoco indicaban que los actos provocativos y las acciones subversivas cesarán, sino todo lo contrario estos iban en aumento durante los primeros meses de 1963.

El 28 de febrero, el Presidente se reunión con todos los jefes del Estado Mayor Conjunto,[102] para debatir los planes operativos de invasión a Cuba. La discusión giró alrededor de la necesidad de disminuir el plazo entra la decisión presidencial de la invasión y la realización efectiva de esta que estaba aproximadamente en 18 días. Kennedy solicitaba una reducción de siete días, para lo cual haría falta un nuevo posicionamiento de las unidades de la Marina y el Ejército hacia la costa oriental de Estados Unidos, a la cual los jefes militares no estaban de acuerdo, porque “trastornaría la actual disposición de las fuerzas estratégicas de reserva”. Ante esa disyuntiva Kennedy “expresó un interés particular en la posibilidad de introducir algunas tropas rápidamente en Cuba en caso de un levantamiento general”. Asimismo, pidió a los jefes que “desa­rrollaran planes específicos por anticipado, ante la necesidad de este tipo de acción rápida”.[103] El Pentágono, con el pretexto de que Cuba no se había per­mitido la verificación in situ, diseñó y desple­gó un dispositivo naval y aéreo de vigi­lancia. Para su ejecución basificó en las inme­diaciones del ar­chipiélago cubano una gran cantidad de aviones y unidades nava­les. Como resultado, la si­tuación polí­tico-militar se mantuvo en tensión permanente en el área del Ca­ribe, pues fue­ron hostigados muchos de los barcos que viajaban hacia allí. A esta actividad hay que sumarle las ac­ciones de espio­naje ejecuta­das por las redes de la CIA en el in­terior del país.

A la par con la administración, en el Congreso de Estados Unidos se urdían nuevas campañas anticubanas. Durante fe­brero y mar­zo de 1963, el Subcomité de Asuntos In­ter­a­mericanos de la Co­misión de Relaciones Exterio­res de la Cáma­ra de Representantes investigó la supuesta "subversión comunista del con­tinen­te". En­tre los objetivos que se proponía esta­ban det­er­mi­nar "la naturaleza y ex­tensión" en Amé­rica Latina; informar al pue­blo norteame­ricano del significado de esa amenaza, ­y estudiar los me­dios legislativos que permi­tieran a Esta­dos Unidos detener­la y eli­minarla.[104]

En febrero de 1963, instigada por Estados Uni­dos, la Comisión Especial de Consulta de Seguridad de la OEA,[105] emitió un infor­me sobre "la subver­sión comunista en América Latina", la que pro­ponía ventilar a la luz del Tratado de Río. Al parecer esta cues­tión quedó como una recomendación, ya que la mencionada Comisión no tenía po­testad para imponer sus decisiones, pero ello no dejó de ser un nuevo intento agresivo contra Cuba. El 2 de marzo, el Presidente de Estados Unidos impartió instrucciones a los depar­tamentos de Estado y Defensa, y a la CIA para que prepararan pro­pues­tas oficiales específicas sobre la reducción y posiblemen­te la eliminación del flujo de líderes sindicales, estudianti­les y otros de América Latina, que viajan a Cuba –según el documento del mandatario norteamericano–, para “recibir

entrena­miento y adoctrinamiento, regresando a sus países como posi­bles organizadores comunistas”.[106]

Como parte de esta campaña, en marzo de 1963, la reu­nión de mandatarios de América Central efec­tuada en Costa Rica, con la asistencia del presidente Kennedy, hizo pública la "De­claración Centroamericana", que conde­nó a Cuba como foco de "exporta­ción de la revolución" y acordó tomar medidas de control in­terno para evitar el trasiego de personas hacia o desde ese país. De acuerdo con esta línea, la OEA creó la Comisión Lava­lle, con la justificación de estudiar los Numerales I y VIII de la Conferencia de Cancilleres de Punta del Este, referidos a la "ofensiva del comunismo en América" y a las "relaciones econó­mi­cas", res­pectivamente.

Esta comisión desde que se constituyó careció de basamento constitutivo, pues en Punta del Este jamás se autorizó la creación de otra comisión que estudiara sus reso­luciones. Este engendro ilegal, siguiendo los dictados del De­par­tamento de Estado norteamericano, emitió un informe que lesionaba las libertades civiles y políticas de los ciudadanos de América Latina, pues entre las principales regulaciones establecidas en el Informe de la Comisión Lavalle estaban el control de las personas que viajaban a Cuba; la vigilancia de la propaganda que pudiera salir de allí hacia la región; la fiscalización de las ac­tivida­des mercantiles y técni­cas con países socialistas y el control a las enti­dades y ciuda­danos que comerciaban y visita­ban esos países; asi­mismo se reco­mendaba impedir los eventos de índole comunista en sus nacio­nes. Bajo la presión del Departamento de Estado yanqui y con el apoyo de varios gobiernos latinoamericanos el texto fue aprobado como Resolución por el Consejo de la OEA, el 3 de julio de 1963.

Las negociaciones del abogado Donovan con el gobierno cubano

Junto a los planes de subversivos, de guerra económica y aislamiento diplomático contra Cuba, la administración Kennedy proyectaba en el seno de su Consejo de Seguridad Nacional, de manera secreta, una nueva vía en su política hacia el gobierno cubano, consistente en aprovechar el canal oficioso abierto por el abogado Donovan durante las negociaciones para excarcelación de los prisioneros de Girón y, más tarde, en las conversaciones dirigidas la liberar un grupo de agentes norteamericanos que guardaban prisión por sus actividades de espionaje y subversión, con el propósito de explorar cierto acercamiento a la máxima dirección cubana.

Prueba de esto, son dos mensajes secretos elaborados por el miembro del Consejo de Seguridad Nacional, Gordon Chase. El primero de estos documentos es un memorando dirigido a McGeorge Bundy, fechado el 1 de marzo, en donde se informa que había tenido una conversación con Robert Hurwitch sobre de la próxima vista de Donavan a La Habana y la posible reunión que se realizaría con el Primer Ministro cubano, al respecto comentó Chase: “Si se diera la reunión, probablemente la misma se dedicaría solamente a la liberación de los prisioneros; probablemente no se hablará de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.” A continuación, señala que Hurwitch veía que la conversación con el líder cubano tendría dos momentos: el primero, referido a “la liberación de los prisioneros” y, el segundo, “sería para que Donovan converse con Castro acerca de cuestiones políticas más amplias.” Aunque sugería que no sería bueno abordar esta última cuestión hasta que se defina “el asunto de los prisioneros”, pues según su opinión esto “le daría indicios a Castro de que podría utilizara a los prisioneros como palanca, aunque todavía no ha tratado de hacerlo”. De producirse dicha conversación se debía instruir a Donovan “para que el diga a Castro que «hasta donde yo [Donovan] comprendo la política de Estados Unidos, solo hay dos cosas que no son negociables: (1) los lazos de Cuba con el bloque chino-soviético y (2) la interferencia de Cuba en el hemisferio»”. Hurwitch concluye en que “ve la tarea de Donovan fundamentalmente como la de transmisor, ante el gobierno de Estados Unidos, de cualquiera de las propuestas que Castro pudiera hacer en respuesta a esta línea”. Aunque recomienda que se debía “tener cuidado para evitar cualquier conexión con este viaje y el gobierno de Estados Unidos”. [107]

El segundo documento de Chase, referido al mismo tema, registra las reacciones del presidente Kennedy ante los comentarios de Hurwitch anteriormente expuestos, que muestran el gran interés por el jefe de la Casa Blanca por este asunto, quien indicó al respecto:

1. El Presidente no está de acuerdo en que debamos hacer que el rompimiento de los lazos chino-soviéticos sea un punto no negociable. No queremos presentarnos ante Castro con una condición que obviamente él no puede cumplir. Debemos comenzar pensando en líneas más flexibles.

