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octubre-noviembre-diciembre, 2008
 
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Discurso del 10 de Octubre de 1968 

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA y PRIMER MINISTRO DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO, EN EL RESUMEN DE LA VELADA CONMEMORATIVA DE LOS CIEN AÑOS DE LUCHA, EFECTUADA EN LA DEMAJAGUA, MONUMENTO NACIONAL, MANZANILLO, ORIENTE, EL 10 DE OCTUBRE DE 1968.

(DEPARTAMENTO DE VERSIONES TAQUIGRAFICAS

DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO)

Familiares aquí presentes de los héroes de nuestras luchas por la independencia;

Invitados;

Compañeros y compañeras que ostentan aquí esta noche la representación de todos los rincones del país:

Ninguna otra ocasión revistió la importancia de la conmemoración del día de hoy. Y al parecer la naturaleza nos someterá una vez más a una pequeñísima prueba, si se quiere porque ella se suma a esta misma conmemoración si recordamos que precisamente después de la proclamación de la independencia de Cuba, cuando los primeros mambises se dirigían hacia el pueblo de Yara, también aproximadamente a esta misma hora un copioso aguacero realizó con ellos —simbólicamente— el primer precedente de sacrificio. Y que, por cierto, como nuestros primeros mambises en aquellos instantes no poseían más que unas cuantas escopetas de cartuchos e iban a realizar su primer combate, el agua mojó los cartuchos y las armas no pudieron disparar aquella noche; aquella noche en que se derramó también la primera sangre cubana en la lucha de los cien años, y que se empaparon por primera vez aquellos hombres, cuya vida a lo largo de diez años fue una vida de increíbles privaciones.

Hoy —les decía— nuestro pueblo conmemora aquella fecha al cumplirse cien años. Y este primer centenario del inicio de la lucha revolucionaria en nuestra patria es para nosotros la más grande conmemoración que ha tenido lugar en la historia de nuestro país.

¿Qué significa para nuestro pueblo el 10 de Octubre de 1868? ¿Qué significa para los revolucionarios de nuestra patria esta gloriosa fecha? Significa sencillamente el comienzo de cien años de lucha, el comienzo de la revolución en Cuba, porque en Cuba solo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868 (APLAUSOS). Y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes.

No hay, desde luego, la menor duda de que Céspedes simbolizó el espíritu de los cubanos de aquella época, simbolizó la dignidad y la rebeldía de un pueblo —heterogéneo todavía— que comenzaba a nacer en la historia.

Fue Céspedes, sin discusión, entre los conspiradores de 1868 el más decidido a levantarse en armas. Se han elaborado algunas interpretaciones de su actitud, cuando en la realidad su conducta tuvo una exclusiva motivación. En todas las reuniones de los conspiradores Céspedes siempre se había manifestado el más decidido. En la reunión efectuada el 3 de agosto de 1868, en los límites de Tunas y Camagüey, Céspedes propuso el levantamiento inmediato. En reuniones ulteriores con los revolucionarios de la provincia de Oriente, en los primeros días de octubre, insistió en la necesidad de pasar inmediatamente a la acción. Hasta que por fin el 5 de octubre de 1868, en una reunión en el ingenio —si mal no recuerdo— “Rosario”, los más decididos revolucionarios se reunieron y acordaron el alzamiento para el 14 de octubre.

Es conocido históricamente que Céspedes conoció en este lugar de un telegrama cursado el 8 de ese mismo mes por el Gobernador General de Cuba dando instrucciones a las autoridades de la provincia de arrestar a Carlos Manuel de Céspedes. Y Carlos Manuel de Céspedes no les dio tiempo a las autoridades, no les permitió a aquellas tomar la iniciativa, e inmediatamente, adelantando la fecha, cursó las instrucciones correspondientes y el 10 de Octubre, en este mismo sitio, proclamó la independencia de Cuba.

Es que la historia de muchos movimientos revolucionarios terminó, en su inmensa mayoría, en la prisión o en el cadalso.

Es incuestionable que Céspedes tuvo la clara idea de que aquel alzamiento no podía esperar demasiado ni podía arriesgarse a recorrer el largo trámite de una organización perfecta, de un ejército armado, de grandes cantidades de armas, para iniciar la lucha, porque en las condiciones de nuestro país en aquellos instantes resultaba sumamente difícil. Y Céspedes tuvo la decisión.

De ahí que Martí dijera que “de Céspedes el ímpetu y de Agramonte la virtud”, aunque hubo también mucho de ímpetu en Agramonte y mucho de virtud en Céspedes. Y el propio Martí expresó en una ocasión, explicando la actitud de Céspedes, sus discrepancias sobre el aplazamiento del movimiento con otros revolucionarios, diciendo que “aplazar era darles tal vez la oportunidad a las autoridades coloniales vigilantes para echárseles encima”.

Y los hechos históricos demostraron que aquella decisión era necesaria, que aquella resolución iba a prender precisamente la chispa de una heroica guerra que duró diez años; una guerra que se inició sin recursos de ninguna clase por un pueblo prácticamente desarmado, que desde entonces adoptó la clásica estrategia y el clásico método para abastecerse de armas, que era arrebatándoselas al enemigo.

En la historia de estos cien años de lucha no fue la única ocasión en que nuestro pueblo, igualmente desprovisto de armas, igualmente impreparado para la guerra, se vio en la necesidad de lanzarse a la lucha y abastecerse con las armas de los enemigos. Y la historia de nuestro pueblo en estos cien años confirma esa verdad axiomática: y es que si para luchar esperamos primero reunir las condiciones ideales, disponer de todas las armas, asegurar un abastecimiento, entonces la lucha no habría comenzado nunca; y que si un pueblo está decidido a luchar, las armas están en los cuarteles de los enemigos, en los cuarteles de los opresores.

Y esta realidad, este hecho, se demostró en todas nuestras luchas, en todas nuestras guerras.

Cuando al iniciarse la lucha de 1895 Maceo desembarca por la zona de Baracoa, lo acompañaban un puñado de hombres y unas pocas armas. Y cuando Martí, con Máximo Gómez, desembarca en un lugar de la costa sur de Oriente, áspero y duro, en una noche oscura y tormentosa, venía también acompañado de un exiguo grupo de combatientes. No llevaba un ejército detrás. El ejército estaba aquí, en el pueblo; y las armas estaban aquí, en manos de los dominadores.

Y cuando apenas algunos días más tarde avanzaron por el interior de la provincia, se encontraron a José Maceo con una numerosa tropa combatiendo en las inmediaciones de Guantánamo, y más adelante a Antonio Maceo, que después del desembarco se había quedado absolutamente solo por las montañas y los bosques de Baracoa —¡absolutamente solo!—, y que unas cuantas semanas después recibía a Máximo Gómez y a Martí con un ejército de 3 000 orientales organizados y listos para combatir.

Estos hechos nos brindaron un ejemplo extraordinario y nos enseñaron en días también difíciles. Cuando no había recursos, cuando no había armas, pero sí un pueblo en el cual se confiaba, estas circunstancias no fueron tampoco un obstáculo para iniciar la lucha.

Y este es un ejemplo no solo para los revolucionarios cubanos, es un ejemplo formidable para los revolucionarios en cualquier parte del mundo.

Nuestra Revolución, con su estilo, con sus características esenciales, tiene raíces muy profundas en la historia de nuestra patria. Por eso decíamos, y por eso es necesario que lo comprendamos con claridad todos los revolucionarios, que nuestra Revolución es una Revolución, y que esa Revolución comenzó el 10 de Octubre de 1868 (APLAUSOS).

Este acto de hoy es como un encuentro del pueblo con su propia historia, es como un encuentro de la actual generación revolucionaria con sus propias raíces. Y nada nos enseñará mejor a comprender lo que es una revolución, nada nos enseñará mejor a comprender el proceso que constituye una revolución, nada nos enseñará mejor a entender qué quiere decir revolución, que el análisis de la historia de nuestro país, que el estudio de la historia de nuestro pueblo y de las raíces revolucionarias de nuestro pueblo.

Quizás para muchos la nación o la patria ha sido algo así como un fenómeno natural, quizás para muchos la nación cubana y la conciencia de nacionalidad existieron siempre, quizás muchos pocas veces se han detenido a pensar cómo fue precisamente que se gestó la nación cubana y cómo se gestó nuestra conciencia de pueblo y cómo se gestó nuestra conciencia revolucionaria.

Hace 100 años no existía esa conciencia, hace 100 años no existía la nacionalidad cubana, hace 100 años no existía un pueblo con pleno sentido de un interés común y de un destino común. Nuestro pueblo hace 100 años era una masa abigarrada constituida, en primer término, por los ciudadanos de la potencia colonial que nos dominaba; una masa enorme también de ciudadanos nacidos en este país, algunos descendientes directos de los españoles, otros descendientes más remotos, de los cuales algunos se inclinaban a favor del poder colonial y otros eran alérgicos a aquel poder; una masa considerable de esclavos, traídos de manera criminal a nuestra tierra para explotarlos despiadadamente cuando ya los explotadores habían aniquilado virtualmente la primitiva población aborigen de nuestro país.

Y desde luego, los dueños de las riquezas eran, en primer lugar, los españoles; los dueños de los negocios y los dueños de las tierras. Pero también había descendientes de los españoles, llamados criollos, que poseían centrales azucareros y que poseían grandes plantaciones. Y por supuesto que en un país en aquellas condiciones en que la ignorancia era enorme, el acceso a los libros, el acceso a la cultura lo tenían un número exiguo y reducido de criollos procedentes precisamente de esas familias acaudaladas.

En aquellas primeras décadas del siglo pasado, cuando ya el resto de la América Latina se había independizado de la colonia española, permanecía asentado sobre bases sólidas el poder de España en nuestra patria, a la que llamaban la última joya y la más preciada joya de la corona española.

Fue ciertamente escasa la influencia que tuvo en nuestra tierra la emancipación de América Latina.

Se sabe que en la mente de los libertadores de América Latina se albergó también la idea de enviar a Cuba un ejército a liberarnos. Pero ciertamente aquí todavía no había una nación que liberar sencillamente porque no había nación, no había un pueblo que liberar porque no existía pueblo con la conciencia de la necesidad de esa libertad.

Y en aquellos primeros años del siglo pasado, en la primera mitad del siglo pasado, las ideas que los sectores con más cultura de la población, los sectores capaces de elaborar algunas formulaciones políticas, las ideas enarboladas por ellos no eran precisamente la idea de la independencia de Cuba.

Por aquellos tiempos se discutía fundamentalmente el problema de la esclavitud. Y los terratenientes, los ricos, la oligarquía que dominaba en nuestro país, bien española o bien cubana, estaba poseída de un enorme temor a la abolición de la esclavitud; es decir que sus intereses como propietarios, sus intereses como clase, y pensando exclusivamente en función de esos intereses, la conducía a pensar en la solución de la anexión a Estados Unidos de Norteamérica.

Así surgió una de las primeras corrientes políticas, que se dio en llamar la corriente anexionista. Y esa corriente tenía un fundamento de carácter económico: era el pensamiento de una clase que consideraba el aseguramiento de esa institución oprobiosa de la esclavitud por la vía de anexionarse a Estados Unidos, donde un grupo numeroso de Estados mantenía la misma institución. Y como ya se suscitaban las contradicciones entre los estados del sur y del norte por el problema de la esclavitud, los políticos esclavistas del sur de Estados Unidos alentaron también la idea de la anexión a Cuba, con el propósito de contar con un Estado más que ayudase a garantizar su mayoría en el seno de Estados Unidos, su mayoría parlamentaria.

Esa es la raíz de aquella expedición a mediados de siglo, dirigida por Narciso López.

Cuando nosotros estudiábamos en las escuelas, nos presentaban a Narciso López como un patriota, nos presentaban a Narciso López como un libertador. Tantas cosas nos presentaron de una manera increíblemente torcida, que se nos hizo creer en nuestros años de escolares —y ya supuestamente establecida la República de Cuba—, se nos hacía creer que Narciso López había venido a libertar a Cuba, cuando ciertamente Narciso López vino alentado por los políticos esclavistas de Estados Unidos a tratar de conquistar un Estado más para precisamente servir de apoyo a la más inhumana y retrógrada institución, que era la institución de la esclavitud.

Martí en una ocasión calificó aquella expedición de infeliz, organizada precisamente por esos intereses. De manera que en aquel entonces las corrientes anexionistas adquirieron considerable fuerza en el seno de nuestro país.

Y es preciso que lo tengamos en cuenta porque esa corriente, por una u otra causa, con uno u otro matiz, resurgía periódicamente en el proceso de la historia de Cuba.

En determinados momentos las corrientes anexionistas fueron perdiendo fuerza, y surgieron entonces otras corrientes frente a la política española en nuestra patria, que se dio en llamar el reformismo, que propugnaba no la lucha por la independencia de Cuba, sino por determinadas reformas dentro de la colonia española.

Todavía realmente no había surgido en la realidad una corriente independentista, una corriente verdaderamente independentista. Los engaños y las burlas reiteradas del régimen colonial español llevaron al ánimo y a la conciencia de un reducido grupo de cubanos, de criollos pertenecientes por cierto a sectores acomodados, poseedores de riquezas, poseedores a la vez de cultura, de amplia información acerca de los procesos que tenían lugar en el mundo, que concibieron por primera vez la idea de la obtención de sus derechos por la vía revolucionaria, por la vía de las armas, en lucha abierta contra el poder colonial.

Mas nadie piense que aquel núcleo de cubanos estaba obligadamente llamado a contar con el apoyo mayoritario de la población, que podía contar con un respaldo grande a la hora de la lucha, porque —como dijimos anteriormente— en aquellos instantes la conciencia de la nacionalidad no existía.

Y entre los sectores que ostentaban la riqueza de origen criollo, había un factor que los dividía profundamente. Los españoles lógicamente estaban contra las reformas y, aún más, contra la independencia. Pero muchos criollos ricos estaban también contra la idea de la independencia, puesto que los separaba de las ideas más radicales el problema de la esclavitud. Por lo que puede decirse que el problema de la esclavitud fue una cuestión fundamental que dividía profundamente a los elementos más radicales, más progresistas, de los criollos ricos, de aquellos elementos que, calificándose también de criollos —todavía no se hablaba propiamente de cubanos— se preocupaban por encima de todo de sus intereses económicos, como es lógico; se preocupaban por encima de todo por mantener la institución de la esclavitud. Y de ahí que apoyaran el anexionismo primero, el reformismo luego, y cualquier cosa menos la idea de la independencia y la idea de la conquista de los derechos por la vía de la lucha armada.

Y esto constituye una cuestión muy importante, porque vemos cómo esta historia se va a repetir periódicamente, esta contradicción, a lo largo de los 100 años de lucha.

De manera que el reducido núcleo —que bien podía comenzar a considerarse patriota— del sector acaudalado e ilustrado de los hombres nacidos en este país, ese núcleo decidido a lanzarse a la conquista de sus derechos por la vía de las armas, tenía que enfrentarse a esa compleja situación, a esas hondas contradicciones que necesariamente conducirían su causa a una lucha dura y larga. Y lo que vino a darles verdaderamente el título de revolucionarios fue su comprensión, en primer lugar, de que solo había un camino para conquistar los derechos, su decisión de adoptar ese camino, su ruptura con las tradiciones, con las ideas reaccionarias, y su decisión de abolir la esclavitud.

Y hoy tal vez pueda parecer fácil aquella decisión, pero aquella decisión de abolir la esclavitud constituía la medida más revolucionaria, la medida más radicalmente revolucionaria que se podía tomar en el seno de una sociedad que era genuinamente esclavista.

Por eso lo que engrandece a Céspedes es no solo la decisión adoptada, firme y resuelta de levantarse en armas, sino el acto con que acompañó aquella decisión —que fue el primer acto después de la proclamación de la independencia—, que fue concederles la libertad a sus esclavos, a la vez que proclamar su criterio sobre la esclavitud, su disposición a la abolición de la esclavitud en nuestro país, aunque si bien condicionando en los primeros momentos aquellos pronunciamientos a la esperanza de poder captar el mayor apoyo posible entre el resto de los terratenientes cubanos.

En Camagüey los revolucionarios desde el primer momento proclamaron la abolición de la esclavitud, y ya la Constitución de Guáimaro, el 10 de abril de 1869, consagró definitivamente el derecho a la libertad de todos los cubanos, aboliendo definitivamente la odiosa y secular institución de la esclavitud.

Esto, desde luego, dio lugar —como ocurre siempre en muchos de estos procesos— a que muchos de aquellos criollos ricos, que vacilaban entre apoyar o no apoyar a la revolución, se abstuvieron de ayudar a la revolución, se apartaron de la lucha, y de hecho comenzaron a cooperar con la colonia. Es decir que en la medida en que la revolución se radicalizó se quedó más aislado aquel grupo de cubanos, aquel grupo de criollos, que, desde luego, ya empezaron a contar con los únicos capaces de llevar adelante aquella revolución, que eran los hombres humildes del pueblo y los esclavos recién liberados.

En aquellos primeros momentos del inicio de la lucha revolucionaria en Cuba, empezaron a cumplirse indefectiblemente las leyes de todo proceso revolucionario, empezaron a producirse las contradicciones, y comenzó el proceso de profundización y radicalización de las ideas revolucionarias que ha llegado hasta nuestros días.

En aquel tiempo, desde luego, no se discutía el derecho a la propiedad de los medios de producción. Se discutía el derecho a la propiedad de unos hombres sobre otros. Y al abolir aquel derecho, aquella revolución —revolución radical desde el instante en que suprime un privilegio de siglos, desde el momento en que suprime aquel supuesto derecho consagrado por siglos de existencia— llevó a cabo un acto profundamente radical en la historia de nuestro país, y a partir de ese momento, por primera vez, se empezó a crear el concepto y la conciencia de la nacionalidad, y comenzó a utilizarse por primera vez el calificativo de cubano para comprender a todos los que levantados en armas luchaban contra la colonia española.

Sabido es cómo se desarrolló aquella guerra. Sabido es que muy pocos pueblos en el mundo fueron capaces o tuvieron la posibilidad de afrontar sacrificios tan grandes, tan increíblemente duros, como los sacrificios que soportó el pueblo cubano durante aquellos diez años de lucha. E ignorar esos sacrificios es un crimen contra la justicia, es un crimen contra la cultura, es un crimen para cualquier revolucionario.

Nuestro país solo, absolutamente solo, mientras los demás pueblos hermanos de América Latina —que unas cuantas décadas con anterioridad se habían emancipado de la dominación española— yacían sumidos en la abyección, sumidos bajo las tiranías de los intereses sociales que sustituyeron en esos pueblos a la tiranía española; nuestro país solo, y no todo el país sino una pequeña parte del país, se enfrentó durante diez años a una potencia europea todavía poderosa que podía contar —y contó— con cientos de miles de hombres perfectamente armados para combatir a los revolucionarios cubanos.

Es conocida la falta casi total de auxilio desde el exterior. Es conocida la historia de las divisiones en el exterior, que dificultaron y por último imposibilitaron el apoyo de la emigración a los cubanos levantados en armas. Y sin embargo, nuestro pueblo —haciendo increíbles sacrificios, soportando heroicamente el peso de aquella guerra, rebasando los momentos difíciles— logró ir aprendiendo el arte de la guerra, fue constituyendo un pequeño pero enérgico ejército que se abastecía de las armas de sus enemigos.

Y empezaron a surgir del seno del pueblo más humilde, de entre los combatientes que venían del pueblo, de entre los campesinos y de entre los esclavos liberados, empezaron a surgir por primera vez del seno del pueblo oficiales y dirigentes del movimiento revolucionario. Empezaron a surgir los patriotas más virtuosos, los combatientes más destacados, y así surgieron los hermanos Maceo, para citar el ejemplo que simboliza a aquellos hombres extraordinarios.

Y al cabo de diez años aquella lucha heroica fue vencida no por las armas españolas sino vencida por uno de los peores enemigos que tuvo siempre el proceso revolucionario cubano, vencida por las divisiones de los mismos cubanos, vencida por las discordias, vencida por el regionalismo, vencida por el caudillismo; es decir, ese enemigo —que también fue un elemento constante en el proceso revolucionario— dio al traste con aquella lucha.

Sabido es que, por ejemplo, Máximo Gómez después de invadir la provincia de Las Villas y obtener grandes éxitos militares fue prácticamente expulsado de aquella provincia por el regionalismo y por el localismo. No es esta la oportunidad de analizar el papel de cada hombre en aquella lucha, interesa analizar el proceso y dejar constancia de que la discordia, el regionalismo, el localismo y el caudillismo dieron al traste con aquel heroico esfuerzo de diez años.

Pero también es forzoso reconocer que no se les podía pedir a aquellos cubanos —a aquellos primeros cubanos que comenzaron a fundar nuestra patria— el grado de conocimiento y experiencia política, el grado de conciencia política; más que conciencia —porque ellos tenían profunda conciencia patriótica— el grado de desarrollo de las ideas revolucionarias en la actualidad, porque nosotros no podemos analizar los hechos de aquella época a la luz de los conceptos de hoy, a la luz de las ideas de hoy. Porque cosas que hoy son absolutamente claras, verdades incuestionables, no lo eran ni lo podían ser todavía en aquella época. Las comunicaciones eran difíciles, los cubanos tenían que luchar en medio de una gran adversidad, incesantemente perseguidos y, desde luego, no podía pedírseles que en aquel entonces no se suscitaran estos problemas —problemas que se volvieron a suscitar en la lucha de 1895, problemas que se volvieron a suscitar en la segunda mitad de este siglo a lo largo del proceso revolucionario.

Pero cuando debilitadas las fuerzas cubanas por la discordia arreció el enemigo su ofensiva, entonces también empezaron a evidenciarse las vacilaciones de aquellos elementos que habían tenido menos firmeza revolucionaria. Y es en esos instantes —en el instante de la Paz del Zanjón, que puso fin a aquella heroica guerra— cuando emerge, con toda su fuerza y toda su extraordinaria talla, el personaje más representativo del pueblo, el personaje más representativo de Cuba en aquella guerra, venido de las filas más humildes del pueblo, que fue Antonio Maceo (APLAUSOS).

Aquella década dio hombres extraordinarios, increíblemente meritorios, comenzando por Céspedes, continuando por Agramonte, Máximo Gómez, Calixto García, e infinidad de figuras que sería interminable enumerar. Y no se trata de medir ni mucho menos los méritos de cada cual —que fueron méritos extraordinarios— sino simplemente de explicar cómo se fue desarrollando aquel proceso y cómo en el momento en que aquella lucha de diez años iba a terminar surge aquella figura, surge el espíritu y la conciencia revolucionaria radicalizada, simbolizada en ese instante en la persona de Antonio Maceo, que frente al hecho consumado del Zanjón —aquel Pacto que más que un pacto fue realmente una rendición de las armas cubanas— expresa en la histórica Protesta de Baraguá su propósito de continuar la lucha, expresa el espíritu más sólido y más intransigente de nuestro pueblo declarando que no acepta el Pacto del Zanjón. Y efectivamente, continúa la guerra.

Ya incluso después de haberse llegado a los acuerdos Maceo libra una serie de combates victoriosos y aplastantes contra las fuerzas españolas. Pero en aquel momento Maceo, reducido a su condición de jefe de una parte de las tropas de la provincia de Oriente, Maceo negro —cuando todavía subsistía mucho el racismo y los prejuicios— no pudo contar naturalmente con el apoyo de todo el resto de los combatientes revolucionarios, porque desgraciadamente todavía entre muchos combatientes y muchos dirigentes de aquellos combatientes subsistía el prejuicio reaccionario e injusto. Por eso, aunque Maceo en aquel momento salva la bandera, salva la causa y sitúa el espíritu revolucionario del pueblo naciente de Cuba en su nivel más alto, no pudo, pese a su enorme capacidad y heroísmo, seguir manteniendo aquella guerra y se vio en la necesidad de hacer un receso en espera de las condiciones que le permitiesen reanudar otra vez el combate.

Pero la derrota de las fuerzas revolucionarias en 1878 trajo también sus secuelas políticas. A la sombra de la derrota, a la sombra del desengaño, otra vez de nuevo aquellos sectores, representantes décadas atrás de la corriente anexionista y de la corriente reformista, volvieron a la carga para propugnar una nueva corriente política, que era la corriente del autonomismo, para oponerse, naturalmente, a las tesis radicales de la independencia y a las tesis radicales acerca del método y del único camino para obtener aquella independencia, que era la lucha armada.

De manera que después de la Guerra de los Diez Años, en el pensamiento político, o en la historia del pensamiento político cubano, surge de nuevo la corriente pacifista, la corriente conciliatoria, la corriente que se opone a las tesis radicales que habían representado los cubanos en armas. De la misma manera vuelven a surgir las corrientes anexionistas en un grado determinado, corrientes incluso en los primeros tiempos de la Guerra de los Diez Años, cuando todavía muchos cubanos ingenuamente veían en la nación norteamericana el prototipo del país libre, del país democrático, y recordaban sus luchas por la independencia, la Declaración de la Independencia de Washington, la política de Lincoln; todavía había cubanos a principios de la guerra de 1868 que tenían resabios o residuos de aquella corriente anexionista, que fue desapareciendo en ellos a lo largo de la lucha armada.

Se inicia una etapa de casi 20 años entre 1878 y 1895. Esa etapa tiene también una importancia muy grande en el desarrollo de la conciencia política del país. Las banderas revolucionarias no fueron abandonadas, las tesis radicales no fueron olvidadas. Sobre aquella tradición creada por el pueblo de Cuba, sobre aquella conciencia engendrada en el heroísmo y en la lucha de diez años, comenzó a brotar el nuevo y aún más radical y avanzado pensamiento revolucionario.

Aquella guerra engendró numerosos líderes de extracción popular, pero también aquella guerra inspiró a quien fue sin duda el más genial y el más universal de los políticos cubanos, a José Martí (APLAUSOS).

Martí era muy joven cuando se inició la Guerra de los Diez Años. Padeció cárcel, padeció exilio; su salud era muy débil, pero su inteligencia extraordinariamente poderosa. Fue en aquellos años de estudiante paladín de la causa de la independencia, y fue capaz de escribir algunos de los mejores documentos de la historia política de nuestro país cuando prácticamente no había cumplido todavía 20 años.

Derrotadas las armas cubanas, por las causas expresadas, en 1878, Martí se convirtió sin duda en el teórico y en el paladín de las ideas revolucionarias. Martí recogió las banderas de Céspedes, de Agramonte y de los héroes que cayeron en aquella lucha de diez años, y llevó las ideas revolucionarias de Cuba en aquel período a su más alta expresión. Martí conocía los factores que dieron al traste con la Guerra de los Diez Años, analizó profundamente las causas, y se dedicó a preparar la nueva guerra. Y la estuvo preparando durante casi 20 años, sin desmayar un solo instante, desarrollando la teoría revolucionaria, juntando voluntades, agrupando a los combatientes de la Guerra de los Diez Años, combatiendo de nuevo —también en el campo de las ideas— a la corriente autonomista que se oponía a la corriente revolucionaria, combatiendo también las corrientes anexionistas que de nuevo volvían a resurgir en la palestra política de Cuba después de la derrota y a la sombra de la derrota de la Guerra de los Diez Años.

Martí predica incesantemente sus ideas; Martí organiza los emigrados; Martí organiza prácticamente el primer partido revolucionario, es decir, el primer partido para dirigir una revolución, el primer partido que agrupara a todos los revolucionarios. Y con una tenacidad, una valentía moral y un heroísmo extraordinarios, sin otros recursos que su inteligencia, su convicción y su razón, se dedicó a aquella tarea.

Y debemos decir que nuestra patria cuenta con el privilegio de poder disponer de uno de los más ricos tesoros políticos, una de las más valiosas fuentes de educación y de conocimientos políticos, en el pensamiento, en los escritos, en los libros, en los discursos y en toda la extraordinaria obra de José Martí.

Y a los revolucionarios cubanos más que a nadie nos hace falta tanto cuanto sea posible ahondar en esas ideas, ahondar en ese manantial inagotable de sabiduría política, revolucionaria y humana.

No tenemos la menor duda de que Martí ha sido el más grande pensador político y revolucionario de este continente. No es necesario hacer comparaciones históricas. Pero si analizamos las circunstancias extraordinariamente difíciles en que se desenvuelve la acción de Martí: desde la emigración luchando sin ningún recurso contra el poder de la colonia después de una derrota militar, contra aquellos sectores que disponían de la prensa y disponían de los recursos económicos para combatir las ideas revolucionarias; si tenemos en cuenta que Martí desarrollaba esa acción para libertar a un país pequeño dominado por cientos de miles de soldados armados hasta los dientes, país sobre el cual se cernía no solo aquella dominación sino un peligro mucho mayor todavía; el peligro de la absorción por un vecino poderoso, cuyas garras imperialistas comenzaban a desarrollarse visiblemente; y que Martí desde allí, con su pluma, con su palabra, a la vez que trataba de inspirar a los cubanos y formar su conciencia para superar las discordias y los errores de dirección y de método que dieron al traste con la Guerra de los Diez Años, a la vez que unir en un mismo pensamiento revolucionario a los emigrados, a la vieja generación que inició la lucha por la independencia y a las nuevas generaciones, unir a aquellos destacadísimos y prestigiosos héroes militares, se enfrentaba en el terreno de las ideas a las campañas de España en favor de la colonia, a las campañas de los autonomistas en favor de procedimientos leguleyescos y electorales y engañosos que no conducirían a nuestra patria a ningún fin, y se enfrentaba a las nuevas corrientes anexionistas que surgían de aquella situación, y se enfrentaba al peligro de la anexión, no ya tanto en virtud de la solicitud de aquellos sectores acomodados que décadas atrás la habían solicitado para mantener la institución de la esclavitud sino en virtud del desarrollo del poderío económico y político de aquel país que ya se insinuaba como la potencia imperialista que es hoy. Teniendo en cuenta esas extraordinarias circunstancias, esos extraordinarios obstáculos, bien podemos decir que el Apóstol de nuestra independencia se enfrentó a dificultades tan grandes y a problemas tan difíciles como no se tuvo que enfrentar jamás ningún dirigente revolucionario y político en la historia de este continente.

Y así surgió en el firmamento de nuestra patria esa estrella todo patriotismo, todo sensibilidad humana, todo ejemplo, que junto con los héroes de las batallas, junto con Maceo y Máximo Gómez, inició de nuevo la guerra por la independencia de Cuba.

¿Y qué se puede parecer más a aquella lucha de ideas de entonces que la lucha de las ideas hoy? ¿Qué se puede parecer más a aquella incesante prédica martiana por la guerra necesaria y útil como único camino para obtener la libertad, aquella tesis martiana en favor de la lucha revolucionaria armada (APLAUSOS) que las tesis que tuvo que mantener en la última etapa del proceso el movimiento revolucionario en nuestra patria, enfrentándose también a los grupos electoralistas, a los politiqueros, a los leguleyos, que venían a proponerle al país remedios que durante 50 años no habían sido capaces de solucionar uno solo de sus males, y agitando el temor a la lucha, el temor al camino revolucionario verdadero, que era el camino de la lucha armada revolucionaria? ¿Y qué se puede parecer más a aquella prédica incesante de Martí que la prédica de los verdaderos revolucionarios que en el ámbito de otros países de América Latina tienen también la necesidad de defender sus tesis revolucionarias frente a las tesis leguleyescas, frente a las tesis reformistas, frente a las tesis politiqueras?

Y es que a lo largo de este proceso las mismas luchas se han ido repitiendo en un período u otro, aunque —desde luego— no en las mismas circunstancias ni en el mismo nivel.

Martí se enfrenta a aquellas ideas. Y se inicia la Guerra de 1895, guerra igualmente llena de páginas extraordinariamente heroicas, llena de increíbles sacrificios, llena de grandes proezas militares; guerra que, como todos sabemos, no culminó en los objetivos que perseguían nuestros antepasados, no culminó en el triunfo definitivo de la causa, aunque ninguna de nuestras luchas culminó realmente en derrota, porque cada una de ellas fue un paso de avance, un salto hacia el futuro. Pero es lo cierto que al final de aquella lucha la colonia española, el dominio español, es sustituido por el dominio de Estados Unidos en nuestro país, dominio político y militar, a través de la intervención.

Los cubanos habían luchado 30 años; decenas y decenas de miles de cubanos habían muerto en los campos de batalla, cientos de miles perecieron en aquella contienda, mientras los yankis perdieron apenas unos cuantos cientos de soldados en Santiago de Cuba. Y se apoderaron de Puerto Rico, se apoderaron de Cuba, aunque con un statu quo diferente; se apoderaron del archipiélago de Filipinas, a 10 000 kilómetros de distancia de Estados Unidos, y se apoderaron de otras posesiones. Algo de lo que más temían Martí y Maceo. Porque ya la conciencia política y el pensamiento revolucionario se habían desarrollado tanto, que los dirigentes fundamentales de la Guerra de 1895 tenían ideas clarísimas, absolutamente claras, acerca de los objetivos, y repudiaban en lo más profundo de su corazón la idea del anexionismo; y no solo ya el anexionismo, sino incluso la intervención de Estados Unidos en esa guerra.

Esta noche se leyó aquí uno de los párrafos más conocidos del pensamiento martiano, aquel que escribió vísperas de su muerte, que prácticamente es el testamento, en que le dice a un amigo el fondo de su pensamiento, una de las cosas por las que había luchado, aunque había tenido que hacerlo discretamente; una de las cosas que había inspirado su conducta y su vida, una de las cosas que en el fondo le inspiraba más júbilo, que era estar viviendo ya en el campo de batalla, en la oportunidad de dar su vida para “con la independencia de Cuba impedir que Estados Unidos se extendiese, apoderándose de las Antillas, por el resto de América con una fuerza más”.

Este es uno de los documentos más reveladores y más profundos y más caracterizadores del pensamiento profundamente revolucionario y radical de Martí, que ya califica al imperialismo como lo que es, que ya vislumbra su papel en este continente, y que con un examen que bien pudiera atribuirse a un marxista, por su profundo análisis, por su sentido dialéctico, por su capacidad de ver que en las insolubles contradicciones de aquella sociedad se engendraba su política hacia el resto del mundo, Martí en fecha tan temprana como en 1895 fue capaz de escribir aquellas cosas y de ver tan profundamente en el porvenir.

Martí escribió con toda la fuerza de su elocuencia y fustigó duramente las corrientes anexionistas como las peores en el seno del pensamiento político de Cuba. Y no solo Martí, sino Maceo asombra también a nuestra generación por la clarividencia, por la profundidad con que fue capaz de analizar también el fenómeno imperialista.

Es conocido que en alguna ocasión, cuando un joven se acercó a Maceo para hablarle de la posibilidad de que la estrella de Cuba figurara como una más en la constelación de Estados Unidos, respondió que aunque lo creía imposible, ese sería tal vez el único caso en que él estaría al lado de España.

Y también, como Martí, unos días antes de su muerte escribe con una claridad extraordinaria su oposición decidida a la intervención de Estados Unidos en la contienda de Cuba, y es cuando dice que “preferible es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”. Palabras proféticas, palabras inspiradas, que uno y otro de nuestros dos más caracterizados adalides de aquella Guerra de 1895 expresaron unos días antes de su muerte.

Y todos sabemos cómo sucedieron los acontecimientos. Cómo cuando el poder de España estaba virtualmente agotado, movido por ansias puramente imperialistas, el gobierno de Estados Unidos participa en la guerra, después de 30 años de lucha. Con la ayuda de los soldados mambises desembarcan, toman la ciudad de Santiago de Cuba, hunden la escuadra del almirante Cervera, que no era más que una colección propia de museo, más que escuadra, y que por puro y tradicional quijotismo la enviaron a que la hundieran a cañonazos, sirviendo prácticamente de tiro al blanco a los acorazados americanos, a la salida de Santiago de Cuba. Y entonces a Calixto García ni siquiera lo dejaron entrar en Santiago de Cuba. Ignoraron por completo al Gobierno Revolucionario en Armas, ignoraron por completo a los líderes de la revolución; discutieron con España sin la participación de Cuba; deciden la intervención militar de sus ejércitos en nuestro país. Se produce la primera intervención, y de hecho se apoderaron militar y políticamente de nuestro país.

Al pueblo no se le hizo verdadera conciencia de eso. Porque ¿quién podía estar interesado en hacerle conciencia de esa monstruosidad? ¿Quiénes? ¿Los antiguos autonomistas? ¿Los antiguos reformistas? ¿Los antiguos anexionistas? ¿Los antiguos esclavistas? ¿Quiénes? ¿Los que habían sido aliados de la Colonia durante las guerras? ¿Quiénes? ¿Los que no querían la independencia de Cuba sino la anexión con Estados Unidos? Esos no podían tener ningún interés en enseñarle a nuestro pueblo estas verdades históricas, amarguísimas.

¿Qué nos dijeron en la escuela? ¿Qué nos decían aquellos inescrupulosos libros de historia sobre los hechos? Nos decían que la potencia imperialista no era la potencia imperialista, sino que lleno de generosidad el gobierno de Estados Unidos, deseoso de darnos la libertad, había intervenido en aquella guerra y que, como consecuencia de eso, éramos libres. Pero no éramos libres por los cientos de miles de cubanos que murieron 30 años en los combates (APLAUSOS), no éramos libres por el gesto heroico de Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria (APLAUSOS), que inició aquella lucha, que incluso prefirió que le fusilaran al hijo antes de hacer una sola concesión; no éramos libres por el esfuerzo heroico de tantos cubanos, no éramos libres por la prédica de Martí, no éramos libres por el esfuerzo heroico de Máximo Gómez, Calixto García y todos aquellos próceres ilustres; no éramos libres por la sangre derramada por las veinte y tantas heridas de Antonio Maceo y su caída heroica en Punta Brava (APLAUSOS); éramos libres sencillamente porque Teodoro Roosevelt desembarcó con unos cuantos “rangers” en Santiago de Cuba para combatir contra un ejército agotado y prácticamente vencido, o porque los acorazados americanos hundieron a los “cacharros” de Cervera frente a la bahía de Santiago de Cuba.

Y esas monstruosas mentiras, esas increíbles falsedades eran las que se enseñaban en nuestras escuelas.

Y tal vez tan pocas cosas nos puedan ayudar a ser revolucionarios como recordar hasta qué grado de infamia se había llegado, hasta qué grado de falseamiento de la verdad, hasta qué grado de cinismo en el propósito de destruir la conciencia de un pueblo, su camino, su destino; hasta qué grado de ignorancia criminal de los méritos y las virtudes y la capacidad de este pueblo —pueblo que hizo sacrificios como muy pocos pueblos hicieron en el mundo— para arrebatarle la confianza en sí mismo, para arrebatarle la fe en su destino.

Y de esta manera, los que cooperaron con España en los 30 años, los que lucharon en la colonia, los que hicieron derramar la sangre de los mambises, aliados ahora con los interventores yankis, aliados con los imperialistas yankis, pretendieron hacer lo que no habían podido hacer en 30 años, pretendieron incluso escribir la historia de nuestra patria amañándola y ajustándola a sus intereses, que eran sus intereses anexionistas, sus intereses imperialistas, sus intereses anticubanos y contrarrevolucionarios.

¿Con quiénes se concertaron los imperialistas en la intervención? Se concertaron con los comerciantes españoles, con los autonomistas. Hay que decir que en aquel primer gobierno de la república había varios ministros procedentes de las filas autonomistas que habían condenado a la revolución. Se aliaron con los terratenientes, se aliaron con los anexionistas, se aliaron con lo peor, y al amparo de la intervención militar y al amparo de la Enmienda Platt empezaron, sin escrúpulos de ninguna índole, a amañar la república y a preparar las condiciones para apoderarse de nuestra patria.

Es necesario que esta historia se sepa, es necesario que nuestro pueblo conozca su historia, es necesario que los hechos de hoy, los méritos de hoy, los triunfos de hoy, no nos hagan caer en el injusto y criminal olvido de las raíces de nuestra historia; es necesario que nuestra conciencia de hoy, nuestras ideas de hoy, nuestro desarrollo político y revolucionario de hoy —instrumentos que poseemos hoy que no podían poseer en aquellos tiempos los que iniciaron esta lucha— no nos conduzca a subestimar por un instante ni a olvidar por un instante que lo de hoy, el nivel de hoy, la conciencia de hoy, los éxitos de hoy más que éxitos de esta generación son, y debemos decirlo con toda sinceridad, éxitos de los que un día como hoy, hace 100 años, se levantaron aquí en este mismo sitio y libertaron a los esclavos y proclamaron la independencia e iniciaron el camino del heroísmo e iniciaron el camino de aquella lucha que sirvió de aliento y de ejemplo a todas las generaciones subsiguientes (APLAUSOS).

Y en ese ejemplo se inspiró la generación del 95, en ese ejemplo se inspiraron los combatientes revolucionarios a lo largo de los 60 años de república amañada; en ese ejemplo de heroísmo, en esa tradición se inspiraron los combatientes que libraron las últimas batallas en nuestro país.

Y eso no es algo que se diga hoy como de ocasión porque conmemoramos un aniversario, sino algo que se ha dicho siempre y que se ha dicho muchas veces y que se dijo en el Moncada y que se dijo siempre. Porque allí cuando los jueces preguntaron quién era el autor intelectual del ataque al cuartel Moncada, sin vacilación nosotros respondimos: “¡Martí fue el autor intelectual del ataque al cuartel Moncada!” (APLAUSOS.)

Es posible que la ignorancia de la actual generación, o el olvido de la actual generación, o la euforia de los éxitos actuales, puedan llevar a la subestimación de lo mucho que nuestro pueblo les debe, de todo lo que nuestro pueblo les debe a estos luchadores.

Ellos fueron los que prepararon el camino, ellos fueron los que crearon las condiciones y ellos fueron los que tuvieron que apurar los tragos más amargos: el trago amargo del Zanjón, el cese de la lucha en 1878; el trago amarguísimo de la intervención yanki, el trago amarguísimo de la conversión de este país en una factoría y en un pontón estratégico —como temía Martí—; el trago amarguísimo de ver a los oportunistas, a los politiqueros, a los enemigos de la revolución, aliados con los imperialistas, gobernando este país. Ellos tuvieron que vivir aquella amarguísima experiencia de ver cómo a este país lo gobernaba un embajador yanki; o cómo un funcionario insolente, a bordo de un acorazado, se anclaba en la bahía de La Habana a dictarle instrucciones a todo el mundo: a los ministros, al Jefe del Ejército, al Presidente, a la Cámara de Representantes, al Senado.

Y lo que decimos son hechos conocidos, son hechos históricamente probados. Es decir, no tanto conocidos como probados, porque realmente las masas durante mucho tiempo lo ignoraron, durante mucho tiempo las engañaron. Y es necesario revolver los archivos, exhumar los documentos para que nuestro pueblo, nuestra generación de hoy tenga una clara idea de cómo gobernaban los imperialistas, qué tipo de memorándums, qué tipo de papeles y qué tipo de insolencias usaban para gobernar a este país, al que se pretendía llamar país libre, independiente y soberano; para que nuestro pueblo conozca qué clase de libertadores eran esos, los procedimientos burdos y repugnantes que usaban en sus relaciones con este país, que nuestra generación actual debe conocer. Y si no los conoce, su conciencia revolucionaria no estará suficientemente desarrollada. Si las raíces y la historia de este país no se conocen, la cultura política de nuestras masas no estará suficientemente desarrollada. Porque no podríamos siquiera entender el marxismo, no podríamos siquiera calificarnos de marxistas si no empezásemos por comprender el propio proceso de nuestra Revolución, y el proceso del desarrollo de la conciencia y del pensamiento político y revolucionario en nuestro país durante cien años (APLAUSOS). Si no entendemos eso, no sabremos nada de política.

Y desde luego, desgraciadamente, mucho tiempo hemos vivido ignorantes de muchos hechos de la historia.

Porque si el interés de los que se aliaron aquí con los imperialistas era ocultar la historia de Cuba, deformar la historia de Cuba, eclipsar el heroísmo, el mérito extraordinario, el pensamiento y el ejemplo de nuestros héroes, los que realmente están llamados y tienen que ser los más interesados en divulgar esa historia, en conocer esa historia, en conocer esas raíces, en divulgar esas verdades, somos los revolucionarios.

Ellos tenían tantas razones para ocultar esa historia e ignorarla, como razones tenemos nosotros para demandar que esa historia, desde el 10 de octubre de 1868 hasta hoy, se conozca en todas sus etapas. Y esa historia tiene pasajes muy duros, muy dolorosos, muy amargos, muy humillantes, desde la Enmienda Platt hasta 1959.

Y debe también conocer nuestro pueblo cómo se apoderaron los imperialistas de nuestra economía. Y eso, desde luego, lo sabe nuestro pueblo en carne propia. No saben cómo fue pero fue.

Y saben los hombres y mujeres de este país, sobre todo los de esta provincia donde se inició la lucha, donde siempre se combatió por la libertad del país, cómo fue aquello que de repente todo pasó de manos de los españoles a manos de los americanos. Cómo fue aquello y por qué los ferrocarriles, los servicios eléctricos, las mejores tierras, los centrales azucareros, las minas y todo fue a parar a manos de ellos. Y cómo se produjo aquel fenómeno. Y qué es aquel fenómeno en virtud del cual en este país, donde por los años 1915 ó 1920 había que traer trabajadores de otras Antillas porque no alcanzaban los brazos, algunas décadas después —en los años veintitantos, treintitantos, cuarentitantos y cincuentitantos, cada vez peor— había más hombres sin empleo, había más familias abandonadas, había más ignorancia. Cómo y por qué en este país donde hoy los brazos no alcanzan —los brazos liberados— para desarrollar las riquezas infinitas de nuestro suelo, para desarrollar las capacidades ilimitadas de nuestro pueblo, sin embargo los hombres tenían que cruzarse de brazos meses enteros y mendigar un trabajo, no ya en tiempo muerto sino en la zafra.

Y cómo era posible que en esas tierras que regaron con su sangre decenas de miles de nuestros antepasados, decenas de miles de nuestros mambises; cómo era posible que en esa tierra regada por su sangre, el cubano en la república mediatizada no tuviera el derecho, no digo ya de recoger el pan, no tenía siquiera el derecho a derramar su sudor. De manera que donde nuestros luchadores por la independencia derramaron su sangre por la felicidad de este país, sus hermanos, sus descendientes, sus hijos, no tenían siquiera el derecho de derramar el sudor para ganarse el pan.

¿Qué república era aquella que ni siquiera el derecho al trabajo del hombre estaba garantizado? (APLAUSOS.) ¿Qué república era aquella donde no ya el pan de la cultura, tan esencial al hombre, sino el pan de la justicia, la posibilidad de la salud frente a la enfermedad, a la epidemia, no estaban garantizados? ¿Qué república era aquella que no brindaba a los hijos del pueblo —que dio cientos de miles de vidas, pero que dio cientos de miles de vidas cuando aquella población de verdaderos cubanos no llegaba a un millón; pueblo que se inmoló en singular holocausto— la menor oportunidad? ¿Qué república era aquella donde el hombre no tenía siquiera garantizado el derecho al trabajo, el derecho a ganarse el pan en aquella tierra tantas veces regada con sangre de patriotas?

Y nos pretendían vender aquello como república, nos pretendían brindar aquello como Estado justo. Y en pocas regiones del país como en Oriente estas cosas se vivieron, estas experiencias se vivieron en carne propia; desde las decenas de miles de campesinos que tuvieron que refugiarse allá en las montañas hasta las faldas del Pico Turquino para poder vivir, a los hombres, a los trabajadores azucareros que vivieron o cuyos padres vivieron aquellos años terribles. ¡Y qué porvenir esperaba a este país!

Pero el hecho fue que los yankis se apoderaron de nuestra economía. Y si en 1898 poseían inversiones en Cuba por valor de 50 millones, en 1906 unos 160 millones en inversiones, y 1 450 millones de pesos en inversiones en 1927.

No creo que haya otro país donde se haya producido en forma tan increíblemente rápida semejante penetración económica, que condujo a que los imperialistas se apoderaran de nuestras mejores tierras, de todas nuestras minas, nuestros recursos naturales; que explotaran los servicios públicos, se apoderaran de la mayor parte de la industria azucarera, de las industrias más eficientes, de la industria eléctrica, de los teléfonos, de los ferrocarriles, de los negocios más importantes, y también de los bancos.

Al apoderarse de los bancos, prácticamente podían empezar a comprar el país con dinero de los cubanos, porque en los bancos se deposita el dinero de los que tienen algún dinero y lo guardan, poco o mucho. Y los dueños de los bancos manejaban aquel dinero.

De esta forma, en 1927, cuando no habían transcurrido 30 años, las inversiones imperialistas en Cuba se habían elevado a 1 450 millones de pesos. Se habían apoderado de todo con el apoyo de los anexionistas o neo-anexionistas, de los autonomistas, de los que combatieron la independencia de Cuba. Con el apoyo de los gobiernos interventores se hicieron concesiones increíbles.

Un tal Preston compró 75 000 hectáreas de tierra en 1901, en la zona de la bahía de Nipe por 400 000 dólares, es decir, a menos de seis dólares la hectárea de esas tierras. Y los bosques que cubrían todas esas hectáreas de maderas preciosas, que fueron consumidas en las calderas de los centrales, valían muchas veces, incomparables veces esa suma de dinero.

Vinieron con sus bolsillos rebosantes a un pueblo empobrecido por 30 años de lucha, a comprar de las mejores tierras de este país a menos de seis dólares la hectárea.

Y un tal McCan compró 32 000 hectáreas ese mismo año al sur de pinar del Río. Y un tal James —si mal no recuerdo— ese mismo año compró en Puerto Padre 27 000 hectáreas de tierra.

Es decir que en un solo año adquirieron mucho más de 10 000 caballerías de las mejores tierras de este país, con sus bolsillos repletos de billetes, a un pueblo que padecía la miseria de 30 años de lucha. Y así, sin derramar sangre y gastando un mínimo de sus riquezas, se fueron apoderando de este país.

Y esa historia debe conocerla nuestro pueblo.

No sé cómo es posible que habiendo tareas tan importantes, tan urgentes como la necesidad de la investigación en la historia de este país, en las raíces de este país, sin embargo, son tan pocos los que se han dedicado a esas tareas. Y antes prefieren dedicar sus talentos a otros problemas, muchos de ellos buscando éxitos baratos mediante lectura efectista, cuando tienen tan increíble caudal, tan increíble tesoro, tan increíble riqueza para ahondar primero que nada y para conocer primero que nada las raíces de este país. Nos interesa más que corrientes que por snobismo puro se trata de introducir en nuestra cultura, la tarea seria, la tarea necesaria, la tarea imprescindible, la tarea justa de ahondar y de profundizar en las raíces de este país.

Y nosotros debemos saber, como revolucionarios, que cuando decimos de nuestro deber de defender esta tierra, de defender esta patria, de defender esta Revolución, hemos de pensar que no estamos defendiendo la obra de 10 años, hemos de pensar que no estamos defendiendo la revolución de una generación: ¡Hemos de pensar que estamos defendiendo la obra de cien años! (APLAUSOS.) ¡Hemos de pensar que no estamos defendiendo aquello por lo cual cayeron miles de nuestros compañeros, sino aquello por lo cual cayeron cientos de miles de cubanos a lo largo de cien años! (APLAUSOS.)

Con el advenimiento de la victoria de 1959, se planteó en nuestro país de nuevo —y en un plano más elevado aún— problemas fundamentales de la vida de nuestro pueblo. Porque si bien en 1868 se discutía la abolición o no de la esclavitud, se discutía la abolición o no de la propiedad del hombre sobre el hombre, ya en nuestra época, ya en nuestro siglo, ya al advenimiento de nuestra revolución, la cuestión fundamental, la cuestión esencial, la que habría de definir el carácter revolucionario de esta época y de esta revolución, ya no era la cuestión de la propiedad del hombre sobre el hombre, sino de la propiedad del hombre sobre los medios de sustento para el hombre.

Si entonces se discutía si un hombre podía tener 10 y 100 y 1 000 esclavos, ahora se discutía si una empresa yanki, si un monopolio imperialista tenía derecho a poseer 1 000, 5 000, 10 000 ó 15 000 caballerías de tierra; ahora se discutía el derecho que podían tener los esclavistas de ayer a ser dueños de las mejores tierras de nuestro país. Si entonces se discutía el derecho del hombre a poseer la propiedad sobre el hombre, ahora se discutía el derecho que podía tener un monopolio o quien fuera, aquel propietario de un banco donde se reunía el dinero de todos los que depositaban allí, si un monopolio o un oligarca tenía derecho a ser dueño de un central azucarero donde trabajaba un millar de obreros; si era justo que un monopolio o un oligarca fuera dueño de una central termoeléctrica, de una mina, de una industria cualquiera que valía decenas de miles o cientos de miles, o millones o decenas de millones de pesos; si era justo que una minoría explotadora poseyera cadenas de almacenes sin otro destino que enriquecerse encareciendo todos los bienes que este país importaba. Si en el siglo pasado se discutía el derecho del hombre a ser propietario de otros hombres, en este siglo —en dos palabras— se discutía el derecho de los hombres a ser propietarios de los medios de los que tiene que vivir el hombre.

Y ciertamente no era más que una libertad ficticia. Y no podía haber abolición de esclavitud si formalmente los hombres eran liberados de ser propiedad de otros hombres y en cambio la tierra y la industria —de la cual tendrían que vivir— eran y seguían siendo propiedad de otros hombres. Y los que ayer esclavizaron al hombre de manera directa, en esta época esclavizaban al hombre y lo explotaban de manera igualmente miserable a través del monopolio de las riquezas del país y de los medios de sustentación del hombre.

Por eso si una revolución en 1868 para llamarse revolución tenía que comenzar por dar libertad a los esclavos, una revolución en 1959, si quería tener el derecho a llamarse revolución, tenía como cuestión elemental la obligación de liberar las riquezas del monopolio de una minoría que las explotaba en beneficio de su provecho exclusivo, liberar a la sociedad del monopolio de una riqueza en virtud de la cual una minoría explotaba al hombre.

¿Y qué diferencia había entre el barracón del esclavo en 1868 y el barracón del obrero asalariado en 1958? ¿Qué diferencia, como no fuera que —supuestamente libre el hombre— los dueños de las plantaciones y de los centrales en 1958 no se preocupaban si aquel obrero se moría de hambre, porque si aquel se moría había otros diez obreros esperando para realizar el trabajo? Si se moría, como ya no era una propiedad suya que compraba y vendía en el mercado, no le importaba siquiera si se moría o no un trabajador, su mujer o sus hijos. Estas son verdades que los orientales conocen demasiado bien.

Y así fue suprimida la propiedad directa del hombre sobre el hombre y perduró la propiedad del hombre sobre el hombre a través de la propiedad y el monopolio de las riquezas y de los medios de vida del hombre (APLAUSOS). Y suprimir y erradicar la explotación del hombre por el hombre era suprimir el derecho de la propiedad sobre aquellos bienes, suprimir el derecho al monopolio sobre aquellos medios de vida que pertenecen y deben pertenecer a toda la sociedad.

Si la esclavitud era una institución salvaje y repugnante, explotadora directa del hombre, el capitalismo era también igualmente una institución salvaje y repugnante que debía ser abolida. Y si la abolición de la esclavitud era comprendida totalmente por las generaciones contemporáneas, también algún día las generaciones venideras, los niños de las escuelas, se asombrarán de que les digan que un monopolio extranjero —administrándolo a través de un funcionario insolente— era dueño de 10 000 caballerías de tierra donde allí mandaba como amo y señor, era dueño de vidas y de haciendas, tanto como nosotros nos asombramos hoy de que un día un señor fuera propietario de decenas y de cientos y aun de miles de esclavos (APLAUSOS).

Y tan racional como le parecía a la generación contemporánea un hombre amarrado a un grillo, igualmente monstruoso les parecerá a las generaciones venideras, mucho más que a nuestra propia generación. Porque los pueblos muchas veces se acostumbran a ver cosas monstruosas sin darse cuenta de su monstruosidad, y se acostumbran a ver algunos fenómenos sociales con la misma naturalidad con que se ve aparecer la Luna por la noche o el Sol por la mañana o la lluvia o la enfermedad, y acaban por adaptarse a ver instituciones monstruosas como plagas tan naturales como las enfermedades.

Y, claro está, no eran precisamente los privilegiados que monopolizaban las riquezas de este país quienes iban a educar al pueblo en estas ideas, en estos conceptos, quienes iban a abrirles los ojos, quienes iban a mandarles un alfabetizador, quienes iban a abrirles una escuela. No eran las minorías privilegiadas y explotadoras las que habrían de reivindicar la historia de nuestro país, las que habrían de reivindicar el proceso, las que habrían de honrar dignamente a los que hicieron posible el destino ulterior de la patria. Porque quienes no estuvieran interesados en la revolución sino en impedir las revoluciones, quienes no estuvieran interesados en la justicia sino en medrar y enriquecerse de la injusticia, no podrían estar jamás interesados en enseñar a un pueblo su hermosa historia, su justiciera revolución, su heroica lucha en pro de la dignidad y de la justicia (APLAUSOS).

Y por eso a esta generación le tocó vivir las experiencias de manera muy directa, y le tocó conocer también de expediciones organizadas en tierras extranjeras, precedidas de los bombardeos y de los ataques piratas, organizadas allí por los “prohombres” del imperialismo, organizadas acá por los que en solo 30 años se habían apoderado de la riqueza de este país para aplastar la revolución y para establecer de nuevo el monopolio de las riquezas por minorías privilegiadas explotadoras del hombre.

Le correspondió a esta generación ver también los anexionistas de hoy, los débiles de todos los tiempos, los Voluntarios de hoy —es decir, no en el sentido que hoy tiene la palabra, o en el sentido que hoy tiene la palabra guerrillero sino en el sentido de ayer—, Voluntarios de ayer, guerrilleros de ayer, que así se llamaban en aquella época a los que perseguían a los combatientes revolucionarios, a los que asesinaron a los estudiantes, a los que macheteaban a los mambises heridos cuando trataban de restablecerse en sus pobres y desvalidos e indefensos hospitales de sangre.

Esos los vemos en los que hoy tratan de destruir la riqueza del país, en los que hoy sirven a los imperialistas, en los que hoy —cobardes e incapaces del trabajo y del sacrificio— se mudan hacia allá. Cuando llegó aquí la hora del trabajo, cuando llegó la hora de edificar la patria, cuando llegó la hora de liberar los recursos naturales y humanos para cumplir el destino de nuestro pueblo, lo abandonan y se ponen allá de parte de sus amos al servicio de la causa infamante del imperialismo, enemigo no solo de nuestro pueblo sino enemigo de todos los pueblos del mundo.

De manera que a esta generación le ha correspondido conocer las experiencias de la lucha, de las luchas en el campo de la ideología, la lucha contra los electoralistas defendiendo las legítimas tesis revolucionarias; le tocó conocer la lucha en sí, le tocó conocer las grandes batallas ideológicas después del triunfo de la Revolución, le tocó conocer las experiencias del proceso revolucionario, le tocó enfrentarse al imperialismo yanki, le tocó enfrentarse a sus bloqueos, a su hostilidad, a sus campañas difamantes contra la Revolución, y le tocó enfrentarse al tremendo problema del subdesarrollo.

Debemos decir que la lucha se repite en diferente escala, pero también en diferentes condiciones. En 1868 y en 1895 y durante 60 años de república mediatizada —o casi 60 años— los revolucionarios eran una minoría, los instrumentos del poder estaban en manos de los reaccionarios; los colonialistas, los autonomistas, tenían la fuerza, tenían el poder, hacían las leyes contra los revolucionarios. Lo mismo ocurrió durante toda la lucha de 1895 y lo mismo ocurrió hasta 1959.

Hoy nuestro pueblo se enfrenta a corrientes similares, a las mismas ideas reaccionarias revividas, a los nuevos intérpretes del autonomismo, del anexionismo; se enfrenta a los proimperialistas y a los imperialistas. Pero se enfrenta en condiciones muy distintas.

En 1868 los cubanos organizaron su gobierno en la manigua; había divisiones y discordias propias de todo proceso. También ocurrieron cosas similares a lo largo de estos cien años. Los heroicos luchadores proletarios en la república mediatizada —Baliño, Mella, Guiteras, Jesús Menéndez (APLAUSOS)—, tenían que enfrentarse a los esbirros, a los explotadores asistidos de sus mayorales y sus guardias rurales, y caían abatidos por las balas asesinas en el exilio o en la propia tierra, en México o en El Morrillo o en Manzanillo, o desaparecían como tantos revolucionarios, como fue desaparecido Paquito Rosales, hijo de este pueblo (APLAUSOS).

De estos cien años, durante noventa años la revolución no había podido abarcar todo el país, la revolución no había podido tomar el poder, la revolución no había podido constituirse en gobierno, la revolución no había podido desatar las fuerzas formidables del pueblo, la revolución no había podido echar a andar el país. Y no es que no hubiese podido porque los revolucionarios de entonces fuesen menos capaces que los de hoy —¡no, de ninguna forma!—, sino porque los revolucionarios de hoy tuvieron el privilegio de recoger los frutos de las luchas duras y amargas de los revolucionarios de ayer. Porque los revolucionarios de hoy encontramos un camino preparado, una nación formada, un pueblo realmente con conciencia ya de su comunidad de intereses; un pueblo mucho más homogéneo, un pueblo verdaderamente cubano, un pueblo con una historia, la historia que ellos escribieron; un pueblo con una tradición de lucha, de rebeldía, de heroísmo. Y a la actual generación le correspondió el privilegio de haber llegado a la etapa en que el pueblo al fin, al cabo de 90 años, se constituye en poder, establece su poder. Ya no era el poder de los colonialistas y sus aliados, ya no era el poder de los imperialistas interventores yankis y sus aliados, los autonomistas, los neo-anexionistas, los enemigos de la revolución.

Y por eso, en esta ocasión se constituye el poder del pueblo, el genuino poder del pueblo y por el pueblo; no el poder frente al pueblo y contra el pueblo, que había sido el poder conocido durante más de cuatro siglos, desde la época de la colonia, desde que los españoles en las cercanías de este sitio quemaron vivo al indio Hatuey hasta que los esbirros de Batista, vísperas de su derrota, asesinaban y quemaban vivos a los revolucionarios. Era por primera vez el poder frente a los monopolios, frente a los intereses, frente a los privilegios, frente a los poderosos sociales. Era el poder frente al privilegio y contra el privilegio, era el poder frente a la explotación y contra la explotación, era el poder frente al colonialismo y contra el colonialismo, el poder frente al imperialismo y contra el imperialismo. Era por primera vez el poder con la patria y para la patria, era por primera vez el poder con el pueblo y para el pueblo (APLAUSOS). Y no eran las armas de los mercenarios, no eran las armas de los imperialistas, sino las armas que el pueblo arrebató a sus opresores, las armas que el pueblo arrebató a los gendarmes y a los guardianes de los intereses del imperialismo, que pasaron a ser sus armas; pueblo que pasó a ser un ejército. Tuvo esta generación por primera vez la oportunidad de comenzar a trabajar desde ese poder nuevo, desde ese poder revolucionario y extendido a todo el país.

Lógicamente, los enemigos de clase, los explotadores, los oligarcas, los imperialistas, que poseían 1 450 millones, no podían estar con ese poder, tenían que estar contra ese poder. Los politiqueros, los botelleros, los parásitos de toda índole, los especuladores, los explotadores del juego, del vicio, los propagadores de la prostitución, los ladrones, los que se robaban descaradamente el dinero de los hospitales, de las escuelas, de las carreteras, los dueños de decenas de miles de caballerías de las mejores tierras, de las mejores fábricas, los explotadores de nuestros campesinos y de nuestros obreros, no podían estar con ese poder sino contra ese poder.

Y desde entonces el pueblo en el poder desarrolla su lucha, no menos difícil, no menos dura, frente al imperialismo yanki y contra el imperialismo yanki, el más poderoso país imperialista, el gendarme de la reacción en el mundo. Poder acostumbrado a destruir gobiernos, a destruir gobiernos que insinuaban un camino de liberación, derrocarlos mediante golpes de Estado o invasiones mercenarias, destruir los movimientos políticos mediante represalias económicas, se ha estrellado toda su técnica, todos sus recursos, todo su poderío se ha estrellado contra la fortaleza de la Revolución.

Porque la Revolución es el resultado de cien años de lucha, es el resultado del desarrollo del movimiento político, de la conciencia revolucionaria, armada del más moderno pensamiento político, armada de la más moderna y científica concepción de la sociedad, de la historia y de la economía, que es el marxismo-leninismo; arma que vino a completar el acervo, el arsenal de la experiencia revolucionaria y de la historia de nuestro país.

Y no solo armado de esa experiencia y de esa conciencia, sino pueblo que ha podido vencer los factores que lo dividían, las divisiones de grupo, los caudillismos, los regionalismos, para ser una sola fuerza, para ser un solo pueblo revolucionario. Porque cuando decimos pueblo hablamos de revolucionarios; cuando decimos pueblo dispuesto a combatir y a morir, no pensamos en los gusanos ni en los pocos pusilánimes que quedan (APLAUSOS): pensamos en los que tienen el legítimo derecho a llamarse cubanos y pueblo cubano, como tenían legítimo derecho de llamarse nuestros combatientes, nuestros mambises. Un pueblo integrado, unido, dirigido por un partido revolucionario, partido que es vanguardia militante.

¿Y qué otra cosa hizo Martí para hacer la revolución sino organizar el partido de la revolución, organizar el partido de los revolucionarios? ¡Y había un solo partido de los revolucionarios! Y los que no estaban en el partido de los revolucionarios estaban en el partido de los españoles colonialistas o en el partido de los anexionistas o en el partido de los autonomistas.

Y así también hoy el pueblo, con su partido que es su vanguardia, armado de las más modernas concepciones, armado de la experiencia de cien años, habiéndose desarrollado al máximo grado la conciencia revolucionaria, política y patriótica, ha logrado vencer sobre vicios seculares y constituir esta unidad y esta fuerza de la Revolución.

La Guerra de los Diez Años, como decía Martí, no se perdió porque el enemigo nos arrancara la espada de la mano, sino porque dejamos caer la espada. Después de diez años de lucha, enfrentados al imperialismo, ¡ni el imperialismo ha podido arrebatarnos la espada ni nuestro pueblo unido dejará jamás caer la espada! (APLAUSOS.)

Esta Revolución cuenta con el privilegio de llevar con ella y contar como parte de ella al pueblo revolucionario, cuya conciencia se desarrolla y cuya unidad es indestructible. Unido el pueblo revolucionario, armado de las concepciones más revolucionarias, del patriotismo más profundo —que la conciencia y el concepto internacionalista no excluye ni mucho menos el concepto del patriotismo—, patriotismo revolucionario, perfectamente conciliable con el internacionalismo revolucionario, armado con esos recursos y con esas circunstancias favorables, será invencible.

Este aniversario llega en el momento de mayor auge de la conciencia y del espíritu de trabajo del pueblo. Hechos como el del día 8 en que con motivo del centenario y también como homenaje al Guerrillero Heroico (APLAUSOS PROLONGADOS) —caído gloriosamente en fecha que casi coincidió con el 10 de octubre—, decidido a realizar un esfuerzo digno de esta jornada, llegó a sembrar en un solo día 1 031 caballerías de caña (APLAUSOS).

Y sirva esto de idea acerca de lo que es capaz un pueblo cuya inteligencia, cuya energía, cuyas fuerzas potenciales se despliegan.

Debo decir que esta cifra realmente rebasa las cifras más optimistas, las cifras más altas que se hubieran podido concebir. Es necesario un pueblo de verdad trabajando para lograr esas cosas, y es necesario un pueblo realmente consciente e inspirado para realizar esas cosas.

Este homenaje, o este aniversario, tiene lugar en el momento de máximo auge de la Revolución en todos los campos. Pero esto no significa que cien años de lucha signifique, ni mucho menos, la culminación de la lucha, el fin de la lucha. Quién sabe cuántos años más tendremos por delante de lucha. Pero nunca, jamás, hemos estado en mejores condiciones que hoy; nunca hemos estado más organizados, nunca hemos estado mejor armados, no solo armados con armas, armados con hierros, sino armados de pensamientos, armados de ideas. Nunca, jamás, hemos estado mejor armados de ideas y de hierros, nunca hemos estado mejor organizados. Y seguiremos armándonos en ambas direcciones, y seguiremos organizándonos, y seguiremos haciéndonos cada vez más fuertes.

El imperialismo está ahí enfrente, en plan y actitud insolentes, amenazantes; las fuerzas más reaccionarias levantan cabeza, los grupos más retrógrados y agresivos se insinúan como factores preponderantes en la política futura de ese país.

Conmemoramos este aniversario, este centenario, estos cien años, no en beatífica paz, sino en medio de la lucha, de amenazas y de peligros. Pero nunca como hoy hemos estado conscientes, nunca como hoy para nosotros las cosas han sido tan claras.

Esta generación no solo se ha de concretar a haber culminado una etapa, a haber llegado a objetivos determinados, a poder presentar hoy una meta cumplida, una tarea histórica realizada: una patria libre, verdaderamente libre; una revolución victoriosa, un poder del pueblo y para el pueblo; sino que esta Revolución tiene que defender ese poder, porque los enemigos no se resignarán fácilmente, el imperialismo valiéndose de sus recursos no nos dejará en paz. Y el odio de los enemigos crece a medida que la Revolución se fortalece, a medida que sus esfuerzos han sido inútiles.

¿A qué grados llegan? A increíbles grados en todos los órdenes. Llegan, incluso, a extraordinarios ridículos.

Recientemente leíamos un cable en que hablaba de un cura español que organizaba en Miami rezos contra la Revolución; un cura español que, según decía, rezaba para que la Revolución se destruyera, incluso daba misas y rogativas para que los dirigentes revolucionarios nos muriéramos en un accidente o asesinados (RISAS), como requisito para aplastar la Revolución.

¡Cuán equivocados están si creen que la Revolución puede ser aplastada por ningún camino! Es innecesario siquiera recalcarlo. ¡Ahora menos que nunca!

Pero llama la atención esta filosofía de los reaccionarios, esta filosofía de los imperialistas.

Y ellos mismos decían que organizaban un mitin contrarrevolucionario y apenas iban doscientos, organizaban un rezo contra la Revolución e iban miles de gusanos. Eso, desde luego, denota que a la contrarrevolución le va quedando toda la gusanera beata y ridícula que se reúne a hacer misas. ¡Vaya espíritu religioso el de esos creyentes! ¡Vaya espíritu religioso el de ese cura que da misas para que asesinen o para que se muera la gente!

De verdad que si el cura nos dijera que hay una oración para destruir a los imperialistas, ciertamente nosotros nos negaríamos rotundamente a rezar semejantes oraciones (APLAUSOS); y si el cura nos dijera que hay una oración para rechazar a los imperialistas si invaden este país, nosotros le diríamos a ese cura: ¡Váyase al diablo con su oración que nosotros nos vamos a encargar de aniquilar aquí a los invasores, a los imperialistas, a tiro limpio y a cañonazo limpio! (APLAUSOS.)

Los vietnamitas no rezan oraciones contra los imperialistas, ni el heroico pueblo de Corea rezó oraciones contra los imperialistas, ni nuestros milicianos rezaron oraciones contra los mercenarios que venían armados de calaveras, crucifijos y no sé cuántas cosas más; venían en nombre de Dios, con cura y todo, a asesinar mujeres campesinas, a asesinar niños y niñas, a destruir las riquezas de este país.

Y ya vemos hasta qué punto han degenerado los reaccionarios, hasta qué punto han prostituido sus propias concepciones y sus propias doctrinas, y a qué extremos llegan y qué clase de sentimientos son esos. Desde luego, cosas de los aliados de los imperialistas, cosas de la gusanera.

Pero, desde luego, no son los rezos del cura y su muchedumbre de beatos y beatas las cosas que le preocuparían a esta Revolución. Es el imperialismo con sus recursos militares y técnicos. Y es contra ese imperialismo y contra esas amenazas que nosotros debemos siempre estar preparados y prepararnos cada vez más.

El estudio de la historia de nuestro país no solo ilustrará nuestras conciencias, no solo iluminará nuestro pensamiento, sino que el estudio de la historia de nuestro país ayudará a encontrar también una fuente inagotable de heroísmo, una fuente inagotable de espíritu de sacrificio, de espíritu de lucha y de combate.

Lo que hicieron aquellos combatientes, casi desarmados, ha de ser siempre motivo de inspiración para los revolucionarios de hoy; ha de ser siempre motivo de confianza en nuestro pueblo, en su fuerza, en su capacidad de lucha, en su destino; ha de darle seguridad a nuestro país de que nada ni nadie en este mundo podrá derrotarnos, nada ni nadie en este mundo podrá aplastarnos, ¡y que a esta Revolución nada podrá vencerla!

Porque este pueblo, igual que ha luchado cien años por su destino, es capaz de luchar otros cien años por ese mismo destino (APLAUSOS). Este pueblo lo mismo que fue capaz de inmolarse más de una vez, será capaz de inmolarse cuantas veces sea necesario.

Esas banderas que ondearon en Yara, en La Demajagua, en Baire, en Baraguá, en Guáimaro; esas banderas que presidieron el acto sublime de libertar la esclavitud; esas banderas que han presidido la historia revolucionaria de nuestro país, no serán jamás arriadas. Esas banderas y lo que ellas representan serán defendidas por nuestro pueblo hasta la última gota de su sangre (APLAUSOS).

Nuestro país sabe lo que fue ayer, lo que es hoy y lo que será mañana. Si hace cien años no podíamos decir que teníamos una nacionalidad cubana, un pueblo cubano; si hace cien años éramos los últimos de este continente... Un día la prensa insolente de los imperialistas, en vida de Martí, calificó al pueblo cubano de pueblo afeminado, con el más increíble desprecio, argumentando entre otras cosas los años que había padecido la dominación española, demostrando con ello una increíble ignorancia acerca de los factores históricos y sociales que hacen a los pueblos y de las condiciones de Cuba, y que motivaron una respuesta de Martí en singular artículo llamado “Vindicación de Cuba” .

Bien: podían todavía en 1889 alegar esos insultos contra la patria, ignorando sus heroísmos, su desigual y solitaria lucha; podían decirnos que éramos los últimos. Y es cierto y no por culpa de esta nación. No podía culparse de algo a la nación que no existía, al pueblo que no existía como tal pueblo. Pero la nación que existe desde que surgió la vida con la sangre de los que aquí se alzaron el 10 de Octubre de 1868, el pueblo que se fundó en aquella tradición, el pueblo que inició su ascenso en la historia, que inició el desarrollo de su pensamiento político y su conciencia, que tuvo la fortuna de contar con aquellos hombres extraordinarios como pensadores y como combatientes, ya no podrá decir hoy nadie que es el último. Ya no somos solo el pueblo que hace cien años abolió la esclavitud; ya no somos el último en abolir la esclavitud, es decir, la propiedad del hombre sobre el hombre; ¡somos hoy el primero en este continente en abolir la explotación del hombre sobre el hombre! (APLAUSOS.)

Fuimos el último en comenzar, es cierto, pero hemos llegado tan lejos como nadie. Hemos erradicado el sistema capitalista de explotación; hemos convertido al pueblo en dueño verdadero de su destino y de sus riquezas. Fuimos el último en librarnos de la colonia, pero hemos sido los primeros en librarnos del imperio (APLAUSOS). Fuimos los últimos en librarnos de un modo de producción esclavista; los primeros en librarnos del modo de producción capitalista, y con el modo de producción capitalista de su podrida estructura política e ideológica. Hemos echado abajo las mentiras con que pretendieron engañarnos durante tantos años. Estamos reivindicando y restableciendo la verdad de la historia. Hemos recuperado nuestras riquezas, nuestras minas, nuestras fábricas, nuestros bosques, nuestras montañas, nuestros ríos, nuestra tierra.

Y en esa tierra que se regó tantas veces con sangre de patriotas, se riega hoy el sudor honesto de un pueblo; que de esa tierra, con ese sudor de su frente, con esa tierra conquistada con la sangre de sus hijos, sabrá ganarse honradamente el pan que nos quitaban de la mano y de la boca (APLAUSOS).

Somos hoy la comunidad humana de este continente que ha llegado al grado más alto de conciencia y de nivel político: ¡Somos el primer Estado socialista! Los últimos ayer; ¡los primeros hoy en el avance hacia la sociedad comunista del futuro! (APLAUSOS), la verdadera sociedad del hombre para el hombre, del hombre hermano del hombre.

Y ya no solo luchamos por erradicar los vicios y las instituciones que tienen una relación negativa del hombre con los medios de producción, sino que tratamos de llevar la conciencia del hombre a su grado más alto. Ya no solo la lucha contra las instituciones que esclavizaban al hombre, sino contra los egoísmos que esclavizan todavía a muchos hombres, contra los individualismos que apartan a algunos hombres de la fuerza de la colectividad. Es decir, ya no solo pretendemos librar al hombre de la tiranía que las cosas ejercían sobre el hombre, sino de ideas seculares que todavía tiranizan al hombre.

Por eso podemos afirmar que desde el 10 de Octubre de 1868 hasta hoy, 1968, el camino de nuestro pueblo ha sido un camino interrumpido de avance, de grandes saltos, rápidos avances, nuevas etapas de avance y nuevas etapas de avance.

Tenemos sobrados motivos para contemplar esta historia con orgullo. Tenemos sobrados motivos para comprender esa historia con profunda satisfacción. Nuestra historia cumple cien años. No la historia de la colonia, que tiene más; ¡la historia de la nación cubana, la historia de la patria cubana, la historia del pueblo cubano, de su pensamiento político, de su conciencia revolucionaria!

Largo es el trecho que hemos avanzado en estos cien años y larga también la voluntad y la decisión de seguir adelante ininterrumpidamente. Inconmovible el propósito de seguir construyendo esa historia hermosa, con más confianza que nunca, con más trabajo que nunca, con más tareas por delante que nunca: enfrentándonos al imperialismo yanki, defendiendo la Revolución en el campo que sea necesario; enfrentándonos al subdesarrollo para llevar adelante todas las posibilidades de nuestra naturaleza, para desplegar plenamente todas las energías de nuestro pueblo, todas las posibilidades de su inteligencia.

Y estas serán las tareas: defender la Revolución frente al imperialismo, profundizar nuestras conciencias en la marcha hacia el futuro, fortalecer nuestro pensamiento revolucionario en el estudio de nuestra historia, ir hacia las raíces de ese pensamiento revolucionario, y llevar adelante la batalla contra el subdesarrollo.

Alguien habló de entre ustedes ahora de los 10 millones, y los 10 millones es prácticamente una batalla ganada de este país (APLAUSOS); por el impulso que lleva el trabajo en nuestros campos, por el tremendo empuje de nuestro pueblo trabajador. Y los 10 millones forman parte de esa batalla mayor que es la batalla contra el subdesarrollo, contra la pobreza.

Y esas son nuestras tareas del futuro.

Muchas veces desde las tribunas de los politiqueros hipócritas y mentirosos, ladrones contumaces, estafadores del pueblo, que invocaban los nombres de los patriotas de la independencia, muchas veces profanaron con solo traerlos a sus labios el nombre de Martí, de Maceo, el nombre de Céspedes, el nombre de Agramonte, el nombre de todos los patricios. Hipócritamente mencionaban aquellos nombres. En el fondo lo olvidaron todo, lo abandonaron todo.

Este país debiera tener una lápida, un recuerdo en cada punto donde combatieron los cubanos, en cada punto donde libraron sus batallas. No se ocuparon de dejar un recuerdo siquiera dónde fue exactamente la batalla de Peralejo, o de Las Guásimas, o de Palo Seco, cuáles fueron las batallas de la Invasión. Dejaron que yacieran en el olvido, llenas de maleza o de polvo, sin un solo recuerdo.

Muchas veces los estafadores pretendieron usar los nombres de nuestros héroes para servir a sus fines politiqueros.

Por eso hoy nosotros, los revolucionarios de esta generación, nuestro pueblo revolucionario puede sentir esa íntima y profunda satisfacción de estarles rindiendo a Céspedes, a los luchadores por nuestra independencia, el único tributo, el más honesto, el más sincero, el más profundo: ¡el tributo de un pueblo que recogió los frutos de sus sacrificios, y al cabo de cien años les rinde este tributo de un pueblo unido, de un poder del pueblo, de un pueblo consciente, y de una revolución victoriosa dispuesta a seguir indoblegablemente, firmemente e invenciblemente la marcha hacia adelante!

Gritemos hoy con legítimo derecho:

¡Que viva Cuba Libre! (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva!”)

¡Que viva el 10 de Octubre! (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva!”)

¡Que viva la Revolución victoriosa! (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva!”)

¡Que vivan los Cien Años de Lucha! (EXCLAMACIONES DE: “¡Viva!”)

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(OVACION)

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Discurso pronunciado por el doctor Fidel Castro Ruz, en el parque Céspedes, de Santiago de Cuba, el 1ro de enero de 1959 

(VERSIONES TAQUIGRAFICAS - CONSEJO DE ESTADO)

Santiagueros;

Compatriotas de toda Cuba:

Al fin hemos llegado a Santiago (GRITOS Y APLAUSOS). Duro y largo ha sido el camino, pero hemos llegado (APLAUSOS).

Se decía que hoy a las 2:00 de la tarde se nos esperaba en la capital de la república, el primer extrañado fui yo (GRITOS Y APLAUSOS), porque yo fui uno de los primeros sorprendidos con ese golpe traidor y amañado de esta mañana en la capital de la república (GRITOS Y APLAUSOS).