2. Donovan debe evitar a toda costa dar el paseo de una semana con Castro por la playa hasta que hayamos tenido a oportunidad de darle una buena información. Pudiéramos darle algunas ideas para lucirse frente a Castro.

3. Lo anterior se debe mantener en secreto. El propio Presidente está muy interesado en esto.[108]

Entre los días 5 al 8 de abril, Donovan visitó a Cuba para continuar sus negociaciones con las autoridades cubanas. En el curso de la visita, Fidel Castro se reunió en dos ocasiones con el abogado norteamericano. Estas secciones de trabajo con el líder cubano, calificadas por el Director de la CIA de “pacientes en naturaleza, conciliadoras y razonablemente francas[109] tuvieron una duración de unas cinco horas en la primera ocasión y la segunda catorce horas. Como resultados de las mismas los agentes norteamericanos encarcelados en Cuba por sus actividades subversivas serían liberados el 22 de abril. En una reunión del Grupo Especial en que se discutía las acciones de sabotaje, FitzGerald dijo que “no se permitirían ningún tipo de actividad de esta clase que interfirieran con las negociaciones en esa fase”.[110]

Para el gobierno de Estados Unidos estas conversaciones, como se reflejan en los dos documentos antes mencionados, tenían un fin adicional a la liberación de los agentes norteamericanos prisioneros. Al respecto, señaló el Director de la CIA en un memorando al presidente Kennedy, “el propósito central de la discusión de Donovan fue política” y estuvo dirigida a sondear la posición de las principales autoridades cubanas hacia las relaciones con Estados Unidos. Al respecto, informó que –según opinión del comandante Rene Vallejo, ayudante personal del primer ministro Fidel Castro, él consideraba que las mismas “eran necesarias y que quería que estas se desarrollaran”.[111]

El 10 de abril, después de una sesión del Consejo de Seguridad Nacional, el Presidente Kennedy conversó en privado con McCone acerca del contenido del memorando antes citado. En esa reunión Kennedy expresó gran interés por el contenido de las conversaciones de Donovan con las autoridades cubanas y formuló varias preguntas

acerca del futuro de Castro en Cuba, con o sin la presencia soviética. McCone declaró que el asunto se hallaba en estudio y propuso enviar a Donovan de vuelta a Cuba el 22 de abril para asegurar la liberación de los prisioneros que quedaban y además mantener abierto el canal de comunicación. McCone estaba preocupado de que pudiera haber un enfrentamiento por la vigilancia aérea norteamericana entre el 10 y el 22 de abril, pero el Presidente insistió que se debía seguir adelante y que el Gobierno de Estados Unidos debía estar preparado para actuar si se derribaba un avión.[112]

Días más tarde, el 20 de abril, durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, se planteó brevemente el asunto de las negaciones del abogado Donovan, según un registro resumen de Bromley Smith[113], la discusión sobre ese tópico fue de la forma siguiente:

El Director McCone dijo que nuestra información más reciente fue que los últimos 23 norteamericanos prisioneros probablemente saldrían de Cuba el lunes. Él poseía informes de que estos prisioneros estaban siendo trasladados desde Isla de Pinos hacia La Habana. Donovan tenía la esperanza de que la salida se pudiera completar el lunes.

El Presidente comentó de que con los prisioneros fuera de Cuba, pudiéramos estar en una posición de actuar contra Cuba en caso de que Jruschov no hiciera nada para detener el deterioro en Laos. Él preguntó qué acción podríamos tomar contra Cuba.

El Director McCone dijo que debíamos realizar vuelos rasantes de reconocimiento si fueran necesarios no importa lo que ocurriera en Laos. Dijo que necesitábamos tener fotos de las caravanas soviéticas, algunas de las cuales Donovan había descrito en detalle a su llegada de su última visita a La Habana.[114]

William Colby, Jefe de la División del Lejano Oriente del Directorio de Planes de la CIA, preparó un resumen de esa reunión que envió a McCone, donde quedó claramente reflejado las ideas del presidente Kennedy respecto a la política hacia Cuba en el contexto de su estrategia de la llamada respuesta flexible. En dicho extracto con relación a Cuba dice:

El Presidente expresó su opinión de que era necesario ejercer alguna presión sobre Cuba. Consideró que difícilmente podríamos continuar desarrollando una política paciente en Cuba en momentos en que los comunistas despliegan una política agresiva en Laos.[115] Por ello, aprobó que los U-2 realizaran algunos vuelos sobre Cuba. Sin embargo, estos vuelos y otras actividades se demorarán hasta la anticipada liberación de los prisioneros norteamericanos

por Cuba el 22 de abril. El Presidente solicitó recomendaciones para el 22 de abril, para realizar esfuerzos adicionales que se pueden tomar en Cuba.[116]

Planes conspirativos en ejecución para derrocar la Revolución y asesinar a Fidel

La ambigüedad de la política de Estados Unidos respecto Cuba, en aquel momento, también se puso de manifiesto en los planes conspirativos que se desarrollaban para atentar contra la vida de los principales dirigentes de la revolución, pues mientras se buscaba un acercamiento a la dirección cubana se realizaban acciones para ejecutar asesinatos. Esta aseveración se puede comprobar en un Informe sobre las conspiraciones para asesinar a Fidel Castro confeccionado por el Inspector General de la CIA, Jack Earman, de fecha 24 de abril de 1967, por indicaciones el entonces Director de la CIA, Richard Helms que relata:

Cuando las negociaciones Donavan-Castro para la liberación de los prisioneros de Bahía de Cochinos, se creó un plan para que Donovan llevara a Castro un traje de buceo contaminado como regalo. Desmond FitzGerald nos dijo que se originó después que él se hizo cargo de la fuerza de tarea para Cuba en enero de 1963. Samuel Halpern dijo que eso comenzó bajo William Harvey y que él, Halpern, informó a FitzGerald de ello. Harvey declaró que nunca oyó hablar del asunto.

De acuerdo con Sydney Gottlieb (Jefe de los laboratorios de la CIA), este esquema progresó hasta el punto de comprar el traje de buceo y prepararlo para su entrega. La técnica consistía en rociar un polvo dentro del traje con un hongo que produciría una incurable y crónica enfermedad de la piel (madura foot) y contaminar la boquilla con el bacilo de la tuberculosis. Gottlieb no recuerda qué pasó con el proyecto o qué fue del traje de buceo.

Sam Halpernle que estaba dentro del esquema, dijo primero que el plan fue desactivado porque obviamente era impracticable. Después recordó que el plan fue abandonado porque fue sobrepasado por los acontecimientos: Donovan ya le había comprado a Castro un traje de buceo por iniciativa propia (…).[117]

En el propio informe del Inspector General de la CIA, a continuación comenta que:

En algún momento de 1963, la fecha es incierta, pero probablemente a principios de ese año, Desmond FitzGerald, entonces Jefe de Asuntos Especiales para Cuba, dio origen a un esquema para deshacerse de Castro a través de una concha explosiva. La idea era escoger una concha inusualmente espectacular que pudiera llamar la atención de Castro, cargada con un explosivo que estallaría cuando la concha fuera levantada y estaría sumergida en el área, donde Castro acostumbraba bucear (…).[118]

A los anteriores dos planes de atentados contra la vida del Primer Ministro cubano elaborados y reconocidos por la CIA en 1963, hay que sumarle el proyecto AM/LASH (1961-1966). Dicho proyecto a ejecutar por excomandante del Ejército Rebelde Rolando Cubela Secades, a otros elementos contrarrevolucionarios, estaría asociado a un plan para desencadenar de un levantamiento militar interno o golpe de Estado en Cuba que permitiera a una intervención directa de Estados Unidos, bajo el auspicio de la OEA.