Además, yo iba a estar en la capital de la república, o sea, en la nueva capital de la república (GRITOS Y APLAUSOS), porque Santiago de Cuba será, de acuerdo con el deseo del Presidente provisional, de acuerdo con el deseo del Ejército Rebelde y de acuerdo con el deseo del pueblo de Santiago de Cuba, que bien se lo merece, la capital (GRITOS Y APLAUSOS). ¡Santiago de Cuba será la capital provisional de la república! (GRITOS Y APLAUSOS.)

Tal vez la medida sorprenda a algunos, es una medida nueva, pero por eso ha de caracterizarse, precisamente, la Revolución, por hacer cosas que no se han hecho nunca (GRITOS Y APLAUSOS). Cuando hacemos a Santiago de Cuba capital provisional de la república, sabemos por qué lo hacemos. No se trata de halagar demagógicamente a una localidad determinada, se trata, sencillamente, de que Santiago ha sido el baluarte más firme de la Revolución (GRITOS y APLAUSOS).

La Revolución empieza ahora; la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros, sobre todo, en esta etapa inicial, y en qué mejor lugar para establecer el Gobierno de la república que en esta fortaleza de la Revolución (GRITOS Y APLAUSOS), para que se sepa que este va a ser un gobierno sólidamente respaldado por el pueblo en la ciudad heroica y en las estribaciones de la Sierra Maestra, porque Santiago está en la Sierra Maestra (GRITOS Y APLAUSOS). En Santiago de Cuba y en la Sierra Maestra, tendrá la Revolución sus dos mejores fortalezas (APLAUSOS).

Pero hay, además, otras... (INTERRUPCION)... Naturalmente que nosotros nunca hemos... (INTERRUPCION)... de rechazar cualquier colaboración... (INTERRUPCION)... "¿Usted me promete que no?" Y dice: “Le prometo que no." Digo: “¿Usted me jura que no?". Y me dijo: “Le juro que no" (GRITOS Y APLAUSOS).

Yo considero que lo primero que debe tener un militar es honor, que lo primero que debe tener un militar es palabra, y este señor ha demostrado no solo falta de honor y falta de palabra, sino falta, además, de cerebro, porque un movimiento que pudo haberse hecho desde el primer momento con todo el respaldo del pueblo y con el triunfo asegurado de antemano, lo que hizo fue dar un salto mortal en el vacío. Creyó que iba a ser demasiado fácil engañar al pueblo y engañar a la Revolución.

Sabía algunas cosas: sabía que en cuanto dijeran que Batista había agarrado el avión el pueblo se iba a tirar a la calle loco de contento, y pensaron que el pueblo no estaba lo suficientemente maduro para distinguir entre la fuga de Batista y la Revolución; porque si Batista se va y se apoderan allá de los tanques los amigos de Cantillo, muy bien pudiera ser que el doctor Urrutia tuviera que irse dentro de tres meses también, porque lo mismo que nos traicionaban ahora nos traicionaban luego, y la gran verdad es que el señor Cantillo nos traicionó a nosotros antes de la Revolución. Bien que lo ha demostrado, y lo voy a demostrar.

Se acordó con el general Cantillo que el levantamiento se produciría el día 31 a las 3:00 de la tarde; se aclaró que el apoyo de las fuerzas armadas al movimiento revolucionario sería incondicional, el Presidente que designasen los dirigentes revolucionarios y los cargos que a los militares les asignasen los dirigentes revolucionarios; era un apoyo incondicional el ofrecido. Se acordó el plan en todos sus detalles: el día 31, a las 3:00 de la tarde, se sublevaría la guarnición de Santiago de Cuba; inmediatamente varias columnas rebeldes penetrarían en la ciudad y el pueblo, con los militares y con los rebeldes, confraternizaría inmediatamente, lanzándose al país una proclama revolucionaria invitando a todos los militares honorables a unirse al movimiento.

Se acordó que los tanques que hay en la ciudad serían puestos a disposición de nosotros, y yo me ofrecí, personalmente, para avanzar hacia la capital con una columna blindada precedida por los tanques. Los tanques me serían entregados a las 3:00 de la tarde, no porque se pensase que había que combatir, sino para prever en caso de que en La Habana el movimiento fracasase y hubiese necesidad de situar nuestra vanguardia lo más cerca posible de la capital. Y, además, para prever que no se fueran a realizar excesos en la ciudad de La Habana.

Era lógico que con el odio despertado allí contra la fuerza pública, por los inenarrables horrores de Ventura y de Pilar García, la caída de Batista iba a producir una desorganización en la ciudadanía y que, además, aquellos policías se iban a sentir sin fuerza moral para contener al pueblo, como, efectivamente, ocurrió: una serie de excesos han tenido lugar en la capital: saqueos, tiroteos, incendios. Toda la responsabilidad cae sobre el general Cantillo por haber traicionado la palabra empeñada y por no haber realizado el plan que se acordó. Creyó que nombrando capitanes y comandantes de la policía —muchos de los cuales cuando los habían nombrado ya se habían ido, prueba de que no tenían la conciencia muy tranquila— iba a resolver la cuestión.

Qué distinto, sin embargo, fue en Santiago de Cuba. ¡Qué orden y qué civismo! ¡Qué disciplina demostrada por el pueblo! Ni un solo caso de saqueo, ni un solo caso de venganza personal, ni un solo hombre arrastrado por las calles, ni un incendio. Ha sido admirable y ejemplar el comportamiento de Santiago de Cuba, a pesar de dos cosas: a pesar de que esta había sido la ciudad más sufrida y que más había padecido el terror, por lo tanto, la que más derecho tenía a estar indignada (GRITOS Y APLAUSOS); y a pesar, además, de nuestras declaraciones de esta mañana diciendo que no estábamos de acuerdo con el golpe.

Santiago de Cuba se comportó ejemplarmente bien, y creo que será este caso de Santiago de Cuba un motivo de orgullo para el pueblo, para los revolucionarios y para los militares de la Plaza de Santiago de Cuba (GRITOS Y APLAUSOS). Ya no podrán decir que la Revolución es la anarquía y el desorden; ocurrió en La Habana, por una traición, pero no ocurrió así en Santiago de Cuba, que podemos poner como modelo cuantas veces se trate de acusar a la Revolución de anárquica y desorganizada (APLAUSOS).

Es conveniente que el pueblo conozca las comunicaciones que intercambiamos el general Cantillo y yo, si el pueblo no está cansado (GRITOS Y EXCLAMACIONES DE: “¡No!") le puedo leer la carta.

Después de los acuerdos tomados, cuando nosotros ya habíamos suspendido las operaciones sobre Santiago de Cuba, porque el día 28 ya nuestras tropas estaban muy próximas a la ciudad, y se habían realizado todos los preparativos para el ataque a la Plaza, de acuerdo con la entrevista sostenida, hubimos de realizar una serie de cambios, abandonar las operaciones sobre Santiago de Cuba y encaminar nuestras tropas hacia otros sitios, donde se suponía que el movimiento no estaba asegurado desde el primer instante. Cuando todos nuestros movimientos estaban hechos, las columnas preparadas para marchar sobre la capital, recibo unas pocas horas antes esta nota del general Cantillo, que dice textualmente:

"Han variado mucho las circunstancias en sentido favorable a una solución nacional", en el sentido que él quiere para Cuba. Era extraño, porque después de analizar los factores que se contaban, no podía ser más favorable a las circunstancias. Estaba asegurado el triunfo, y esto era una cosa extraña que viniera a decir: “Han variado muy favorablemente las circunstancias". Las circunstancias de que Batista y Tabernilla estaban de acuerdo, asegurado el golpe.

"Le recomiendo no hacer nada en estos momentos y esperar los acontecimientos de las próximas semanas, antes del día 6.” Desde luego, la tregua prolongada indefinidamente, mientras ellos hacían todos los amarres en La Habana.

Mi respuesta inmediata fue: “El contenido de la nota se aparta por completo de los acuerdos tomados, es ambiguo e incomprensible y me ha hecho perder la confianza en la seriedad de los acuerdos. Quedan rotas las hostilidades a partir de mañana a las 3:00 p.m., que fue la fecha y hora acordadas para el Movimiento".

Ocurrió entonces una cosa muy curiosa. Además de la nota, que era muy breve, le mando a decir al jefe de la Plaza de Santiago de Cuba con el portador de la misma, que si las hostilidades se rompían porque los acuerdos no se cumplían y nos veíamos obligados a atacar la Plaza de Santiago de Cuba, entonces no habría otra solución que la rendición de la Plaza, que exigiríamos la rendición de la Plaza si las hostilidades se rompían y el ataque se iniciaba por nuestra parte. Pero ocurrió que el portador de la nota no interpreta correctamente mis palabras y le dice al coronel Rego Rubido que yo decía que exigía la rendición de la Plaza como condición para cualquier acuerdo. El no dijo lo que yo le había afirmado, que si iniciaba el ataque, pero no que le había puesto al general Cantillo como condición que se rindiera la Plaza.

En consecuencia del mensaje, el coronel jefe de la Plaza de Santiago de Cuba me envía una carta muy conceptuosa y muy pundonorosa que voy a leer también. Naturalmente que se sentía ofendido con aquel planteamiento que le habían hecho erróneamente, y dice:

La solución encontrada no es golpe de Estado ni junta militar, y, sin embargo, creemos que es la que mejor conviene al doctor Fidel Castro, de acuerdo con sus ideas y pondría en 48 horas el destino del país en sus manos. No es solución local, sino nacional, y cualquier indiscreción adelantada podría comprometerla o destruirla creando el caos. Queremos que se tenga confianza en nuestra gestión y se tendrá la solución antes del día 6.

"En cuanto a Santiago, debido a la nota y a las palabras del mensajero, hay que cambiar el plan y no entrar; dichas palabras han causado malestar entre el personal... Y nunca se entregarían las armas sin pelear. Las armas no se rinden a un aliado y no se entregan sin honor", frase muy hermosa del jefe de la Plaza de Santiago de Cuba.

Si no se tiene confianza en nosotros o si se ataca Santiago, se considerarán rotos los acuerdos y se paralizarán las gestiones para la solución ofrecida, desligándonos formalmente de todo compromiso. Esperamos, debido al tiempo necesario para actuar en una u otra forma, que la respuesta llegue a tiempo para ser enviada a La Habana en el viscount de la tarde.

 

Mi respuesta a esa nota del coronel José Rego Rubido fue la siguiente:

Territorio Libre de Cuba, diciembre 31 de 1958.

Señor Coronel.

Un lamentable error se ha producido en la trasmisión a usted de mis palabras, tal vez se debió a la premura con que respondí a su nota y a lo apurado de la conversación que sostuve con el portador. Yo no le dije que la condición planteada por nosotros en los acuerdos que se tomaron era la rendición de la Plaza de Santiago de Cuba a nuestras fuerzas, hubiese sido una descortesía con nuestro visitante, y una proposición indigna y ofensiva para los militares que tan fraternalmente se han acercado a nosotros.

La cuestión es otra. Se había llegado a un acuerdo y se adoptó un plan entre el líder del movimiento militar y nosotros, debía comenzar a realizarse el día 31 a las 3:00 p.m.; hasta los detalles se acordaron después de analizar cuidadosamente los problemas que debían afrontarse; se iniciaría con el levantamiento de la guarnición de Santiago de Cuba, persuadí al general... de las ventajas de comenzar por Oriente y no en Columbia, por recelar el pueblo grandemente de cualquier golpe en los cuarteles de la capital de la república, y lo difícil que iba a ser, en ese caso, vincular a la ciudadanía al movimiento. El coincidía plenamente con mis puntos de vista, se preocupaba solo por el orden en la capital y acordamos medidas para conjurar el peligro. La medida era, precisamente, el avance de la columna nuestra sobre Santiago de Cuba. Se trataba de una acción unida de los militares, el pueblo y nosotros, un tipo de movimiento revolucionario que desde el primer instante contaría con la confianza de la nación entera.

De inmediato, y de acuerdo con lo que se combino, suspendimos las operaciones que se estaban llevando a cabo, y nos dimos a la tarea de realizar nuevos movimientos de fuerzas hacia otros puntos como Holguín, donde la presencia de conocidos esbirros hacía casi segura la resistencia al movimiento militar revolucionario.

Cuando ya todos los preparativos estaban listos por nuestra parte, recibo la nota de ayer, donde se me daba a entender que no se llevaría la acción acordada. Al parecer había otros planes, pero no se me informaba cuáles y por qué. De hecho ya no era cosa nuestra la cuestión, teníamos simplemente que esperar. Unilateralmente se cambiaba todo y se ponía en riesgo a las fuerzas nuestras que, de acuerdo con lo que se contaba, habían sido enviadas a operaciones difíciles; quedábamos sujetos a amenazas, a todos los imponderables... (INTERRUPCION)... cualquier riesgo del general... en sus frecuentes viajes a La Habana se convertiría militarmente para nosotros en un desastre. Reconozca usted que todo está muy confuso en este instante, y que Batista es un individuo hábil y taimado, que sabe maniobrar. Cualquier riesgo... (INTERRUPCION)... ¿Cómo puede pedírsenos que renunciemos a todas las ventajas obtenidas en las operaciones de las últimas semanas, para ponernos a esperar pacientemente a que los hechos se produzcan?

Bien aclaré que no podía ser una acción de los militares solos, para eso, realmente, no había que esperar los horrores de dos años de guerra. Cruzarnos de brazo en los momentos decisivos es lo único que no se nos puede pedir a los hombres que no hemos descansado en la lucha contra la opresión desde hace siete años.

Aunque ustedes tengan la intención de entregar el poder a los revolucionarios, no es el poder en sí lo que a nosotros nos interesa, sino que la Revolución cumpla su destino. Me preocupa, incluso, que los militares por un exceso injustificado de escrúpulos faciliten la fuga de los grandes culpables, que marcharán al extranjero con sus grandes fortunas, para hacer desde allí todo el daño posible a nuestra patria.

Personalmente puedo añadirle que el poder no me interesa, ni pienso ocuparlo, velaré solo porque no se frustre el sacrificio de tantos compatriotas, sea cual fuere mi destino posterior. Espero que estas honradas razones que con todo respeto a su dignidad de militares les expongo las comprendan. Tengan la seguridad de que no están tratando con un ambicioso ni con un insolente...

Párenme los tanques allí, por favor (GRITOS Y APLAUSOS).

LOCUTOR.- Por favor, que silencien los tanques. Por favor, orden del Comandante en Jefe que silencien los tanques y los detengan allí mismo, para que el pueblo pueda seguir escuchando la palabra del máximo líder de la Revolución Cubana, doctor Fidel Castro (GRITOS Y APLAUSOS).

DR. FIDEL CASTRO.- Cuando terminemos nuestras declaraciones y la proclamación del Presidente provisional, los tanques le harán honor al Poder Civil de la república, pasando enfrente de nuestros balcones (GRITOS Y APLAUSOS).

Continúo leyendo la carta del día 31 al señor Coronel Jefe de la Plaza de Santiago de Cuba.

Personalmente puedo añadirle que el poder no me interesa, ni pienso ocuparlo, velaré solo porque no se frustre el sacrificio de tantos compatriotas, sea cual fuere mi destino posterior. Espero que estas honradas razones que con todo respeto a su dignidad de militares les expongo las comprendan. Tengan la seguridad de que no están tratando con un ambicioso ni con un insolente...

Siempre he actuado con lealtad y franqueza en todas mis cosas, nunca se podrá llamar triunfo a lo que se obtenga con doblez y engaño; el lenguaje del honor que ustedes entienden es el único que yo sé hablar.

Nunca se mencionó en la reunión con el general la palabra rendición; lo que ayer dije y reitero hoy es que a partir de las 3:00 de la tarde del día 31, fecha y hora acordadas, no podíamos prolongar la tregua con relación a Santiago de Cuba, porque eso sería perjudicar extraordinariamente a nuestra unión. ... (INTERRUPCION)... Nunca una conspiración... Anoche llegó aquí el rumor de que el general... había sido detenido en La Habana, que varios jóvenes habían aparecido asesinados en el cementerio de Santiago de Cuba. Tuve la sensación de que habíamos perdido el tiempo miserablemente; aunque afortunadamente hoy parece comprobarse que el general... se encuentra en su puesto, qué necesidad tenemos de correr esos riesgos.

Lo que dije al mensajero en cuanto a rendición, que no fue trasmitido literalmente y pareció motivar las palabras de su nota de hoy, fue lo siguiente: ‘que si se rompían las hostilidades por no cumplirse lo acordado, nos veríamos obligados a atacar la Plaza de Santiago de Cuba, lo que es inevitable, dado que en ese sentido hemos encaminado nuestros esfuerzos en los últimos meses, en cuyo caso, una vez iniciada la operación, exigiríamos la rendición de las fuerzas que la defienden'. Esto no quiere decir que pensemos que se rindan sin combatir, porque sé que, aun sin razón para combatir, los militares cubanos defienden las posiciones con tozudez y nos han costado muchas vidas. Quise decir solo que después que se haya derramado la sangre de nuestros hombres por la conquista de un objetivo, no podía aceptarse otra solución, ya que aunque nos cueste muy caro, dadas las condiciones actuales de las fuerzas que defienden al régimen, las cuales no podrán prestar apoyo a esa ciudad, esta caería inexorablemente en nuestras manos. Ese ha sido el objetivo básico de todas nuestras operaciones en los últimos meses, y un plan de esa envergadura no puede suspenderse por unas semanas sin graves consecuencias, caso de que el movimiento militar se frustre, perdiéndose, además, el momento oportuno, que es este, cuando la dictadura está sufriendo grandes reveses en las provincias de Oriente y Las Villas.

Se nos pone en el dilema de renunciar a las ventajas de nuestra victoria o atacar, un triunfo seguro a cambio de un triunfo probable. ¿Cree usted que con la nota de ayer, ambigua y lacónica, contentiva de una decisión unilateral, pueda yo incurrir en la responsabilidad de mantener en suspenso los planes? Como militar sí, reconozca que se nos pide un imposible. Ustedes no han dejado un minuto de hacer trincheras, esas trincheras las pueden utilizar contra nosotros un Pedraza, un Pilar García, o un Cañizares, si el general... es relevado del mando y con él sus hombres de confianza. No se nos puede pedir que permanezcamos ociosos; vea usted que se... (INTERRUPCION)... aunque defiendan con valor sus armas, no nos queda más remedio que atacar, porque nosotros también tenemos obligaciones muy sagradas que cumplir.

Más que aliados, deseo que los militares honorables y nosotros seamos compañeros de una sola causa, que es la de Cuba. Deseo, por encima de todo, que usted y sus compañeros no se hagan una idea errónea de mi actitud y de mis sentimientos, que... (INTERRUPCION)... que se confunda con... (INTERRUPCION)... Respecto a la tácita suspensión del fuego en la zona de Santiago de Cuba, para evitar toda duda, ratifico que aunque en cualquier instante antes de que se inicien los combates podemos reanudar las operaciones, a partir de hoy debe quedar advertido que el ataque se va a producir de un momento a otro, y que por ninguna razón volveremos a suspender los planes, ya que lo nuestro... (INTERRUPCION)... puede sembrar la confusión en el pueblo y perjudicar la moral de nuestros combatientes.

Atentamente,

Fidel Castro Ruz (GRITOS Y APLAUSOS).

El coronel Rego me respondió con una pundonorosa carta que es también digna de honor y que dice así:

Señor:

Recibí su atenta carta fechada en el día de hoy y créame que le agradezco profundamente la aclaración relativa a la nota anterior, aunque debo manifestarle que siempre supuse que se trataba de una mala interpretación, pues a través del tiempo he observado su línea de conducta y estoy convencido de que usted es un hombre de principios.

Yo desconocía los detalles del plan original, pues solamente fui informado de la parte a mí concerniente, como también desconozco algunos pequeños detalles del plan actual. Yo estimo que en parte usted tiene razón cuando hace el análisis del plan original; pero creo que demoraría unos días más en llegar a su consumación y nunca podría evitarse que muchos de los culpables, grandes, medianos y chicos se escaparan.

Soy de los que pienso que es absolutamente necesario dar un ejemplo en Cuba para aquellos que aprovechando las posiciones del poder cometen toda clase de hechos punibles, pero, desgraciadamente, la historia está plagada de casos semejantes y rara vez los culpables pueden ser puestos a disposición de las autoridades competentes, porque rara vez con las revoluciones se hace lo que tiene que hacerse... (INTERRUPCION)...

Comprendo perfectamente sus preocupaciones en el presente caso, aunque yo, menos responsabilizado por la historia, más bien la acepto.

En cuanto a la actuación unilateral de que me habla, le reitero que... en ambos casos solo fui informado de la parte que me concernía, estimando que lo ocurrido ha sido que el general... tornó la idea de lo que usted deseaba de acuerdo con sus normas y principios, actuando en consecuencia.

No tengo motivos para suponer que persona alguna esté tratando de propiciar la fuga del culpable y, personalmente, soy opuesto a tal cosa" —decía el coronel Rego Rubido (APLAUSOS) —pero caso de producirse, la responsabilidad histórica por tales hechos recaería sobre quien los hiciere posibles y nunca sobre los demás.

Creo, sinceramente, que todo habrá de producirse en armonía con sus ideas y que, en general, está... inspirado en los mejores deseos para bien de Cuba y de la Revolución que usted da comienzo.

Supe de un joven estudiante muerto que se encontraba en el cementerio y hoy mismo dispuse que se agotaran los medios investigativos, a fin de determinar quién fue el autor y las circunstancias en que ocurriera el hecho, tal como lo realicé en días pasados hasta poner a disposición de la autoridad judicial correspondiente a los presuntos responsables.

Finalmente debo informarle que le cursé un despacho al General interesando un avión para hacerle llegar su conceptuosa carta, y no se impaciente que a lo mejor antes de la fecha fijada como límite máximo está usted en La Habana.

Cuando el General se marchó, le pedí que me dejara el helicóptero con el piloto por si a usted se le ocurría pasear el domingo por la tarde sobre Santiago (APLAUSOS).

Bueno, Doctor, reciba usted el testimonio de mi mejor consideración y el ferviente deseo de un feliz año nuevo.

Firmado: Coronel Rego Rubido (APLAUSOS).

En este estado estaban las conversaciones cuando, tanto el coronel Rego, jefe de la Plaza de Santiago de Cuba, como yo, fuimos sorprendidos por el golpe de Estado de Columbia que se apartaba por completo de lo acordado. Y lo primero que se hizo, lo más criminal que se hizo, fue dejar escapar a Batista, a Tabernilla y a los grandes culpables (APLAUSOS). Los dejaron escapar con sus millones de pesos, los dejaron escapar con los 300 ó 400 millones de pesos que se han robado y ¡muy caro nos va a costar eso!, porque ahora van a estar desde Santo Domingo y desde otros países haciendo propaganda contra la Revolución, fraguando todo el daño posible contra nuestra causa, y durante muchos años los vamos a tener ahí amenazando a nuestro pueblo, manteniéndonos en constante estado de alerta, porque van a pagar y a fraguar conspiraciones contra nosotros (GRITOS).

¿Qué hicimos nosotros tan pronto supimos del golpe, que nos enteramos por Radio Progreso? Ya a esa hora, adivinando yo lo que se estaba fraguando, estaba haciendo unas declaraciones cuando me entero de que Batista se había ido para Santo Domingo. Y yo pensé: ¿Será un error, será una bola? Y mando a ratificar cuando escuché que, efectivamente, el señor Batista y su camarilla se habían escapado, y lo más bonito es que el general Cantillo decía que ese movimiento se había producido gracias a los patrióticos propósitos del general Batista, ¡los patrióticos propósitos del general Batista!, que renunciaba para ahorrar derramamiento de sangre, ¿qué les parece? (GRITOS.)

Hay algo más todavía. Para tener una idea de la clase de golpe que se preparó, basta decir que a Pedraza lo había nombrado miembro de la Junta y se fue (GRITOS). Yo creo que no hay que añadir nada más para ver la clase de intenciones que tenían los golpistas. Y no nombraron al presidente Urrutia, que es el presidente proclamado por el Movimiento y por todas las organizaciones revolucionarias (APLAUSOS). Llamaron a un señor que es nada menos que el más viejo de todos los magistrados del Tribunal Supremo, que son bastante viejos todos, y sobre todo un señor que ha sido Presidente, hasta hoy, de un Tribunal Supremo de Justicia, donde no había justicia de ninguna clase.

¿Cuál iba a ser el resultado de todo esto? Pues una revolución a media, una componenda, una caricatura de revolución. El señor Perico de los Palotes; lo mismo da que se llame de una manera o de otra este señor Piedra, que a estas horas si no ha renunciado que se prepare que lo vamos a ir a hacer renunciar a La Habana (APLAUSOS). Creo que no dura las 24 horas. Va a romper un récord (GRITOS Y APLAUSOS).

Designan a este señor, y muy bonito: Cantillo, héroe nacional, paladín de las libertades cubanas, amo y señor de Cuba, y el señor Piedra allí. Sencillamente habíamos derrocado a un dictador para implantar otro. En todos los órdenes, el movimiento de Columbia era un movimiento contrarrevolucionario; en todos los órdenes se apartaba del propósito del pueblo; en todos los órdenes era sospechoso, e inmediatamente el señor Piedra dijo que iba a hacer un llamamiento para llamar a los rebeldes y una comisión de paz, y nosotros tan tranquilos dejábamos los fusiles y lo dejábamos todo y nos íbamos allá a rendirles pleitesía al señor Piedra y al señor Cantillo.

Era evidente que tanto Cantillo como Piedra estaban en la luna. Estaban en la luna, porque creo que el pueblo de Cuba ha aprendido mucho y los rebeldes hemos aprendido algo.

Esa era la situación esta mañana, que no es la situación esta noche porque ha cambiado mucho (APLAUSOS). Frente a este hecho, ante esta traición, dimos órdenes a todos los comandantes rebeldes de continuar las operaciones militares y de continuar marchando sobre los objetivos; en consecuencia, inmediatamente dimos órdenes a todas las columnas destinadas a la operación de Santiago de Cuba a avanzar sobre la ciudad.

Yo quiero que ustedes sepan que nuestras fuerzas venían muy seriamente decididas a tomar a Santiago de Cuba por asalto. Ello hubiera sido muy lamentable, porque hubiese costado mucha sangre y esta noche de hoy no sería una noche de alegría como esta, ni de paz como esta, ni de confraternidad como esta (APLAUSOS).

Debo confesar que si en Santiago de Cuba no se libró una batalla sangrienta se debe, en gran parte, a la patriótica actitud del coronel del ejército José Rego Rubido (APLAUSOS); a los comandantes de las fragatas "Máximo Gómez" y "Maceo", al jefe del distrito naval de Santiago de Cuba (APLAUSOS) y al oficial que desempeñaba el cargo de la jefatura de policía (APLAUSOS). Todos —y es justo que aquí lo reconozcamos y se lo agradezcamos— contribuyeron a evitar una sangrienta batalla y a convertir el movimiento contrarrevolucionario de esta mañana en el movimiento revolucionario de esta tarde.

A nosotros no nos quedaba otra alternativa que atacar porque no podíamos permitir la consolidación del golpe de Columbia y, por lo tanto, había que atacar sin esperar. Y cuando las tropas saltaban ya sobre sus objetivos, el coronel Rego hizo un viaje en el helicóptero para localizarme; los jefes de las fragatas hicieron contactos con nosotros y se pusieron, incondicionalmente, a las órdenes de la Revolución (APLAUSOS).

Contándose ya con el apoyo de las dos fragatas, que tienen un altísimo poder de fuego, con el apoyo del distrito naval y con el apoyo de la policía, convoqué entonces a una reunión de todos los oficiales del ejército de la Plaza de Santiago de Cuba, que son más de 100. Les dije a esos militares, cuando los invité a reunirse conmigo, que yo no tenía la menor preocupación en hablarles, porque sabía que tenía la razón; porque sabía que comprenderían mis argumentos y que de esta reunión se llegaría a un acuerdo. Y, efectivamente, en horas de la noche, en los primeros momentos de la noche, nos reunimos en El Escandel, la casi totalidad de los oficiales del ejército de Santiago de Cuba, muchos de ellos hombres jóvenes que se les ve ansiosos de luchar por el bien de su país.

Reuní a aquellos militares y les hablé de nuestro sentimiento revolucionario; les hablé de nuestro propósito con nuestra patria; les hablé de lo que queríamos para el país, de cuál había sido siempre nuestra conducta con los militares, de todo el daño que le había hecho la tiranía al ejército y cómo no era justo que se considerase por igual a todos los militares, que los criminales solo eran una minoría insignificante, y que había muchos militares honorables en el ejército, que yo sé que aborrecían el crimen, el abuso y la injusticia.

No era fácil para los militares desarrollar un tipo determinado de acción; era lógico, en cuanto los cargos más elevados del ejército estaban en manos de los Tabernilla, de los Pilar García, de los parientes y de los incondicionales de Batista, y existía un gran terror en el ejército. A un oficial aisladamente no se le podía pedir responsabilidad.

Había dos clases de militares —y nosotros los conocemos bien—: los militares como Sosa Blanco, Cañizares, Sánchez Mosquera, Chaviano (GRITOS), que se caracterizaron por el crimen y el asesinato a mansalva de infelices campesinos. Pero hubo militares que fueron muy honrados en su campaña; hubo militares que jamás asesinaron a nadie, ni quemaron una casa, como fue el comandante Quevedo, que fue nuestro prisionero, después de una heroica resistencia en la batalla de El Jigüe, y que hoy sigue siendo comandante del ejército (APLAUSOS); el comandante Sierra, y otros muchos militares que jamás quemaron una casa. A esos militares no los ascendían, a los que ascendían eran a los criminales, porque Batista siempre se encargó de premiar el crimen. Tenemos el caso, por ejemplo, del coronel Rego Rubido, que no le debe sus grados a la dictadura, sino que ya era coronel cuando se produjo el 10 de marzo (APLAUSOS).

El hecho cierto es que reclamé el apoyo de la oficialidad del ejército de Santiago de Cuba, y la oficialidad del ejército de Santiago de Cuba le brindó su apoyo incondicional a la Revolución Cubana (APLAUSOS). Reunidos los oficiales de la marina, de la policía y del ejército, se acordó desaprobar el golpe amañado de Columbia y apoyar al Gobierno legal de la república, porque cuenta con la mayoría de nuestro pueblo, que es el doctor Manuel Urrutia Lleó. Gracias a esa actitud se ahorró mucha sangre; gracias a esa actitud se ha gestado de verdad, en la tarde de hoy, un verdadero movimiento militar revolucionario.

Yo comprendo que en el pueblo hay muchas pasiones justificadas, yo comprendo las ansias de justicia que hay en nuestro pueblo y tendremos que hacer justicia (APLAUSOS). Pero yo le quiero pedir a nuestro pueblo aquí... estamos en instantes en que debemos consolidar el poder antes que nada, ¡lo primero ahora es consolidar el poder! Después reuniremos una comisión de militares honorables y de oficiales del Ejército Rebelde, para tomar todas las medidas que sean aconsejables, para exigir responsabilidad a aquellos que la tengan (APLAUSOS). ¡Y nadie se opondrá!, porque al ejército y a las fuerzas armadas son a los que más les interesan que la culpa de unos cuantos no la pague todo el cuerpo, y que no sea una vergüenza vestir el uniforme militar; que los culpables sean castigados para que los inocentes no tengan que cargar con el descrédito (APLAUSOS).

¡Tengan confianza en nosotros!, es lo que le pedimos al pueblo, porque sabremos cumplir con nuestro deber (APLAUSOS).

En esas circunstancias se realizó en la tarde de hoy un verdadero movimiento revolucionario del pueblo, de los militares y de los rebeldes, en la ciudad de Santiago de Cuba. Es indescriptible el entusiasmo de los militares, y en prueba de confianza les pedí a los oficiales que entraran conmigo en Santiago de Cuba, ¡y aquí están todos los oficiales del ejército! ¡Ahí están los tanques a disposición de la Revolución! ¡Ahí está la artillería a disposición de la Revolución! ¡Ahí están las fragatas a disposición de la Revolución! (GRITOS Y APLAUSOS.)

Yo no voy a decir que la Revolución tiene pueblo, eso ni se dice, eso lo sabe todo el mundo. Yo decía que el pueblo, que antes tenía escopeticas, ya tiene artillería, tanques y fragatas, y tiene muchos técnicos capacitados del ejército que nos van a ayudar a manejarlas (APLAUSOS). ¡Ahora sí que el pueblo está armado! Yo les aseguro que si cuando éramos 12 hombres solamente no perdimos la fe, ahora que tenemos ahí 12 tanques cómo vamos a perder la fe.

Quiero aclarar que en el día de hoy, esta noche —esta madrugada, porque es casi de día—, tomará posesión de la presidencia de la república el ilustre magistrado, doctor Manuel Urrutia Lleó (APLAUSOS). ¿Cuenta o no cuenta con el apoyo del pueblo el doctor Urrutia? (APLAUSOS y GRITOS.) Pero quiere decir que el Presidente de la república, el Presidente legal es el que cuenta con el pueblo, que es el doctor Manuel Urrutia Lleó.

¿Quién quiere al señor Piedra para Presidente? (ABUCHEOS.) Si nadie quiere al señor Piedra para Presidente, ¿cómo se nos va a imponer al señor Piedra? (ABUCHEOS.)

Si esa es la orden del pueblo de Santiago de Cuba, que es el sentimiento del pueblo de Cuba entera, tan pronto concluya este acto marcharé con las tropas veteranas de la Sierra Maestra, los tanques y la artillería hacia la capital, para que se cumpla la voluntad del pueblo (APLAUSOS).

Aquí estamos, sencillamente, a las órdenes del pueblo. Lo legal en este momento es el mandato del pueblo; al Presidente lo elige el pueblo y no lo elige un conciliábulo en Columbia a las 4:00 de la madrugada (APLAUSOS). El pueblo ha elegido a su presidente y eso quiere decir que desde este instante quedó constituida la máxima autoridad legal de la república (APLAUSOS). Ninguno de los cargos, ni de los grados que se han conferido de acuerdo con la Junta Militar de la madrugada de hoy tienen validez alguna; todos los nombramientos de cargos dentro del ejército son nulos —me refiero a todos los nombramientos que se hicieron esta mañana—; quien acepte un cargo designado por la Junta traicionera de esta mañana, estará asumiendo una actitud contrarrevolucionaria, llámese como se llame y, en consecuencia, quedará fuera de la ley.

Tengo la completa seguridad de que mañana todos los mandos militares de la república habrán aceptado las disposiciones del Presidente de la república (APLAUSOS).

El Presidente procederá de inmediato a designar a los jefes del ejército, de la marina y de la policía. Por los altos servicios que ha prestado en esta hora a la Revolución y por haber puesto sus miles de hombres a la disposición de la Revolución, le recomendamos como jefe del ejército al coronel Rego Rubido, que es un hombre... (APLAUSOS) Igualmente se designará como jefe de la marina a uno de los dos comandantes de la fragata que primero se sumaron a la Revolución (APLAUSOS), y le he recomendado al Presidente de la república que designe para jefe nacional de la policía al comandante Efigenio Ameijeiras, que ha perdido dos hermanos, que es uno de los expedicionarios del "Granma" y uno de los hombres más capacitados del ejército revolucionario (APLAUSOS). Ameijeiras está en operaciones en Guantánamo, pero pronto llega aquí (APLAUSOS).

Yo solo pido tiempo para nosotros y para el Poder Civil de la república, a fin de ir realizando las cosas a gusto del pueblo, pero poco a poco (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO). Solo le pido una cosa al pueblo, y es que tenga calma (DEL PUBLICO LE DICEN: “¡Oriente federal, Oriente capital!"). ¡No!, ¡no!, la república unida siempre por encima de todas las cosas. Lo que hay que pedir es justicia para Oriente (APLAUSOS). En todo, el tiempo es un factor importante. La Revolución no se podrá... tengan la seguridad de que la Revolución la hacemos; tengan la seguridad de que por primera vez de verdad la república será enteramente libre, y el pueblo tendrá... (APLAUSOS).

El poder no ha sido fruto de la política, ha sido fruto del sacrificio de cientos y de miles de nuestros compañeros. No hay otro compromiso que con el pueblo y que, con la nación cubana. Llega al poder un hombre sin compromiso con nadie, sino con el pueblo exclusivamente (APLAUSOS).

El Che Guevara recibió la orden de avanzar sobre la capital no provisional de la república, y el Comandante Camilo Cienfuegos, jefe de la columna 2 "Antonio Maceo", ha recibido la orden de marchar sobre la gran Habana y asumir el mando del campamento militar de Columbia. Se cumplirán, sencillamente, las órdenes del Presidente de la república y el mandato de la Revolución (APLAUSOS).

De los excesos que se hayan cometido en La Habana no se nos culpe a nosotros, nosotros no estábamos en La Habana; de los desórdenes ocurridos en La Habana, cúlpese al general Cantillo y a los golpistas de la madrugada, que creyeron que iban a dominar la situación allí (APLAUSOS). En Santiago de Cuba, donde se ha hecho una verdadera Revolución, ha habido orden completo; en Santiago de Cuba se han unido el pueblo, los militares y los revolucionarios, y eso es indestructible. La jefatura del Gobierno, la jefatura del Ejército y la jefatura de la Marina, estarán en Santiago de Cuba; sus órdenes serán de obligatorio cumplimiento a todos los mandos de la república. Esperamos que todos los militares honorables acaten estas disposiciones porque el militar, antes que nada, está al servicio de la ley y de la autoridad, no de la autoridad constituida, porque muchas veces está una autoridad mal constituida, la autoridad legítimamente constituida.

Ningún militar honorable tiene nada que temer de la Revolución. Aquí en esta lucha no hay vencidos, porque solo el pueblo ha sido el vencedor (APLAUSOS). Hay algunos caídos de un lado y de otro, pero todos nos hemos unido para darle la victoria a la nación. Nos hemos dado el abrazo fraternal, los militares buenos y los revolucionarios (APLAUSOS). No habrá ya más sangre, espero que ningún núcleo haga resistencia; porque aparte de ser una resistencia inútil y una resistencia que sería aplastada en pocos instantes, sería una resistencia contra la ley y contra la república, y contra el sentimiento de la nación cubana (APLAUSOS).

Ha habido que organizar este movimiento de hoy para que no ocurra otra guerra dentro de seis meses. ¿Qué pasó cuando el machadato? Pues que también un general de Machado dio un golpe y quitó a Machado, y puso a un presidente que duró 15 días; vinieron los sargentos y dijeron que aquellos oficiales eran responsables de la dictadura de Machado y que ellos no los respetaban, creció la efervescencia revolucionaria y expulsaron a los oficiales. Ahora no podrá ocurrir así, ahora estos oficiales tienen el respaldo del pueblo, y tienen el respaldo de la tropa, y tienen el prestigio que les da el haberse sumado a un verdadero movimiento revolucionario (APLAUSOS).

Estos militares serán respetados y considerados por el pueblo, y no habrá que emplear la fuerza, ni habrá que andar con fusiles por la calle, metiéndole miedo a nadie; porque el verdadero orden es el que se basa en la libertad, en el respeto y en la justicia, y no en la fuerza. Desde ahora en adelante el pueblo será enteramente libre y el pueblo sabe comportarse debidamente, como lo ha demostrado hoy (APLAUSOS).

La paz que nuestra patria necesita se ha logrado; Santiago de Cuba ha pasado a la libertad, sin que hubiera que derramar sangre. Por eso hay tanta alegría, y por eso es que los militares que en el día de hoy desoyeron y desaprobaron el golpe de Columbia para sumarse incondicionalmente a la Revolución, merecen nuestro reconocimiento, nuestra gratitud y nuestro respeto (APLAUSOS). .

Los institutos armados de la república serán en el futuro modelos de instituciones, por su capacidad, por su educación y por su identificación con la causa del pueblo. Porque los fusiles, de ahora en adelante, solo estarán siempre al servicio del pueblo. No habrá más golpes de Estado, no habrá más guerra, porque por eso nos hemos preocupado de que no ocurra ahora como cuando Machado. Esos señores, que desean más parecido el caso de la madrugada de hoy con el caso de la caída de Machado, aquella vez pusieron a un Carlos Manuel y ahora pusieron a otro Carlos Manuel (ABUCHEOS).

Lo que no habrá esta vez es un Batista, porque no habrá necesidad de 4 de septiembre, que destruyó la disciplina en las fuerzas armadas, porque lo que ocurrió con Batista fue que instauró aquí la indisciplina en el ejército, porque su política consistía en halagar a los partidos para disminuir la autoridad de los oficiales. Los oficiales tendrán autoridad, habrá disciplina en el ejército, habrá un código penal militar, donde los delitos contra los derechos humanos y contra la honradez y la moral que debe tener todo militar, serán castigados debidamente (APLAUSOS). No habrá privilegios para nadie; el militar que tenga capacidad y tenga méritos será el que ascienda, y no el pariente, el amigo, como ha existido hasta hoy, que no se han respetado los escalafones.

Para los militares se acabará, como se acabará para los trabajadores, toda esa explotación de contribuciones obligatorias, que en los obreros es la cuota sindical (APLAUSOS) y en los militares es el peso para la Primera Dama, y los dos pesos para esto y los dos pesos para lo otro, y les acaban con el sueldo.

Naturalmente que el pueblo todo lo debe esperar de nosotros, y lo va a recibir. Pero he hablado de los militares para que ellos sepan que también todo lo van a recibir de la Revolución, todas las mejoras que jamás han tenido, porque cuando no se robe el dinero de los presupuestos estarán mucho mejor los militares de lo que están hoy. El soldado no ejercerá funciones de policía, el soldado estará en su entrenamiento, en su cuartel, no tendrá que estar ejerciendo funciones de policía (APLAUSOS).

(DEL PUBLICO LE DICEN ALGO) De microonda nada, aunque quiero aclarar que en este momento los rebeldes andamos con microondas, porque las necesitamos, pero las microondas ahora no llevan detrás a los esbirros, ni nada de eso, nada de asesinos, ni nada de frenazos, delante de las casas y la tocadera a medianoche (GRITOS Y APLAUSOS).

Tengo la seguridad de que tan pronto tome posesión y asuma el mando el Presidente de la república decretará el restablecimiento de las garantías, y la absoluta libertad de prensa y todos los derechos individuales en el país (APLAUSOS), todos los derechos sindicales, y todos los derechos y todas las demandas de nuestros campesinos y de nuestro pueblo. No nos olvidaremos de nuestros campesinos de la Sierra Maestra y de Santiago de Cuba (GRITOS Y APLAUSOS); no nos iremos a vivir a La Habana, olvidado de todos, donde yo quiero vivir es en la Sierra Maestra. Por lo menos, en la parte que me corresponda, por un sentimiento muy profundo, de gratitud, no olvidaré a aquellos campesinos, y tan pronto tenga un momento libre voy a ver adónde vamos a hacer la primera ciudad escolar, con cabida para 20 000 niños (APLAUSOS). Y la vamos a hacer con la ayuda del pueblo; los rebeldes van a trabajar allí y vamos a pedir a cada ciudadano un saco de cemento y una cabilla, y yo sé que obtendremos la ayuda de nuestra ciudadanía.

No olvidaremos a ninguno de los sectores de nuestro pueblo (DEL PUBLICO LE DICEN: ¡Viva Crescencio Pérez!) ¡Que viva Crescencio Pérez que perdió aun hijo en los días postreros de la guerra!

La economía del país se restablecerá inmediatamente. Este año nosotros seremos los que cuidemos la caña, para que no se queme, porque este año los impuestos del azúcar no servirán para comprar armas homicidas, y bombas y aviones para bombardear al pueblo (APLAUSOS).

Cuidaremos las comunicaciones y ya, desde Jiguaní hasta Palma Soriano, la línea telefónica está restablecida y la vía férrea será restablecida. Habrá zafra en todo el país y habrá buenos salarios, porque yo sé que ese es el propósito del Presidente de la república. Y habrá buenos precios porque, precisamente, el miedo a que no hubiera zafra ha levantado los precios del mercado mundial; y los campesinos podrán sacar su café, y los ganaderos podrán vender sus reses gordas en La Habana, porque afortunadamente el triunfo ha llegado a tiempo, para que no haya ruinas de ninguna clase.

No es a mí a quien le corresponda hablar de estas cosas. Ustedes saben que somos hombres de palabra y que lo que prometemos lo cumplimos, y queremos prometer menos de lo que vamos a cumplir, no más, sino menos de lo que vamos a cumplir y hacer más de lo que ofrezcamos al pueblo de Cuba (APLAUSOS).

No creemos que todos los problemas se vayan a resolver fácilmente, sabemos que el camino está trillado de obstáculos, pero nosotros somos hombres de fe, que nos enfrentamos siempre a las grandes dificultades (APLAUSOS). Podrá estar seguro el pueblo de una cosa, que es que podemos equivocarnos una y muchas veces, lo único que no podrá decir jamás de nosotros es que robamos, que traicionamos, que hicimos negocios sucios... Y yo sé que el pueblo los errores los perdona y lo que no perdona son las sinvergüencerías, y los que hemos tenido son sinvergüenzas.

Al asumir como presidente el magistrado, doctor Manuel Urrutia Lleó, a partir de ese instante, cuando jure ante el pueblo la presidencia de la república, él será la máxima autoridad de nuestro país (APLAUSOS). Nadie piense que yo pretenda ejercer facultades aquí por encima de la autoridad del Presidente de la república, yo seré el primer acatador de las órdenes del Poder Civil de la república y el primero en dar el ejemplo (APLAUSOS); cumpliremos sencillamente sus órdenes, y, dentro de las atribuciones que nos conceda, trataremos de hacer lo más posible por nuestro pueblo, sin ambiciones, porque afortunadamente estamos inmunes a las ambiciones y a la vanidad. ¡Qué mayor gloria que el cariño de nuestro pueblo! ¡Qué mayor premio que esos millares de brazos que se agitan llenos de esperanzas, de fe y de cariño hacia nosotros! (APLAUSOS.)

Nunca nos dejaremos arrastrar por la vanidad ni por la ambición, porque como dijo nuestro Apóstol: “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz", y no hay satisfacción ni premio más grande que cumplir con el deber, como lo hemos estado haciendo hasta hoy y como lo haremos siempre. Y en esto no hablo en mi nombre, hablo en nombre de los miles y miles de combatientes que han hecho posible la victoria del pueblo (APLAUSOS); hablo del profundo sentimiento de respeto y de devoción hacia nuestros muertos, que no serán olvidados. Los caídos tendrán en nosotros los más fieles compañeros. Esta vez no se podrá decir como otras veces que se ha traicionado la memoria de los muertos, porque los muertos seguirán mandando. Físicamente no están aquí Frank País, Josué País, ni tantos otros, pero están moralmente, están espiritualmente, y solo la satisfacción de saber que el sacrificio no ha sido en vano, compensa el inmenso vacío que dejaron en el camino (APLAUSOS). ¡Sus tumbas seguirán teniendo flores frescas! ¡Sus hijos no serán olvidados, porque los familiares de los caídos serán ayudados! (APLAUSOS) Los rebeldes no cobraremos sueldo por los años que hemos estado luchando y nos sentimos orgullosos de no cobrar sueldos por los servicios que les hemos prestado a la Revolución, en cambio, es posible que sigamos cumpliendo nuestras obligaciones sin cobrar sueldos, porque si no hay dinero, no importa, lo que hay es voluntad, y hacemos lo que sea necesario (APLAUSOS).

Pero también quiero aquí repetir lo que dije en "La Historia me Absolverá", que es que velaremos porque no les falten el sustento, ni la asistencia, ni la educación a los hijos de los militares que han caído luchando contra nosotros, porque ellos no tienen culpa de los horrores de la guerra (APLAUSOS). Y seremos generosos con todos, porque, repito, aquí no ha habido vencidos sino vencedores. Serán castigados solo los criminales de guerra, porque ese es un deber ineludible con la justicia, y ese deber puede tener la seguridad el pueblo de que lo cumpliremos (APLAUSOS). Y cuando haya justicia, no habrá venganza. Para que el día de mañana no haya atentados contra nadie, tiene que haber justicia hoy; como habrá justicia no habrá venganza ni habrá odio. El odio lo desterraremos de la república, como una sombra maldita que nos dejó la ambición y la...

Triste es que se hayan escapado los grandes culpables, no faltan miles de hombres que quieran perseguirlos, pero nosotros tenemos que respetar las leyes de otros países. A nosotros nos sería fácil, porque voluntarios que estén dispuestos a jugarse la vida, tenemos de sobra para ir a perseguir a esos delincuentes; pero no queremos aparecer como un pueblo que viole las leyes de los demás pueblos. Las respetaremos mientras se respeten las nuestras, pero sí es cierto que si en Santo Domingo se ponen a conspirar contra nosotros... (INTERRUPCION)

Yo había pensado, en alguna ocasión, que Trujillo nos había hecho daño vendiéndole armas a Batista, y el daño que hizo no fue porque vendiera armas, sino porque vendiera armas tan malas que a nosotros nos cayeron en nuestras manos y no servían para nada (RISAS). Sin embargo, vendió bombas, y con las bombas fueron asesinados muchos campesinos. No dan ni deseos de devolverle las carabinas porque no sirven, sino de devolverle algo mejor...

Sí, es lógico, en primer término, que los perseguidos políticos de Santo Domingo tendrán aquí su mejor casa y su mejor asilo, y los perseguidos políticos de toda la dictadura tendrán aquí su mejor casa y la mayor comprensión, porque nosotros hemos sido perseguidos políticos.

Si Santo Domingo se convierte en arsenal de la contrarrevolución, si Santo Domingo se convierte en base de conspiraciones contra la Revolución Cubana, si estos señores se dedican desde allá a hacer conspiraciones, más vale que se vayan pronto de Santo Domingo, porque allí no van a estar tampoco muy seguros (APLAUSOS). Y no seremos nosotros, porque nosotros no tenemos que meternos en los problemas de Santo Domingo, es que los dominicanos han aprendido el ejemplo de Cuba y las cosas se van a poner por allí muy serias. Los dominicanos han aprendido que es posible pelear contra la tiranía y derrotarla, y este ejemplo es lo que más temían, precisamente, los dictadores; ejemplo alentador para América que acaba de producirse en nuestra patria (APLAUSOS).

Vela por el curso y el destino de esta Revolución la América entera; toda ella tiene sus ojos puestos en nosotros, toda ella nos acompaña con sus mejores deseos de triunfo, toda ella nos respaldará en nuestros momentos difíciles. Esta alegría de hoy no solo es en Cuba, sino en América entera. Como nosotros nos hemos alegrado cuando ha caído un dictador en América Latina, ellos también se alegran hoy por los cubanos.

Debo concluir aunque sea enorme el cúmulo de sentimientos y de ideas que con el desorden, el bullicio y la emoción de hoy acuden a nuestra mente. Decía —y quedó sin concluir aquella idea— que habría justicia y que era lamentable que hubiesen escapado los grandes culpables, por culpa de quienes ya sabemos, porque el pueblo sabe quién tiene la culpa de que se hayan escapado, y que vinieran a dejar aquí, no voy a decir a los más infelices pero sí a los más torpes, a los que no tenían dinero, a los hombres de fila que obedecieron las órdenes de los grandes culpables; dejaron escapar a los grandes culpables para que el pueblo saciase su ira y su indignación con los que tienen menos responsabilidad. Está bien que se les castigue esta vez para que aprendan (APLAUSOS).

Siempre pasa lo mismo, el pueblo les advierte que los grandes se van y ellos se quedan, sin embargo, siempre pasa lo mismo, los grandes se van y ellos se quedan, pues que se castiguen también (APLAUSOS). Los grandes se van, tendrán también su castigo; duro, muy duro es tener que vivir alejado de la patria por toda la vida, porque cuando menos serán condenados al ostracismo por toda la vida los criminales y los ladrones que han huido precipitadamente.

¡Quién viera por un agujero —como dice el pueblo— al señor Batista en estos momentos! ¡Al guapo, al hombre soberbio que no pronunciaba un solo discurso si no era para llamar cobardes, miserables y bandidos a todos los demás! Aquí ni siquiera se ha llamado bandido a nadie, aquí no reina ni se respira el odio, la soberbia ni el desprecio, como en aquellos discursos de la dictadura. Aquel hombre que dice que cuando entró en Columbia llevaba una bala en la pistola, se marchó en horas de la madrugada en un avión con una bala en la pistola. Quedó demostrado que los dictadores no son tan temibles ni tan suicidas, y que cuando llega la hora en que están perdidos, huyen cobardemente. Lo lamentable realmente es que haya escapado cuando pudiera haber sido hecho prisionero, y si hacemos prisionero a Batista le hubiéramos quitado los 200 millones de pesos que se robó. ¡Reclamaremos el dinero téngalo donde lo tenga, porque no son delincuentes políticos, sino delincuentes comunes! Y vamos a ver los que aparezcan en las embajadas, si es que el señor Cantillo no les ha dado ya salvoconducto. Vamos a distinguir entre los delincuentes políticos y los delincuentes comunes; asilo para los delincuentes políticos, nada para los delincuentes comunes. Tienen que ir ante los tribunales y demostrar que son delincuentes políticos, y si se demuestra que son delincuentes comunes, que los entreguen a las autoridades.

Y Mujal, a pesar de lo grande y lo gordo que es, no se sabe dónde está en estos momentos (GRITOS). ¡Cómo han huido! (DEL PUBLICO LE DICEN ALGO)

¡Yo no me explico cómo ustedes se acuerdan todavía de esos infelices! Por fin el pueblo se libró de toda esa canalla.

Ahora hablará el que quiera, bien o mal, pero hablará el que quiera. No es como ocurría aquí, que hablaban ellos solos y hablaban mal, habrá libertad... porque para eso... Libertad para que nos critiquen y nos ataquen; siempre será un placer hablar cuando nos combaten con la libertad que hemos ayudado a conquistar para todos (APLAUSOS). Nunca los ofenderemos, siempre nos defenderemos y seguiremos solo una norma, la norma del respeto al derecho y a los pensamientos de los demás.

Esos nombres que se han mencionado aquí, esa gente no saben en qué embajada, en qué playa, en qué barco, adónde han ido a parar... (ININTELIGIBLE)... que nos hemos librado de ellos, y que si tienen alguna casita, alguna finquita, o alguna vaquita por ahí, la tendremos sencillamente, que confiscar.

Porque debo advertir que los funcionarios de la tiranía, los representantes, los senadores, los que no han robado particularmente, pero que han cobrado los sueldos, tendrán que devolver hasta el último centavo de lo que han cobrado en estos cuatro años, porque han cobrado ilegalmente y tendrán que devolverle a la república el dinero que han cobrado todos esos senadores, esos representantes, y si no lo devuelven, les confiscaremos las propiedades que tengan (GRITOS). Eso, aparte de lo que se hayan robado, porque el que haya robado, a ese no le quedará nada producto del robo, porque esa es la primera ley de la Revolución. No es justo que se mande a prisión a un hombre que se robó una gallina, o un guanajo y que los que se roban millones de pesos estén encantados de la vida por ahí (APLAUSOS).

¡Y que anden con cuidado! y que anden con cuidado los ladrones de hoy y de ayer, que anden con cuidado porque la ley revolucionaria puede caer sobre los hombros de todos los culpables de todos los tiempos, porque la Revolución llega al triunfo sin compromisos con nadie en absoluto, sino con el pueblo, que es al único al que debe su victoria (APLAUSOS).

Voy a terminar (GRITOS DE: “¡No!"), voy a terminar por hoy. Recuerden que tengo que marchar inmediatamente, es mi obligación, y ustedes llevan muchas horas parados (GRITOS).

Veo tantas banderas rojas y negras en los vestidos de nuestras compañeras, que realmente se nos hace duro abandonar esta tribuna, donde hemos experimentado, todos los que estamos aquí presentes, la más grande emoción de nuestras vidas (GRITOS Y APLAUSOS).

No podemos menos que recordar a Santiago de Cuba con entrañable cariño. Las veces que nos reunimos aquí, un mitin allá en la Alameda; un mitin acá en una avenida, Trocha, donde dije un día que si nos arrebataban los derechos por la fuerza, cambiaríamos... por los fusiles (APLAUSOS). Y culparon a Luis Orlando de aquellas declaraciones, yo me callé la boca, en el periódico salió que era Luis Orlando el que las había hecho. Era yo el que las había hecho, pero no estaba muy seguro de si estaban bien hechas, porque en aquella época no había... (RISAS). y resultó que tuvimos que cambiarlo todo, los estudiantes, sus libros y sus lápices, por los fusiles; los campesinos, sus aperos de labranza por el fusil y todos tuvimos que cambiarlo, todo por el fusil. Temporalmente la tarea de los fusiles ha cesado. Los fusiles se guardarán donde estén al alcance de los hombres que tendrán el deber de defender nuestra soberanía y nuestros derechos.

Pero cuando nuestro pueblo se vea amenazado, no pelearán solo los 30 000 ó 40 000 miembros de las Fuerzas Armadas, sino pelearán los 300 000 ó 400 000, ó 500 000 cubanos, hombres y mujeres que aquí pueden pelear (GRITOS Y APLAUSOS). Habrá las armas necesarias para que aquí se arme todo el que quiera combatir cuando llegue la hora de defender nuestra soberanía (APLAUSOS). Porque está demostrado que no solo pelean los hombres, sino pelean las mujeres también en Cuba (APLAUSOS), y la mejor prueba es el pelotón "Mariana Grajales", que tanto se distinguió en numerosos combates (APLAUSOS). Y las mujeres son tan excelentes soldados como nuestros mejores soldados hombres.

Yo quería demostrar que las mujeres podían ser buenos soldados. Al principio la idea me costó mucho trabajo porque existían muchos prejuicios y había hombres que decían que cómo mientras hubiera un hombre con una escopeta se le iba a dar un fusil a una mujer. ¿Y por qué no?

Yo quería demostrar que las mujeres podían ser tan buenos soldados, y que existían muchos prejuicios... con relación a la mujer, y que la mujer es un sector de nuestro país que necesita también ser redimido, porque es víctima de la discriminación en el trabajo y en otros muchos aspectos de la vida.

Organizamos las unidades de mujeres, que demostraron que las mujeres pueden pelear, y cuando en un pueblo pelean los hombres y pueden pelear las mujeres, ese pueblo es invencible.

Mantendremos organizadas las milicias o la reserva de combatientes femeninas y las mantendremos entrenadas, todos los voluntarios (APLAUSOS). Y estas jóvenes que hoy veo con los vestidos negro y rojo, del 26 de julio, yo aspiro a que aprendan también a manejar las armas (GRITOS Y APLAUSOS).

Y esta Revolución, compatriotas, que se ha hecho con tanto sacrificio, ¡nuestra Revolución, la Revolución del pueblo, es ya hermosa e indestructible realidad! ¡Cuánto motivo de fundado orgullo, cuánto motivo de sincera alegría y esperanzas para todo nuestro pueblo! Yo sé que no es aquí solo, en Santiago de Cuba; es desde la punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio.

Ardo en esperanzas de ver al pueblo a lo largo de nuestro recorrido hasta la capital, porque sé que es la misma esperanza, la misma fe de un pueblo entero que se ha levantado, que soportó paciente todos los sacrificios, que no le importó el hambre; que cuando dimos permiso tres días para que se restablecieran las comunicaciones, para que no pasara hambre, todo el mundo protestó (APLAUSOS), porque lo que querían era lograr la victoria costara lo que costara. Y este pueblo bien merece todo un destino mejor, bien merece alcanzar la felicidad que no ha logrado en sus 50 años de república; bien merece convertirse en uno de los primeros pueblos del mundo, por su inteligencia, por su valor, por su espíritu (APLAUSOS).

Nadie puede pensar que hablo demagógicamente, nadie puede pensar que quiero engañar al pueblo; he demostrado suficientemente mi fe en el pueblo, porque cuando vine con 82 hombres a las playas de Cuba y la gente decía que nosotros estábamos locos y nos preguntaban que por qué pensábamos ganar la guerra, yo dije: “porque tenemos al pueblo" (APLAUSOS). Y cuando fuimos derrotados la primera vez, y quedamos un puñado de hombres y persistimos en la lucha, sabíamos que esta sería una realidad, porque creíamos en el pueblo; cuando nos dispersaron cinco veces en el término de 45 días, y nos volvimos a reunir y reanudar la lucha, era porque teníamos fe en el pueblo, y hoy es la más palpable demostración de que aquella fe era fundamentada (APLAUSOS).

Tengo la satisfacción de haber creído profundamente en el pueblo de Cuba y de haberles inculcado esa fe a mis compañeros; esa fe que más que una fe es una seguridad completa en nuestros hombres. Y esa misma fe que nosotros tenemos en ustedes, es la fe que nosotros queremos que ustedes tengan en nosotros siempre (APLAUSOS).

La república no fue libre en 1895 y el sueño de los mambises se frustró a última hora; la Revolución no se realizó en 1933 y fue frustrada por los enemigos de ella. Esta vez la Revolución tiene al pueblo entero, tiene a todos los revolucionarios, tiene a los militantes honorables. ¡Es tan grande y tan incontenible su fuerza, que esta vez el triunfo está asegurado!

Podemos decir con júbilo que en los cuatro siglos de fundada nuestra nación, por primera vez seremos enteramente libres y la obra de los mambises se cumplirá (APLAUSOS).

Hace breves días, el 24 de febrero, me fue imposible resistir la tentación de ir a visitar a mi madre, la que no veía desde hacía varios años. Cuando regresaba por el camino que cruza a través de los Mangos de Baraguá, en horas de la noche, un sentimiento de profunda devoción nos hizo detener allí, a los que viajábamos en el vehículo, en aquel lugar donde se levanta el monumento que conmemora la Protesta de Baraguá y el inicio de la Invasión. En aquella hora, la presencia en aquellos sitios, el pensamiento de aquellas proezas de nuestras guerras de independencia, la idea de que aquellos hombres hubiesen luchado durante 30 años para no ver logrados sus sueños porque la república se frustrara, y el presentimiento de que muy pronto la Revolución que ellos soñaron, la patria que ellos soñaron serían realidad, nos hizo experimentar una de las sensaciones más emocionantes que puedan concebirse.

Veía revivir aquellos hombres con sus sacrificios, con aquellos sacrificios que nosotros hemos conocido también de cerca; pensaba en sus sueños y sus ilusiones, que eran los sueños y las ilusiones nuestras, y pensé que esta generación cubana ha de rendir y ha rendido ya el más fervoroso tributo de reconocimiento y de lealtad a los héroes de nuestra independencia.

Los hombres que cayeron en nuestras tres guerras de independencia juntan hoy su esfuerzo con los hombres que han caído en esta guerra, y a todos nuestros muertos en las luchas por la libertad podemos decirles que por fin ha llegado la hora en que sus sueños se cumplan; ha llegado la hora de que al fin ustedes, nuestro pueblo, nuestro pueblo bueno y noble, nuestro pueblo que es todo entusiasmo y fe, nuestro pueblo que quiere gratis, que confía gratis, que teme a los hombres con cariño más allá de sus ofrecimientos, tendrá lo que necesita (APLAUSOS). Y solo aquí me resta decirles, con modestia, con sinceridad, con profunda emoción, que en nosotros, en sus combatientes revolucionarios, tendrán siempre servidores leales, que solo tendrán por divisa servir (APLAUSOS).

Hoy, al tomar posesión de la presidencia de la república el doctor Manuel Urrutia Lleó, el magistrado que dijo que la Revolución era justa... (INTERRUPCION)... el territorio liberado que ya es hoy toda patria; asumiré sencillamente las funciones que él me asigne, en sus manos queda toda la autoridad de la república (APLAUSOS). Nuestras armas se inclinan respetuosas ante el Poder Civil en la República civilista de Cuba (APLAUSOS). No tengo que decirle que esperamos que cumpla con su deber, porque sencillamente estamos seguros de que sabrá cumplirlo. El presidente provisional de la República de Cuba... Y la autoridad y le dejo en el uso de la palabra al pueblo.

(OVACIÓN)

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Primera Ley de Reforma Agraria 

POR CUANTO: El progreso de Cuba entraña, tanto el crecimiento y diversificación de la industria, para facilitar el aprovechamiento más eficaz de sus recursos naturales y humanos, como la eliminación de la dependencia del monocultivo agrícola que aún subsiste en lo fundamental y es síntoma de nuestro inadecuado desarrollo económico. 

POR CUANTO: A esos fines la Revolución se ha propuesto dictar las normas que darán resguardo y estímulo a la industria y que impulsarán la iniciativa privada mediante los necesarios incentivos, la protección arancelaria, la política fiscal y la acertada manipulación del crédito público, el privado y  todas las otras formas de fomento industrial, a la vez que encaminan al agro cubano por los rumbos del indispensable desarrollo. 

POR CUANTO: En todos los estudios realizados con el fin de promover al desarrollo económico, especialmente en los acometidos por las Naciones Unidas, se ha hecho resaltar, como una de sus premisas esenciales, la importancia de llevar a la práctica una Reforma Agraria dirigida, en lo económico, a dos metas principales:  a) facilitar el surgimiento y extensión de nuevos cultivos que provean a la industria nacional de materias primas y que satisfagan las necesidades del consumo alimenticio, consoliden y amplíen los renglones de producción agrícola con destino a la exportación, fuente de divisas para las necesarias importaciones y, b) elevar a la vez la capacidad de consumo de la población mediante el aumento progresivo del nivel de vida de los habitantes de las zonas rurales, lo que contribuirá, al extender el mercado interior, a la creación de industrias que resultan poco rentables en un mercado reducido y a consolidar otros renglones productivos, restringidos por la misma causa. 

POR CUANTO: Según el criterio reiterado por los técnicos, en el caso cubano concurren los presuntos enunciados en el anterior Por Cuanto y, como estímulo adicional a esas necesarias modificaciones de la actual estructura agraria de nuestro país, resulta urgente arrancar, de la situación de miseria en que tradicionalmente se ha debatido, a la inmensa mayoría de la población rural de Cuba. 

POR CUANTO: En la agricultura cubana es de uso frecuente el contrato de aparcería y el sistema de censos, que desalientan al cultivador, creándole obligaciones inequitativas, antieconómicas y, en muchos casos, extorsionadoras, e impidiendo así el mejor aprovechamiento de las tierras. 

POR CUANTO: El Censo Agrícola Nacional de 1946 evidenció que la inmensa mayoría de las fincas sometidas a trabajos de cultivo están siendo atendidas por personas que carecen de la propiedad de la tierra y que la trabajan a título de aparceros, arrendatarios, colonos y precaristas, mientras esos derechos domínicos están en manos absentistas; lo que representa en muchos casos una situación de injusticia social y en la totalidad de los mismos un factor de desaliento a la eficacia productiva. 

POR CUANTO: En el propio Censo Agrícola se evidencia también la extrema e inconveniente concentración de la propiedad de la tierra en unas pocas manos, existiendo una situación a tal respecto que 2 336 fincas representan el dominio sobre un área de 317 mil caballerías de tierra, lo que quiere decir que el 1,5% de los propietarios poseen más del 46% del área nacional en fincas, situación aún más grave si se tiene en cuenta que hay propietarios que poseen varias fincas de gran extensión. 

POR CUANTO: En contraste con la situación descrita en el Por Cuanto anterior se produce el fenómeno de 111 mil fincas de menos de 2 caballerías, que sólo comprenden una extensión de 76 mil caballerías, lo que a su vez quiere decir que el 70% de las fincas, sólo disponen de menos del 12% del área nacional en fincas existiendo además un gran número de fincas -alrededor de 62 mil- que tienen menos de ¾ de caballería por extensión. 

POR CUANTO: En las fincas mayores es evidente un lesivo desaprovechamiento del recurso natural tierra, manteniéndose las áreas cultivadas en una producción de bajos rendimientos, utilizándose áreas excesivas en una explotación extensiva de la ganadería, y aún manteniéndose totalmente ociosas, y a veces cubiertas de marabú otras áreas que pudieran rescatarse para las actividades productivas. 

POR CUANTO: Es criterio unánime que el fenómeno latifundiario que revelan los datos anteriores no sólo contradice el concepto moderno de la justicia social, sino que constituye uno de los factores que conforman la estructura subdesarrollada y dependiente de la economía cubana, comprobable por distintas características, entre ellas:  la dependencia del Ingreso Nacional, para su formación, de la producción para la exportación, considerada como la “variable estratégica” de la economía cubana, que resulta así altamente vulnerable a las depresiones cíclicas de la economía mundial; la alta propensión a importar, inclusive mercancías que en otras condiciones pudieran producirse en el país; la consecuente reducción del efecto multiplicador de las inversiones y de las propias exportaciones; el atraso técnico en los métodos de cultivo y de explotación de la ganadería; en general el bajo nivel de vida de la población cubana y, en especial, la rural, con la consiguiente estrechez del mercado interior, incapaz, en tales condiciones, de alentar el desarrollo nacional de la industria. 

POR CUANTO: La Constitución de 1940 y la Ley Fundamental del Gobierno Revolucionario proscriben el latifundio y establecen que la Ley adoptará medidas para su extinción definitiva. 

POR CUANTO: Las disposiciones constitucionales vigentes establecen que los bienes privados pueden ser expropiados por el Estado, siempre que medie una causa justificada de utilidad pública e interés social. 

POR CUANTO: La producción latifundiaria, extensiva y antieconómica, debe ser sustituida, preferentemente, por la producción cooperativa, técnica e intensiva, que lleve consigo las ventajas de la producción en gran escala. 

POR CUANTO: Resulta imprescindible la creación de un organismo técnico capaz de aplicar y llevar hasta sus últimas consecuencias los fines de desarrollo económico y elevación consiguiente del nivel de vida del pueblo cubano que han conformado el espíritu y la letra de esta Ley

POR CUANTO: Resulta conveniente establecer medidas para impedir la enajenación futura de las tierras cubanas a extranjeros, a la vez que se deja testimonio de recuerdo y admiración a la figura patricia de Don Manuel Sanguily, el primero de los cubanos que en fecha tan temprana como 1903 previó las nefastas consecuencias del latifundismo y presentó un proyecto de Ley ante el Congreso de la República tendiente a impedir el control por foráneos de la riqueza cubana. 

POR TANTO: En uso de las facultades que le confiere la Ley Fundamental de la República, el Consejo de Ministros resuelve dictar la siguiente: 

LEY DE REFORMA AGRARIA 

CAPITULO I 

De las tierras en general 

ARTÍCULO 1. -Se proscribe el latifundio. El máximo de extensión de tierra que podrá poseer una personal natural o jurídica será treinta caballerías. Las tierras propiedad de una persona natural o jurídica que excedan de ese límite serán expropiadas para su distribución entre los campesinos y los obreros agrícolas sin tierras. 

ARTÍCULO 2. -Se exceptúan de lo dispuesto en el artículo anterior las siguientes tierras: 

    Las áreas sembradas de caña, cuyos rendimientos no sean menores del promedio nacional, más de un 50%.

    Las áreas ganaderas que alcancen el mínimo de sustentación de ganado por caballería que fije el Instituto Nacional de Reforma Agraria, atendido el tipo racial, tiempo de desarrollo, por ciento de natalidad, régimen de alimentación, por ciento de rendimiento en gancho en el caso vacuno destinado a carne, o de leche, en el caso de vacuno de esa clase. Se considerarán las posibilidades del área productora de que se trate por medio del análisis físico químico de sus suelos, la humedad de los mismos y régimen de las lluvias.

    Las áreas sembradas de arroz que rindan normalmente no menos del 50% sobre el promedio de producción nacional de la variedad de que se trate, a juicio del Instituto Nacional de Reforma Agraria.

    Las áreas dedicadas a uno o varios cultivos o explotación agropecuaria, con o sin actividad industrial, para cuya eficiente explotación y rendimiento económico racional sea necesario mantener una extensión de tierra superior a la establecida como límite máximo en el Artículo 1 de esta Ley.

No obstante lo anteriormente dispuesto, en ningún caso una persona natural o jurídica podrá poseer tierras con una extensión superior a cien caballerías. En los casos en que una persona natural o jurídica poseyere tierras con una extensión superior a cien caballerías y concurriere en esas áreas dos o más producciones de las relacionadas en los acápites a, b, y c de este artículo, el beneficio de excepción que se establece hasta el límite máximo de cien caballerías se dispensará en la forma que determine el Instituto Nacional de Reforma Agraria, quedando el área restante afectable a los fines de esta Ley

En los casos de los cultivos mencionados en los incisos a) y c) los rendimientos a que se hace referencia se computarán tomando en cuenta la última cosecha realizada. Los beneficios de excepción se mantendrán en tanto se sostengan esos niveles de productividad. 

En el caso de la excepción señalada en el inciso d), el Instituto Nacional de Reforma Agraria determinará cuáles serán las áreas excedentes sobre el límite máximo de 100 caballerías afectables a los fines de esta Ley, cuidando de que se mantenga la unidad económica de producción y en los casos de varios cultivos, la correlación entre los mismos y entre los cultivos y la explotación agropecuaria, en este caso. 

ARTICULO 3. -Serán también objeto de distribución las tierras del Estado, las Provincias y los Municipios.

ARTÍCULO 4. -Se exceptúan de lo dispuesto en los artículos 1 y 3 de esta Ley, las siguientes tierras: 

    Las áreas proindivisas concedidas en propiedad a cooperativas agrícolas de producción organizadas por el Instituto Nacional de Reforma Agraria, para la explotación de tierras del Estado o expropiadas a los fines de esta Ley.

      Las del Estado, Provincias y Municipios que estuvieren dedicadas o se dedicaren a establecimientos públicos o de servicio general a la comunidad.

    Los montes cuando se declaren incluidos en las reservas forestales de la Nación, sujetos para aprovechamiento, utilidad pública o explotación a lo que determine la Ley.

    Las de comunidades rurales destinadas a satisfacer fines de asistencia social, educación, salud y similares, previa declaración de su carácter por el Instituto Nacional de Reforma Agraria, y sólo en la extensión requerida para esos fines.

No se considerarán a los efectos de la determinación del límite máximo de treinta caballerías que señala el Artículo 1, las áreas necesarias para establecimientos industriales enclavadas en las fincas rústicas, así como para sus bateyes, oficinas y viviendas; así como tampoco las zonas urbanizadas en el interior de las fincas rústicas y las que por acuerdo del Instituto Nacional de Reforma Agraria se destinen a crear caseríos o núcleos de población rural en cada Zona de Desarrollo Agrario; o donde existan otros recursos naturales susceptibles de ser explotados en previsión del desarrollo futuro del país, a juicio del Instituto Nacional de Reforma Agraria

ARTÍCULO 5. -El orden de proceder en cada Zona de Desarrollo Agrario a la expropiación, en su caso, y a la redistribución de tierras será el siguiente: 

Primero: Las tierras del Estado y las de propiedad privada en que hubiere cultivadores establecidos como arrendatarios, subarrendatarios, colonos, aparceros o partidarios y precaristas.

Segundo: Las áreas excedentes de las tierras no protegidas por las excepciones contenidas en el Artículo 2 de esta Ley.

Tercero: Las demás tierras afectables. 

Salvo acuerdo en contrario del Instituto Nacional de Reforma Agraria, sólo se procederá a la expropiación y reparto de tierras comprendidas en el caso Segundo cuando se hubiere terminado el proyecto de distribución de tierras comprendidas en el caso Primero y hechas las consignaciones por tasación extrajudicial a que se refiere esta Ley

ARTICULO 6. -Las tierras de dominio privado, hasta un límite de treinta caballerías por persona o entidad, no serán objeto de expropiación, salvo que estén afectadas por contratos con colonos, sub-colonos, arrendatarios, sub-arrendatarios, aparceros u ocupadas por precaristas, que posean parcelas no mayores de cinco caballerías en cuales casos también serán objeto de expropiación con lo establecido en la presente Ley. (INAPLICABLE). 

ARTICULO 7. -Los propietarios de tierras afectables, una vez realizadas las expropiaciones, adjudicaciones y las ventas a arrendatarios, sub-arrendatarios, colonos, sub-colonos y precaristas establecidos en las fincas, podrán retener el resto de la propiedad en lo que no excediere de la extensión máxima autorizada por la Ley. (INAPLICABLE). 

ARTÍCULO 8. -Se presumirán tierras del Estado, las que no aparezcan inscriptas en los Registros de la Propiedad hasta el 10 de octubre de 1958.  (INAPLICABLE). 

ARTICULO 9. -Son tierras del Estado todas las que aparezcan inscriptas a su nombre, o registradas en los inventarios del Patrimonio de la Nación, o adquiridas por derecho de tanteo a cualquier otro título, aunque no se hubieren inscripto los títulos en los Registros de la Propiedad. 

El Ministerio de Hacienda procederá a acotar y registrar todas las tierras que, con arreglo a los preceptos anteriores, pertenecen al Estado.  (INAPLICABLE EN SU TOTALIDAD). 

ARTICULO 10. -Se declara imprescriptible la acción del Estado para reivindicar sus tierras incluyendo las realengas y las que al constituirse la República le fueron transferidas como bienes integrantes de su patrimonio. 

ARTÍCULO 11. -Se prohíbe a partir de la promulgación de esta Ley la concertación de contratos de aparcería o cualesquiera otros en los que se estipule el pago de la renta de las fincas rústicas en forma de participación proporcional en sus productos. No se considerarán incluidos en este concepto los contratos de molienda de cañas. 

ARTÍCULO 12. -A partir de un año con posterioridad a la promulgación de la presente Ley no podrán explotar colonias de caña las Sociedades Anónimas que no reúnan los siguientes requisitos: 

a) Que todas las acciones sean nominativas.

b) Que los titulares de esas acciones sean ciudadanos cubanos.

c) Que los titulares de esas acciones no sean personas que figuren como propietarios, accionistas o funcionarios de empresas dedicadas a la fabricación de azúcar. 

Decursado el expresado término podrán expropiarse las tierras propiedad de las Sociedades Anónimas que no reúnan los anteriores requisitos para los fines establecidos en la presente Ley. Asimismo dichas Sociedades Anónimas perderán el derecho a las cuotas de molienda que tuvieren a la promulgación de esta Ley

ARTÍCULO 13. -Tampoco podrán explotar colonias de caña las personas naturales que fueren propietarios, accionistas o funcionarios de empresas dedicadas a la fabricación de azúcar.  Las tierras propiedad de dichas personas en las que se exploten colonias de caña podrán ser expropiadas para los fines establecidos en la presente Ley

Las personas que previamente a su posición actual como propietarios, accionistas o funcionarios de empresas dedicadas a la fabricación de azúcar hubieren ejercido como cultivadores de caña durante un período no inferior a cinco años siempre que lo prueben inequívocamente y que no posean fincas mayores de treinta caballerías, dispondrán de un plazo de un año para liquidar sus incompatibilidades. 

Las ventas de las colonias de cañas comprendidas en este caso se realizarán previa aprobación del Instituto Nacional de Reforma Agraria, quien sólo las autorizará cuando a juicio de ese Organismo no se trate de burlar los objetivos de la Ley

El Instituto Nacional de Reforma Agraria procederá a la aplicación de este Artículo en tiempo y forma necesarios para garantizar la continuidad normal de la producción. 

ARTÍCULO 14. -Asimismo se proscribe la tenencia y propiedad de las tierras rústicas destinadas a cualquier otro tipo de actividad agropecuaria por Sociedades Anónimas cuyas acciones no sean nominativas. 

No obstante, las Sociedades Anónimas constituidas a la promulgación de esta Ley, poseedoras de tierras no destinadas al cultivo de caña podrán continuar explotándolas, en tanto que se expropien y distribuyan las áreas sobrantes que poseyeran con arreglo a lo que dispone esta Ley, sin que durante ese período puedan ceder o transmitir las expresadas tierras bajo título alguno a otras Sociedades Anónimas. 

Una vez expropiadas y distribuidas las expresadas áreas sobrantes de conformidad con lo dispuesto en esta Ley, dichas Sociedades Anónimas no podrán seguir explotando las tierras que poseyeran salvo que se transformen en Sociedades Anónimas de acciones nominativas y reúnan sus accionistas las condiciones que se establecen en el Artículo 13. 

Si las referidas Sociedades Anónimas no se modificaren en la forma expresada, las fincas propiedad de las mismas serán expropiables a los fines de esta Ley

ARTICULO 15. -La propiedad rústica sólo podrá ser adquirida en lo sucesivo por ciudadanos cubanos o sociedades formadas por ciudadanos cubanos. 

Se exceptúan de la anterior disposición las fincas no mayores de treinta caballerías que, a juicio del Instituto Nacional de Reforma Agraria, sean convenientes ceder a empresas o entidades extranjeras para fomentos industriales o agrícolas que se estimen beneficiosos al desarrollo de la economía nacional. 

En los casos de transmisiones hereditarias de fincas rústicas a favor de herederos que no fueren ciudadanos cubanos, las mismas se considerarán expropiables para los fines de la Reforma Agraria, cualesquiera que fueren sus áreas. 

CAPITULO II 

De la redistribución de las tierras e indemnización a los propietarios

ARTICULO 16. -Se establece como “mínimo vital” para una familia campesina de cinco personas, una extensión de dos caballerías de tierra fértil, sin regadío, distante de los centros urbanos y dedicadas a cultivos de rendimiento económico medio. 

El Instituto Nacional de Reforma Agraria será el encargado de reglamentar y dictaminar, en caso, cuál es el “mínimo vital” necesario, partiendo de la predicha base y considerando el nivel promedio de ingreso anual a que se aspira por cada familia. 

Las tierras integrantes del “mínimo vital” disfrutarán de los beneficios de inembargabilidad e inalienabilidad a que se refiere el Artículo 91 de la Ley Fundamental de la República. 