En relación a esto últimos, el 13 de marzo de 1963, durante la 509 Reunión del Consejo de Seguridad Nacional para analizar la política de Estados Unidos hacia América Latina.[119] Durante ese consejo el Director de la CIA, John McCone, comentó que lo primero que tenía que hacer Estados Unidos era sacar a las tropas soviéticas y, después de eso, se podría derrocar al gobierno de Castro por medio de un golpe militar que fuera favorable a Estados Unidos y que él prefería “un levantamiento militar más que uno civil”.[120]

Tal parece que, poco antes o inmediatamente después de esta reunión del Consejo de Seguridad Nacional, el Director de la CIA encargó al Director de Planes de la agencia la elaboración de un programa para estimular la deserción de oficiales en las fuerzas armadas cubanas, como se puede apreciar en un memorando secreto, de fecha 19 de marzo, firmado por Desmond FitzGerald, Jefe del Grupo Asuntos Especial, dirigido al Director de la CIA.

Este documento era demostrativo del modo de pensar de la CIA y, al mismo tiempo, se pueden encontrar elementos fundamentales de la operación AM/LASH[121] que, como afirma el historiador Jacinto Valdés–Dapena, "fue una de las acciones más importantes concebidas es el periodo", pues AM/LASH en el plan de atentados estaba "asociado a un golpe militar que sólo sería respaldado por el gobierno de Estados Unidos si tuviera perspectivas de éxitos."[122] También este documento puedo ser el bosquejo de programa de una operación mucho más amplia y compleja desarrollada, durante esos años, dirigida a penetrar los mandos militares cubanos, denominado con el código AM/TRUNK.[123]

El memorando[124] en cuestión, tenía el propósito de dar respuesta a una solicitud del Director de la CIA de un programa enfocado a dividir "la estructura militar del régimen comunista de Castro, con vista a la sustitución de este régimen por uno aceptable a Estados Unidos."[125] El autor del programa partía de tres presupuestos:

a. Que no es probable que ocurra un levantamiento popular ni que se debe alentar bajo las actuales circunstancias.

b. Que la política actual excluye el uso abierto de la fuerza militar norteamericana para derrocar el régimen comunista de Castro, excepto en circunstancias cuando Cuba vuelva a convertirse (o esté a punto de convertirse) en una amenaza ofensiva a la seguridad de Estados Unidos y del Hemisferio Occidental.

c. Que no es probable que Castro y sus seguidores rompan con los soviéticos para alcanzar un acuerdo con Estados Unidos; ni tampoco es probable que tomen acciones, como la de aliarse al diferendo chino-soviético, que haría que los soviéticos retiraran su apoyo militar y económico a Cuba.[126]

A partir de estos, afirmaba que

el único curso de acción potencialmente efectivo abierto a Estados Unidos es una estrategia de asfixia económica para debilitar y socavar al régimen en conjunción, con un esfuerzo intensivo, analítico, a fin de identificar y establecer canales de comunicación para los elementos desafectos no comunistas y potencialmente disidentes en los centros de poder del régimen.[127]

FitzGerald proponía, en ese sentido, dedicar el mayor esfuerzo “contra los oficiales claves en las fuerzas armadas y la milicia”. A partir, según él, de informes de inteligencia donde se plantean que “una cantidad de estos oficiales están desencantados con la dirección que hace Castro de los asuntos cubanos (…)”, aunque aclara que esas informaciones no han sido confirmadas. Por lo cual, propuesta al Director de la CIA estaba a “identificar, buscar y encontrar estos oficiales, cualesquiera que pudieran ser sus motivaciones, convencerlos de que su futuro descansa solamente en la eliminación de Castro y el establecimiento de un nuevo gobierno(…)”.[128]

Esta línea se acción de la CIA contra la Revolución cubana, dirigida hacia la preparación de un golpe de estado militar, seguía los mismos derroteros que la Agencia estaba desarrollando contra gobiernos latinoamericanos que no eran de la simpatía de Washington. Hay que recordar, que entre 1962 y 1968 se produjeron catorce golpes militares en América Latina. Empero existía una diferencia básica entre los ejércitos latinoamericanos de entonces y las fuerzas armadas cubanas. Los primeros eran instituciones armadas castrenses formadas, en lo fundamental, para salvaguardar los intereses de las oligarquías nativas y el imperialismo; mientras que cubana había nacido en la lucha revolucionaria contra la tiranía batistiana y se había desarrollado en los combates contra las agresiones provinentes de Estados Unidos.

FitzGerald planteaba que para los implicados pudieran “justificar los riesgos implícitos al intentar un golpe contra Castro”, necesitarían que se cumplieran las siguientes condiciones:

a. Una dirección alternativa; b. hacerles creer que recibirían ayuda militar y reconocimiento de la OEA y Estados Unidos en caso de que el golpe fracasara, o los soviéticos amenazaran y/o intentaran tomar represalias contra los rebeldes; c. Estados Unidos brindaría ayuda económica y apoyo político al nuevo gobierno para sustituir el de los soviéticos y, en general, no trataría de ‘volver a los viejos tiempos’ (la Revolución si; los comunistas, no); d. garantizar que aquellos que tengan éxito y apoyen el golpe no serán perseguidos por las autoridades de Estados Unidos y los exiliados cubanos porque se mantuvieron en Cuba como oficiales claves de la estructura militar de Castro y e. garantizar que Estados Unidos aceptaría y apoyaría la libre voluntad del pueblo cubano, expresado en elecciones libres cuando sean factibles.[129]

De ser aprobada por el Director de la CIA esta propuesta de acción, como parece que fue, FitzGerald explicó que el Equipo de Asuntos Especiales procedería a desarrollar, en primer lugar, una “operación de guerra psicológica y de propaganda”, mediante la intensificación de las “transmisiones de radio controladas por la CIA, las operaciones de mensajería y otras acciones dirigidas a las fuerzas armadas y la milicia, instándolas a que se organicen y actúen (…)” Además, solicitaría “a la USIA que le dedique una atención especial a la VOA, a su audiencia militar en Cuba, exagerando las garantías descritas anteriormente” y otra “amplia variedad de alternativas sobre estos temas, todo lo cual está diseñado para crear una atmósfera que responda a las exigencias de la OEA de que había que sacar a Castro y hacer que Cuba vuelva a la familia de naciones del Hemisferio.” [130] En segundo lugar, se realizarían “operaciones clandestinas únicas” dirigidas a “identificar, buscar y establecer líneas de comunicación con el personal clave desafecto y potencialmente disidente en las fuerzas armadas”, con el objetivo de “determinar si y bajo qué circunstancias ellos estarían preparados para actuar (…)”.[131]

El resultado real llegaría, sostuvo FitzGerald, cuando estuviera la CIA “en condiciones de tener acceso y negociar con las personalidades militares claves que estén listos, y sean capaces de eliminar a Castro y a sus seguidores inmediatos”. Señaló asimismo, que en ese momento que su equipo se hallaba investigando todos medios de acción encubiertos existentes para “obtener acceso a los militares cubanos claves que tienen alguna razón para estar decepcionados (…), o que son vulnerables (…)” En este sentido, estaba revisando “todos los contactos disponibles que conocen personalidades militares en Cuba y que actualizarían sistemáticamente las informaciones de estos contactos para descubrir vías operativas hacia la organización militar cubana.” También, sugirió que “se podía hacer un uso mayor de agregados militares latinoamericanos amigos que residen en La Habana para ayudarnos en la detección y posible contacto con personal militar cubano”; así como, seguía “estrechamente las actividades del señor James Donovan y otras posibilidades (…)”. [132]

Actos terroristas “no controlado” de la contrarrevolución

Entretanto, el 18 de marzo, las agencias de prensa internacionales reportaban desde San José de Costa Rica el inicio de la reunión de presidentes de Centro América con el presidente de Estados Unidos. En su discurso Kennedy expresó “construiremos un muro en torno a Cuba. En esta reunión incrementaremos de nuevo nuestra capacidad para prevenir la infiltración comunista procedente de Cuba.[133] Mientras que en La Habana, el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) denunciaba el ataque perpetrado el día anterior por una lancha artillada, perteneciente a la organización contrarrevolucionaria Alpha 66, con sede en Miami, contra el carguero soviético “Lvov” que se encontraba atracado en Isabela de Sagua, al cual se le dispararon varias ráfagas de ametralladora de 30 mm., y varios disparos de cañón de 20 mm., poniendo en peligro la vida de sus tripulantes.

Este acto terrorista no controlado de la contrarrevolución le creó una situación incomoda ante los medios de prensa a la delegación norteamericana y al presidente estadounidense, en San José, lo que originó que el 19 de marzo, el Departamento de Estado emitió una declaración[134] en la que "se oponía enérgicamente a los ataques por sorpresa contra Cuba de parte de grupos individuales de refugiados". La declaración continuaba: "dichos ataques no debilitan la mano firme del régimen comunista sobre Cuba, por el contrario, la fortalecen." La declaración concluía que el Gobierno de Estados Unidos estaba investigando el ataque para ver si la ley estadounidense había sido violada.[135] Por su parte, el presidente Kennedy, en conferencia de prensa, declaró que: "nuestra mejor información fue que el grupo no salió de Estados Unidos". Además, aseveró que “Estados Unidos no apoyaba al grupo y que no tenía conexión con él.[136]

Estas declaraciones oficiales aportaron nuevos ingredientes a las contradicciones que se venían produciendo entre la administración norteamericana y el exilio cubano, a pesar que la Declaración de Centroamérica suscrita por los presidentes de esa región y de Estados Unidos se subraya el propósito de aislar a Cuba del resto del hemisferio. Al respecto, en un memorando elaborado por Carl Kaysen, de fecha 22 de marzo, se sostiene que “El Presidente expresó cierta preocupación de por qué no contábamos con buena información de inteligencia sobre las intenciones de estos grupos.[137] Acerca de este incidente, en un memorando de Gordon Chase dirigido al Asistente Especial del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional, se plantea que el mismo

significó un problema jurisdiccional entre la CIA y el FBI, es decir, quien es el responsable por tener conocimiento acerca de las actividades de estos grupos. La respuesta es que probablemente ambos poseen un interés en las actividades de estos grupos que parecen operar tanto desde dentro como desde fuera de Estados Unidos. Hemos estado en contacto con el Departamento de Estado, la CIA y el FBI y los hemos instado a que se unan en este asunto… También se unirán en lo concerniente a lo que queramos hacer o podamos hacer para detener los ataques, si es que queremos o podemos hacer algo.[138]

Como se expresa en el propio documento no era que la Casa Blanca estuviera decidida a detener estos ataques, sino como los mismos pudieran arriesgar la política de Kennedy, en especial en este caso, la salida de Cuba de las tropas soviéticas que se encontraban en el territorio cubano.

Pero los ataques de los grupos terroristas no se detuvieron. En horas de la madrugada, 26 de marzo, en un punto situado a tres millas al este de Cayo Francés, dentro de las aguas jurisdiccionales de Cuba, el barco soviético Bakú, que transportaba un cargamento de azúcar de Caibarién, provincia de La Villas, hacia la URSS fue atacado por una nave artillada, procedente de Estados Unidos, que realizó numerosos disparos de cañón de 20 mm., y de ametralladoras calibres 30 y 50, produciéndose diversos impactos en el puente de mando y en la popa. Al mismo tiempo la nave artillada, aproximándose al mercante indefenso, lanzó junto a él una mina que al hacerla estallar produjo una grieta vertical de cuatro metros de ancho en la segunda bodega de proa a popa. La vida de la tripulación fue puesta en grave peligro y el mercante quedó seriamente averiado. En una declaración del Primer Ministro cubano, comandante Fidel Castro Ruz, en la cual hace responsable al Gobierno de Estados Unidos de la agresión perpetrada, afirmó: “De proseguir estos ataques, Cuba se verá en la situación de considerar la adquisición de bombarderos de largo alcance, así como los equipos navales necesarios para escoltar a nuestros barcos mercantes, proteger nuestras rutas de abastecimientos y repeler a los agresores.[139] Por su parte, el gobierno de la Unión Soviética entregó una nota de protesta a la Embajada de Estados Unidos en Moscú con motivo de la agresión que fue victima el buque mercante soviético “Bakú” en aguas territoriales cubanas.

Tal situación provocó que el 29 de marzo se efectuara una reunión de Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, para debatir como controlar y detener los ataques –aéreos y navales- no autorizados de grupos contrarrevolucionarios que operan dentro y fuera de Estados Unidos contra buques mercantes soviéticos que operan en Cuba. Sin embargo, la CIA no estaba de acuerdo en poner fin a los mismos. En un memorando preparado por el Director de la CIA, John McCone, sobre estos ataques, se plantea que estos "van a crear problemas con Castro, y más particularmente con la URSS y, desde ese punto de vista, no son convenientes. Sin embargo, un hostigamiento con éxito creará una irritación muy considerable, estimulará la deserción interna, complicará los problemas de Castro y tendrán un efecto de descrédito muy considerable sobre Castro en América Latina". Finalmente, personalmente cree que el esfuerzo concertado y hecho público de ‘renunciar’ a estas operaciones probablemente generaría una mayor crítica de la prensa y de la opinión pública en Estados Unidos, que las consecuencias de tolerar estos actos aunque oficialmente el gobierno se desentendiera de ellos, negando tanto su responsabilidad como el control de los mismos.[140]

Días más tarde, el 3 de abril, en una reunión sobre Cuba en la Casa Blanca, El Presidente le preguntó a FitzGerald si los ataques del exilio lograrían algo que valiera la pena y este le respondió que pensaba que no lograrían nada, excepto quizás fortalecer la moral de los exiliados; por otro lado, el efecto sobre el pueblo en Cuba todavía podía ser contraproducente hasta cierto grado. El Presidente dijo que “no se oponía a estos ataques siempre y cuando fueran objetivos valiosos y no simplemente ‘palabrerías’ de lo que había representado sus actos hasta el presente. Añadió que no tenía objeción de que los ataques fueran desde el mar, a no ser que estuvieran dirigidos contra los buques soviéticos.[141]

Estas restricciones a las actividades terroristas no controladas de los grupos de exiliados, incrementaron las contradicciones entre estos y la administración estadounidense que tuvo su clímax con la renuncia de José Miró Cardona de la presidencia del llamado Consejo Revolucionario Cubano y la desintegración de este órgano contrarrevolucionario que intentó ser un gobierno cubano en el exilio.[142]