ARTICULO 17. -Las tierras privadas expropiables en virtud de lo dispuesto por esta Ley y las tierras del Estado serán otorgadas en áreas de propiedad proindivisas a las cooperativas reconocidas por esta Ley, o se distribuirán entre los beneficiarios, en parcelas no mayores de dos caballerías, cuya propiedad recibirán sin perjuicio de los ajustes que el Instituto Nacional de Reforma Agraria realice para determinar el “mínimo vital”, en cada caso. 

Todas las tierras, cualesquiera que sean sus beneficios, deberán pagar los impuestos que señalen las leyes como contribución a los gastos públicos de la Nación y de los Municipios. 

ARTICULO 18. -Las tierras de dominio privado cultivadas por los colonos, sub-colonos, arrendatarios y sub-arrendatarios, aparceros o precaristas, serán adjudicadas gratuitamente a sus cultivadores cuando su extensión no exceda del “mínimo vital”, cuando dichos agricultores cultiven tierras con una extensión inferior a ese “mínimo vital”, se les adjudicará gratuitamente las tierras necesarias para completarlo, siempre que pueda disponerse de las mismas y las condiciones económicas y sociales de la región lo permitan. 

Si las tierras cultivadas en los casos que se mencionan en el párrafo anterior exceden del “mínimo vital”, siempre que no pasen de cinco, el arrendatario, sub-arrendatario, colono, sub-colono, aparcero o precarista, recibirá dos caballerías a título gratuito previa su expropiación por el Instituto Nacional de Reforma Agraria, pudiendo adquirir del propietario, mediante venta forzosa, la parte de su posesión que exceda del área adjudicada gratuitamente, hasta un límite de cinco caballerías.  (INAPLICABLE). 

ARTÍCULO 19. -A los dueños de tierras de extensión inferior al “mínimo vital” que las cultiven personalmente se les adjudicará también, gratuitamente las tierras necesarias para completarlo, siempre que pueda disponerse de las mismas y las condiciones económicas y sociales de la región lo permitan. (INAPLICABLE). 

ARTÍCULO 20. -El reglamento de esta Ley determinará la forma en que se procederá en los casos en que pesare algún gravamen sobre las tierras afectadas. 

ARTÍCULO 21. -Las tierras del Estado cultivadas por arrendatarios, sub-arrendatarios, colonos, sub-colonos, aparceros o precaristas, serán adjudicadas gratuitamente a sus poseedores, cuando su extensión no exceda del “mínimo vital”. 

Si las tierras cultivadas en los casos que se mencionan en el párrafo anterior exceden de dos caballerías, siempre que no pasen de cinco, el arrendatario, colono, sub-colono, aparcero o precarista, recibirán tierras en extensión equivalentes al “mínimo vital”, a título gratuito, pudiendo adquirir del Estado la parte de su posesión que exceda del “mínimo vital” adjudicado gratuitamente. 

Cuando dichos colonos, sub-colonos, arrendatarios, sub-arrendatarios, aparceros o precaristas cultivan tierras con una extensión inferior al “mínimo vital” se les adjudicarán gratuitamente las tierras necesarias para completarlo.

ARTÍCULO 22. -Las tierras que resulten disponibles para su distribución, de acuerdo con lo dispuesto en esta Ley, se repartirán en el orden de prelación siguiente: 

Los campesinos que hayan sido desalojados de las tierras que cultivaban.

    Los campesinos residentes en la región donde estén ubicadas las tierras objeto de distribución y que carezcan de ellas, o que sólo cultivan un área inferior al “mínimo vital”.

    Los obreros agrícolas que trabajan y residen habitualmente en las tierras objeto de distribución.

    Los campesinos de otras regiones, prefiriéndose los de las vecinas, que carezcan de tierras o que dispongan de un área inferior al “mínimo vital”.

    Los obreros agrícolas de otras regiones, prefiriéndose los de las vecinas.

    Cualquier otra persona que formulare la correspondiente solicitud, prefiriéndose aquélla que demostrare poseer experiencias o conocimientos en materia agrícola.

ARTICULO 23.-  Dentro de los grupos mencionados en el artículo anterior, se preferirán: 

    Los combatientes del Ejército Rebelde o sus familiares dependientes.

    Los miembros de los cuerpos auxiliares del Ejército Rebelde.

    Las víctimas de la guerra o de la represión de la Tiranía.

    Los familiares dependientes de las personas muertas como consecuencia de su participación en la lucha revolucionaria contra la Tiranía.

En todo caso tendrán prioridad los jefes de familia. 

ARTÍCULO 24. -Las solicitudes de dotación de tierras deberán formularse en modelos oficiales en los que se consignarán los datos o circunstancias que dispongan los Reglamentos o Instrucciones que dicte el Instituto Nacional de Reforma Agraria

ARTICULO 25. -Los propietarios o poseedores en concepto de dueños de fincas rústicas cuyas cabidas, solas o en conjunto, excedan del máximo de treinta caballerías fijado por el Artículo 1 de esta Ley, y asimismo los de fincas de menor cabida cuando total o parcialmente las tengan cedidas en arrendamiento, colonato, aparcería o a partido, u ocupadas por precaristas, quedan obligados a presentar al Instituto Nacional de Reforma Agraria, directamente, o por conducto de los Organismos que se autoricen al efecto, y dentro de un término no mayor de tres meses a partir de la fecha de la promulgación de esta Ley, los siguientes documentos”: 

Copia simple de los títulos de propiedad con la nota de inscripción en el Registro de la Propiedad y la del pago del Impuesto sobre Derechos Reales o Transmisión de Bienes.

    Copia simple de la Escritura  constitutiva de las cargas y gravámenes si los hubiere.

    Planos de la finca o fincas, o expresión de carecer de ellos.

    Relación detallada de edificios, construcciones, instalaciones, corrales, maquinarias, aperos de labranza y cercados con expresión de sus clases

    Declaración jurada detallada ante Notario Público o el Juez Municipal del domicilio del declarante de los contratos de arrendamiento, aparcería, colonato, así como de las ocupaciones por precaristas que afecten las fincas o finca de que se trate, con expresión de término, condiciones y precios, asimismo, siempre que sea posible, de los cultivos o siembras, cabezas de ganado, clases de pastos y producción aproximada habida por todos conceptos en los últimos cinco años anteriores en la finca o fincas relacionadas, e ingresos derivados de la venta de los productos durante el último año anterior.

    Relación de las tierras ociosas o semiociosas que, a su juicio, tengan la finca o fincas, cabida de excesos en la proporción fijada con descripción de sus linderos y estimación del valor que les atribuya, dejándolos indicados, en su caso, en el plano o planos acompañados.

    Si se tratare de fincas con áreas de cultivo intensivo, que se consideren beneficiados por las disposiciones del Artículo 2 de esta Ley, se precisarán, asimismo las áreas que se estimaron exceptuables por el declarante y las áreas restantes afectables por la Reforma Agraria, indicándolo en los planos que se acompañen, en su caso.

No obstante lo dispuesto en este artículo, a partir de la promulgación de esta Ley, el Instituto Nacional de Reforma Agraria podrá disponer la aplicación de sus preceptos en lo que respecta a expropiación y distribución de tierras, basándose para ello en los datos que obren en su poder sobre las tierras de propiedad privada que excedan de los límites establecidos. 

ARTICULO 26. -El propietario que no presentare los documentos a que se refiere el artículo anterior y/o faltare a la verdad en la declaración jurada o alterare en cualquier forma dichos documentos, perderá el derecho a la indemnización que dispone esta Ley, sin perjuicio de la responsabilidad penal en que incurra. 

ARTICULO 27. -Las autoridades encargadas de la aplicación de esta Ley, con vista a los documentos a que se hace referencia en el Artículo 26, efectuarán de inmediato las investigaciones pertinentes para comprobar la veracidad de lo declarado en un plazo de noventa días a contar del inicio del expediente y dictarán las resoluciones que sean necesarias para proceder a la distribución de las tierras y la entrega de los correspondientes títulos de propiedad a los campesinos beneficiarios. 

ARTÍCULO 28. -Una vez firmes las resoluciones disponiendo las adjudicaciones de las parcelas distribuidas a sus beneficiarios, serán inscriptas en la Sección de la Propiedad Rústica de los Registros de la Propiedad que se crea por esta Ley.  A cada beneficiario le será otorgado su correspondiente título de propiedad de las formalidades que estableciere el Reglamento de esta Ley. A los efectos de lo dispuesto en el Artículo 3 de la Ley Hipotecaria se considerarán títulos inscribibles las resoluciones a que se contrae el párrafo anterior que dictare el Instituto Nacional de Reforma Agraria

ARTÍCULO 29. -Se reconoce el derecho constitucional de los propietarios afectados por esta Ley a percibir una indemnización por los bienes expropiados.  Dicha indemnización será fijada teniendo en cuenta el valor en venta de las fincas que aparezcan de las declaraciones del amillaramiento municipal de fecha anterior al 10 de octubre de 1958. Las instalaciones y edificaciones afectables existentes en las fincas, serán objeto de tasación independiente, por parte de las autoridades encargadas de la aplicación de esta Ley.  Igualmente serán tasadas de modo independiente las cepas de los cultivos, para indemnizar a sus legítimos propietarios. 

ARTÍCULO 30. -En los casos en que no fuere posible determinar el valor con arreglo a lo dispuesto en el artículo anterior, la tasación de los bienes afectados se hará por el Instituto Nacional de Reforma Agraria en la forma y mediante los procedimientos que establezca el Reglamento de esta Ley

Al efectuarse las tasaciones y de acuerdo con lo prevenido en el Artículo 224 de la Ley Fundamental, se apreciará y deducirá del valor fijado el incremento que se haya producido sin esfuerzo del trabajo o del capital privado y únicamente por causa de la acción del Estado, la Provincia, el Municipio u Organismo Autónomo a partir de la última transmisión de la propiedad y producida con anterioridad a la vigencia de esta Ley. El 45% de la plusvalía que de conformidad con dicho precepto constitucional corresponde al Estado, se cederá al Instituto Nacional de Reforma Agraria, entregándose a la Provincia, Municipio u Organismo Autónomo de que se trate, la parte proporcional que les correspondiere. 

Las deducciones que se realicen a favor del Instituto Nacional de Reforma Agraria, quedarán a beneficio de los campesinos que reciban tierras gratuitamente en la proporción correspondiente, y el resto, si lo hubiere, se consignará en el fondo de la Reforma Agraria para aplicarlo de acuerdo con la Ley

Estas disposiciones se aplicarán también en todo remate y venta forzosa de fincas rústicas inscribibles, en la forma que determine el Reglamento de esta Ley

ARTICULO 31. -La indemnización será pagada en bonos redimibles. A tales fines, se hará una emisión de bonos de la República de Cuba en la cuantía, términos y condiciones que oportunamente se fije. Los bonos se denominarán “Bonos de la Reforma Agraria” y serán considerados valores públicos. La emisión o emisiones se harán por un término de veinte años, con interés anual no mayor del cuatro y medio por ciento. Para abonar el pago de intereses, amortización y gastos de la emisión, se incluirá cada año en el Presupuesto de la República, la suma que corresponda. 

ARTICULO 32. -Se concede a los perceptores de Bonos de la Reforma Agraria, o su importe, la exención durante un período de 10 años del Impuesto sobre la Renta Personal, en la proporción que se derive de la inversión que hicieren en industrias nuevas de las cantidades percibidas por indemnización. El Ministro de Hacienda queda encargado de elevar al Consejo de Ministros un Proyecto de Ley que regule esta exención. 

Igual derecho se concede a los herederos del indemnizado en el caso de que fueran ellos los que realizaren la inversión. 

CAPITULO III 

De la propiedad agrícola redistribuida 

ARTÍCULO 33. -Las propiedades recibidas gratuitamente en virtud de los preceptos de esta Ley no podrán ingresar en el patrimonio de sociedades civiles o mercantiles, excepto la sociedad matrimonial y las cooperativas de agricultores señaladas en el capítulo V de esta Ley

ARTICULO 34. -Las propiedades a que se refiere el artículo anterior en virtud de los preceptos de esta Ley no podrán trasmitirse por otro título que no sea hereditario, venta al Estado o permuta autorizadas por las autoridades encargadas de la aplicación de la misma, ni ser objeto de contratos de arrendamiento, aparcería, usufructo o hipoteca. 

No obstante, el Estado o los Organismos paraestatales correspondientes, podrán otorgar a tales propietarios Préstamos, con Garantía Hipotecaria, así como préstamos refaccionarios o pignoraticios. 

ARTICULO 35. -Las nuevas propiedades se mantendrán como unidades inmobiliarias indivisibles (y en caso de transmisión hereditaria deberán adjudicarse a un solo heredero en la partición de bienes). En caso de que tal adjudicación no pueda hacerse sin violar las reglas de la partición hereditaria que establece el Código Civil se venderán en pública subasta, entre licitadores que sean campesinos o trabajadores agrícolas, reservándose, en estos casos, a los herederos forzosos, si los hubiere, que fuesen campesinos o trabajadores agrícolas, el derecho de retracto en la forma establecida en el artículo 1067 del Código Civil. (INAPLICABLE). 

ARTÍCULO 36. -La propiedad y posesión de las tierras adjudicadas en virtud de las disposiciones de esta Ley, se regirá por las normas de la sociedad legal de gananciales en aquellos casos de unión extramatrimonial de carácter estable en que personas con capacidad legal para contraer matrimonio hubieren convivido en la tierra durante un período no menor de un año. 

CAPITULO IV 

De las zonas de desarrollo agrario 

ARTÍCULO 37. -Las Zonas de Desarrollo Agrario estarán constituidas por las porciones continuas y definidas del Territorio Nacional en que, por acuerdo del Instituto Nacional de Reforma Agraria, se divida aquél a los fines de facilitar la realización de la Reforma.  

ARTÍCULO 38. -Cada Zona de Desarrollo Agrario, por acuerdo del mismo Organismo, podrá subdividirse en secciones, para facilitar las operaciones de deslinde y administración de dotaciones y repartos a medida que avancen los trabajos encaminados a realizarlos. 

ARTÍCULO 39. -El Instituto Nacional de Reforma Agraria identificará cada Zona de Desarrollo Agrario por serie numérica ordenada con inicial referida a la provincia en que estuviere enclavada. 

ARTÍCULO 40. -Para constituir una Zona de Desarrollo Agrario y realizar la redistribución o adjudicación de las tierras, el Instituto Nacional de Reforma Agraria considerará lo siguiente: (INAPLICABLE EN SU TOTALIDAD). 

    El área más adecuada para facilitar los trabajos de catastro, censo de población, estudios agrológicos y deslinde.

    Las características agrológicas, la producción aconsejable y las facilidades de mejora de las explotaciones, almacenaje, preservación y venta.

    Los núcleos de población o caseríos enclavados en cada Zona para las facilidades del abastecimiento local y conexión con los centros de ayuda estatal y constitución y funcionamiento de asociaciones campesinas, cooperativas y estaciones de servicio de Policía Rural.

    Recursos Hidrológicos, para abastecimiento de agua e instalaciones de regadíos comunales bajo régimen de servidumbre de agua o cooperación.

    Las facilidades de desarrollo económico y aplicación tecnológica, mediante el fomento de pequeñas       industrias rurales complementarias, o la promoción de centros industriales cercanos a las fuentes de materias primas y centros de distribución de los productos.

    Facilidades existentes de comunicación y medios de difusión de informaciones, noticias e ideas en general, así como posibilidades de crearlos, en su caso.

ARTICULO 41. -En cada Zona de Desarrollo Agrario se crearán por el Estado, con la cooperación de los padres de familia, o cooperativas agrarias radicadas, centros de ayuda estatal, dotados de maquinaria agrícola, aperos, graneros, almacenes, depósitos, medios de transporte, campos de experimentación y cría, acueductos, plantas generadoras de energía y demás auxilios requeridos por los planes de desarrollo agrario e industrial; y asimismo para el establecimiento de escuelas con internado para enseñanza general y agraria, casas de maternidad campesinas, casas de socorro, dispensarios de atención médica y dental, salones de recreo, bibliotecas, campos deportivos, y todos los medios de ayuda a la producción y de difusión cultural. 

ARTÍCULO 42. -Cada Zona de Desarrollo Agrario será considerada como una unidad administrativa de la Reforma Agraria, registrándose en el libro correspondiente con acumulación de todos sus antecedentes y tomándola en consideración para los fines de asignación de tierras y determinación de las afectables por la Reforma Agraria o de las excluidas de ella. 

Asimismo la organización de los servicios estadísticos y la realización de Censos Agrícolas quinquenales, tomarán en cuenta para los análisis las unidades de producción y administración representadas por Zonas de Desarrollo Agrario, a fin de comprobar y comparar periódicamente los resultados de la Reforma Agraria y adoptar las medidas más convenientes para eliminar dificultades y facilitar el progreso general. 

CAPITULO V 

De la cooperación agraria 

ARTÍCULO 43. -Siempre que sea posible, el Instituto Nacional de Reforma Agraria fomentará cooperativas agrarias. Las cooperativas agrarias que organice el Instituto Nacional de Reforma Agraria en las tierras de que disponga en virtud de lo preceptuado en esta Ley, estarán bajo su dirección, reservándose el derecho a designar los administradores de las mismas al objeto de asegurar su mejor desenvolvimiento en la etapa inicial de este tipo de organización económica y social y hasta tanto se le conceda por Ley una autonomía mayor. 

ARTÍCULO 44. -El Instituto Nacional de Reforma Agraria sólo prestará su apoyo a las cooperativas agrarias formadas por campesinos o trabajadores agrícolas con el propósito de explotar el suelo y recoger los frutos mediante el concurso personal de sus miembros, según el régimen interno reglamentado por el propio Instituto. Para los casos de estas cooperativas, el Instituto Nacional de Reforma Agraria cuidará de que las mismas estén situadas en terrenos aptos para los fines perseguidos y en disposición de aceptar y acatar la ayuda y orientación técnica del referido Instituto. 

ARTICULO 45. -Otras formas de cooperación podrán comprender uno o varios de los fines encaminados a la provisión de recursos materiales, medios de trabajo, crédito, venta, preservación de productos, construcciones de uso común, instalaciones, embalses, regadíos, industrialización de subproductos, y residuos y cuantas facilidades y medios útiles puedan propender al mejoramiento de las cooperativas según los reglamentos, acuerdos e instrucciones que se dictaren por el Instituto Nacional de Reforma Agraria.

ARTÍCULO 46. -El Instituto Nacional de Reforma Agraria movilizará todos los fondos necesarios para el fomento de las cooperativas, facilitando créditos a largo plazo a esos fines, los cuales serán amortizados con un interés mínimo.  El Instituto dotará asimismo los créditos a corto plazo para el funcionamiento de tales cooperativas, adoptando sistemas de financiamiento a las perspectivas económicas de las empresas, y siempre cuidando de garantizar desde su inicio un ingreso familiar decoroso.  (INAPLICABLE). 

ARTÍCULO 47. -El Instituto Nacional de Reforma Agraria determinará anualmente la cuota de los recursos que correspondan a cada Zona de Desarrollo Agrario. 

CAPITULO VI 

Del Instituto Nacional de Reforma Agraria

ARTICULO 48. -Se crea el “Instituto Nacional de Reforma Agraria” (INRA), como entidad autónoma y con personalidad jurídica propia, para la aplicación y ejecución de esta Ley

El Instituto Nacional de Reforma Agraria estará regido por un Presidente y un Director Ejecutivo, quienes serán designados por el Consejo de Ministros. 

Serán facultades y funciones del Instituto Nacional de Reforma Agraria, las siguientes:

    Realizar los estudios, disponer las investigaciones, acordar y poner en práctica cuantas medidas sean necesarias para alcanzar los objetivos de la Ley, dictando al efecto los reglamentos e instrucciones generales y especiales pertinentes.

    Proponer al Ministerio de Hacienda las medidas tributarias de estímulo al ahorro o consumo que se estimen adecuadas para promover el desarrollo de la producción de artículos de origen agropecuario. 

    Proponer el margen de protección arancelaria requerida en cada  caso para el mejor desarrollo de la producción de origen agropecuario. 

    Coordinar las campañas de mejoramiento de las condiciones de viviendas, salubridad y educación de la población rural. 

    Determinar las áreas y límites de las Zonas de Desarrollo Agrario que acordare establecer y organizar. 

    Dirigir los estudios preparatorios para el reparto y dotación de tierras afectables, instalaciones de ayuda estatal, régimen administrativo de cada Zona y entrega de las tierras y sus títulos a los beneficiarios. 

    Cuidar del cumplimiento de los planes de desarrollo agrario, dotación o distribución de tierras, tanto respecto al régimen interno de cada Zona como en lo relacionado con los propósitos de la Ley dictando las instrucciones y adoptando los acuerdos y medidas que considere necesarios. 

    Redactar los reglamentos de las asociaciones cooperativas agrícolas que organice y designar la administración de las mismas de acuerdo con lo dispuesto en el Artículo 43, llevar sus registros y decidir las cuestiones que puedan surgir entre sus miembros y conocer y resolver los recursos que conforme a los reglamentos pudieran establecerse por disentimiento de acuerdos o medidas adoptadas. 

    Organizar y dirigir la Escuela de Capacitación Cooperativa. 

    Tramitar y decidir, con arreglo a esta Ley, todas las solicitudes o promociones que se le dirigieren en relación con la colonización, dotación, distribución, régimen y demás aspectos de la Reforma; calificando las solicitudes que se presentaren para obtener sus beneficios.

    Confeccionar sus presupuestos y administrar sus fondos, así como los destinados a la realización de la Reforma Agraria

    Organizar sus propios servicios estadísticos y los censos agrarios quinquenales, compilando y publicando sus resultados para conocimiento general. 

    Organizar sus propias oficinas y dictar los reglamentos internos necesarios, así como establecer sus relaciones con los Departamentos del Estado, la Provincia, el Municipio, Organismos Autónomos y Paraestatales, comisiones agrarias, delegaciones y asociaciones agrarias e industriales en general. 

    Establecer y dirigir sus relaciones permanentes con las Asociaciones Internacionales que proceda. 

ARTÍCULO 49. -El Instituto Nacional de Reforma Agraria creará un Departamento de Crédito para la producción agrícola.  A su vez, la División Agrícola del BANFAIC adaptará su política de créditos a las determinaciones del Instituto Nacional de Reforma Agraria

ARTÍCULO 50. -El Estado proveerá de recursos al Instituto Nacional de Reforma Agraria para el establecimiento de unidades de desarrollo de la producción agropecuaria en todas las regiones del país.  Esas unidades constarán de: 

  Un centro de equipos y maquinarias. Dicho centro prestará por módico precio los servicios de utilización de esos equipos y maquinarias, los arrendará, también a módico precio, a los agricultores o facilitará su adquisición por los mismos.

    Un centro de investigación para experimentaciones de carácter agronómico o zootécnico.

    Un centro de asesoramiento técnico, para consultas a los agricultores.

ARTÍCULO 51. -Todos los organismos autónomos existentes en la fecha de la promulgación de esta Ley, destinados a la estabilización, regulación, propaganda y defensa de la producción agrícola, serán incorporados al Instituto Nacional de Reforma Agraria como secciones del Departamento de Producción y Comercio Exterior del mismo. 

ARTÍCULO 52. -El Instituto Nacional de Reforma Agraria, tendrá delegaciones locales encargadas de la aplicación de esta Ley en las áreas que se les asignen. 

El Instituto Nacional de Reforma Agraria reglamentará las funciones de los Comités Locales. 

ARTÍCULO 53. -El Instituto Nacional de Reforma Agraria, elevará al Consejo de Ministros el proyecto de Reglamento de esta Ley en un plazo no mayor de sesenta días de la fecha de constitución del mismo. 

CAPITULO VII 

De los tribunales de tierra 

ARTÍCULO 54. -Se crean los Tribunales de Tierra para el conocimiento y resolución de los procesos judiciales que genere la aplicación de esta Ley y de los demás relacionados con la contratación agrícola y la propiedad rústica en general. 

El Instituto Nacional de Reforma Agraria formulará dentro del término de tres meses a partir de la promulgación de esta Ley, el proyecto de Ley Orgánica de dichos Tribunales. 

CAPITULO VIII 

De la conservación de bosques y suelos 

ARTÍCULO 55. -El Estado reservará en las tierras de su propiedad áreas de bosques y montes necesarios para parques nacionales con objeto de mantener y desarrollar la riqueza forestal. Los que hubieren recibido en propiedad tierras en virtud de la aplicación de esta Ley, deberán cumplir estrictamente la legislación forestal y cuidarán al realizar sus cultivos, la conservación de los suelos. La transgresión de esas disposiciones producirá la pérdida del derecho a la propiedad adquirida gratuitamente del Estado, sin perjuicio de las indemnizaciones a que tuviere derecho por bienhechurías y mejoras de las cuales se deducirá el importe correspondiente al daño ocasionado. 

CAPITULO IX 

Disposiciones generales

ARTICULO 56. -Las tierras del Estado poseídas por arrendatarios, sub-arrendatarios, colonos, sub-colonos, aparceros o precaristas en lo que excedan de cinco caballerías, serán objeto de distribución de acuerdo con lo establecido en esta Ley, previa indemnización a los poseedores o tenedores de las mismas de las bienhechurías o mejoras introducidas en dichas tierras excedentes. 

ARTICULO 57. -El derecho de tanteo que concede el Artículo 89 de la Ley Fundamental de la República al Estado para adquirir preferentemente la propiedad inmueble, o valores que la representen, se ejercerá, en todo cuanto se trate de la propiedad rústica por el Instituto Nacional de Reforma Agraria

El Instituto ejercitará ese derecho dentro del plazo de sesenta días contados desde la fecha en que se notificare el mismo la resolución correspondiente del Tribunal, funcionario o autoridad ante los cuales debiere efectuarse la venta o remate forzoso de fincas rústicas. 

Al efecto, los jueces, tribunales y demás funcionarios que intervinieren en remates o transmisiones forzosas de la propiedad rústica o valores que la representen, llegando el trámite de adjudicación a un licitador los suspenderán y darán aviso mediante oficio al Instituto Nacional de Reforma Agraria, con descripción de la Propiedad afectada y procedimiento seguido, para que en el término señalado pueda ejercer a nombre del Estado el derecho de tanteo. 

Expirado el plazo sin que el Instituto hubiera ejercitado el derecho, o comunicado al funcionario que el Instituto no lo ejercitará, se dará al procedimiento el curso legal correspondiente. 

Si se tratare del remate o venta forzosa de fincas rústicas afectables según esta Ley, el Instituto Nacional de Reforma Agraria podrá efectuar el pago en títulos de la deuda pública según lo prevenido en el Artículo 31. 

ARTICULO 58. -Quedan excluidos de los beneficios de esta Ley los arrendatarios, sub-arrendatarios o precaristas de fincas rústicas destinadas exclusivamente a recreo o residenciales. 

ARTICULO 59. -Cualquiera que sea el destino de la propiedad afectada por esta Ley, se mantendrán en todo su vigor los contratos de molienda de cañas y el derecho de las fincas a las cuotas de molienda, distribuyéndose éstas entre los nuevos propietarios, según la parte de cuota que corresponda al lote que se le haya asignado en la distribución. 

La distribución de cuotas de molienda a que se refiere el párrafo anterior se realizará con los ajustes necesarios para garantizar, en cada caso, la protección que las leyes vigentes otorgan a los pequeños colonos. El Instituto Nacional de Reforma Agraria tomará las medidas que fueren necesarias para garantizarles a los ingenios de fabricar azúcar, el abasto de cañas requerido para la molienda. 

ARTICULO 60. -En todos los casos de remates de fincas rústicas como consecuencia de incumplimientos de contratos de préstamos refraccionarios o hipotecarios, los hijos del deudor que hubiesen estado trabajando en la finca rematada tendrán derecho de retracto que podrán ejercitar dentro del término de un mes a contar desde la fecha de la inscripción registral correspondiente. 

ARTICULO 61. -En caso de muerte de un presunto beneficiario, ocurrida antes o durante el ejercicio de los derechos reconocidos en esta Ley, se entenderá trasmitida a los herederos, sin interrupción, la posesión de que se trate, de conformidad con lo dispuesto en el Artículo 440 del Código Civil y podrán ser amparados en dicha posesión por los trámites del Recurso de Amparo que regula la Orden 362 de 1900, aun cuando la perturbación o despojo haya sido producida por  resolución de autoridad administrativa. 

ARTICULO 62. -Queda prohibido el desalojo de las tierras que disfrutaren los presuntos beneficiarios reconocidos en la presente Ley mientras se encuentren en proceso de distribución de las tierras afectables por la Reforma Agraria

ARTICULO 63. -En los casos de sucesión testada o legítima en que en el caudal hereditario figure una finca rústica o varias que el primero de enero de 1959 se hubieren encontrado en estado de indivisión, se considerarán afectables a los fines de esta Ley cual si se tratara del patrimonio de una sola persona jurídica. 

ARTICULO 64. -Es regla de interpretación de esta Ley que en caso de dudas se estará a lo que sea más favorable al cultivador de la tierra, regla que se hará extensiva a los casos en que el cultivador litigue por la propiedad o posesión de la tierra o derechos inherentes a su condición de campesino. 

ARTICULO 65. -Se considerará nulo y sin valor ni efecto alguno todo acto o contrato que tienda a evadir las disposiciones de esta Ley, frustrando sus propósitos, mediante cesiones, traspasos, segregaciones o refundiciones simuladas o carentes de causa real. 

Carecen de valor y eficacia legales a los efectos de la aplicación de la presente Ley las ventas, segregaciones o enajenaciones de cualquier naturaleza realizadas con posterioridad al primero de enero del presente año a favor de parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad, así como las divisiones de condominio integrados por esos parientes. 

Igualmente carecen de eficacia y valor legales a los efectos de la aplicación de la presente Ley las adjudicaciones realizadas a partir de la expresada fecha a favor de accionistas o socios de Compañías de cualquier clase que fueren entre sí parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad. 

A partir de la promulgación de la presente Ley se considerarán sin valor ni eficacia legales a los efectos de la aplicación de la misma las transmisiones, segregaciones o divisiones que se relacionan en los párrafos anteriores aunque no fueren entre los parientes referidos. 

ARTICULO 66. -Toda práctica contraria a los fines de esta Ley, o el abandono o aprovechamiento negligente de las tierras que a su amparo se otorguen podrán ser sancionados por el Instituto Nacional de Reforma Agraria declarando rescindida la transmisión a título gratuito de las mismas y su reingreso en el fondo de reserva de tierras.  El Reglamento de esta Ley regulará la aplicación de este Artículo. 

ARTICULO 67. -Los arrendatarios, sub-arrendatarios, colonos, sub-colonos y precaristas que cultiven tierras en extensión superior a 5 caballerías, estén o no en áreas expropiables, podrán adquirirlas hasta un límite de 30 caballerías, previa tasación por el Instituto Nacional de Reforma Agraria, mediante venta forzosa por el procedimiento que el Reglamento de esta Ley establecerá y siempre que puedan probar de manera inequívoca que estaban en posesión y explotaban las tierras mencionadas antes del primero de enero de 1959. 

En los casos de arrendatarios, sub-arrendatarios, colonos, sub-colonos y precaristas que posean y cultiven extensiones superiores a 30 caballerías se aplicará esta Ley conforme a lo que establecen sus artículos 1 y 2. 

Disposiciones transitorias

PRIMERA: El Instituto Nacional de Reforma Agraria y el Ministerio Encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias elevarán al Consejo de Ministros, dentro del término de seis meses posteriores a la fecha de promulgación de esta Ley, un proyecto de Ley regulando la Sección de la Propiedad Rústica de los Registros de la Propiedad.  Hasta tanto no quede organizada dicha Sección se verificarán las inscripciones relativas a fincas rústicas en la forma y en los libros dispuestos por la legislación vigente. Las inscripciones registrales que se verifiquen a favor de los beneficiarios de la Reforma Agraria serán gratuitas. 

SEGUNDA: Los juicios de desahucio u otros procedimientos que versen sobre desalojo de fincas rústicas, se suspenderán en el estado en que se encuentren, inclusive si se hubiere dictado sentencia, comunicándolo al Instituto Nacional de Reforma Agraria  por las autoridades judiciales que conozcan de los procedimientos, en tanto se decida sobre los derechos que esta Ley reconoce a los ocupantes. 

Una vez justificado en los procedimientos los derechos reconocidos a favor de los demandados u ocupantes, la autoridad que conozca del procedimiento mandará a archivar las actuaciones sin más trámite. En el caso de que por el Instituto se comunicara que los demandados u ocupantes no están amparados por los beneficios de esta Ley, se continuarán los trámites suspendidos conforme a la Ley

TERCERA: Son nulas y quedan sin ningún valor ni efecto las designaciones que se hubiesen hecho de funcionarios, encomendándoles servicios relacionados con la Reforma Agraria

CUARTA: En tanto no se organicen los Tribunales de Tierra a que se refiere el Artículo 54 de esta Ley, continuarán conociendo de los procesos que a los mismos se asignan los Tribunales ordinarios. 

QUINTA: Mientras no se promulgue el Reglamento de esta Ley la misma será aplicada mediante las Resoluciones que dicte el Instituto Nacional de Reforma Agraria

SEXTA:  Dentro del término de seis meses posteriores a la promulgación de esta Ley, el Instituto Nacional de Reforma Agraria elevará al Consejo de Ministros un proyecto de Ley regulando la incorporación a aquél de los Organismos Autónomos a que se refiere el Artículo 51 de esta Ley

SEPTIMA: Dentro de los dos años posteriores a la vigencia de esta Ley deberá promoverse la explotación de todas las tierras de propiedad privada, cualquiera que fuere su extensión.  Decursado dicho término, aquellas tierras de propiedad privada que no se encuentren en producción, serán afectables a los fines de la Reforma Agraria de conformidad con las disposiciones de esta Ley

Disposiciones finales 

PRIMERA: Se reserva en favor del Estado a disposición del Ejército Rebelde la propiedad de la cúspide del Pico Turquino y una faja de terreno hacia el Oeste del mismo, con una longitud de mil quinientos metros, en el cual se construirá la Casa de los Rebeldes, un Jardín Botánico, y un pequeño Museo que evoque el recuerdo de la lucha contra la Tiranía y ayude a mantener viva la lealtad a los principios y la unión de los combatientes del Ejército Rebelde. 

SEGUNDA:  Se declara de interés social y de utilidad pública y nacional las disposiciones de la presente Ley, en razón de asegurar la misma el fomento de grandes extensiones de fincas rústicas, el desarrollo económico de la Nación, la explotación intensiva agrícola e industrial y la adecuada redistribución de tierras entre gran número de pequeños propietarios. 

TERCERA: Se crea en los actuales Registros de la Propiedad la Sección de la Propiedad Rústica. Todas las operaciones registrales relativas a fincas rústicas se verificarán en los libros de esta Sección a partir de la fecha que señale la Ley regulando el funcionamiento de la misma. 

CUARTA: El Instituto Nacional de Reforma Agraria ejercerá sus funciones coordinándolas con el Ejército Rebelde. 
 

Disposición adicional final 

En uso del Poder Constituyente que compete al Consejo de Ministros, se declara la presente Ley parte integrante de la Ley Fundamental de la República la que así queda adicionada. 

En consecuencia se otorga a esta Ley fuerza y jerarquía constitucionales. 

POR TANTO: Mando que se cumpla y ejecute la presente Ley en todas sus partes. 

DADA en La Plata, Sierra Maestra, a los diecisiete días del mes de mayo de mil novecientos cincuenta y nueve, “AÑO DE LA LIBERACION”. 

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Por la libertad de los pueblos de nuestra América. Contra el imperialismo norteamericano 

A los intelectuales y hombres libres de los Estados Unidos.

A nuestros hermanos de la América Latina.

Por segunda vez, en el curso de los últimos años, tropas de desembarco de la marina de guerra norteamericana, han hollado el suelo de la hermana república de Nicaragua, desalojando de los lugares que ocupaban a funcionarios de un gobierno legalmente constituido, estableciendo censura telegráfica y postal, declarando ¨zonas nuestra¨, regiones de territorios no sujetas a su soberanía; es decir, violando en todos estos casos los mas elementales preceptos del Derecho Internacional y atropellando con ello la dignidad de la América Indo-Ibera.

Los inductores y responsables inmediatos de este atentado, son algunas corporaciones económicas establecidas en territorio de aquella república, análogas a las que pretenden llevar a su país -la poderosa república de los Estados Unidos de América- a un casus belli con nuestra hermana, la noble nación azteca, con el solo y exclusivo propósito de seguir explotando, sin compensaciones para ésta y rebelándose contra sus leyes, los ricos yacimientos petrolíferos de su suelo; las mismas que en los países que baña el mar Caribe tienen establecidas verdaderas factorías de expoliación, obteniendo los mas preciados frutos de sus fecundas tierras, a costa del menor esfuerzo, siendo amparadas en esta explotación por el organismo político que gobierna la república de Lincoln; las que acechan la ocasión de adquirir el monopolio y dominio de las salitreras sudamericanas, escudándose en flacos pretextos de pacifismo y cooperación panamericanos; las que financian revoluciones en suelo iberoamericano y sostienen tiranías dóciles a sus mandatos; las que, en fin, pretenden impedir la concurrencia de los productos del resto del continente, en su rico mercado de consumo, aun cuando con ello atenten contra los intereses de los ciudadanos pobres de su país.

Sin embargo debemos declararlo: estas organizaciones financieras, industriales o agrícolas, no constituyen el sistema espiritual del pueblo norteamericano. Por el contrario, los ciudadanos que componen la inmensa mayoría de esta nación, siente, si no tan descarnadamente como los que vivimos al sur del Río Grande, los mismos efectos opresivos y lesionadores de su dignidad, en el desarrollo de su libre actividad.

Los hombres que dirigen el Departamento de Estado norteamericano, han procedido en este caso concreto de Nicaragua, al ordenar al almirante Latimer la ocupación de Puerto Cabezas, sede del gobierno contitucionalista de este país, y de otros puntos del mismo territorio, desalojando a las autoridades legítimas que allí funcionaban, como aquellos que reconocieron la legitimidad de la segregación del estados del Istmo, del territorio colombiano, en 1903; que ordenaron la Invasión de Haití y Santo Domingo; que organizaron la parodia del gobierno republicano de Hawaii; que impusieron a Cuba la Enmienda Platt, hoy tratado permanente; que mantienen a Puerto Rico y Filipinas en estado semicolonial, burlando sus propias promesas, y que inauguraron su carrera de depredaciones exterminando las innumerables tribus indias que habitaban el inmenso territorio al occidente de las trece colonias primitivas, sangrando luego, con herida que aun permanece abierta, a la república de Juárez y Morelos.

Los que en Cuba pensamos sin compromiso con los errores del pasado ni las iniquidades del presente, los que sentimos muy hondo el libre amor que debe unir a todos los hombres, sin distinciones de raza ni nacionalidades; los que creemos que el Continente que descubriera Colon, debe ser refugio de la Humanidad libre, no podemos hacernos cómplices con nuestro silencio de esta afrentosa tragedia que sentimos en nuestra propia carne, ocurrida en suelo latinoamericano, y hacemos un llamamiento a los que piensan como nosotros en esa tierra donde el oro triunfa, escarneciendo los ideales de los fundadores de esa poderosa nación, para que, uniendo su esfuerzo al de todos los hombres libres de Nuestra América Latina, obliguen a su gobierno a dejar de ser instrumento de quienes pretenden implantar en el Continente un nuevo sistema de esclavitud, mas ominoso que el que hace un siglo destruyeron nuestros abuelos con su heroico esfuerzo.

La Habana, 31 de diciembre de 1926.

Enrique José Varona, Emilio Roig de Leuchsenring, Rubén Martinez Villena, Gustavo Aldereguía,

José A. Fernández de Castro, Juan Marinello, Luis Gómez Wanguemert, Andrés Núñez Olano, Enrique Serpa y otros más.

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Balance provisional de la Constituyente 
Juan Marinello

Es muy difícil, establecer un juicio certero sobre una Constitución en el trámite de su forma, cuando ni siquiera se posee de ella una válida impresión de conjunto. Todas las palabras que se digan han de ser provisorias. Así deben entenderse las que siguen.

Para juzgar de un documento político hay que preguntar quiénes lo combaten; así queda precisado su carácter. ¿De dónde le viene a la Constitución que acaba de acordarse el ataque más continuado y fuerte? Sin dudas de los sectores más reaccionarios del país.

Son los grandes intereses monopolistas, los industriales más unidos al imperialismo, los comerciantes más opresores del pueblo, los hombres al servicio de las malas causas, los que han puesto ahora el grito en el cielo. Para ellos la Carta que enseguida estará en vigor es aborto satánico, seguro productor de cataclismos mortales.

Ya es buena señal, un síntoma excelente. Si el Diario de la Marina protesta, si Alerta grita, quiere decir que las cosas no han salido tan mal para Cuba. Así ha sido en efecto. En tesis general, la Constitución del 40 es un paso de avance, aunque no, naturalmente, el que quisiera Unión Revolucionaria Comunista.