Este conjunto de acciones caracterizaron la política de Estados Unidos contra Cuba inmediatamente después de concluida la llamada crisis de los "misiles" que, a diferencia de la fracasada Operación Mangosta, cuyo objetivo principal estaba dirigido a provocar una rebelión interna que justificara y propiciara la intervención militar directa; la “nueva estrategia” de la administración que, sin abandonar sus objetivos contrarrevolucionarios, “aceptaría” la revolución cubana como un hecho político, encuadrado en las relaciones interpotencias, por lo cual su accionar subversivo tendría propósitos más limitados, vinculados más bien con una guerra de desgaste, la que debía cumplir la condición de ser plausiblemente negada.[143]

Esta política, sin embrago, se manifestó de forma ambivalente y hasta contradic­toria. Mientras, daba luz verde a nuevos actos de sabotaje y medidas destina­das a incrementar el bloqueo y entorpecer la economía de la isla, examinaba vías de acercamiento al gobierno cu­bano, en pos de hallar un “modus vivente” con el proceso revolucionario, con la finalidad de facilitar su reversión a mediano plazo y, a la par, romper los lazos de Cuba con el bloque comunista y los movimientos populares y revolucionarios en América Latina. Esta estrategia norteamericana tomaría cuerpo en un documento preparado, a mediados de abril de 1963, por el asistente presidencial para la Asuntos de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy, titulado “Bosquejo de alternativas para Cuba”, el cual daría forma a lo se han denominados como “Programa de múltiples vías” el cual trataremos en el próximo capítulo.

Notas



[1] No obstante, en 1963 se tomaron algunos acuerdos entre Estados Unidos y la Unión Soviética, como: El 20 de junio, se firmó un acuerdo que establece una comunicación directa entre Washington y Moscú ("la línea caliente") con la finalidad de reducir los riesgos de una guerra por accidentes, cálculo erróneo o equivocación. El 5 de agosto, fue firmado en Moscú por los ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, el Reino Unido y Estados Unidos el Tratado sobre el cese parcial de las pruebas de armas nucleares en la atmósfera, el espacio cósmico y bajo el agua.

[2] Si bien fue cierto que la población de Estados Unidos sintió aliviada por una so­lución sin necesidad de la confron­tación militar, círculos polí­ti­cos cuestionaron los acuerdos entre Jruschov y Kennedy, y los catalogaron como un fraca­so, pues consideraron que de hecho el Go­bierno reconocía como vá­lido la existencia, a pocas millas de sus costas, de un régimen comunista. Los contrarrevolu­cionarios cubanos radicados en Estados Unidos recibieron esos acuer­dos como una traición que ale­jaba sus ambiciones de derrocar el poder revo­lucionario.

[3] Las tropas soviéticas escalonadamente se retiraron a lo largo de 1963 y en el primer semestre de 1964.

[4] Piero Gleijeses. Misiones en Conflicto. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002, pp. 11.

[5] Para un análisis del fracaso del frente clandestino interno, véase: Jesús Arboleya: La contrarrevolución cubana. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997, pp. 114-120.

[6] Este grupo fue una ampliación del Grupo Especial (o 5412, como también se le denominó) para la Operación Mangosta, pues además de sus miembros designados, participarían en sus reuniones y deliberaciones otros funcionarios de alto nivel, como el Fiscal General Robert Kennedy que lo presidió y el general Maxwell Taylor. La responsabilidad de este grupo fue la del control general de la operación. Véase: Tomás Diez Acosta: Octubre de 1962: A un paso del Holocausto. Editora Política, La Habana, 2002, pp. 62-67.

[7] Memorando del Director de la CIA (McCone) acerca de la reunión sostenida acerca de Mangosta. Washington, 4 de octubre de 1962: Agencia Central de Inteligencia, Archivo sobre Cuba, Tarea 80-B01676R, Caja 17, Legajo 12. Véase: Department of State. Foreign Relations (FRUS), 1961-1963, Vol. XI. Cuban Missile Crisis and Aftermath. United States Government Printing Office, Washington, 1996, pp. 11-13.

[8] U.S. Senate: Alleged Assassination Plots Involving Foreign Leaders: An Interim Report of the Select Committee to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities, United States, 94th Congress, 1st Session, Report 94-465, Washington, U. S. Government printing Office, 1975. pp.147.

[9] Memorando de la reunión con Robert Kennedy, Fiscal General, sobre Mangosta, Washington, 16 de octubre de 1962, Agencia Central de Inteligencia, Archivo sobre Cuba, Tarea 80-B1676R, Caja 17. Véase: FRUS, Vol. X, pp. 45-47.

[10] Resulta obvio que al Fiscal General se le había informado de las evidencias fotográficas obtenidas de los emplaza­mientos de misiles balísticos soviéticos descu­biertos en Cuba. Por orden del presidente Kennedy, se había organizado y reunido a las 11:50 a.m. –en su primera sesión de trabajo– el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (ExCom), que actuó durante toda la Crisis de los misiles de octubre de 1962 como órgano de consulta del presidente Kennedy. El mundo había entrado en el más grave y peligroso conflicto de la época de la guerra fría.

[11] Memorando para archivo. Washington, 26 de octubre de 1962, 2:30 p m. Biblioteca Kennedy, archivo de Seguridad Nacional, serie reuniones y memorandos. Grupo Especial (Ampliado). Muy Secreto. Véase: FRUS, vol. XI, pp. 229-231.

[12] Unidad de acción de la CIA para Mangosta.

[13] Pero lo que realmente detuvo estas operaciones, no fue el llamado de Robert Kennedy, sino la acción del pueblo cubano y sus órganos de contrainteligencia. El lunes 12 de noviembre fue presentado ante la televisión cubana el jefe de un grupo de Asuntos especiales de la CIA, Miguel A. Orozco Crespo, capturado días antes en la finca “Malas Agua”, en Viñales, cuando preparaba un sangriento sabotaje contra la mina de cobre de Matahambre y la planta de Sulfometales de Santa Lucia.

[14] The 32d–A Meeting of the Executive Committee of the National Security Council, December 4, 1962. La discusión sobre el proyecto de memorando no se incluyó en el registro del sumario de dicha reunión.

[15] Véase: Memorandum from the President‘s Special Assistant for National Security Affairs (Bundy) to the Under Secretary of State (Ball), Washington, December 6, 1962, FRUS, vol. XI, pp. 586.

[16] Ibídem.

[17] A principios de junio de 1962, el Secretario de Justicia, Ro­bert Kennedy, incorporó al abogado James Donovan a una comi­sión de familiares de los sobrevivientes de la brigada merce­naria invasora de Bahía de Cochinos. A finales de agosto, Donovan se trasladó de nuevo a Cuba, esta vez como asesor legal del Co­mité de Familiares, desde el cual realizó las primeras con­versaciones con el primer ministro Fidel Castro.

[18] El 23 de diciembre de 1962 arribó al puerto de La Habana el African Pilot, con un cargamento de medicinas valorado en más de 10 millones de dólares como parte del primer pago de la indemnización. Ese mismo día, se estableció un puente aéreo entre Cuba y Estados Unidos para transportar a los mercena­rios liberados. Tres días después, en el propio African Pilot, partieron hacia Estados Unidos, autorizados por el Go­bierno Revolucionario, 1 015 familiares de los merce­narios.

[19] Resulta imposible que los brigadistas hayan podido mantener oculta dicha bandera en las prisiones cubanas por más de un año y medio. Según Howard Hunt, Manuel Artime le confesó se trataba de una réplica. Véase: Howard Hunt: Give us this day. Paper Library, New York, 1973, p. 221). Presumiblemente la bandera fue confeccionada por la Agencia de Información de Estados Unidos (USIA) con propósitos propagandísticos. Más tarde, dicha bandera fue solicitada su devolución por la organización contrarrevolucionaria en Miami "Asociación de Veteranos de la Brigada 2506", en acto de agravio y rechazo al compromiso de Kennedy de no invadir a Cuba y se ha comentado que en dicha organización se discutió la entrega a dictador chileno Augusto Pinochet para su conservación.

[20] El Presidente Kennedy se reunió con el Estado Mayor Conjunto el 27 de diciembre de 10:15 a 10:40 a.m.

[21] C. V. Clifton, "Memorando de la conferencia con el Presidente", 27 de diciembre de 1962, Palm Beach, Archivos de Seguridad Nacional, (NSF): Clifton, caja 345, Biblioteca John F. Kennedy (JFKL)

[22] Ibid.

[23] Ibíd.

[24] Al respecto fue valorado cuántos oficiales, podrían ser utilizados para que ayudaran en el entrenamiento de esa tropa en Fort Jackson, Carolina del Sur, y cuales de ellos necesitarían de un curso especial para a fin de actualizarlos y volverlos a entrenar como tales y, finalmente, cuántos brigadistas irían al curso de reentrenamiento de 20 semanas. Véase: Memorandum from the President’s Military Aide (Clifton) to President’s Special Assistant for National Security Affairs (Bundy), Washington, December 29, 1962, Kennedy Library, National Security Files, Meetings and Memoranda Series, NSAM 213. Secret, President’s Appointment Book, FRUS, vol. XI, pp. 646.

[25] Ibíd.

[26] Entrevista noticiosa de la CBS, 17 de diciembre de 1962, Museo de la televisión y la radio, New York. En esta entrevista televisiva a la nación, Kennedy habló de las limitaciones sobre el poder de la presidencia como la mayor lección que había aprendido desde que llegara a la Casa Blanca.

[27] El índice de aprobación pública de Kennedy era consistentemente alto, durante los mil días de su mandato, pero debido a la recesión de 1962, ésta había comenzado a decaer por debajo del 65% justo antes de la crisis de los cohetes. La crisis había hecho volver a subir el índice hasta promediar del 70%.

[28] Participaron en estas trabajos, por Defensa: Vance, Yarmolinsky y el general Wheeler como delegados por McNamara y Gilpatric; por Estado: Alexis Johnson y Ed Martin; por Justicia: Nick Katenback; y por la CIA: Pat Carter.

[29] Memorando de Bundy, Asistente Especial del Presidente para los Asuntos de Seguridad Nacional, al Presidente Kennedy. Washington, 4 de enero de 1963. Fuente: Biblioteca Kennedy, expedientes de la oficina del Presidente; Cuba. Seguridad,1963. Secreto. Véase: Department of State. FRUS, vol. XI, pp. 648-651.

[30] Ibíd., pp. 648.

[31] Ibíd., pp. 649.

[32] Ibíd.

[33] Ibíd.

[34] Ibíd.

[35] Ibíd.

[36] Ibíd., pp. 650.

[37] Se refiere Bundy a la decisión presidencial contenida en el Memorando de Acción de Seguridad Nacional Nº 194, de fecha 2 de octubre de 1962, en que se refiere a la política hacia los barcos de los países capitalistas que transportan mercancías hacia o desde Cuba. En la misma se plantea:

1. El Presidente deberá hacer una declaración pública sobre este aspecto.

2. El Presidente deberá cerrar todos los puertos norteamerica­nos a todos los barcos de cualquier país, si un barco que tenga la bandera de ese país de ahora en adelante transporta armas a Cuba.

3. El Presidente deberá ordenar que ningún cargamento del gobierno sea embarcado en barcos de bandera extranjera, si algún buque del mismo propietario sea usado de aquí en adelante en el comercio del Bloque con Cuba.

4. El Presidente deberá ordenar que ningún barco que tenga bandera norteamericana o sea propiedad de Estados Unidos trans­por­te en el futuro mercancías hacia o desde Cuba.

5. El Presidente deberá cerrar todos los puertos de Estados Unidos a cualquier barco que en la misma continuación de su viaje haya sido usado o esté siendo usado en el comercio de Cuba con el Bloque.

6. El Presidente deberá instruir al Secretario de Estado para que explore las vías de obtención de cooperación de otros países para restringir el uso de sus barcos entre Cuba y el Bloque.

El Presidente tiene la necesaria autoridad legal para llevar a cabo las anteriores recomendaciones sin una nueva legislación. Una pequeña asignación suplementaria para el Departamento de Agricultura se tendría que incluir en el presupuesto para el pago de transportes marítimos con fondos estadounidenses. (Biblioteca Kennedy, Archivo de Seguridad Nacional, Serie Reuniones y Memorandos, NSAM 194. Confidencial, Sensitivo).

[38] En este sentido, Bundy señala la necesidad de tener una comunicación más abierta y continua con los líderes de los refugiados y de aclarar las posibilidades que se le ofrecían a los voluntarios cubanos en el Ejército estadounidense, ya fueran veteranos o no de la brigada. “Si podemos manejarlo, necesitamos conseguir un mayor proceso de representatividad…” –sentenciaba. Memorando de Bundy, Asistente Especial del Presidente para los Asuntos de Seguridad Nacional, al Presidente Kennedy, Washington, 4 de enero de 1963, FRUS, Vol. XI, pp. 560.

[39] Ibíd.

[40] Departamento de Estado, archivos del Secretariado Ejecutivo del Departamento de Estado: lote 72D316, secreto. Véase: FRUS, Vol. XI, pp. 256-257.

[41] Ibíd., pp. 256.

[42] Ibid., pp. 256-257.

[43] U.S. Senate. Alleged Assassination Plots Involving Foreign Leaders: An Interim Report of the Select Committee to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities [the Church report]. Washington D.C.: United States Governmental Printing Office, 1975, pp. B-1.

[44] Véase: Tomás Diez Acosta: Confrontación Estados Unidos-Cuba. Editora Política, La Habana, 2003.

[45] Cuba y el comunismo en el hemisferio. FRUS, vol. X, pp. 459-475.

[46] Notas de las observaciones del Presidente Kennedy ante la 508 reunión del Consejo de Seguridad Nacional. Washington, 22 de enero de 1963, Kennedy Library, National Security Files, NSC Meetings, 1963, No. 508, 1/22/63, FRUS, Vol. X I, pp. 668-669.

[47] Memorandum from the Coordinator of Cuban Affairs to the Executive Committee of National Security Council. Washington, January 24, 1963. Department of State, Central Files, 737.000/1-2463. Top Secret.. En: FRUS, Vol. X I, pp. 670-675.

[48] Ibíd., p. 675.

[49] Ambos documentos preparados por el Coordinador de Asuntos Cubanos, aparecen como adjuntos 1 y 2, respectivamente, en un memorando enviado por William H. Brubeck, Secretario Ejecutivo del Departamento de Estado, al Asistente Presidencial para Asuntos de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy, de fecha 24 de enero de 1963.

[50] Memorando de Cottrell, Coordinador de Asuntos Cubanos, dirigido al Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional:“Resumen de las recomendaciones del Coordinador”, Department of State, Central Files, 737.00/1-2463, en: FRUS, Vol. X I, pp. 676-678.

[51] En primer documento estas acciones aparecen resumidas y en el segundo están de manera más amplias, por este motivo en este tópico del trabajo se empleó el segundo documento.

[52] Memorando de Cottrell, Coordinador de Asuntos Cubanos, dirigido al Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional: "La política de Estados Unidos hacia Cuba". Ibíd. pp. 679.

[53] En dicho programa se recogían, por ejem­plo, acciones como: "la recopilación de información de inteligencia, el reclu­tamiento de oficiales cubanos como agentes, las transmisiones de radio, el apoyo del Consejo Revolucionario Cubano (CRC) y otras actividades del grupo de exiliados y la infiltración de materiales de propaganda". Ibíd.