La política es una difícil ciencia de realidades. Quien posee una firme y definida ideología, un credo sobre lo social, una interpretación determinada del hecho humano, no puede medir las conquistas parciales sino como obligadas transacciones con una tarea de realidad poderosa. En el seno de la Convención han luchado los más opuestos intereses. Fruto de unos comicios perfectos la Asamblea reprodujo puntualmente las pugnas de la calle, la lucha entre los factores contrarios que integran la nacionalidad. Por ello, lo obtenido ha de verse como resultado de ese conflicto, como forcejeo por el triunfo de muy contrarias corrientes.

En algunos momentos domina una; en otros señorea la opuesta. Por ello, hay en el texto constitucional, alternativamente, traición a Cuba y triunfo del pueblo.

No se nos ocultan, aun en esta cercanía, las deficiencias de la nueva Carta. Una cosa ha quedado probada: que no es posible redactar documento de tanta trascendencia en término de tres meses; ninguna Constitución se hizo en tan breve tiempo y quizás ninguna otra se produjo en instante tan crucial para el mundo, en ocasión de prueba durísima para criterios y convicciones. Es cierto, innegable, que la precipitación de los últimos días perjudicó la obra e impidió muchas veces la formulación acertada que, en lo constitucional, tiene mucha importancia. Por muy firmes que estén en una Convención los criterios de cada cual, un debate amplio y sereno, con el aporte del dato decisivo y del antecedente aclarador, puede hacer mucho para arribar a una solución acertada. En la última semana, en que se tocaron las más graves cuestiones, el debate, ante la urgencia, ante la angustia de un fracaso terrible para la República, tuvo que restringirse a lo ineficaz. Sabíamos todos hasta donde afectaba ello la bondad de la obra trascendente. Pero había que terminar; de no hacerlo, Cuba entraba en la más peligrosa de sus crisis. Por otro lado, nuestra responsabilidad encontraba un alivio en la consideración de que la lentitud de los primeros tiempos no podía imputarse a los Delegados sino a la impericia, debilidad e ignorancia parlamentaria del Dr. Grau San Martín. El Dr. Márquez Sterling realizó al final una tarea gigantesca que nunca se estimará bastante. Pero el pecado de precipitación se paga siempre. Sus huellas quedarán marcadas en el texto constitucional.

Esta precipitación ha hecho que padezca la Constitución de falta de jerarquización, que algunas materias sean, indudablemente, más propias de la Ley y aún del Reglamento. Pero eso no ha sido siempre un mal. La obra legislativa es en todas partes, pero más en Cuba, cambiante y difícil, sujeta a innumerables influencias desorientadoras. Una Constitución “legal”, valga el calificativo, puede adelantar soluciones y tratamientos que quizá nuestro Congreso no nos daría nunca. Entre una Carta Fundamental de perfecta arquitectura, realizada dentro de técnicas impecables, de artístico perfil, y un cuerpo imperfecto, pero bien afirmado en realidades inmediatas, siempre preferimos lo último.

Se ha dicho, ingeniosamente, que la Carta que acaba de aprobarse no es mala; que las post-datas sí lo son. Hay que admitir que, hasta cierto punto, hay razón en este dicho: las post-datas, es decir, las transitorias, no muestran, en efecto, el sentido de oportuna generalización de los preceptos del texto constitucional. No ocultamos ni menos defendemos la influencia, la huella de situaciones personales o de interés ilegítimo en las transitorias; nos situamos en un plano de realidad y comprensión y decimos que en ésto hay que medir cuidadosamente las circunstancias en que la Constituyente trabajó. Por eso [en] la tarea estrictamente constitucional se impusieron necesidades que empujaron la Asamblea a la disposición legislativa, a la resolución del conflicto inmediato. Los defensores de un legalismo formalista harán dura crítica de esta actuación. Nosotros decimos que sí existía, y ello es innegable, la necesidad de resolver lo fundamental con lo accesorio, lo definitivo con lo contingente, ha estado muy bien que a todo se haya extendido la actividad de la Convención.

Con ocasión de los debates sobre la liquidación de la moratoria hipotecaria dijimos, a nombre de nuestro Partido, que, cualquiera que fuese la resolución del complejo caso, siempre habría grupo beneficiado, del lado de los acreedores o del lado de los deudores. Por lo cual, la única actitud revolucionaria estaba en mirar qué camino (productor siempre de ventajas particulares) había que transitar en beneficio del mayor número, en provecho de los intereses generales de la nación.

Pero, aunque otra cosa se haya dicho, las transitorias no son la Constitución. Lo permanente, lo central, está en el texto que va a regir como esqueleto jurídico de la República. Y en ese texto aparecen palabras, problemas, conflictos, que nadie esperó que aparecieran en una Carta cubana. No estamos conformes, porque no cristalizan nuestro criterio, con el modo en que estos problemas han quedado resueltos; pero declaramos que es ya un triunfo considerable haber llevado estas cuestiones al articulado constitucional.

Al terminar sus labores la Asamblea decíamos nosotros que para un Partido revolucionario hasta la raíz, como Unión Revolucionaria Comunista, una Constitución no era más que una batalla dada en la larga lucha por la justicia total. Y que los resultados de esa batalla significaban el compromiso de ganar otras que nos acercaran mejor al triunfo definitivo. Ya se está viendo hasta qué punto nuestras palabras eran ajustadas. Vitales cuestiones de nuestra colectividad quedan planteadas en la Constitución como novedad extraordinaria. En muchos casos, la formulación es genérica, vaga, cautelosa, propicia a la burla cínica. Bien. A las fuerzas renovadoras de la República importa que el precepto constitucional desemboque en la eficacia de una preceptuación legislativa que resuelva en lo hondo las grandes necesidades cubanas. Y hay que confesar que esta obra, que es gran responsabilidad futura, no hubiera podido realizarse nunca si el precepto constitucional no diera ocasión para ello.

Nosotros, por nuestra postura ideológica, no somos ni podemos ser defensores apasionados de la Constituyente. No puede dominarnos el espíritu de cuerpo porque en el seno de la Asamblea fuimos elemento de choque, casi siempre vuelto contra la Asamblea. Además ¿cómo podríamos defender como cosa nuestra una Constituyente dominada por terratenientes y profesionales adinerados y políticos obedientes al imperialismo? No. La Convención no es cosa nuestra; no tenemos porqué ser sus fiadores. Ante ella, como ante cualquier fenómeno social medimos el juego de las fuerzas en pugna y decimos, objetivamente, si el resultado arroja algo bueno para los cubanos oprimidos. Hay un saldo favorable sin duda, en el trabajo de la Constitución de 1940, a pesar de la Asamblea misma. Nos felicitamos, no del triunfo de la Asamblea sino del triunfo –parcial, pero innegable— del pueblo cubano.

Los días que llegan deben servir para propiciar, a la sombra de la Constitución nuevas, reales conquistas populares. La Asamblea ha sido para los revolucionarios, para el pueblo, una magnífica experiencia de lucha y de triunfo relativo. Ojalá sepan, los revolucionarios y el pueblo, aprovechar la lección. Para ello habrá que tomar la nueva Carta, no como una realización si no como una posibilidad en que apoyar el ansia inextinguible de redención popular.



1 Palabras en la Cadena Cubana de Radio. Fuente: Noticias de Hoy, junio 15, 1940, pp. 1-6.

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Sugerencias para una oportuna y digna conmemoración del centenario del nacimiento de Marti 

Presentadas a los

PODERES EJECUTIVO Y LEGISLATIVO DE LA REPÚBLICA

por la

SOCIEDAD CUBANA DE ESTUDIOS HISTÓRICOS E INTERNACIONALES

 

La Habana, marzo 12 de 1951.

Dr. Carlos Prío Socarrás,

Honorable Presidente de la República.

Señor Presidente:

En nombre de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales cúmpleme entregar a usted los acuerdos adop­tados por el Noveno Congreso Nacional de Historia, tendientes a lograr una oportuna y digna conmemoración del Centenario del Nacimiento de Martí.

Como usted podrá comprobar, en ese Congreso los historiadores cubanos nos hemos limitado a formular, con la debida anticipación, a los Poderes Ejecutivo y Legislativo de la República, las sugeren­cias sobre aquellas que juzgamos ineludibles realizaciones, acordes con tan noble empeño, a fin de que sean estudiadas y viabilizadas por el Gobierno.

Por mi conduelo, los miembros de nuestra Sociedad se ofrecen gustosos para cooperar honoríficamente a la labor de preparación y organización de las ediciones que propugnamos de la obra martiana.

Estamos seguros, señor Presidente, de que usted acogerá con el más fervoroso entusiasmo patriótico estas recomendaciones.

De usted respetuosamente,

Emilio Roig de Leuchsenring

Presidente

AL SEÑOR PRESIENTE DE LA REPÚBLICA

LOS SEÑORES MIEMBROS DEL SENADO Y DE LA CÁMARA DE REPRESENTANTES

El 28 de enero de 1953 se cumple el Centenario del nacimiento de José Martí.

No debe necesitar cubano alguno, y mucho menos los altos re­gentes de los Poderes Ejecutivo y Legislativo del Estado, que se les pondere la significación y trascendencia excepcionales de esa efe­mérides nacional y continental, ni que se les excite a conmemorarla de acuerdo con la gloria impar del máximo Apóstol de las liberta­des cubanas y americanas; de quien puede a plena justicia decirse que es único en atesorar la armonía perfecta de los deslumbran­tes fulgores del Genio con las cualidades naturales y propias del Hombre; del que ofrendó su vida por darnos una República y espera todavía que sus compatriotas le ofrendemos su República.

Pero sí creemos indispensable que esa voluntad de honrar a Martí en el Centenario de su nacimiento, latente en cada cubano, se exte­riorice y movilice desde ahora, individual y colectivamente, para no lamentar mañana que por improvisaciones de última hora no hayamos podido hacer todo cuanto pensábamos y sentíamos para honrarnos, honrando a Martí.

Estimamos que las instituciones culturales y cívicas deben libre­mente seleccionar y organizar aquellos actos más al alcance de su especialización y sus posibilidades.

Pero hay obras de recordación y homenaje nacionales y de divul­gación de la vida y la labor martianas cuya ineludible realización. Por su cuantía económica, corresponde al Estado, y muchas de las cuales, si no se acometen en el presente año será imposible culminarlas antes de la fecha del Centenario.

Conscientes de la responsabilidad solidaria de todos los cubanos en esta conmemoración, hemos decidido los historiadores y profe­sores de historia, participantes en el Noveno Congreso Nacional de Historia, presentar al Sr. Presidente de la República y a los señores miembros del Senado y la Cámara de Representantes una relación de aquellas obras de carácter nacional que juzgamos esen­ciales en esta glorificación a Martí al celebrarse el 2o de enero de 1953, el Centenario de su nacimiento.

CONMEMORACION DEL CENTENARIO

DEL NATALICIO DE MARTÍ

Obras de recordación y homenaje, ajustadas a la más rigurosa verdad histórica.

Obras de divulgación y comprensión de la vida y la labor martianas, con fines de efectiva realización de los principios y doctri­nas que constituyen su ideología política, económica y social, como bases fundamentales para la consolidación y el engrandecimiento republicanos.

Actitud y conduela ciudadanas, de gobernantes y gobernados, conformes con la vida y los principios martianos, y tendientes a la consecución de la República de Martí.

OBRAS

DE RECORDACIÓN Y HOMENAJE

1

Construir la Plaza Cívica José Martí en los terrenos llamados de la "Meseta de los Catalanes", centro de la Ciudad de La Habana, abarcando dentro de su perímetro la mayor área posible, y erigir en su eje el Monumento a Martí.

2

Conservar adecuadamente la casa en que nació Martí, el 28 de enero de 1853, marcada en dicho año con el número 41 de la calle de Paula, posteriormente número 102, y en la actualidad, Leonor Pérez número 314, declarada Monumento Nacional por acuerdo

de la Junta Nacional de Arqueología y Etnología, sancionado por De­creto Presidencial de 5 de febrero de 1949; y embellecer sus alre­dedores construyéndose, si fuera posible, un parque circundante.

3

Conservar el Rincón Martiano, en las antiguas canteras de San Lázaro, de La Habana, donde sufrió Martí en 1870 los horrores del presidio político de España en Cuba; y terminar la construcción de la Fragua Martiana, escuela práctica orientada en los conceptos educativos de Martí y centro de instrucción para adultos sin recur­sos, ansiosos de superación.

4

Conservar adecuadamente la casa y batey de la finca El Abra, donde vivió Martí desde que fué indultado, el 5 de septiembre de 1870. de la pena de seis años de presidio por delito de infi­dencia, disponiéndose su relegación a Isla de Pinos, hasta que en 12 de diciembre del mismo año se dispuso su destierro a España; declarados Monumentos Nacionales por acuerdo de la Junta Nacional de Arqueología y Etnología, sancionado por Decreto Presi­dencial de 22 de abril de 1949.

5

Conservación del lugar, en las Playitas de Cajobabo, costa Sur del término municipal de Baracoa, provincia de Oriente, donde, des­embarcaron José Martí y Máximo Gómez, en unión de Marcos del Rosario, Francisco Borrero, Ángel Guerra y César Salas, el 11 de abril de 1895, al incorporarse a la Revolución Libertadora, como jefes civil y militar de la misma, respectivamente, y erección de una columna conmemorativa en ese histórico lugar.

6

Erigir en los terrenos del demolido ingenio La Mejorana, pro­vincia de Oriente, un monumento conmemorativo de la entrevista celebrada el 5 de mayo de 1895 por los Tres Grandes de la Guerra Libertadora: José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, con el fin de acordar la organización civil y militar de dicha contienda.

7

Conservación del lugar, en las sabanas de Dos Ríos, entre el Con­tramaestre y el Cauto, provincia de Oriente, donde murió Martí luchando por la independencia y libertad de Cuba, el 19 de mayo de 1895; restauración del obelisco allí levantado y construcción de un parque, así como de una carretera que permita el fácil acceso a dicho sitio.

8

Erigir una columna u otro monumento conmemorativo en el lu­gar de la finca Demajagual, Palma Soriano, provincia de Oriente, donde al pie de un jobo fué depositado el cadáver de Martí, du­rante un breve descanso de la columna española del coronel José Jiménez de Sandoval, al conducirlo desde Dos Ríos hasta Remanganaguas.

9

Colocación de una tarja rememorativa en el Cementerio de Remanganaguas donde fue sepultado el cadáver de Martí antes de su enterramiento definitivo en la necrópolis de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba.

10

Recomendar la expropiación de los terrenos circundantes al Panteón de Martí, que actualmente se está construyendo en el cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, a fin de que el mismo tenga la perspectiva necesaria y sea rodeado de jardines, cuidando, no obstante, de respetar las tumbas de otros patriotas que se encuentran en sus alrededores.

11

Conservar como reliquia histórica –aún después de erigido en La Habana el proyectado Monumento a Martí, en la Plaza Cívica José Martí- el actual Monumento existente en el Parque Central primero consagrado en cuba al Apóstol, por suscripción popular, e inaugurado en 1905 por el Presidente de la República, Tomás Estrada Palma y el General en Jefe del ejército libertador Máximo Gómez, convirtiendo dicho parque en plaza.

12

Emisión de sellos de Correos, conmemorativa del Centenario del Nacimiento de José Martí, encargándose el Ministerio de Comuni­caciones a1 fijar los colores, dimensiones, valores y demás detalles de los sellos, así como sacar a concurso los dibujos que deben fi­gurar en los mismos.

13

Acuñación de una Medalla Conmemorativa del Centenario, en oro, plata y bronce, para ser distribuida, respectivamente, entre los Jefes de Estado y Presidentes de los Parlamentos y Tribunales de Justicia de las Repúblicas del Continente; Museos y Bibliotecas Nacionales e instituciones de carácter literario, artístico y cientí­fico, facilitándose también la adquisición a los particulares.

OBRAS DE DIVULGACIÓN

Y COMPRENSIÓN

DE LA VIDA Y LA LABOR MARTIANAS

Divulgación de la obra martiana en cuadernos populares, de más de cien páginas y en ediciones de gran tirada, sobre las siguientes materias:

Revolución.

República.

Cuestiones económicas.

Cuestiones sociales.

Cuestiones políticas.

Educación y cultura.

Problemas raciales.

Trabajos y trabajadores.

Religión.

Cuestiones agrarias e industriales.

España y españoles.

Americanismo.

Nuestra América.

Estados Unidos.

Antimperialismo Intemacionalista.

Historia.

Literatura.

Arte.

Epistolario político.

Epistolario familiar.

Diarios revolucionarios.

Viajes de propaganda revolucionaria.

Hombres de Cuba.

Hombres de Hispanoamérica.

Hombres de los Estados Unidos.

Hombres de España.

Vida y escenas hispanoamericanas.

Vida v escenas norteamericanas.

Vida y escenas españolas.

Anexionismo.

Autonomismo.

Poesías.

Discursos.

Teatro.

La Edad de Oro.

Divulgación, en ediciones populares, de los documentos políticos y revolucionarios fundamentales de José Martí.

El Presidio Político en Cuba.

La República española ante la Revolución cubana.

Bases del Partido Revolucionario Cubano y sus estatutos secretos. Programa de "Patria" (Nuestras ideas), el Partido Revolucionario Cubano, La Proclamación del Partido Revolucionario Cubano el 10 de abril, Persona y Patria, Las elecciones del 10 de abril. La proclamación de las elecciones del Partido Revolucionario Cubano. El tercer año del Partido Revolucionario Cubano.

El Partido Revolucionario a Cuba, y El Partido Revolucionario Cubano a Cuba (Manifiesto de Montecristi).

Madre América y Nuestra América.

El Tratado Comercial entre los Estados Unidos y México y la Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América.

La primera etapa de la Guerra Libertadora de los Treinta Años (1868-1878); Discursos sobre el 10 de Octubre de 1868, pronun­ciados los años 1887. 1888, 1889, 1890 y 1891 y trabajo. El 10 de Abril (Guáimaro).

HOMENAJE DE LA SOCIEDAD CUBANA

DE ESTUDIOS HISTÓRICOS E INTERNACIONALES A JOSÉ MARTÍ

EN EL

CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

A reserva de cuantos otros homenajes haya de realizar nuestra Sociedad en 1953 y en los años precedentes al Centenario del naci­miento de José Martí, ha adoptado ya, para conmemoración de esa fecha gloriosa para Cuba y para toda América, los siguientes acuer­dos expresivos de su devoción al más grande de todos los cubanos:

Primero: Consagrar totalmente a Martí el Duodécimo Congreso Nacional de Historia, que habrá de celebrarse en el año 1953, te­niendo por sede la ciudad de La Habana, en que nació el Apóstol, e invitar a que participen en él aquellas personalidades de nuestro Continente que más se hayan distinguido en la comprensión y glo­rificación del magno ciudadano de América.

Segundo: Publicar un Libro Homenaje a Martí, en el que los miembros de la Sociedad estudien y valores los diversos aspectos de su vida y su obra.

Tercero: Publicar un Ideario Cubano de Martí, que contenga aquellos trabajos que de manera más precisa expresen su pensa­miento político y revolucionario, a fin de divulgar extensamente entre el pueblo los ideales y principios rectores de su lucha por la independencia, así como su concepción de la República y las admoniciones y previsiones que para consolidarla y engrandecerla legó a sus compatriotas.

Cuarto: Publicar los trabajos de carácter histórico que figuran en la obra de Martí, también en la forma que mejor facilite su divulgación entre el pueblo.

 

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el día 14 de abril de 1951

en los talleres de Ayón, impresor

en La Habana, Cuba.

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A la Revolución cubana no la atemorizan fantasmas ni aparecidos 

Señor Embajador:

Tengo el honor de dirigirle la presente nota en nombre y representación del Gobierno Revolucionario de Cuba.

Aunque su texto se contrae, primordialmente, a refutar determinados juicios y apreciaciones expresadas por Su Excelencia al Señor Presidente de la República, doctor Osvaldo Dorticós Torrado, y al que suscribe en su condición de Ministro de Estado, durante la audiencia que el Señor Presidente hubo de concederle el 27 de octubre del año en curso, se propone, además, fijar, con absoluta diafanidad, la política y la actitud del Gobierno y del pueblo cubanos hacia el Gobierno y el pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica. Al Gobierno Revolucionario le preocupa seriamente, también, el estado actual de las relaciones entre ambos países y aspira, asimismo, con pareja sinceridad, a que esa lamentable situación desaparezca en beneficio mutuo y del cabal respeto a que es acreedora una nación libre, independiente y soberana, por pequeña que sea, en su irrevocable determinación de alcanzar su plenitud de destino.

El Gobierno Revolucionario rechaza categóricamente, por carecer de fundamento, la presunción de que existen «esfuerzos deliberados y concertados en Cuba de sustituir la tradicional amistad entre los pueblos cubano y norteamericano con desconfianza y hostilidad que son ajenos al expresado deseo de ambos Gobiernos de mantener buenas relaciones». Consideramos que la mejor manera de lograr un fecundo y perdurable entendimiento entre nuestros países es poner, en su verdadero sitio, las cuestiones que los atañen.

En ninguna etapa de su esforzada existencia, el pueblo cubano, generoso, hospitalario y efusivo como pocos, ha demostrado disposición agresiva o desafección hacia ningún otro pueblo, ni aun durante el largo y rudo período en que libró, solitario y erguido, porfiada y heroica lucha por su independencia, que fue coronación de casi dos décadas de activo guerrear contra la dominación colonial de España, no contra el pueblo español, uncido a idéntica coyunda por el Gobierno metropolitano. El pueblo cubano supo discernir siempre entre la España oficial y la España vital y por eso jamás confundió al pueblo español con la estructura de poder que le privaba de sus más elementales derechos y libertades. Siempre ha sabido discernir, igualmente, entre los Estados Unidos de Cutting y los Estados Unidos de Lincoln y, por eso, jamás confundió ni confunde al pueblo norteamericano con la estructura de poder que intentó anexarse, adquirir o enfeudar a Cuba, y al cabo, con flagrante trasgresión del espíritu y de la letra de la Joint Resolution, le impuso la Enmienda Platt, a cuyo amparo banqueros y empresarios obtuvieron facilidades y privilegios en detrimento de nuestro desarrollo económico, progreso social y estabilidad democrática.

Ningún cubano puede negar el noble respaldo y la desinteresada contribución del pueblo norteamericano a la causa de la emancipación de Cuba. Pero, de ese explícito reconocimiento a admitir que Cuba ganó su independencia por exclusivo favor de tercero, como es frecuente leer y escuchar de plumas y labios de norteamericanos, hay un trecho salvable. El pueblo cubano conquistó, a costa de sacrificios y proezas sin tasa, el derecho a regirse por cuenta propia, a su propio y ahincado empeño debe, no obstante menoscabos, ataduras y supeditaciones asaz conocidos, el nivel de desarrollo político, económico, social y cultural que logró en cincuenta y seis años de estructura pseudo-repúblicana. La revolución triunfante el 1ro. de enero de 1959 puso término a ese ominoso estado de cosas, y hoy Cuba es, por primera vez en la historia, verdaderamente libre, independiente y soberana. Por primera vez, también, ocupa el poder un Gobierno que encarna efectivamente la voluntad popular y al que solo preocupa y desvela el albedrío del pueblo cubano, defender su decoro nacional y proporcionarle pan, justicia y cultura, mediante el pulcro manejo de los fondos públicos, la transformación del régimen de tenencia de la tierra, el desarrollo industrial, la autonomía de movimiento en el mercado mundial, el empleo pleno y la distribución equitativa del producto de su trabajo, condiciones inherentes al ejercicio real de las libertades fundamentales y al genuino respeto de los derechos humanos. No resulta ocioso recordar que la fuente del despotismo político, del atraso social y del infraconsumo masivo en nuestra América es el subdesarrollo económico, en gran medida mantenido y usufructuado por intereses foráneos.

Si aún en las épocas más dolorosas y oscuras de su historia, el pueblo cubano fue espejo de tolerancia, comprensión y cordialidad, incurren en injusticia quienes, en estos días jubilosos y claros, le imputan animadversión, resentimiento o malquerencia hacia el pueblo que Su Excelencia tan dignamente representa. Testigos de mayor excepción son los centenares de norteamericanos que asistieron a la convención mundial del ASTA recientemente efectuada en La Habana y Su Excelencia no me dejará mentir si apelo a su testimonio personal en corroboración de lo dicho y de la calurosa recepción popular de que ha sido objeto, más de una vez, en lugares de público esparcimiento. Pero hay algo más todavía. Ni en las tensas ocasiones en que fueron bombardeados los centrales azucareros Punta Alegre y Niágara por aviones procedentes de territorio norteamericano y, ni aún en la insólita circunstancia de la criminal incursión aérea a la capital de la República, que originó dos muertos y cuarenta y cinco heridos, el pueblo cubano ni su Gobierno exhibieron el más leve asomo de animosidad contra ningún visitante ni hacia los pueblos que representaban. El pueblo cubano, por el contrario, en rasgo de impar hidalguía del que puede sentirse legítimamente orgulloso, se esmeró en multiplicar sus gentilezas y atenciones a todos los convencionales del ASTA y, con singular deferencia, a los norteamericanos.

Es, pues, de todo punto falso, como le aseveró a Su Excelencia con la autoridad de su cargo el Señor Presidente de la República, que se trate de sustituir, por ningún medio, directo o indirecto, la tradicional amistad de nuestros pueblos con riesgos deliberados y concertados de hostilidad y desconfianza.

La amistad, solidaridad y cooperación del pueblo cubano con el pueblo norteamericano está harto probada desde mucho antes de la fundación de la República. El Gobierno Revolucionario no es remiso en consignar su agrado por las manifestaciones de Su Excelencia, reiterando «el aprecio que el gobierno y el pueblo de los Estados Unidos han sentido, y continúan sintiendo, hacia el pueblo y la nación cubanos por su alianza leal con los Estados Unidos en la defensa de la democracia y la libertad contra el totalitarismo en dos guerras mundiales y su satisfacción por la mutua relación beneficiosa de buenos vecinos que ha existido por más de medio siglo». Toma nota, con idéntico agrado, de las declaraciones de Su Excelencia recalcando que «los Estados Unidos, en toda forma apropiada, ha tratado de demostrar su comprensión y simpatía con las aspiraciones para un gobierno honrado y eficiente, el perfeccionamiento del proceso democrático y un desarrollo económico que llevará a niveles de vida más altos y empleo total».

Juzga, empero, que al señalar Su Excelencia «las múltiples contribuciones que individuos y empresas de los Estados Unidos han hecho a favor del progreso de Cuba», debió reconocer que, en el plano de las relaciones económicas entre ambos países, Cuba ha dado mucho más de lo que ha recibido. Un resumen de esas relaciones contribuirá a patentizar hasta qué punto urge su revisión.

El Primer Tratado de Reciprocidad de Cuba con los Estados Unidos de Norteamérica data de 1903. En este instrumento, impugnado con argumentación apodíctica por el eximio patriota Manuel Sanguily, Cuba otorga preferenciales que oscilan desde un 20 hasta un 40 % a los Estados Unidos de Norteamérica y este se reserva el derecho de aumentar unilateralmente el arancel conservando los preferenciales, ventaja que se tradujo, a la postre, en la casi completa dependencia, a un solo país, del mercado de las importaciones cubanas. Esas importaciones constituían en 1900, el 45 % del total; muy pronto el porcentaje aumentó a un 90 % y, aún hoy, se mantiene en un 75 %. La única contrapartida de Cuba, en ese Tratado, fue una tarifa preferencial sobre las importaciones de azúcar, tabaco y productos menores. Bajo tal sistema, que duró hasta 1930, Cuba suministró el 53 % del azúcar consumido por el pueblo norteamericano, a cambio del 90 % del total de sus importaciones. No se trata, por tanto, de un regalo ni de un privilegio. La tarifa Hawley-Smooth, promulgada en dicho año, elevó los derechos de importaciones del azúcar cubano a dos centavos por libra y su consecuencia fue la declinación vertiginosa del montante de la exportación y del precio.

En 1934, y en trance sobremanera crítico para la economía cubana, se negoció un nuevo Convenio Comercial con los Estados Unidos de Norteamérica, en el cual no solo Cuba otorgó a varios productos norteamericanos rebajas preferenciales que fluctúan de un 20 a un 60 %, sino que, además, al dejar consolidadas las tarifas resultantes, se vio imposibilitada, a partir de ese momento, de alterar ninguna partida arancelaria sin previo acuerdo con la otra parte, y en caso de esta acceder, pagándole las compensaciones correspondientes. Ese Convenio, que obstruyó las ventajas obtenidas con el proteccionismo arancelario de 1927, ha frenado de tal forma el desarrollo económico de Cuba, que cada vez que esta ha querido proteger una industria le ha costado sacrificios cuantiosos después de dilatadas negociaciones.

El Convenio Comercial de 1934 coincidió con el establecimiento del sistema de cuotas en la exportación del azúcar y consiguientemente, Cuba no solo perdió la única contrapartida que ha tenido en su intercambio comercial con los Estados Unidos de Norteamérica, sino que su participación en el mercado de consumo en ese país se fija, unilateralmente, en Washington. Advierta Su Excelencia que mientras Cuba necesita negociar cualquier modificación ventajosa del arancel, el Gobierno norteamericano puede variar, a su arbitrio, haciendo abstracción de nuestros derechos históricos, la cuota de azúcar cubana.

En lo que a Cuba concierne, el régimen de cuotas ha servido, en puridad, para limitar las exportaciones de azúcar a los Estados Unidos de Norteamérica. Téngase presente que, en las dos ocasiones en que la Ley de cuotas ha sido modificada, los aumentos obtenidos por otras áreas suministradoras fueron a expensas de la participación de Cuba en los incrementos del consumo que descendió en 1956 del 96 al 29 %. Tales rebajas representan mermas de más de doscientos millones de dólares.

Al proceder del tal modo, el Gobierno de Su Excelencia olvidó que, en dos oportunidades decisivas para el pueblo norteamericano, Cuba se sacrificó vendiendo sus azúcares a precios menores de los que pudo obtener si se hubiese aprovechado de que, en ambas coyunturas, era prácticamente, su único abastecedor del producto. Durante la primera guerra mundial, le fue dable a Cuba haber percibido cuatro centavos más por libra en siete millones cuatrocientos mil toneladas de azúcar que envió al mercado norteamericano sacrificando seiscientos millones de dólares a favor del vecino país. La historia se repite durante la segunda guerra mundial. No obstante haberse suspendido temporalmente el régimen de cuotas, Cuba vendió sus zafras completas a precios que oscilaron entre 1,80 y 3 centavos. En cambio, otros suministradores que han recibido en los últimos años aumentos de cuotas, prefirieron vender su azúcar en el mercado mundial a seis o más centavos la libra.

El Gobierno Revolucionario de Cuba juzga de cardinal importancia, para el mejoramiento y equilibrio de las relaciones entre ambos países, que el régimen del comercio del azúcar sea objeto de un Convenio bilateral, a fin de que no pueda alterarse por una decisión unilateral del Gobierno de Su Excelencia. La atribución que se arroga, ha servido, y está sirviendo para que la amenaza de rebaja a la cuota azucarera se utilice por senadores, servicios de prensa y grupos enemigos de la autodeterminación nacional y del desarrollo económico de Cuba, como intolerable mecanismo de presión. Según el artículo 16 de la Carta de Bogotá, «ningún Estado podrá aplicar o estimular medidas coactivas de carácter económico o político para forzar la voluntad soberana de otro y obtener de este ventajas de cualquier naturaleza».

En el orden de las relaciones comerciales de Cuba con los Estados Unidos de Norteamérica, ha sido este el más favorecido. Durante los últimos diez años, el saldo del balance de pagos ha sido desfavorable a Cuba en más de mil millones de dólares, correspondiendo 506 millones a los déficits de nuestra balanza comercial y el resto al turismo, los fletes y al rendimiento de inversiones. Semejante desequilibrio es una prueba palmaria de que las relaciones económicas de Cuba con los Estados Unidos de Norteamérica deben ser perentoriamente revisadas.

En reciente conferencia de prensa, el Señor Presidente Dwight Eisenhower expresó su sorpresa de que el pueblo cubano pudiera haber olvidado que los Estados Unidos de Norteamérica es su mejor cliente. Es indudable que Cuba tiene en ese país un magnífico cliente; pero no lo es menos que este tiene en Cuba un cliente mucho mejor. No en balde, a pesar de su pequeñez, durante la pasada década ha tenido que buscar afanosamente dólares en otras partes del mundo para enjugar los déficits continuados en su intercambio comercial con la gran potencia vecina, que está recibiendo de Cuba más dólares que los que anualmente le envía. En este caso, la reciprocidad opera con manifiesto perjuicio de Cuba.

El Gobierno Revolucionario reconoce la positiva contribución de las inversiones norteamericanas al progreso material de nuestro país; pero le fuerza a destacar que también han contribuido a infundirle a la economía cubana un carácter semicolonial, que se acusa en su total subordinación a la producción de azúcar, en la insuficiencia de la producción agrícola para las necesidades del consumo y en ventajas en la competencia de muchos productos industriales extranjeros con los similares de Cuba.

En el momento cenital de las inversiones norteamericanas en Cuba, cuando estas traspusieron a tenor de estimados oficiales los mil millones de dólares, el efectivo realmente enviado a Cuba era muy inferior a la cifra calculada. Un reputado economista norteamericano estimaba la cantidad de capital exportado a nuestro país en 500 millones de dólares. Puede concluirse, que en esa razón, más de la mitad del valor de las propiedades norteamericanas representaba ganancias reinvertidas.

La mayor parte de las actuales inversiones norteamericanas en Cuba, preferentemente en la industria azucarera, han sido amortizadas, con pingües utilidades desde hace muchos años. En los últimos tres lustros, las inversiones norteamericanas han ascendido a 700 millones de dólares, de los cuales 548 millones se transfirieron al país de los inversionistas y 163 fueron reinvertidos en el nuestro. Las inversiones norteamericanas en Cuba, en suma, se han caracterizado por rendimientos en extremo lucrativos.

Sin perjuicio de intensificar sus relaciones económicas con los Estados Unidos de Norteamérica sobre bases de recíproco beneficio, es lógico que Cuba trate de resolver los crecientes déficits de su balanza comercial aumentando sus divisas, mediante la diversificación de la producción, la apertura de nuevos mercados y la expansión del comercio a todos los países del mundo.

En cuanto a los asuntos específicos sobre los cuales, a juicio del Gobierno de Su Excelencia, se han hecho circular especies distorsionadas o malas interpretaciones entre el pueblo cubano, los puntos de vista del Gobierno Revolucionario son los siguientes:

1. Hasta el momento mismo de la incursión aérea sobre La Habana por aviones procedentes de territorio norteamericano –precedida por sucesivas violaciones del espacio aéreo nacional y los alevosos ataques a los centrales azucareros Niágara y Punta Alegre– las medidas que alega haber adoptado el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, para impedir el uso ilegal de su territorio contra el Gobierno y el pueblo cubanos, resultaron, cuando menos, ineficaces. La insuficiencia de la información y pruebas que se arguye es un argumento poco convincente; pero mucho menos convincente es el criterio, al parecer predominante en la Cancillería norteamericana, de que para proceder más enérgicamente, Cuba debió aportar datos específicos relativos a las actividades ilegales de los complotados. El Gobierno Revolucionario ha ejercitado, responsablemente, las facultades que le corresponden en estos casos, formulando quejas y denuncias, sin respuestas todavía satisfactorias, en el Departamento de Estado, en el Consejo de la Organización de Estados Americanos y en la V Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores.

Esas quejas y denuncias no se basaban en indicios problemáticos, sino en hechos concretos. Es público y notorio que, desde hace varios meses, los criminales de guerra refugiados en la Florida y en otras partes de los Estados Unidos de Norteamérica han estado conspirando y siguen conspirando, abiertamente, contra la soberanía, la seguridad, el progreso y el bienestar del pueblo cubano. Es público y notorio que hay organizaciones contrarrevolucionarias cubanas que actúan, con entera impunidad, en ese país. Es público y notorio que hace apenas dos meses una constelación de malhechores, en connivencia con Trujillo y con el agorero regocijo de determinados servicios de prensa y publicaciones norteamericanas, pretendió, baldíamente, invadir nuestro suelo. Y es público y notorio, finalmente, que se aperciben a repetir la intentona, no obstante las plausibles medidas tomadas recientemente por el Gobierno de Washington y las formales declaraciones de sus voceros.

Si bien ha de tenerse en cuenta que «las personas bajo la jurisdicción de los Estados Unidos no pueden ser arbitrariamente detenidas, encarceladas o molestadas por el mero deseo del Poder Ejecutivo», es un hecho incuestionable que los criminales de guerra cubanos concentrados en la Florida han cometido actos específicos, violatorios de las leyes norteamericanas, de la Carta de la Organización de Estados Americanos y del Tratado de Asistencia Recíproca. Es penoso contrastar los escrúpulos jurídicos que ahora se aducen con la conducta observada durante la titánica brega contra la dictadura totalitaria de Batista. La Ley de Neutralidad fue invocada, innúmeras veces, contra los cubanos comprometidos en la patriótica empresa de derrocar el régimen más feroz, corrompido y voraz de que se tiene noticia en América.

No era la primera vez que eso acontecía. En las postrimerías del siglo pasado, José Martí, nuestro Apóstol, sufrió similar tratamiento, al serle incautado, en el puerto floridano de Fernandina, tres pequeños barcos cargados de armas para la independencia de Cuba. Idénticos descalabros se produjeron durante la dictadura de Machado. Un ex Presidente constitucional de Cuba, arteramente derribado por un golpe militar en vísperas de elecciones generales, fue vigilado y detenido varias veces por las autoridades norteamericanas, y en una ocasión se le hizo marchar, con las manos esposadas, por las calles de Miami.

Los evadidos de la sevicia implacable de los verdugos de Batista tuvieron peor suerte que los prófugos de la justicia revolucionaria y los secuestradores de aviones comerciales cubanos. Más de uno fue devuelto, por carecer de documentación y visado, a la tortura y a la muerte; en cambio, se les abre las puertas, sin documentación y visado, y a despecho de las denuncias y protestas reiteradas de la Cancillería cubana, a los criminales de guerra y a los piratas del aire, que violan la ley de neutralidad norteamericana, no precisamente encendidos por la sagrada pasión de la libertad, sino con el torvo propósito de restaurar un régimen que segó veinte mil vidas, mancilló la soberanía nacional, organizó el contrabando, explotó la prostitución, legalizó el juego, desfalcó el erario, saqueó las instituciones de crédito y empujó a la República por la pendiente del caos.

El pueblo cubano sabe, por amarga experiencia, que si el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica pone en acción su formidable aparato de vigilancia y defensa es casi imposible conspirar en su territorio, traficar con armas, salir ilegalmente de sus puertos o levantar el vuelo sin los papeles en regla. La suposición de que el traidor Pedro Luis Díaz Lanz haya podido utilizar, para sus contumaces depredaciones, aeropuertos poco vigilados o clandestinos, solo es admisible si se acepta la negligencia de las autoridades.

Es improcedente, a todas luces, que fuera el Gobierno Revolucionario quien suministrase los datos y las pruebas que la justicia norteamericana, de suyo tan expedita y eficiente, requeriría en estos casos para actuar. Los delincuentes cubanos a que se hace referencia operan, desembozadamente, en territorio norteamericano y, por ende, no es a Cuba a quien incumbe controlar ni sancionar sus actividades. Ni practicamos el espionaje internacional, ni intervenimos en asuntos internos de otras naciones, ni pretendemos que se nos autorice a investigar los hechos criminosos que ocurren allende nuestras costas. El Gobierno Revolucionario, que afirma la soberanía nacional en la misma medida en que la ejerce con riguroso sentido de sus deberes y responsabilidades, cree y postula que los asuntos internos de cada país, so pena de infringir el derecho de gentes y los compromisos internacionales contraídos, está obligado a impedir la ejecución de actos atentatorios a la seguridad de sus vecinos.

2. Las dificultades de toda índole, alegadas por las autoridades norteamericanas para determinar la participación del traidor Pedro Luis Díaz Lanz en la incursión aérea sobre La Habana, han contribuido, sin duda, a avivar el estado de irritación popular existente. ¿Quiérese acto más específico y concreto de violación de las leyes norteamericanas que este para proceder en congruencia y demostrar, cumplidamente, que los hechos se acompañan a los dichos?