[54] Ibíd.

[55] Ibíd., pp. 680.

[56] Ibíd.

[57] COCOM: Coordinating Committee on Export Controls (Comité de Coordinación para el Control de las Exportaciones).

[58] Ibíd.

[59] Memorando de Cottrell, Coordinador de Asuntos Cubanos, dirigido al Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional: “Resumen de las recomendaciones del Coordinador”. Ibíd., pp. 678.

[60] Memorando de Cottrell, Coordinador de Asuntos Cubanos, dirigido al Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional ["La política de Estados Unidos hacia Cuba". Ibíd., pp. 681.

[61] Cottrell se refiere las bandas armadas y organizaciones contrarrevolucionarias que actuaban en esos momentos en el interior del país.

[62] Ibíd.

[63] Source: Kennedy Library, National Security Files, Meetings and Memoranda Series, Executive Committee, Meetings, Vol. IV, pp. 38-42. Top Secret, Sensitive. This record is part I; part II relates to European policy. Ibíd., pp. 681-687.

[64] Ibíd., pp. 681-682.

[65] Ibíd., pp. 682.

[66] Ibíd.

[67] Referencia manifiesta a la conferencia de prensa de Kennedy del 24 de enero, en la que admitió que "todavía hay aproximadamente entre 16 y 17 mil rusos allí (en Cuba), que los soviéticos continúan operando los SAM y otras piezas de equipamiento técnico, y que hay algunas unidades organizadas, las mismas unidades organizadas que hemos descrito antes, las cuales todavía están en territorio cubano", en: Documentos públi­cos de Estados Unidos: John F. Kennedy, 1963, página 93). Ibíd.

[68] Ibíd., pp. 682-683.

[69] Ibíd., pp. 683.

[70] Al final de la reunión se decidió que el Secretario Asistente de Defensa Sylvester debía tener un hombre en su equipo que fuera un experto sobre la situación militar en Cuba y que estuviera disponible constantemente para responder a las interrogantes de la prensa y que su trabajo estuviera estrechamen­te relacionado con el Coordinador sobre Cuba. Ibíd.

[71] Con esta decisión hubo problemas. Ver: el memorando de U. Alexis Johnson para McGeorge Bundy en el suplemento, fecha­do el 30 de enero, Biblioteca Kennedy, archivos de seguridad nacional, series de reuniones y memorandos, NSAM 220. Ibíd., pp. 684.

[72] Ibíd., pp. 684.

[73] Ver: Robert Kennedy: Trece Días, Editorial Plaza y Janes S.A., México DF., 1968, pp.151-152; y Tomás Diez Acosta. Octubre de 1962: A un paso del Holocausto, Editora Política, La Habana, 2002, pp. 158-184.

[74] FRUS, Vol. X I, pp. Ibíd. pp. 684.

[75] Ibíd.

[76] Ibíd., pp. 685.

[77] Para la reunión el Coordinar Cottrell había preparado un documento en el cual planteaba tres cursos de acción futuros en cuanto a los miembros de la brigada mercenarias, estos fueron:

1. Inducir a que la Brigada sea desmantelada como unidad militar sin una ayuda especial adicional por parte de Estados Unidos.

2. Entrenar a la Brigada y a los cubanos como una unidad. Mantenerlos y apoyarlos como un componente de la reserva militar de las fuerzas armadas norteamericanas.

3. Alentar a los miembros de la Brigada a que se incorporen al actual entrenamiento militar para los cubanos a fin de establecer un componente de la reserva militar, a los que se podrían sumar otros cubanos entrenados militarmente en Estados Unidos.

[78] FRUS, Vol. X I, pp. 685.

[79] Ibíd.

[80] Ibíd.

[81] Ibíd., pp. 686.

[82] Ibíd.

[83] Ibíd.

[84] La oficina del Coordinador Cottrell, de la CIA y del Ejército trabajarían mancomunadamen­te, en consultas con el Fiscal General. Ibíd.

[85] Ibíd., pp. 686-687.

[86] Ibíd., pp. 687.

[87] Entre los detenidos estaba Pedro Camerón Pérez, quien confesó que había entrado en la isla en dos ocasiones con armas y explosivos. Ver: la prensa cubana del 26 de enero de 1963.

[88] D.Wise y T.B. Ross: El Gobierno Invisible, Ediciones Vencere­mos, La Habana, 1965, pp. 329.

[89] Expediente Resumen de la Reunión 40 del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional. Washington, 5 de febrerode 1963, 4 p.m, Kennedy Library, National Security Files, Meetings and Memoranda Series, Executive Committee, Meetings, Vol. IV, 38-42, 1/25/63-3/29/63. Top Secret. En: FRUS, Vol. X I, pp. 689.

[90] Ibíd.

[91] Ibíd.

[92] Ibíd., pp. 690.

[93] COMOR, Committee on Overhead Reconnaissance (Comité para el Reconocimiento Aéreo).

[94] Ibíd., pp. 691.

[95] En el expediente de McCone sobre esta reunión, éste relató que el presidente expresó una reserva sobre los vuelos a baja altura y el efecto que podía causar a la misión de Donovan. En respuesta a la pregunta del Presi­dente, McCone respondió que el Simferopol se hallaba bajo una cuidadosa vigilancia. Si el buque descargaba en La Habana, el reconocimiento a baja altura no sería productivo debido a la proximidad de los almacenes de recepción en el muelle. Si el buque atracaba en Matanzas o el Mariel la fotografía a baja altura sería productiva. Memorando para el expediente de McCone, 6 de febrero; archivos de la Agencia Central de Inte­ligencia, tarea 80-B01285A, reuniones del DCI con el Presi­dente, 1ro de enero - 31 de marzo de 1963.

[96] USIB, United Stated Intelligence Board (Junta de Inteligencia de Estados Unidos).

[97] FRUS, Vol. X I, pp. 691.

[98] Ibíd., pp. 692.

[99] Memorando de Acción de Seguridad Nacional No. 220. Department of State. S/S Files: Lot 72 D 316, NSAM 220. 2/5/63. No clasification making. En: FRUS, Vol. X I, pp. 693.

[100] El texto de 51 páginas de la información, incluyendo las preguntas y respuestas, se halla en el Centro Nacional de Expedientes de Washington, RG 330, Oficina del Secretario de Defensa (OSD). Archivos de McNamara: FRC 71 A 3470, Cuba.

[101] Vea: Los documentos públicos del Presidente de Estados Unidos: John Kennedy, 1963, pp. 148-155.

[102] Reunión del Estado Mayor Conjunto con el Presidente el 28 de febrero de 1963. CM-351-63. Source: National Defence University; Taylor Papers, T-257-69. Top Secret. Drafted by Taylor on March 1, FRUS, Vol. X I, pp. 711-712.

[103] Ibíd., pp. 712.

[104] Subcommittee on Inter–American Affairs of the Committee on Foreign Affairs House of Representatives. Eighty-eighth Congress, First Session, February 18, 20, 21, 26, 27, 28, March 4, 5, and 6, 1963. U.S., Government Printing Office. Washington, 1963.

[105] Esta comisión de la OEA había sido creada por la reunión de Punta del Este de 1962, "contra la acción subversiva del comunismo internacional", Numeral II del acta final.

[106] Biblioteca Kennedy, Archivos de Seguridad Nacional, series de países, Cuba, general, 3/63. En: FRUS, Vol. X I, pp. 726, n-3.

[107] National Security Council, Memorandum for Mr. Bundy. Mr. Donovan's Trip to Cuba. Washington, March 1, 1963. By Gordo Chase. Compiled by the National Security Archive, American University. Conference: Bay of Pigs: 40 Years After.

[108] National Security Council, Memorandum for registration. Mr. Donovan's Trip to Cuba, Washington, March 4 1963, By Gordo Chase, Compiled by the National Security Archive, American University. Conference: Bay of Pigs: 40 Years After.

[109] Memorando preparado por McCone, Director de Agencia Central de Inteligencia, Washington, April 15, 1963, Kennedy Library. National Security Files, Countries Series, Cuba. Intelligence Material. Vol. I. Secret. En: FRUS, Vol. X I, pp. 755-756.

[110] Memorando para el registro. Washington, 11 de abril de 1963. Source: Department of State, INR/IL Historical Files, S.G. 83, April 18, 1963. Secret; Eyes Only. En: FRUS, Vol. X I, pp. 757.

[111] Memorando de McCone, Director de Agencia Central de Inteligencia, dirigido al Presidente Kennedy. Washington, 10 de abril de 1963. Source: Central Intelligence Agency, DCI/McCone Files, JOB 80-B01285A, DCI's Meetings with the President, 1 April-30 June 1963. Secret. Eyes Only, en: FRUS, Vol. X I, pp. 755.

[112] Ibíd., pp. 753, n-1. Vea el suplemento.

[113] Secretario Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

[114] Biblioteca Kennedy, archivos de seguridad nacional, reuniones del Consejo de Seguridad Nacional, No. 512, 4/20/63, en: FRUS, Vol. X I, pp. 773.

[115] En aquel momento los revolucionarios del Pathet Laos, se enfrentaban al gobierno provisional del principe Suvana Fuma, con el apoyo de los elementos de derecha y las fuerzas armadas intentaban mantenerse en el poder, violando de esa forma los Acuerdos de Ginebra del 23 de julio de 1961.

[116] Agencia Central de Inteligencia, DCI/archivos de McCone, tarea 80-B01285A, reuniones del DCI con el Presidente, 1 de abril - 30 de junio de 1963, en: Ibid.

[117] CIA, Report on plots to assassinate Fidel Castro, April 24, 1967, Compiled by the National Security Archive, American University.

[118] Ibid.

[119] Kennedy Library, National Security Files, Meetings and Memoranda Series, NSC Meetings, No. 509. Top Secret. En: FRUS, Vol., X I, pp. 715-718. Durante esa reunión el presidente Kennedy preguntó a los presentes si estaba “haciendo todo para aislar a Cuba” y citó tres cuestiones: “ (a) el comercio del Mundo Libre con Cuba; (b) el embargo de los embarques aliados; y (c) el movi­miento estudiantil y subversivo dentro y fuera de Cuba”. Al respecto, el Secretario de Estado Rusk señaló que se estaba manteniendo la presión, pero reconocía que si “los británicos no tomaban una acción inmediata, se tendría que tratar con ellos la cues­tión de los buques del Reino Unido en el comercio con Cuba”. El Secretario Asistente de Estados, Edwin Martin, llamó la atención sobre la presión que “él había ejercido sobre los miembros de la OTAN durante su viaje reciente a París”. Asimismo, el Presidente pidió un informe sobre las restricciones de los embarques actuales y sobre las acciones que se tomarían tan pronto los prisioneros norteamericanos salieran de Cuba. Por su parte, Rusk no creía que sería útil exigir la retirada de todas las misiones latinoamericanas de La Habana y explicó que se había estado trabajando de forma bilate­ral “con los bolivianos y con los uruguayos, con el criterio de presionarlos para que rompieran las relaciones. Luego, sugeri­ríamos que Chile rompiera las relaciones.

[120] Ibíd.

[121] Código secreto con que la CIA designó a Rolando Cubela Secades y al plan para atentar contra la vida del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y otros lideres de la Revolución Cubana. Véase: Fabián Escalante Font: La Guerra Secreta. 1963: El Complot. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004, pp. 69-108.

[122] Jacinto Valdés–Dapena: La CIA contra Cuba. Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2002, pp. 173-174.

[123] Ambas operaciones fueron completamente desarticuladas por la contrainteligencia cubana en 1966, con la captura y presentación a los tribunales revolucionarios de los participantes en estas acciones de la CIA. Ibíd., pp. 174.

[124] Memorandum for Director of Central Intelligence. Outline of a Program to Exacerbate ante Stimulate Disaffection in the Cuban Armed Forces. Washington, 19 March 1963, draft by Desmond FitzGerald, Chief, Special Affaire Staff. En: Jon Elliston: Psywar on Cuba. The Declassified History of U.S. Anti–Castro Propaganda, Ocean Press, 1999, pp. 159-164.

[125] Ibíd. pp. 159.

[126] Ibíd., pp. 159-160.

[127] Ibíd, pp. 160.

[128] Ibíd.

[129] Ibíd., pp. 161.

[130] Ibíd., pp. 162.

[131] Ibíd., pp. 163.

[132] Ibíd., pp. 163-164.

[133] Agencias de prensa internacionales.

[134] El subsecretario Ball sostuvo nueve conversaciones telefónicas con funcionarios de los Departamentos de Estado y Justicia, y la Casa Blanca, entre las 9:10 a.m. y las 12:15 p.m., el 19 de marzo antes de hacerse pública la declaración del Departamento de Estado. U. Alexis Johnson le dijo a Ball que Estados Unidos no tenía conexión alguna con Alfa 66, pero tal y como indicó Ball, "nadie se va a creer esto". Ball señaló que las acciones de Alfa 66 eran una clara violación de las leyes de neutralidad de Estados Unidos, Biblioteca Kennedy, documentos de Ball, conversaciones telefónicas, Cuba.

[135] Para el texto, ver: American Foreign Policy: Current Documents, 1963, pp. 266.

[136] Documentos públicos del Presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, 1963, pp. 277-278.

[137] Memorando para el registro, Kennedy Library, National Security Files, Countries Series, Cuba, Exiles, 3/63. Top Secret; Sensitive. Washington, 22 de marzo de 1963. FRUS, Vol. X I.

[138] Memorandum from Gordon Chase of National Security Council Staff to the President's Special Assistant for National Security Affairs (Bundy). Kennedy Library, National Security Files, Countries Series, Cuba, General, 3/63. Top Secret; Eyes Only. Washington, 23 de marzo de 1963, FRUS, Vol. X I, pp. 729-730.

[139] Véase: Declaración del Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, comandante Fidel Castro, acerca de la agresión al mercante soviético “Bakú”, publicada el 27 de marzo de 1963, Revista Política Internacional, Nº 2. Ed. Cit. pp. 127.

[140] Memorando para el registro, Washington, 29 de marzo de 1963, Central Intelligence Agency, DCI/McCone Files, Job 80-B01285A, DCI Meetings with the President, 1 January -31 March 1963. Secret. Drafted by McCone. FRUS, Vol. X I, pp. 744-746.

[141] Memorando para el registro de reunión sobre Cuba. Washington, 3 de abril de 1963. Bay of Pigs, 40 years after, A documents briefing book for An International Conference, Havana, Cuba - March 22-24, 2001. Sponsored by the University of Havana, Co-sponsored by the National Security Archive. Chapter 7 Renewed Covert Actions: Mongoose, Psy-Ops, Assassination Plots, and Autonomous Operations. Estuvieron presentes el Presidente, el Fiscal General, el Secretario Vance, los señores Bundy, Dungan, Martin, Hurwitch, Helms, FitzGerald, Colifano.

[142] Véase para Jesús Arboleya: La contrarrevolución cubana, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997, pp. 128-131.

[143] Jesús Arboleya: ob. cit., pp. 128.

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