Los acaecimientos posteriores a las seguridades dadas por el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, de haberse intensificado las investigaciones judiciales y policíacas en el caso en cuestión, inducen al más cándido a sospechar que el traidor Pedro Luis Díaz Lanz ha venido disfrutando de extrañas inmunidades y franquicias para la comisión de sus agresiones aéreas a Cuba. No se explica de otro modo que haya sido un reportero de una revista cubana y no agentes del Buró Federal de Investigaciones, de la policía estatal de la Florida o de los servicios de inteligencia de los condados de Dade y Broker, quien descubriese, en el aeropuerto de Pompano Beach, el «misterioso» paradero del avión B-25, matrícula no. 9876-C, utilizado por el traidor Díaz Lanz. Veinticuatro horas después de estar circulando por Miami dicha revista, las autoridades denunciaron la ocupación de un avión B-25 con la misma matrícula y en el mismo aeropuerto en que fue fotografiado por el reportero cubano. El aventurero Frank Fiorini, compañero del traidor Díaz Lanz, localizado simultáneamente en Norfolk, se ufanó, con ostensible menosprecio de las leyes norteamericanas, de haber participado en la incursión aérea sobre La Habana.

No cabía ya escudarse en la insuficiencia de información y de pruebas para detener, procesar, encarcelar y juzgar al traidor Díaz Lanz, por continuas violaciones de las leyes norteamericanas. Sin embargo, el traidor Díaz Lanz y el aventurero Fiorini, no solo permanecieron disfrutando de libertad, sino que el primero persistió en su aviesa campaña contra Cuba.

Si el traidor Pedro Luis Díaz Lanz ha sido detenido y encarcelado provisionalmente no lo fue a causa de las violaciones de las leyes norteamericanas, ni a instancia de las autoridades federales, sino a solicitud del Gobierno Revolucionario de Cuba, en virtud de auto de procesamiento dictado por el juez competente y del expediente de extradición iniciado por la Cancillería cubana. Después de su carta pública al Señor Presidente Dwight Eisenhower, en que se declara convicto y confeso de la ilegal incursión aérea sobre La Habana, el traidor Díaz Lanz sigue gozando de libertad.

El Gobierno Revolucionario agradece las manifestaciones de Su Excelencia, deplorando el sangriento rastro de la incursión aérea sobre La Habana por aviones procedentes de bases norteamericanas. Y rechaza, a la vez, que las protestas del Gobierno y del pueblo cubanos sean producto de invenciones malévolas, deliberadamente encaminadas a «alentar sentimientos hostiles entre los dos países».

3. El Gobierno Revolucionario de Cuba acoge, con beneplácito, las seguridades ofrecidas por el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica de que tomará todas las medidas y acciones judiciales procedentes en todos los casos de esta naturaleza, y confía en que cristalice, muy pronto, en hechos objetivos y concretos. Incidentes de esta clase afectan a las buenas relaciones que deben existir entre los dos países y dan pábulo a inferencias que no carecen totalmente de fundamento, como se desprende de las medidas y provisiones adoptadas por el Gobierno de Su Excelencia con el declarado propósito de impedir su repetición.

4. Las aclaraciones que hace el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica sobre su política denegatoria de licencias de exportación de armas e implementos de guerra, en el área del Caribe, conllevan insinuaciones que el Gobierno Revolucionario rechaza de plano.

En esa área, efectivamente, existe un estado de violencia y tensión, del cual Cuba y otros países democráticos aledaños no son responsables. El único y verdadero responsable de ese estado de violencia y tensión es el dictador vitalicio Rafael Leónidas Trujillo, quien desde hace treinta años fatiga el crimen, el latrocinio y la agresión en las barbas de la Organización de Estados Americanos y aun de las propias autoridades norteamericanas, en cuya jurisdicción sus agentes secuestran y asesinan con la misma impunidad con que infringen toda la gama de la delincuencia común en Santo Domingo. Los renovados esfuerzos del valiente y sufrido pueblo dominicano, por liberarse de tan prolongado y cruel despotismo, merece el profundo respeto del Gobierno Revolucionario y la cálida simpatía del pueblo cubano, sin que ese respeto y esa simpatía impliquen intervención alguna en los asuntos internos de esa nación hermana. Consideramos, sin embargo, que los gobiernos democráticos del hemisferio no pueden permanecer indiferentes ante un régimen que vive al margen del derecho internacional y actúa en consonancia. El asalto, saqueo e incendio de la Embajada de Cuba y la frustrada invasión del territorio cubano, urgidos y organizados por Trujillo y los criminales de guerra residentes en Santo Domingo y en Miami, demuestran hasta qué grado es incompatible ese régimen con las más elementales normas de la convivencia civilizada. Una de esas violaciones de la ley internacional fue denunciada por Cuba en el Consejo de la Organización de Estados Americanos y la otra en la V Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, sin que recayeran resoluciones al respecto, no obstante el carácter vandálico de la primera. Cuba tuvo, en cambio, que encararse en el Consejo de la Organización de Estados Americanos con las mendaces acusaciones del Gobierno agresor, y en cierta votación, de triste recuerdo, el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica se alineó, casi solitariamente, con la dictadura dominicana.

La esperanza que abrigó el Gobierno de Su Excelencia de que la paz y la tranquilidad renacerían en el área del Caribe al asumir el poder el Gobierno Revolucionario de Cuba, se desvaneció, no por medidas y acciones de este, como sutilmente pretende insinuarse, sino por la creciente agresividad, confabulación y audacia de Trujillo, al punto que no hubo ya otra alternativa que suspender las relaciones diplomáticas con el régimen dominicano.

El Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica tiene el derecho de denegarle licencia de exportación de armas y otros implementos de guerra a quien le plazca. Pero lo que no puede es interponer su influencia cerca de otros gobiernos, so pretexto de cooperar al mantenimiento de la paz en el área del Caribe, a fin de impedir que, por razones meramente defensivas, un Gobierno amigo se provea de los aviones que necesita, sustituyendo sus equipos ya inservibles por unos adecuados. Las gestiones realizadas por el gobierno norteamericano cerca del Gobierno británico para bloquear ese canje, coincidieron, desdichadamente, con las agresiones aéreas a Cuba y se prosiguieron, a pesar de habérsele significado a Su Excelencia que constituían un acto poco amistoso, ya que, a sabiendas, se dejaba al Gobierno y al pueblo cubanos, a merced de un pirata internacional y de una banda de criminales. El Gobierno Revolucionario posee informes fidedignos de que la Embajada norteamericana en Bélgica efectuó pertinaces gestiones cerca del Gobierno de ese país, con el propósito de lograr que se cancelaran nuestros pedidos de armas ligeras. No conoce empero que se hayan realizado gestiones análogas cerca de los Gobiernos de Bélgica, Francia, Gran Bretaña, Holanda y Alemania Occidental, demandando la cancelación de numerosas órdenes de Trujillo, no obstante ser el único y verdadero perturbador de la paz en el área del Caribe.

El Gobierno Revolucionario, por lo demás, adquirirá los aviones y las armas que necesite para su defensa en el mercado que se los proporcione, ya que se las niega y trata de impedir que se las vendan, el gobierno que abasteció al ex dictador Batista con aviones, armas y bombas que sembraron el dolor, el luto y la ruina en un pueblo amigo.

5. El Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica «se enorgullece de la independencia y objetividad» de las agencias cablegráficas y de los servicios de prensa de su país y rechaza, ásperamente, por falsa, la acusación de «haberse dedicado a una campaña deliberada para dar una impresión errónea del Gobierno de Cuba y desacreditarlo». No es esta la oportunidad de discutir la pregonada «independencia» de cierta prensa norteamericana; pero sí de subrayar la enorme responsabilidad moral que ha contraído el Gobierno de Su Excelencia al enorgullecerse de unas agencias cablegráficas y de unos servicios de prensa que han difundido, y continúan difundiendo, las más procaces mentiras y los más indignantes insultos contra el Gobierno Revolucionario y sus más eminentes figuras. ¿Es acaso «muestra de objetividad» asesinar al doctor Fidel Castro, disfrazar de héroes a traidores, inocular insidias, incitar a la subversión, acusar de comunista al primer Gobierno realmente cubano que hemos tenido, propugnar la asfixia económica y circular rumores de la peor laya? ¿Es de esa «objetividad», que desfigura los hechos y difama sin parar mientes en la dignidad, la seguridad y la soberanía del pueblo cubano, de la que se enorgullece el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica?

El Gobierno Revolucionario demanda claras explicaciones al respecto de si el Gobierno de Su Excelencia se solidariza o no con todos los insultos, las mentiras y las insidias propalados por las agencias cablegráficas y los servicios de prensa norteamericanos.

6. El Gobierno Revolucionario ha precisado ya, en su nota dirigida a Su Excelencia, su propósito inquebrantable, en uso de las prerrogativas y potestades de un Estado soberano, de llevar a cabo un programa de transformaciones económicas y sociales en beneficio del pueblo cubano y, particularmente, la Reforma Agraria, supuesto indispensable del desarrollo industrial, del progreso social y del fortalecimiento de las instituciones democráticas.

Agradezco, de nuevo, en nombre del Gobierno Revolucionario, la reafirmación que hace Su Excelencia de que «el Gobierno y el pueblo de los Estados Unidos comparten y apoyan los esfuerzos del pueblo cubano por el logro de la justicia social, con más altos niveles de vida y una economía más próspera». Y, a la par, le reitero la buena disposición del Gobierno de Cuba a continuar examinando, por los cauces diplomáticos normales, las cuestiones pendientes entre ambos países, sin que quepa prejuzgar que las soluciones que Cuba proponga se aparten del derecho internacional.

7. Ignora el Gobierno Revolucionario de Cuba la intención del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica al referirse Su Excelencia al tema del comunismo, durante su entrevista con el Señor Presidente de la República; pero lo cierto es que la «infiltración comunista » en las esferas oficiales es el manido disco que han desempolvado y vienen manejando, dolosamente, a diario, nuestros enemigos internos y externos, con la prava finalidad de crear condiciones propicias a la disensión nacional y a la intervención extranjera. La naturaleza, estructura y objetivos del Gobierno Revolucionario se definen por sus hechos y no por las etiquetas o lo ropajes que maliciosamente se le endilguen. Se equivocan o confunden quienes quieren equivocarse o confundirse. Cuba ha cumplido y cumple, cabalmente, con las obligaciones internacionales que ha contraído en la Organización de las Naciones Unidas y en la Organización de Estados Americanos; mas, no admite ni acepta políticas internacionales de bloques ni disyuntivas prefabricadas. El pueblo cubano ha encontrado ya, acorde con su tradición histórica, su idiosincrasia nacional, su misión en América, su papel en el mundo y los requerimientos de la época, su forma propia de expresión política, económica, social y cultural y se apercibe a erigir, sobre bases también propias, un sistema democrático en que la clásica fórmula de Lincoln se traduzca en efectiva, plena y fluente realidad. A la Revolución cubana no la atemorizan fantasmas ni aparecidos. Sabe de dónde viene, lo que quiere y adónde va. Navega por aguas limpias y lleva clavada, en el palo mayor, la bandera de la estrella solitaria.

El Gobierno y el pueblo cubanos desean convivir en paz y amistad, e incrementar sus relaciones diplomáticas y económicas sobre la base del respeto mutuo y recíproco beneficio con el Gobierno y el pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica. Eso es sumamente fácil si, por una parte, se dejan de identificar los intereses transitorios de un grupo reducido de ciudadanos norteamericanos con los intereses permanentes que deben presidir las relaciones entre dos pueblos tradicionalmente amigos y que han sido y son buenos y cordiales vecinos; y si, por otra parte, se pone coto definitivo a las actividades contrarrevolucionarias de los criminales de guerra cubanos asilados en territorio estadounidense y se desautoriza a los norteamericanos que instigan y apoyan esas actividades delictuosas contra Cuba.

Esa es, en resumen, la política y la actitud del Gobierno y el pueblo cubanos hacia el Gobierno y el pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica.

En atención a todo lo anteriormente expuesto, el Gobierno Revolucionario expresa su esperanza de que el Gobierno de Su Excelencia reexamine su política y actitud hacia el Gobierno y el pueblo cubanos.

Debo manifestarle, por último, señor Embajador, que al disponer el Departamento de Estado la publicación de las representaciones de Su Excelencia al Señor Presidente de la República, prescindiendo de los cauces diplomáticos normales, el Gobierno Revolucionario de Cuba se considera en libertad de difundir esta nota inmediatamente después de haber sido entregada. La opinión pública internacional tendrá así la ocasión de juzgar, a la luz de antecedentes y hechos que suelen omitirse o mixtificarse, la situación que mutuamente nos preocupa.

Aprovecho la oportunidad, Señor Embajador, para reiterarle el testimonio de mi más alta consideración y aprecio.

Dr. Raúl Roa

Ministro de Estado

Al Excmo. Sr. Phillip W. Bonsal Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de los Estados Unidos de Norteamérica La Habana

Fuente: DALA, publicación quincenal del Departamento de Asuntos Latino Americanos, año 1, no. 1, Ministerio de Estado, República de Cuba, 1ro. de diciembre de 1959, pp. 72-80.

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Creación del Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda 

Ley No. 86 de 17 de febrero de 1959

HACIENDA

Por Cuanto: El juego constituye un vicio.

Por Cuanto: De todas las formas de juego, la peor es aquella que se nutre de los escasos recursos de las clases más humildes del pueblo y que empobrece al ciudadano en el orden material y lo prostituye moralmente.

Por Cuanto: Es práctica deleznable de los gobernantes explotar el vicio con fines de lucro personal o de recaudación fiscal, en vez de adoptar las medidas necesarias para erradicarlo.

Por Cuanto: Desde los inicios de la República la Lotería Nacional ha constituido un organismo estatal que ha servido para la explotación del vicio, y, además, para el enriquecimiento de camarillas políticas y gobernantes de turno, quienes han obtenido primas y dividendos con cargo a lo que le ha sido sentina y fuente de inmoralidades.

Por Cuanto: Al momento de ser derrocada la tiranía, existían en ese Departamento del Estado tres mil seiscientas ochenta y cuatro personas que devengaban sueldos sin prestar servicio alguno, lo que evidencia el grado de descomposición que llegó a producir la explotación del juego por el Estado.

Por Cuanto: Paralelamente a este Organismo proliferaron infinidad de sistemas de explotación del juego que incrementaron ese hábito nefasto de forma tan alarmante que no existe hoy apenas sector social, comercial o industrial que no le emplee con fines de competencia y de lucro.

Por Cuanto: Si en el orden moral y económico el juego perjudica al ciudadano, en el aspecto industrial sustituye la competencia en la calidad y los precios por la competencia en los planes de regalos, con grave detrimento para el desarrollo industrial del país, ya que de esa forma cualquier industria se convierte en una especie de garito lejos de ser un centro de progreso económico, social y técnico.

Por Cuanto: Uno de los objetivos esenciales de la Revolución consiste en reducir el juego y combatir las causas que lo fomentan, hasta suprimirlo totalmente.

Por Cuanto: El enorme desempleo que existe en el país exige procurar una ocupación decorosa al número crecido de personas que, en calidad de empleados de la Lotería Nacional o vendedores de billetes, lograban su precario sustento.

Por Cuanto: Los propios vendedores de billetes eran explotados por toda clase de intermediarios.

Por Cuanto: El juego, como vicio enraizado en la población a través de siglos de Colonia y decenios de República, no puede abolirse por simple Decreto.

Por Cuanto: La supresión del juego por medio de la represión policial, amén de exigir miles de agentes dedicados a ese fin, daría lugar a que incontables ciudadanos actuaran al margen de la Ley.

Por Cuanto: Gobernar, orientar y educar un país es obra de paciencia e inteligencia, más que de fuerza.

Por Cuanto: El Estado tiene a su alcance infinidad de recursos técnicos, materiales y psicológicos para lograr sus fines de convivencia superior en las sociedades humanas.

Por Cuanto: Los métodos y procedimientos de gobierno deben adaptarse a la psicología e idiosincrasia de los pueblos.

Por Cuanto: El hábito de ahorrar es el que debe sustituir al hábito del juego.

Por Cuanto: Lo que ha sido hasta hoy explotación del pueblo y estímulo del vicio, debe sustituirse por un instrumento de ahorro.

Por Cuanto: El jugador se convertirá en ahorrador mediante la acción del Estado -haciéndose evolucionar su mentalidad en un proceso de superación social- al brindarse mayor estímulo al que ahorra y menor ventaja a quien juega.

Por Cuanto: Desde el instante en que el Estado reintegre por ley al jugador lo que este invierta en el juego la explotación habrá desaparecido y el producto del juego se convertirá en ahorro.

Por Cuanto: El mejor modo de anular todas las demás formas de juegos ilícitos, es el de ofrecer las abrumadoras ventajas que, sobre el juego, representa el nuevo sistema de ahorro que se propone implantar.

Por Cuanto: La solución científica del problema del juego, puede ir unida a la solución de otros males sociales.

Por Cuanto: El dinero que antes se extraía de la economía del pueblo para enriquecer a los aprovechados seguidores del gobernante de turno, puede ser empleado en una obra de extraordinario beneficio social, al par que asegure la devolución, con interés, del dinero que se invierta en el juego.

Por Cuanto: Una de las medidas más útiles que puede acometer el Gobierno de la Revolución es la que franquee la definitiva solución del problema de la vivienda, haciendo que la necesidad de vivir bajo techo propio deje de ser también una explotación, y que se brinde a los que carecen de él la oportunidad de adquirirlo, en un corto número de años, a través de un organismo del Estado y por las mismas sumas que hoy pagan en concepto de alquiler.

Por Cuanto: Es política adecuada la de propiciar que la actividad bancaria esté dirigida a la realización de una verdadera función social y no orientada por meros propósitos de lucro.

Por Tanto: En uso de las facultades que le están conferidas el Consejo de Ministros resuelve dictar la siguiente:

LEY NO. 86

Artículo Primero: Suprimir total y definitivamente la «Renta de la Lotería Nacional de Cuba».

Artículo Segundo: Crear en su lugar un Organismo autónomo: «Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda», que tendrá los siguientes objetivos:

a) Ahorrar al pueblo lo que hasta hoy se invierte en juego.

b) Invertir los fondos que puedan allegarse mediante este plan y cuantos más puedan movilizarse para la solución definitiva del problema de la vivienda en nuestro país, terminando así con el lucro y la explotación en estos dos aspectos de la vida nacional.

c) Hacer que las capas medias y humildes de la población alcancen también los beneficios de la actividad crediticia.

d) Promover otras inversiones de beneficio nacional a medida que este Organismo logre el cumplimiento de sus fines.

Artículo Tercero: El Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda emitirá bonos con las características dispuestas en esta Ley, en sustitución de billetes de lotería, con sus correspondientes series.

Artículo Cuarto: Se efectuará semanalmente un sorteo entre los adquirentes de dichos bonos y se otorgarán un premio de cien mil pesos (100 000,00) y mil premios de a cien pesos ($100,00) cada uno.

Artículo Quinto: Los adquirentes de bonos no premiados podrán recuperar el valor de los mismos, de acuerdo con la siguiente escala:

a) El 40 % de dicho valor si no ha transcurrido un año desde la fecha del sorteo correspondiente.

b) El 50 % de dicho valor después del primer año y mientras no transcurran dos años desde la fecha del sorteo correspondiente.

c) El 60 % de dicho valor después del segundo año y mientras no transcurran tres años desde la fecha del sorteo correspondiente.

d) El 75 % de dicho valor después del tercer año y mientras no transcurran cuatro años desde la fecha del sorteo correspondiente.

e) El 90 % de dicho valor después del cuarto año y mientras no transcurran cinco años desde la fecha del sorteo correspondiente.

f) El 110 % de dicho valor luego de transcurridos cinco años desde la fecha del sorteo correspondiente.

g) Si transcurrido el plazo de cinco años a que se refiere el inciso anterior el tenedor del bono desea conservarlo, aquel devengará anualmente el 3 % de interés del valor adquirido, según el inciso f) de este artículo.

h) Si transcurridos siete años desde la fecha del sorteo correspondiente el adquirente desea conservar el bono, percibirá anualmente el 4 % de interés de dicho valor adquirido, según el inciso f) de este artículo. El valor de los bonos será fijado por el director del Instituto, previo informe técnico que se solicitará del Ministro de Hacienda.

Artículo Sexto: Todos los bienes, muebles, inmuebles, derechos reales, efectivos, valores, efectos públicos y todas las demás pertenencias de cualquier índole de la Renta de la Lotería Nacional, se transfieren a partir de la promulgación de la presente Ley al Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda que se crea, integrando así todos esos bienes el patrimonio inicial de dicho Organismo.

Del Director

Artículo Séptimo: El Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda estará regido por un Director, quien será nombrado y removido por el Consejo de Ministros, deberá ser ciudadano cubano, mayor de edad, no haber sido sancionado por delito infamante y estar en el pleno uso de sus derechos civiles y políticos.

El Director ejercerá las más amplias facultades en el desempeño del cargo, especialmente las siguientes.

a) Confeccionará los Presupuestos del Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda, así como la plantilla de empleados y funcionarios del mismo, pudiendo crear y suprimir las plazas que estimare conveniente y dotar las mismas en la forma que estimare procedente.

b) Regirá la administración económica del Organismo y su contabilidad, sin perjuicio de las facultades de fiscalización del Tribunal de Cuentas, de conformidad con las disposiciones legales que lo regulan.

c) Ostentará la representación legal del Organismo ante todas las autoridades judiciales, civiles y administrativas y ante todas las personas naturales o jurídicas, pudiendo delegar su representación en los abogados o procuradores que seleccionare.

d) Presidirá toda clase de juntas, comisiones y actos, incluyendo las subastas que promueva el Organismo, sin perjuicio de lo cual podrá delegar esta facultad en el funcionario o empleado que designare al efecto.

e) Como representante legal del Organismo ostentará las más amplias facultades para actos de administración y de dominio, como los de comprar, vender, permutar, gravar, aportar, traspasar y en cualquiera forma, adquirir en general bienes muebles, inmuebles, semovientes, derechos reales y de otras especies.

f) Podrá bajo la superior dirección y fiscalización del Banco Nacional de Cuba, emitir títulos, bonos, obligaciones, efectos y valores de todas clases, con garantía del patrimonio del Instituto, sin que pueda establecerse como garantía de dichas emisiones las recaudaciones de los sorteos que se efectuaren.

g) Aceptar para el Organismo toda clase de donaciones.

h) Dictar las disposiciones y resoluciones que estimare pertinentes con la finalidad de fomentar en nuestro país el ahorro y erradicar el vicio del juego y custodiar y mantener en buen estado todas las propiedades del Organismo.

i) Confeccionar y poner en vigor los planes de celebración de sorteo con sujeción a las regulaciones que más adelante se establecen en esta Ley.

Artículo Octavo: Asimismo podrá el Director autorizar o no el juego en los casinos de lujo como atracción turística, regulando y señalando la contribución o aporte que deberá percibir el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda.

Lo que el Instituto perciba por la contribución de los casinos de lujo, no lo ingresará en su Caja de Ahorros ni lo invertirá en viviendas, sino que formará con dichas contribuciones una Caja aparte, cuyos fondos invertirá en auxiliar los Hogares de ancianos, inválidos, ciegos y otras instituciones de beneficencia.

Artículo Noveno: Prohibir, a fin de que este Instituto cumpla cabalmente sus fines, las actividades siguientes:

a) Todas las loterías particulares, rifas, bazares, así como los planes de regalos o premios en dinero efectivo u objeto de cualquier valor, aunque fuera en concepto de regalo u obsequio, mediante sorteos u otros procedimientos análogos o semejantes; así como los juegos de envite o azar.

b) La importación, tenencia, anuncio y venta de billetes de lotería o rifas extranjeras, y de las amortizaciones o rifas y sorteos relacionados en el inciso anterior.

c) La utilización por empresas periodísticas, industriales, comerciales o de cualquier otra clase, de papeles, recibos y comprobantes de pago, anuncio, viñetas, papeletas, vales o cupones numerados o marcados con letras y otras señales, que otorguen derecho a premios

por medio de la suerte o azar, consistentes en efectivo, vales o bienes de cualquier otra clase. No obstante lo dispuesto en el artículo anterior, el director del Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda podrá autorizar dentro del término de un año, a partir de la promulgación de esta Ley, la celebración de juegos y sorteos en que intervenga el azar, procurando lograr la supresión de los mismos dentro del menor tiempo posible y siempre antes del vencimiento de dicho plazo en que quedarán prohibidas esas actividades totalmente.

Artículo Décimo: Se autorizan los sorteos privados que se efectúen con la finalidad de determinar la prelación y orden de amortización, pago, extinción de bonos, obligaciones, pagarés o títulos análogos, préstamos o inversiones en general y sus intereses o utilidades, siempre que esos sorteos se efectúen de conformidad con lo dispuesto en el título o disposición legal constitutivos de esas obligaciones y no contravengan lo dispuesto en esta Ley.

Las prohibiciones contenidas en esta Ley no limitarán las facultades conferidas a otras instituciones oficiales, autónomas o paraestatales por las disposiciones legales que los rijan.

Artículo Décimo Primero: Los bonos que emitirá el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda serán títulos al portador, y, en consecuencia, se considerará dueño del bono por el Estado a quien lo presente al cobro, sin perjuicio del derecho de los terceros perjudicados a causa del delito.

Artículo Décimo Segundo: Todas las fracciones de los bonos que emitiera este Organismo llevarán estampado en seco el escudo de armas de la República, e impreso y taladrado el número de orden correspondiente a cada Sección, en guarismos y en letras cada uno de ellos; así como la firma del director, fecha de celebración del sorteo y número del mismo;

acuñadas a mano su contraseña o clave, e impreso en su dorso el plan de celebración del sorteo a que habrá de sujetarse.

Artículo Décimo Tercero: En cada bono deberá hacerse constar su valor por año, a partir de su entrada en circulación, así como el tipo de interés que devengue. Los bonos que resultaren sobrantes por nulidad o falta de venta quedarán a cuenta y cargo del Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda. En estos casos, se endosarán taladrándolos debidamente

y se dará publicidad a la lista de los mismos, antes de la celebración del respectivo sorteo.

Artículo Décimo Cuarto: En caso de aumento de la demanda de bonos, el Instituto podrá aumentar la cantidad de los mismos en circulación, pero no así la cantidad de doscientos mil pesos ($200 000,00) fijada para premios.

Artículo Décimo Quinto: Podrá, no obstante, disminuirse paulatinamente la cantidad de doscientos mil pesos ($200 000,00) dedicada a premios, hasta su supresión, si cumplidos los fines de este Organismo la Dirección aprecia que ha llegado el momento en que el hábito popular del juego ha sido sustituido por el del ahorro.

Artículo Décimo Sexto: Se considerarán nulos los bonos para el público por las causas siguientes:

a) Por extravío en correo al ser remitido por el Instituto a los adquirentes.

b) Por ausencia de alguno de los requisitos que se relacionan en el artículo 12 de esta Ley.

c) Por pérdida, sustracción, hurto o robo en las oficinas públicas, bien antes de ser puestos a la venta o después y siempre que puedan determinarse cuáles son los bonos perdidos o sustraídos.

Para que dichas anulaciones causen efecto en cualquiera de los casos relacionados, deberá dictar el Director la Resolución correspondiente que se publicará en la Gaceta Oficial de la República. Mientras no se dicte Resolución en el correspondiente expediente se suspenderá

el pago de los bonos premiados a que se contrae este artículo.

En los casos en que se hayan declarado nulos bonos de este Organismo por pérdida, sustracción, hurto o robo antes de haberse puesto a la venta, el día anterior al señalado para la celebración del sorteo, y al procederse ante notario público al recuento de todas las bolas del número y premios correspondientes al mismo se retirarán las que corresponden a

Artículo Décimo Séptimo: El sistema de premios mediante sorteos no habrá de suprimirse en la etapa inicial del funcionamiento del Instituto. No obstante ello, el Instituto deberá disminuir paulatinamente la cantidad dedicada a premios en la misma medida en que aumente el número de bonos en circulación, estimulando mediante el pago de intereses

y otros procedimientos la tendencia a adquirir y conservar los bonos con el propósito de que se produzca la capitalización mediante el ahorro y no por medio del juego, hasta suprimir este totalmente.

Artículo Décimo Octavo: Los sorteos serán públicos y se efectuarán en la ciudad de La Habana o en el lugar que designare el Director, en un local con claridad suficiente y capaz de albergar un gran número de personas. Las comprobaciones y demás actos que se realicen durante la celebración de los mismos se verificarán en presencia de todos los concurrentes.

Artículo Décimo Noveno: Son atribuciones del Director en cuanto a la celebración de los sorteos las siguientes:

a) Autorizar el acto con su presencia.

b) Resolver de plano sin recurso alguno, cualquier incidente que ocurra en el proceso de celebración del Sorteo.

c) Suspender el sorteo en los casos en que ocurra incidente grave que demande la necesidad de esta medida extrema.

La actuación y resoluciones del Director producidas durante los sorteos, se harán constar en acta, habilitándose al efecto el correspondiente Libro. Al expediente de cada sorteo se agregará copia autorizada de dicha acta. El Secretario del Instituto levantará acta por duplicado de cada sorteo, dando fe un Notario Público de la certeza de cuanto en ella se

exprese, y remitirá copia autorizada de la misma al Tribunal de Cuentas, a sus efectos.

Artículo Vigésimo: Se concede franquicia postal y telegráfica al Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda.

Artículo Vigésimo Primero: El Instituto podrá utilizar los servicios de los Administradores de Distritos y Zonas Fiscales y de sus subalternos; el de los Administradores de Aduanas y el de los comisionados o alcaldes municipales, siempre que se estimare conveniente.

Artículo Vigésimo Segundo: El Instituto publicará, cuando fuere oportuno, el plan de los sorteos en la Gaceta Oficial de la República con la debida antelación. En dichos planes de sorteos se harán constar el número, serie y clase de los mismos, el precio, número total y fraccionamiento de los bonos, así como los premios que han de adjudicarse y el día, hora y lugar en que han de efectuarse los sorteos.

Artículo Vigésimo Tercero: Los bonos que emita este Organismo serán puestos a la venta sin descuento ni recargo alguno.

Artículo Vigésimo Cuarto: Todo vendedor podrá adquirir el número de bonos que le fuere asignado por la Dirección, pero deberá poseer un documento de identificación expedido por el Instituto que lo acredite como tal, y el distribuidor deberá tomar nota del número de bonos adquiridos por los vendedores en cada sorteo, con el objeto de que ese número no sobrepase la asignación otorgada por la Dirección del Instituto. En ningún caso un vendedor podrá acreditarse como tal ante más de un distribuidor.

Artículo Vigésimo Quinto: El Instituto, preferentemente, invertirá el producto de lo que obtenga por venta de bonos en la construcción de viviendas, procurando cubrir su presupuesto de gastos con el producto de esas inversiones, las cuales no devengarán un interés superior al 5 % anual.

Del Pago de los Premios

Artículo Vigésimo Sexto: Se efectuarán sorteos, en cada uno de los cuales se premiarán tantos números cuanto sean los premios ofrecidos en el plan que al efecto se apruebe.

Artículo Vigésimo Séptimo: Únicamente se pagarán los mismos a tenor de la Lista Oficial de números y premios correspondientes al sorteo de que se trate, la cual, autorizada por el Director, se fijará a la vista del público en las oficinas del Instituto, en los locales de depósitos, en las Alcaldías Municipales, y en los demás lugares que el director estimare

conveniente.

Artículo Vigésimo Octavo: No se satisfará premio alguno sin la presentación y entrega de los bonos correspondientes, el cual no podrá ser reembolsado ni sustituido por otro documento.

Artículo Vigésimo Noveno: Los bonos rotos o deteriorados en forma tal que ofrezca duda la identificación, no serán pagados sin someterlos previamente a reconocimiento pericial en el Instituto, el cual realizará o no dicho pago de acuerdo con el resultado del peritaje.

Artículo Trigésimo: Con excepción de los casos relacionados en los artículos anteriores, no podrá suspenderse el pago de ningún bono premiado sino en virtud de Resolución judicial legalmente notificada.

Artículo Trigésimo Primero: El derecho al cobro de premios caduca al año, computado a partir del siguiente día a la celebración del sorteo.

Transcurrido este plazo el Instituto quedará exento de responsabilidad de pago y a beneficio de su patrimonio el importe de los premios no pagados, salvo el caso de que el pago de algún bono premiado estuviere pendiente de Resolución Judicial.

Viviendas

Artículo Trigésimo Segundo: El Instituto creará el Departamento de Construcciones de Viviendas para las clases populares, cuyo objeto será la edificación de casas de viviendas modestas, e invertirá en ellas preferentemente, el capital acumulado por la venta de bonos con un interés no superior al 5 % anual.

Artículo Trigésimo Tercero: Con esa finalidad el Instituto podrá obtener y concertar préstamos con un interés inferior al 5 % anual.

Artículo Trigésimo Cuarto: Todos los apartamentos o casas de viviendas que se edificaren por medio del Departamento de Construcción de Viviendas, pasarán a ser propiedad de los inquilinos mediante el pago del importe del alquiler que se estableciere, cuya cuantía deberá fijarse para amortizar capital e intereses en un término aproximado de diez años.

El tenedor de bonos reintegrables al 100 % podrá emplearlos en el pago de los intereses o de las amortizaciones.

Artículo Trigésimo Quinto: En ningún caso el Instituto podrá obtener lucro al percibir los alquileres, limitándose a obtener mediante su cobro, exclusivamente, el importe de la amortización del capital invertido, el de los intereses correspondientes y el de los gastos generales del Departamento.

Disposición Final: Se derogan todas las disposiciones legales y reglamentarias que se opongan a lo dispuesto en la presente Ley.

Notas

__________________________

Fuente: Leyes del Gobierno Provisional de la Revolución (III), Editorial Lex, La Habana, 1959, pp. 121-137.

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Intervención de la Cuban Telephone Co. y rebaja de tarifas 
Ley No. 122 de 3 de marzo de 1959

COMUNICACIONES

Por Cuanto: La Ley de 18 de julio de 1909, publicada en la Gaceta Oficial del día siguiente, dispuso que todo aquel que lo solicitare tendría derecho a establecer una línea telefónica de larga distancia que uniera todas las principales poblaciones de la Isla.

Por Cuanto: Al amparo de lo dispuesto en la expresada Ley se dictó el Decreto Presidencial No. 945 de 9 de septiembre de 1909, publicado en la Gaceta Oficial del día siguiente, mediante el cual se concedió autorización a la Sociedad Anónima Cuban Telephone Company para establecer y abrir al servicio público líneas y sistemas telefónicos de larga distancia y de servicio local, estableciéndose las condiciones de esa autorización.

Por Cuanto: La Sociedad Anónima Cuban Telephone Company se obligó al cumplimiento de esas condiciones por la Escritura No. 310 de 10 de septiembre de 1909, otorgada ante el que fue notario de esta ciudad, licenciado Pelayo García y Santiago.

Por Cuanto: La naturaleza jurídica del acto administrativo contenido en el Decreto No. 945 de 9 de septiembre de 1909, fue el de una mera y exclusiva autorización para la prestación del servicio público de que se trata, sin que se otorgara a la mencionada entidad concesión administrativa alguna con arreglo a las formalidades que establecen las Leyes respecto a concesiones administrativas para la prestación de servicios públicos.

Por Cuanto: Indebidamente y con el pretexto de mejorar y ampliar el servicio telefónico en beneficio de los suscriptores y pueblo en general, el Decreto Presidencial No. 552 de 13 de marzo de 1957, publicado en la Gaceta Oficial del día siguiente, invoca y declara como concesión en favor de la entidad Cuban Telephone Company, la autorización antes citada a que se contrae el repetido Decreto No. 945 de 9 de septiembre de 1909, aceptada como tal por la Compañía en la Escritura Pública No. 310 del propio año, e introduce modificaciones al referido Decreto 945 y da nuevas regulaciones en general al servicio telefónico y tarifas aplicables, las que a su vez requieren un estudio y revisión más acorde con las necesidades actuales y en beneficio del público consumidor.

Por Cuanto: Al amparo de dicho Decreto No. 552 de 13 de marzo de 1957, se otorgó la Escritura Pública No. 213 de 14 de marzo de 1957, ante el Notario de esta Capital doctor Joaquín María Barraqué y González, por la que la Cuban Telephone Company se obligó al cumplimiento

de esas nuevas disposiciones.

Por Cuanto: Una simple disposición presidencial como es el Decreto últimamente indicado, no puede variar el contenido de la Ley originaria de 18 de julio de 1909, ni convertir en concesión lo que constituye una autorización administrativa, que como tal, es por su propia naturaleza, un acto unilateral, modificable e incluso revocable por la voluntad de la autoridad que lo hubiere conferido.

Por Cuanto: Por el Decreto No. 552 de 13 de marzo de 1957, se establecieron nuevas tarifas de servicios telefónicos y se implantó el servicio limitado, todo lo cual encarece en forma indebida un servicio público que ostensiblemente es hoy de primera necesidad, y siendo función tutelar del Gobierno mantener los mismos dentro de las tarifas justas que lo hagan costeable, con la utilidad normal al empresario, resulta indispensable realizar el estudio acucioso de las ventajas que puede ofrecer su limitación, el alcance de la misma y la justa alteración que deba recaer en las tarifas que paga el usuario, lo que a todas luces resulta excesivo en la forma en que fueron fijadas por el referido Decreto No. 552 de 13 de marzo de 1957.

Por Cuanto: Mientras el Estado realiza los estudios correspondientes para fijar las justas tarifas y las adecuadas limitaciones del servicio, resulta injustificado que el suscriptor venga obligado al pago de tasas que en toda forma resultan excesivas y por tanto es recomendable que continúen vigentes las tarifas que se aplicaban al promulgarse el mencionado Decreto 552 de 13 de marzo de 1957.

Por Cuanto: A tenor del artículo 88 de la Ley Fundamental toda empresa de servicios públicos habrá de ser explotada de manera que propenda al bienestar social, y con arreglo a su artículo 228 los servicios públicos nacionales o locales se considerarán de interés social y por consiguiente, tanto el Estado como la Provincia o el Municipio en sus respectivos casos, tendrán el derecho de supervisarlos, dictando al efecto las medidas necesarias; lo que ya había previsto el mencionado Decreto No. 945 de 9 de septiembre de 1909, al señalar entre las condiciones a cumplir con motivo de la expuesta autorización bajo la letra ll), que el Gobierno vigilaría e inspeccionaría por medio de sus Delegados, la ejecución de las obras, el desempeño del servicio telefónico en todas sus partes y el puntual cumplimiento de las obligaciones que contraiga la Cuban Telephone Company con el Gobierno y con el Pueblo.

Por Cuanto: El contenido de la citada Escritura No. 213 de 14 de marzo de 1957, otorgada a virtud de lo dispuesto en el artículo décimo primero del aludido Decreto No. 552 de 1957, carece también de virtualidad en sus estipulaciones concertadas sobre la base de una concesión para la prestación del servicio telefónico en la República, por la razón antes señalada de que la Ley originaria de 15 de julio de 1909 se contrae tan solo a una autorización cuyos términos y alcance legales no pueden ser alterados por disposiciones presidenciales.

Por Cuanto: A pesar de la alta finalidad que se invoca para la promulgación del Decreto No. 552 de 13 de marzo de 1957, las medidas que por el mismo se establecen y las altas tarifas que en virtud de sus disposiciones se cobran a los consumidores del servicio telefónico, no han mejorado en la práctica el servicio con la amplitud y brevedad que la realidad imperante exige, ni han reportado, por tanto, beneficio en favor del público.

Por Cuanto: En consecuencia y a fin de recomendar y acordar las regulaciones necesarias para el mejoramiento y eficiencia del servicio y la fijación de las tarifas equitativas que con relación a él deben abonar los consumidores o usuarios, se hace preciso disponer la ocupación, administración y operación de la Cuban Telephone Company por un Interventor designado por el Gobierno Revolucionario.

Por Tanto: En uso de las facultades que le están conferidas al Consejo de Ministros, este ha acordado y yo he sancionado la siguiente:

LEY NO. 122

Artículo 1: Se deroga el Decreto Presidencial No. 552 de 13 de marzo de 1957, publicado en la Gaceta Oficial del 14 del propio mes y año; y se dispone que, a partir de la promulgación de esta Ley, se cobrará por la entidad Cuban Telephone Company las mismas tarifas que se aplicaban al promulgarse el referido Decreto Presidencial No. 552 de 13 de marzo de 1957.

Artículo 2: No obstante lo anteriormente dispuesto, el restablecimiento de las tarifas a que se refiere el artículo anterior no surtirá efecto sino después de la última facturación de los recibos que realice

en el presente mes la entidad Cuban Telephone Company.

Artículo 3: Se dispone la intervención de la entidad Cuban Telephone Company, y se autoriza al Ministro de Comunicaciones para que designe el Interventor, así como los Asesores Técnicos y demás personal auxiliar que estimare necesario al efecto.

Artículo 4: La intervención que por la presente Ley se dispone tendrá el alcance y finalidades siguientes:

a) Ocupar todas las propiedades, oficinas, talleres, plantas, almacenes, instalaciones y equipos de la Cuban Telephone Company.

b) Dirigir y administrar la Empresa, asumiendo el Interventor todas las facultades ejecutivas y administrativas necesarias al efecto.

c) Examinar toda la administración, contabilidad, contratos y archivos de la Empresa, realizando una exhaustiva investigación sobre costos del servicio que presta.

d) Continuar y extender el plan de ampliación de plantas, equipos, instalación de aparatos y servicios en general que en la actualidad esté prestando y desarrollando la empresa.

e) Disponer en forma legal de todos los efectivos y de los depósitos y cuentas bancarias de la empresa, y realizar todos los cobros y pagos que fueren procedentes.

f) Informar al Ministro de Comunicaciones del resultado de todas las investigaciones que practicare y conclusiones a que llegare en su actuación.

g) Proponer al Poder Ejecutivo, por conducto del Ministro de Comunicaciones, las tarifas justas que deberán regir en beneficio del público consumidor en la prestación de los servicios públicos a

cargo de la Empresa; y

h) Realizar cuantas más actuaciones fueren necesarias, para la más eficaz administración de la Empresa.

Artículo 5: El interventor que se designare respetará la inamovilidad de los empleados y obreros de la Cuban Telephone Company, de conformidad con la legislación laboral vigente y los convenios colectivos de trabajo entre la Empresa y sus trabajadores.

Artículo 6: La entidad Cuban Telephone Company continuará sujeta al régimen general de impuestos nacionales, pero no estará obligada a pagar ningún impuesto que la grave exclusivamente. La Cuban Telephone Company no podrá trasladar a los suscriptores del servicio telefónico el impuesto sobre Entradas Brutas en su tipo impositivo actual. Los edificios y demás bienes inmuebles que la Compañía posea continuarán sujetos a los mismos impuestos sobre la propiedad territorial que pagan actualmente o paguen en el futuro las demás personas o entidades por igual concepto, ya fueren nacionales, provinciales o municipales, pero no estará sujeta a impuestos municipales o provinciales sobre su concesión, plantas tanto interiores como exteriores, incluyendo líneas de postes, conductos, cables, alambres y demás elementos similares o asociados, aparatos, equipos, instalaciones, operaciones y servicios, o sobre los conceptos por los cuales pague impuestos nacionales.

Artículo 7: El Interventor podrá delegar en los asesores y auxiliares que a virtud del artículo 3 designe el Ministro de Comunicaciones, aquellas facultades de que está investido por el artículo 4 que considere necesarias para el mejor cumplimiento de su funciones.

Artículo 8: Se derogan todas las demás disposiciones legales y reglamentarias que se opongan al cumplimiento de la presente Ley, que comenzará a regir desde el día de su publicación en la Gaceta Oficial de la República.

Fuente: Leyes del Gobierno Provisional de la Revolución (V), pp. 22-28.

/04/2006 12:24:55

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Discurso de elogio del Generalísimo del Ejército Libertador Máximo Gómez pronunciado por el general de Brigada del Ejército Libertador Enrique Collazo Tejada en la Sesión Solemne Extraordinaria de la Cámara de Representantes el 17 de junio de 1909 

Señor Presidente y Señores Representantes:

Debo comenzar este trabajo demostrando el agradecimiento que siento hacia el Señor Presidente de la Cámara por la designación que hizo y a la Cámara aceptándola para concederme el alto honor de cumplir con un deber sagrado al hablar de mi antiguo Jefe, al evocar recuerdos del pasado, para poner en evidencia, tal como lo veo hoy, el carácter, las condiciones morales del General Máximo Gómez. Estamos aquí reunidos por la demostración del cariño y el respeto que el General Boza tenía para con el General Máximo Gómez, pues á petición de él, debe celebrarse anualmente esta sesión y así la historia del subalterno ó el recuerdo del subalterno y del Jefe irán unidos constantemente, mientras este Congreso exista.

Yo tengo la convicción de que nadie aquí espera de mi un discurso, me conocen lo bastante para saber que me faltan condiciones para ello. Yo espero y cuento con la indulgencia de Ustedes que me permita hacer con libertad, evocando el recuerdo de los tiempos viejos, el retrato a mi modo del hombre cuyo aniversario conmemoramos reuniéndonos hoy aquí.

Yo quisiera hacer una advertencia, yo creo que los que hablen de los hombres cuya figura ha de pasar a la historia deben hacerlo haciendo un retrato fiel del hombre, no endiosándolo, si no pintando al hombre de carne y hueso, tal como fue, diciendo sus defectos y sus buenas condiciones, que cuando los hombres son como aquel de quien tengo el honor de ocuparme yo esta noche, son tantos sus méritos y tantos sus merecimientos que no serán para empañar su memoria los defectos que pudiera tener y si así se logra, pasa a la historia el hombre tal como fue con su carácter propio y se pueda mañana que se presente el caso de juzgar sus hechos juzgarlos con mayor facilidad y exactitud.

Yo pretendo presentar al General Gómez, bajo dos aspectos, por su carácter, por sus condiciones morales y como militar. Tiene para mi la evocación del recuerdo del General Gómez una fuerza tal que me parece todavía verlo en estos instantes risueño y jocoso cuando estaba de buen humor, fuerte y duro en sus ratos malos; recuerdo todavía sus momentos de irascibilidad cuando se encontraba en el campo de batalla entusiasmado por el olor de la pólvora, dando a su voz y a su acción la fuerza del mandato imperativo, tan acostumbrado en él, que parecía una cosa propia, que se adaptaba perfectamente, y del cual no podía prescindir en las órdenes que daba para que se cumplieran con prontitud. Yo reconozco en el General Gómez su irascibilidad y de ella dependen acaso, todos los errores que pudiera haber cometido, pero lo predominante en el General Gómez era su lealtad, su cariño inmenso a Cuba, una condición de amor a esta tierra que pudiera haber igualado alguno, pero que nadie sobrepuja y muy pocos llegan a imitarle. Era el amor a Cuba ingénito y propio en el General Gómez y no fue bastante a entibiarlo la ingratitud, la violencia y la injusticia con que en determinado momento lo trataron algunos cubanos, incapaces de juzgar su conducta como soldado y como patriota. Aunque maltratado y vilipendiado por los cubanos en el momento más aciago de su vida y de su mayor pobreza, no olvidó nunca a Cuba, y a pesar de su miseria, de sus necesidades y desengaños, no se tocó nunca la corneta para proclamar la guerra en Cuba, que no lo encontráramos los cubanos siempre haciendo uso de una expresión propia de él: “Con el pié en el estribo, listo para montar, para empezar el combate”. (Aplausos)

Yo recuerdo días tristísimos que pusieron a prueba el carácter indomable de aquel hombre; yo recuerdo los días tristes en que la Revolución del 68 finalizaba; se había combatido con rudeza; llevábamos nueva años y pico de lucha; se veía morir la Revolución, se palpaba ya; se presentía; recuerdo haberle oído: “Estamos perdidos, la política de Martínez Campos nos mata, desde que los españoles no matan, algunos se están dejando coger; esto se acaba”.

Desgraciadamente era verdad. Se necesitó en aquel momento supremo dar la voz de alarma, hacer el último esfuerzo por salvar la Revolución, condenada a la muerte por el abandono de los de afuera y por el triste cansancio de los de adentro. Y en aquel momento él hizo el esfuerzo, deteniendo a los emisarios que de líneas españolas llegaban a territorio revolucionario con proposiciones de paz; él los detuvo, no por cuenta propia, los entregó al Presidente de la República, que los mandó a la residencia del jefe del territorio, allí fueron juzgados y condenados, pero tres de los que debieron ser ejecutados, según la orden o sentencia del consejo de guerra, pues para ellos existía la duda, una duda legal, que debía ser resuelta antes de su ejecución, y a él se hizo la consulta. El General Gómez debía ser el arbitro, y sin apasionamiento, y con buen juicio, dijo: “De cuestiones legales yo no entiendo. Queda esa resolución pendiente hasta que quien con más derecho que yo pueda resolverla”. Aquellas tres víctimas de la Revolución se salvaron. El dique no fue puesto lo bastante fuerte y tres meses después se venía abajo la Revolución. Final triste de una guerra heroica de diez años.

En los momentos de agonía de aquel pueblo heroico, era el General Gómez la personalidad saliente: el Gobierno español hubiera puesto a su disposición cuanto hubiera necesitado; era el General Martínez Campos largo en cuestiones de dinero en esos casos. El General Gómez estaba, como la mayoría de todos aquellos soldados, que estaban más que pobres, miserables, porque miseria horrible es no tener casa, ni hogar, ni más ropa que la puesta sobre el cuerpo, y así estaban todos. Los centenares de miles de pesos que hubiera obtenido nada más que con hacer la más ligera indicación, no lo deslumbraron; prefirió la miseria horrible a manchar su nombre de patriota, aceptando del jefe español la más mínima dádiva. Recuerdo la última entrevista, que fue la única que mantuvo con el General Martínez Campos en Vista Hermosa: estaban sentados mano a mano, dentro de la polaina tenía el General Gómez un pañuelo, si pañuelo se podía llamar aquel jirón. Lo uso un momento, y casi se lo arrebató de las manos el General Martínez Campos, diciéndole estas palabras: “Ya que no quiere Usted aceptar nada de nosotros, déjeme esto de lo poco que tiene para conservarlo como un recuerdo”. El General Gómez le dijo: “Con gusto se lo doy, visto el aprecio que Usted hace de él; no obstante ser tan pobre; pero como es, es mucho; porque no tengo otro con que sustituirle”.

Pues bien, ese hombre que había preferido la miseria, que había cerrado los ojos para no ver en tierra extraña a su mujer y a sus hijos, sin hogar y sin pan, ese hombre al llegar a Jamaica, donde había ocho ó nueve mil cubanos, no encontró una mano amiga que lo socorriera; fue aún peor, no encontró más que millares de bocas que lo calumniasen, y si no lo insultaban frente a frente, no era porque les faltaran ganas, fue porque le tenían miedo, como era natural y lógico.

La villanía llegó al extremo. Con una onza llegó el General Gómez a Kingston, y cuando esa onza se fue a cambiar a una casa de cambio, hubo un cubano que dijo y muchos que lo repitieron: “Ya empiezan a salir los alfonsinos” y cuando esa noticia llegó al General Gómez tan sólo dijo: “Por desgracia los alfonsinos se acabarán muy pronto”.

Y aquella onza tenía historia. Esa onza era el resto de seis que un compadre de Santo Domingo, el Coronel Tejeda, había enviado al General Gómez acompañadas de una carta en la que le decía: “Sé que vas pobre y mísero al extranjero; sé que no has querido aceptar nada del Gobierno español; yo te mando esas seis onzas como compadre para que las aceptes, y si no quieres aceptarlas así, te las envío como préstamo”.

De esas seis onzas, cinco se gastaron con los compañeros en el viaje de Montego Bay a Kingston y los alfonsinos que tenía eran el resto de aquellas seis onzas del Coronel Tejeda.

Pero allí nadie creía eso posible, y es claro: cada cual juzga a los demás por sí mismo y es seguro que entre aquellos ocho ó nueve mil cubanos no había ninguno capaz de realizar el acto generoso y patriótico que acababa de hacer el General Gómez. (Aplausos)

Llegó la infamia y la vileza hasta infamarle. Un amigo que está presente se hizo cargo de lo que se decía y contestó: “Soy demasiado joven y Usted demasiado viejo para que yo le replique como se debe a esa falsedad, a esa calumnia, además el General Gómez no necesita defensores, yo voy a poner en conocimiento del General Gómez lo que Usted acaba de decir”. Enterado el General Gómez mandó a desafiar al que le calumniaba, y entre aquella numerosa emigración, el General Gómez no encontró ni un testigo que le acompañara al terreno. No puede darse ni más infamia, ni más abandono con aquel hombre generoso y a pesar de eso en aquellos mismos momentos el General Gómez tenía el mismo amor por Cuba que cuando estaba en la guerra, pero es que ese sentimiento lo tuvo siempre, lo mismo cuando andaba errante por la América Central buscando el pan para sus hijos, que cuando estaba en el campo. Jamás decayó su amor por Cuba, jamás se entibió su patriotismo y siempre hablaba con entrega y resolución de la próxima guerra que habría de iniciarse en Cuba en tiempos más o menos lejanos.

Pero llega afortunadamente a Honduras y encuentra allí al Presidente Soto, este le brinda amparo y protección no solamente a él si no a los cubanos que le acompañaban, les da puestos, los coloca y los atiende y pareciéndole aún poco, les brinda dinero para venir a la Revolución, para intentar un nuevo esfuerzo. Todavía el dinero no estaba en las arcas o en las manos del General Gómez cuando se daba comienzo a los trabajos revolucionarios, ya estaban todos listos para empezar el combate. Desaciertos y desgracias hacen fracasar el movimiento y se pierde la intentona del 84, pero aquellos hombres tenaces no pierden la fe y continúan en las mismas condiciones y en la misma forma, dispuestos a dar el primer grito cuando hubiera recursos, y se les encuentra listos a la primera palabra que dijera Martí. Pero como me propongo dar a conocer el carácter, la parte moral del hombre, me parece más apropiado relatar hechos que no hacer frases, porque los hechos saltan a la vista y demuestran las condiciones morales del individuo.

El General Gómez acostumbraba a mandar siempre, pero supo también obedecer, hubo momentos en que cualquiera otro hombre hubiera desesperado de Cuba sufriendo golpes rudísimos que dañan el amor propio y sin embargo siempre estos los encontraron con fortaleza bastante para resistir y para continuar cumpliendo con su deber para con Cuba. Es un hecho que el General Gómez era el hombre de Oriente, los orientales tenían que ver al General Gómez no sólo como su jefe, veían a su maestro, era el que había enseñado en Oriente como se hacía la guerra, el que había convertido aquel pueblo, que en su generalidad no tenía conocimiento de lo que era un arma, en un pueblo aguerrido y valiente; tanto las tropas como los jefes tenían la seguridad de su fuerza y su poder. Recuerdo que en una ocasión el Gobierno de la República intentó embarcarse para el extranjero y el General Gómez entendió que aquello sería perjudicial para la Revolución. Es verdad que el Gobierno vivía agonizando, que parecía increíble que la Revolución pudiera existir y sin embargo el General Gómez al saberlo dijo: “No, aquí no se embarca nadie, aquí muere Sansón con todos los filisteos”, y el Gobierno no se embarcó. Pero eso, como muchas otras cosas que debían producir choques, fueron causas de efectos que debían sentirse más tarde.

Y este hecho que voy a relatar demuestra las condiciones del General Gómez, como las condiciones de carácter de otro gran cubano, de Carlos Manuel de Céspedes. Era Carlos Manuel de Céspedes un presidente in nomine; casi desnudos, mal montados, algunos a pié, sin asistentes, desamparados y casi sin provisiones, estaba el Gobierno. Llegó un momento en que una causa aún pequeña, debía producir una cuestión entre aquel Gobierno, que no tenía el dominio de toda la fuerza, el cariño de toda la tropa, las resoluciones de todos los jefes, a ese lado. Carlos Manuel de Céspedes, aquel hombre sin fuerza ninguna, sin otra que la que le daban la razón y el derecho del puesto que ocupaba, de un plumazo se pone violentamente en frente del General Gómez, del jefe de las fuerzas, de las fuerzas armadas. Con dos líneas lo depone del cargo de jefe de las fuerzas. Ante estas, formadas, se lee el decreto y el jefe militar queda depuesto de cargo y mando.

El rasgo de Céspedes es notable, indica condiciones de carácter que lo retratan y dignifican. El General Gómez conocía su fuerza y debilidad del contrario, pero antes que en sí mismo pensó en el porvenir de Cuba, aceptó el decreto, dejó el mando del Ejército sin protestar siquiera y se fue a buscar, con una escolta ligera, de diez o doce hombres, descanso por algunos días en un rancho, no para huir de la fuerza, si no para no estorbar las disposiciones que acababa de recibir. Doloroso golpe que a otro cualquiera hubiera amenguado su cariño y lo hubiera desencantado del camino de la Revolución. El General Gómez, pocos días después, sintiéndose incapaz de permanecer inactivo, se une al jefe que lo había sustituido, al General Calixto García, y lo acompaña en todas las operaciones, porque en tiempo de guerra el General Gómez no podía estar en un rancho; el peligro lo atraía, tenía que estar entre sus soldados, entre el fragor del combate y el humo de la batalla. Se ve menospreciado, olvidado, por ese mismo Gobierno a quien sigue sirviendo pero el día que aquel lo necesita, por la desgraciada muerte del Mayor Ignacio Agramonte, y lo llama, no encuentra resentimiento en el pecho del General Gómez que dice: “estoy dispuesto a obedecer las órdenes del Gobierno. Iré donde me mande”. El General Gómez se hizo cargo entonces del mando de Camagüey y allí desempeñó su papel como lo había hecho en Oriente.

Examinando la vida del General Gómez, no se encuentra nunca un acto en que se revele la más mínima aspiración personal, la más mínima deslealtad para con sus amigos. Cuando surge la guerra del 95, a la primera insinuación que le hace Martí, lo encuentra en Santo Domingo dispuesto a abandonar de nuevo mujer e hijos, para volver a pelear por aquella patria ingrata, que como pago a sus servicios, sólo le había dado la calumnia, la miseria y el abandono. Cuando con Martí llegó de nuevo a Cuba, desde el momento en que el General Gómez ponía el pié en Cuba, podía creer que era el primer hombre de la Revolución. Él, el compañero de Martí, no dudó un momento, y allí, frente a la primera fuerza que encuentra, presenta a Martí como Mayor General del Ejército, como el futuro Presidente de la República.

No había para él condiciones: siempre estaba dispuesto, nunca le pidió nada a Cuba, sirvió con lealtad, no le desvaneció su altura, y si errores cometió, fueron hijos más bien de su condición de carácter, tal vez de su edad, tal vez hijos de las situaciones del momento. Y digo esto, porque así como dicen que es muy fácil nadar fuera del agua, es muy fácil juzgar el carácter de un hombre, cuando este está en condiciones especialísimas, con preocupaciones grandes, y movido por quinientos sentimientos contrarios en cada minuto de la vida.

Yo creo que estos rasgos morales del que he dado del General Gómez bastarán para poder convencernos de que el propósito que he tenido ha sido probar su lealtad inquebrantable, su apasionamiento por la patria que adoptara, su amor inmenso a Cuba y a los cubanos, por los que luchó todo el tiempo de la guerra y por los que estuvo dispuesto a luchar durante toda su vida.

* * * * *

Voy a evocar mis recuerdos del tiempo viejo para tratar de presentaros al General Gómez como militar. Yo lo recuerdo en los primeros años de la Guerra del 68. Llegó el General Gómez a Cuba bajo el peso del desengaño recibido en Santo Domingo, llevaba la tristeza en su espíritu por las miserias que vio pasar a sus paisanos, que abandonando su tierra habían llegado a Cuba. Esa fue causa de un choque violento con el jefe español que en Santiago de Cuba mandaba, y eso lo decidió a irse al monte, a ir a buscar trabajo natural en los montes: En El Dátil, con sus familiares, hizo su estancia.

El General Gómez no conspiró en Cuba. Allí lo encontró la Revolución. En aquella época casi no tenía amigos. Pepe Vázquez, un joven de Bayamo, que era su amigo más íntimo, al surgir el gobierno revolucionario en Yara le dio el aviso, y Gómez abandonó a sus hermanos y a su familia; montó a caballo y como simple soldado se incorporó a la Revolución.

En aquellos comienzos, en que el Ejército de Cuba estaba compuesto de hombres desconocedores por completo de la guerra, él debió distinguirse desde el primer momento y así fue.

Calixto García, que entonces era joven y un cacique de Jiguaní, Félix Figueredo y Donato Mármol comprendieron desde el primer momento el mérito del hombre y de golpe vino a ser el segundo jefe de las fuerzas de Oriente al mando del General Donato Mármol.

Pero en aquella época la guerra se hacía con carabinas Miniet, con escopetas amarradas con sogas y sin gatillo, que había que darles candela en la chimenea para que dispararan; y muchos, como arma de defensa sólo llevaban púas de yaya con alguna bayoneta enclavada en la madera. Con aquel ejército había que hacer la guerra a soldados aguerridos y bien armados. Todavía los cubanos no habían comprendido la fuerza que tenía el instrumento de trabajo que llevaban a la cintura, y digo que no lo habían comprendido, porque en aquella vida pastoril entre músicas y gallos que llevaba el colono cubano, no había manera de probarlo, y creo que lo habían olvidado, porque de tiempo viejo me viene la noticia de que en toda época el guajiro cubano creyó que el machete era un arma de defensa de gran fuerza y esto me lo prueba, que en la causa que se formó al General Prado cuando la toma de La Habana por los ingleses, encontré un día una declaración de un oficial español, en que haciendo un informe del soldado cubano de aquella época decía: “El soldado cubano es fuerte y bueno para la pelea, no tiene más que un defecto: cree que con el machete que lleva a la cintura es capaz de hacer prodigios”.

Pero en el 68 se había olvidado lo que creían los guajiros de Guanabacoa o quizás no había llegado a los oídos de los de Oriente; lo cierto del caso es que los cubanos de entonces creían que el machete no servía más que para hacerlo lucir los días de gallos o para batir los flancos del caballo. Fue el General Gómez el que enseñó al cubano a usar el machete como arma de guerra. Vino la columna de Quirós a Santiago de Cuba. Eran setecientos hombres, para su desgracia armados con carabinas Miniet. Llegaron a los Pinos de Baire. El General Gómez tuvo el trabajo de explicarle a cada uno de sus hombres como había que emboscarse detrás de un mayal. Apenas se avistó a la columna, él, al grito de “al machete”, cayó sobre ellos, llevando tras de si a toda la columna, y como consecuencia la columna de Quirós entró dispersa y deshecha en Santiago.

Desde aquel día, el Ejército, envalentonado por tal efecto, creyó que podía hacerlo todo. Pronto tuvo el desengaño: la tremenda derrota de El Salado.

Envalentonados por el éxito de Baire, los cubanos esperaron a Valmaseda en El Salado mal dirigidos por Donato Mármol (el General Gómez no estaba allí). Aquella masa de cuatro mil hombres casi desarmados se lanza al machete sobre aquella fuerte columna enemiga armada con fusiles de precisión y que llevaba a su vanguardia cuatro piezas de artillería que con sus proyectiles abrían surcos en aquella masa humana que se lanzó frenética sobre las piezas.

La carnicería fue tremenda y la derrota completa. Baire fue la primera lección provechosa, los discípulos la aplicaron mal en El Salado.

El General Gómez fue indudablemente nuestro maestro, y los cubanos supimos aprovechar bien su lección en lo sucesivo.

El carácter típico de Máximo Gómez como soldado era la acometividad, no fue el General Gómez un táctico de los que pudieran manejar grandes números de hombres; yo creo, por el contrario, que el número le estorbaba, pero el era el hombre que en la Guerra de los Diez Años pudo hacer lo que Vicente García en Las Tunas; es decir ceñirse a un territorio pequeño y cualquiera fuera el enemigo, hacer de manera que no pudiera lanzarlo del territorio donde quisiera permanecer y he dicho que tenía la acometividad, porque siguiéndolo paso a paso durante la Guerra de los Diez Años se ven sus condiciones. Gómez hace sus primeras armas en Jiguaní; se sostiene hasta el último extremo y hace de Charco Redondo una fortaleza inexpugnable donde diariamente acudían los españoles para recibir los pocos tiros que él podía disparar y para retroceder siempre sin llegar al campamento. Toma el General Gómez el mando de la fuerza en Holguín, llega un momento en que este, con la pequeña fuerza de que disponía, es atacado por las fuertes columnas que mandaba el General Valmaseda, que creía que podía ir barriendo con su tropa el territorio revolucionario, con la idea de acorralarlo en Camagüey. Y, efectivamente, la fuerza que tenía el General Valmaseda ocupó militarmente el territorio, parecía que había tendido una red, por cuyas mallas no pudiera pasar el Ejército Cubano y que lo haría correrse hacia el Camagüey. Combate Valmaseda primero a Donato Mármol en Santiago de Cuba, a quien ataca sin cesar; combate y arrolla a Modesto Díaz, en Bayamo, combate tenazmente y va persiguiendo, paso a paso, colocando siempre en una situación increíble, al General Gómez, pero este, como había hecho en Charco Redondo, lo repite en Aguas Verdes, en Holguín. Allí, con un grupo de doscientos o trescientos hombres, se defiende y sostiene el General Gómez en una situación que parecía imposible hacerlo: no había parque.

En ese difícil trance recibe aviso éste de que era preciso salir de allí y se niega a hacerlo; los contrarios, que ya usaban fusiles Remington, nos hacían fuego diariamente y se recogían las cápsulas que botaban para hacer cartuchos con que se tiraban uno o dos tiros, cuando de nuevo nos atacaban. El General tenía órdenes de pasar a Camagüey, sabía que podía hacerlo y sin embargo se resistió a abandonar el terreno cuyo mando le habían dado, veía que no había parque, que no había comida, veíamos el montón de mujeres que llevábamos detrás, y sin embargo, decía que su deber era permanecer en el territorio de su mando, creía que sería una cobardía de su parte abandonarlos. En esa circunstancias, se habían mandado tres o cuatro correos al gobierno pidiéndole pólvora y balas con que combatir, y los correos habían sido asesinados por los españoles en Hueso del Caballo.

En esos momentos llega al campamento de Aguas Verdes un capitán joven que venía del campamento de Donato Mármol.

“¿Qué viene Ud. a hacer aquí?”, le preguntó del General Gómez.

“El General Donato Mármol me manda al Gobierno, a pedir pólvora y balas con que combatir, porque en la División de Cuba no hay parque, ni con qué hacer fuego al enemigo”, contestó el capitán.

“Yo creo que Ustedes no podrán pasar y por lo tanto deben volver a donde está el General Mármol; yo le daré comunicaciones probando lo hecho por ustedes hasta aquí y excusando sus servicios. Tres correos he mandado y los tres han sido muertos por los españoles en Hueso del Caballo y es seguro que si Ud. va, no podrá atravesar las líneas españolas”, repuso el General Gómez.

Aquel joven se paró frente al General y le dijo: “General, yo estoy dispuesto a obedecerlo a usted, pero no estoy dispuesto a hacer lo que Ud. me dice. El General Mármol y mis compañeros de Cuba están confiados en que yo les traeré del Gobierno pólvora y balas con qué combatir. Así es que yo quiero que sepan que me han matado en el camino; pero no quiero que me culpen de volver con las manos vacías. Si me matan en Hueso del Caballo, yo me doy por satisfecho, General; lo que le pido es permiso para seguir adelante.”

El General Gómez lo miró de arriba a abajo y respondió: “Siga usted, los valientes tienen suerte y Ud. lo es, tal vez pasará”.

El valiente joven tuvo suerte, pasó las líneas españolas y llegó al Gobierno. Ese joven era el entonces capitán José María Rodríguez. (Aplausos)

Pero aquella lucha no podía continuar. Los españoles sabían que para combatir era preciso que ellos nos dejaran el parque en los caminos. Ellos no tenían aptitudes más que para hacernos fuego desde el camino; necesitaban un grupo de cubanos infieles, de viles guerrilleros que nos persiguieran dentro de la montaña. Efectivamente, a los pocos días, venían a vanguardia de esa fuerza los famosos guerrilleros de Vicana. El primer día que nos batimos con las guerrillas de Vicana aquellos decían tranquilamente: “Ya se las acabarán los dos tiritos”. Y efectivamente, se acabaron los dos tiritos, aquella gente nos siguió por dentro de la montaña de tal manera que nos dispersó por completo legua y media dentro de aquel monte. El General Gómez salió por un lado con tres o cuatro hombres, y todos salimos por distintos rumbos en grupos de dos o tres, dispersos, diseminados y sin esperanza de reunirnos, porque no era posible que nos volviéramos a reunir, creíamos que no lo lograríamos y que no podríamos reunirnos más nunca con el General Gómez. Los pequeños grupos de tres o cuatro no hacíamos más que soñar con el General y la intuición nos hizo ir a parar a donde el General iba. Ya al atardecer, habíamos ido llegando a la vereda del Sitio, estábamos todos convulsos, el General no aparecía. Alguien gritó: “Ya viene el General”. Y todos respiramos. No había parque para combatir, pero teníamos allí a nuestro General; ya resucitamos y cobramos fuerzas. Tal era el prestigio del General Gómez, y el efecto que hacía sobre sus soldados. (Aplausos)

Pero la situación era horrible, no había parque. El General reunió un grupo de oficiales y les pintó la situación:

“Esto es tremendo, no tenemos un tiro de fusil, hace días que no comemos, no hay descanso, traemos tras nosotros más de 1500 mujeres, niños y enfermos; no podemos arrastrarlos en la marcha que tenemos que hacer de aquí a Camagüey; a estos infelices, a quienes su cariño y su patriotismo les hace sufrir estas torturas, nosotros estamos obligados a evitarles tantos sufrimientos, debemos, por piedad, hacer que nos abandonen. Al frente tenemos un campamento enemigo, es preciso hacer un sacrificio completo, obligar a estas mujeres a que se presenten al enemigo y entonces, atravesar la jurisdicción de Tunas a ver si podemos llegar a Camagüey. Yo daré el ejemplo. Las primeras personas que se van a presentar al enemigo son mis hermanas”.

Y el hizo que lo hicieran y dio la orden a las demás mujeres. Después nos leyó la cartilla: “No hay esperanza, no hay un tiro. Es preciso que lleguemos al Camagüey; tenemos que “entretejernos” entre los soldados españoles”.

Y así emprendimos la marcha. Pasamos a la vista del fuerte de San Francisco; pero tan cerca, que la tos de uno de nosotros nos hubiera vendido. Las mujeres, que debían quedarse no se quedaron, cuando volvimos la cara nos encontramos el séquito de mujeres que nos seguía acompañando. (Aplausos)

Pero el triste paso del tránsito de San Francisco impresionó de tal manera a aquellos infelices que para que no llorara un niño que llevaba en brazos una de aquellas mujeres, cuando llegó al monte vio que lo había ahogado. Lo que llevaba en sus brazos era un cadáver. (Aplausos prolongados).

Así, famélicos, hambrientos, enfermos, desarmados y descalzos pero llevando al frente al que nos inspiraba confianza que era el General Gómez, atravesamos aquellos lugares, y este rasgo indicará aún más las condiciones de carácter del hombre. Allí no había ninguno sano, todos estábamos enfermos, pues bien, al llegar a la sabana de Monte Alto vimos a un hombre que venía con una bestia cargada con un serón y cuatro botijuelas. Lo vimos y el General lo llamó:

-“¿Quién es Usted?”, le dijo.

-“Soy un ranchero que vive en la sabana y voy a buscar agua para mi familia”, respondió.

-“Ponga el serón en el suelo y las cuatro botijuelas” -le ordenó el General- porque nosotros necesitamos el caballo”.

A pesar de las protestas del hombre, se le quitó el caballo, como era natural.

El General Gómez entonces, en vez de montar en la bestia, como era lo lógico, pasó la vista por la columna y se dirigió a uno, le dijo:

-“Tu eres el más enfermo de todos; coge tu el caballo”.

Eso lo estuvo repitiendo más de cuatro veces, hasta que a la quinta, dijo:

-“Ahora el más enfermo soy yo”, y montó el caballo. (Aplausos)

Y seguimos la marcha y llegamos de esta manera a Tunas y allí nos encontramos con toda la pólvora que necesitábamos y con el parque necesario que se acababa de desembarcar de una expedición: la del “Anna”.

Municionados nos encontraron las fuerzas de Valmaseda en su avance, Calixto García en sustitución de Gómez en La Sima; Vicente García y Modesto Díaz en Río Bajo, combatiendo varios días logran detener a Valmaseda. Y mientras los tuneros lo detienen combatiéndolo, Modesto entra en Bayamo, arrasando sus campos y fortines; Gómez, con los jiguaniceros, arrasa la jurisdicción de Jiguaní; Donato Mármol, al frente de la División de Cuba, ya parqueado, se bate de nuevo bravamente, y los hechos realizados por jefes y soldados en Oriente demostraron claramente que había fracasado el plan del General Gobernador español. (Grandes aplausos)

Pero hasta entonces había sido para Gómez la guerra chica; cae Donato Mármol y pasa a sustituirlo el General Gómez, y aquí empieza a dar este señales de su carácter, de su acometividad y de su entrañable amor a Cuba. Era la jurisdicción de Guantánamo terreno enemigo y estaba tranquila por estar fuertemente guarnecida por el Ejército español, pero el General Gómez la invade, combate día tras día hasta que la convierte en una posición revolucionaria, se enseñorea y se engrandece el poder de la Revolución y se adueña de toda aquella jurisdicción. Cuando se hace más tarde cargo del mando en Camagüey, ataca de nuevo Altagracia, cae sobre Nuevitas, toma a San Jerónimo, ataca a Santa Cruz y aterra a los españoles, recorre todo Camagüey.

Incesante en el trabajo, piensa realizar la invasión de Las Villas y se prepara para ello. Por primera vez fracasa en sus empeños. Pide recursos al Gobierno para realizar la invasión de Las Villas; éste le manda a la flor de los infantes orientales mandados por el General Maceo. Los españoles comprenden que el paso a Las Villas debía evitarse a toda costa, comprenden que era seguro que estaban muy escasos de parque y que era preciso hacérselos gastar en Camagüey para ver si de este modo no podían llegar a Las Villas, o si llegaban que fuera con escaso parque, que no llegaran con parque abundante para poderlos combatir allí con algunas esperanzas de éxito. Era preciso obligarlos a combatir y entonces se suceden La Sacra, donde los jinetes camagüeyanos llegan a las piezas españolas; Palo Seco, carga fenomenal dada al batallón de Valmaseda, del cual dijo el Gobierno español que lo había disuelto; el batallón quedó en la sabana de Palo Seco pues el General Gómez le hizo a la columna española quinientas bajas en aquella célebre carga, que fue la más brillante carga que los cubanos dieron al Ejército español; Naranjo, donde unidos orientales y camagüeyanos, batieron al brigadier Bascones, que mandaba una columna de tres mil hombres. Con fuerzas inferiores Gómez lo bate y lo obliga a retirarse por el carril de Moja Casabe, donde los infantes orientales que pisan su retaguardia, les cogen las cajas de parque a medio vaciar. Pasa Gómez a la parte occidental de Camagüey; los españoles tratan de contenerlos.

Se encuentran en Las Guásimas: contando el General Gómez con mil hombres le hace frente a tres mil soldados españoles y derrota a su vanguardia de caballería, bate al cuerpo de la columna y los obliga a formarlo en cuadro en medio del potrero, colocando en el centro a sus heridos que no se podían llevar. Durante tres días combate aquel cuadro humano sin cesar, sufriendo el fuego certero de nuestros infantes, que en grupos pequeños los atacaban tirando al montón y fue necesario que vinieran en su auxilio dos mil hombres formando entonces una columna fuerte de cinco mil hombres para que vinieran a sacarlos del atolladero en que se encontraban detenidos allí solamente por una fuerza cubana de mil cien hombres. Eso demuestra la táctica, la fuerza de inteligencia, el golpe de vista militar y la resolución rápida tomada en el momento por el General Gómez. Pero se ha consumido el parque y la invasión tuvo que quedarse para el año siguiente.

Más tarde realiza Gómez la invasión a Las Villas, sus tropas pasean victoriosas el territorio villareño, combatiendo sin cesar. Toma al Jíbaro y parquea su gente, mientras las fuerzas del General Concha lo esperaban en la Trocha.

Establecido en Las Villas, sueña con al invasión al Occidente y manda a Sagua el contingente de infantería oriental, mientras que el General Henry Reeve va al frente de los jinetes camagüeyanos y avanza hasta Colón, para venir a morir, batiéndose heroicamente en Yaguaramas. Gómez avanza con el grueso de la fuerza hacia Occidente, y el enemigo trata de evitar el avance.

El General Jovellar, que previó la invasión a Occidente, se mueve con una columna de cinco mil hombres sobre Las Villas. Se produce entonces el choque en el cafetal González o Lomas del Jíbaro, donde la caballería cubana derrota por completo a los Lanceros de Borbón. Pero el combate cuesta también al Ejército cubano: la invasión a Occidente no se pudo realizar, Gómez tiene que retroceder y Jovellar retrocede maltrecho en su honra y reputación militar, viene a La Habana derrotado moralmente por la derrota de los Lanceros de Borbón, pero realizado su objeto: impidió la invasión.

Eso, a grandes rasgos, vienen a ser en concreto los hechos salientes del General Gómez en la Guerra de los Diez Años.

* * * * *

Pero donde éste se reveló como militar, fue en la última guerra del 95. Es estudiando la gestión del General Gómez en el terreno de la Guerra de Cuba, un modelo de audacia, de inteligencia y de valor, porque, sin que se ponga en duda, el mérito de la invasión, es exclusivo del General Gómez. (Aplausos)

Voy a decir el por qué, relatando los hechos como yo los he visto. Se traza un plan de invasión; queda Maceo en Oriente para formar el núcleo invasor, para poder amalgamar todas las fuerzas dispersas y poderlas lanzar a Occidente. Mientras Maceo queda en Oriente organizando, Gómez llega a Tunas, se encuentra allí con un noble y valiente viejo, el General José Manuel Capote. Escasamente tendría el General Capote doscientos hombres mal armados. Con ese núcleo de fuerzas era con el que tenía la intención el General Gómez de lanzarse a Camagüey; tenía que cruzar las líneas militares que en el Jobabo habían situado los españoles; tenía que hacerle frente a Echagüe y Suárez Valdés que vienen sobre su pista. Entonces el General Gómez, con su típico modo de pelear y ayudado por el General Capote, se filtra entre las fuerzas españolas.

Camagüey no estaba sublevado, pero al llegar la noticia de que el General Gómez estaba en su territorio se le une el Marqués de Santa Lucía y se le incorporan otros varios; va sobre Altagracia, toma de nuevo a San Jerónimo y un mes después estaba sublevado Camagüey entero, la Revolución había avanzado.

Mientras tanto, Maceo acababa de organizar el contingente en Oriente; para lo que lo apremiaba el General Gómez. Maceo emprende su marcha, Gómez comprende, aleccionado por la experiencia, que podrían muy bien los españoles obligar a Maceo, como lo obligaron a él en la guerra anterior a gastar el parque en Camagüey, que era preciso distraer la atención del enemigo, y no espera a Maceo en Camagüey si no que avanza sobre Las Villas, entra a sangre y fuego en ellas, recoge los elementos que hay allí preparados por el General Serafín Sánchez y empieza la candela y el combate diario en Las Villas. Martínez Campos cree que era la invasión que avanzaba, se olvida de Camagüey y eso permite que el General Maceo lo atraviese con la columna invasora sin combatir y llegue fresco y con parque sano a Las Villas para unirse al General Gómez.

Hace entonces la invasión a Occidente, emprende la marcha hacia ese rumbo, se combate rudamente. Como todos conocen, se combate días y días seguidos en los montes de Villaclara y continuando la marcha se llega al llano. Del llano cargaron sobre las fuerzas cubanas, que ya no eran sólo las invasores, si no que iban con ellos las fuerzas de Las Villas. Vino la derrota de Mal Tiempo; avanzó sobre la línea central y llegó el momento del combate de Coliseo. Martínez Campos aterrado volvió a La Habana. El General Gómez y el General Maceo, que fue el brazo fuerte de la invasión, se encontraron sin parque, y cargados de heridos, retroceden hasta Calimete.

Cuando los españoles supieron que la marcha invasora se había detenido y que en vez de marchar hacia Occidente, como hasta entonces, habían cambiado de dirección y se supo que marchaban hacia el Este, pensaron: la Revolución está vencida, la invasión retrocede, es preciso no dejarla pasar. En efecto, movieron sus fuerzas y situaron en Calimete siete columnas, creyendo derrotar allí a la invasión. Movimiento táctico de una importancia extraordinaria. Cuando los españoles, abandonando el territorio occidental creyeron coger en la ratonera al Jefe invasor, cambió éste de rumbo, vino por el Sur hacia el Oeste y se encontró desguarnecida a la Habana, pero llegó a la Habana, y siempre sosteniendo su papel y su criterio, arrasó con la Habana. El humo y los clamores de nuestros soldados y sus gritos de victoria llegaron a oírse en las plazas y en las calles. Se aterró más de lo que estaba el Gobierno español y Gómez le dijo a Maceo: “Falta un tramo que recorrer de la Isla de Cuba; vaya Usted a Vuelta Abajo, yo le esperaré en la Habana” Y mientras Maceo hacía una marcha triunfal desde la Habana hasta Mantua recorriendo todo el territorio, el General Gómez hacía la vuelta del caracol en la Habana para permanecer hasta el 19 de enero en que debía volver victorioso Maceo para reunirse con él en “Moralitos”.

Es la marcha de la invasión una marcha casi sin ejemplo anterior. En aquellos días yo recuerdo los comentarios de la prensa extranjera. Había periódicos americanos que decían que la marcha de la invasión era superior a la marcha de Sherman en los Estados Unidos. El movimiento táctico realizado para engañar los movimientos al contrario era un plan militar que demostraba que los hombres que lo dirigían, si no eran militares de estudio, lo eran de convicción y de nacimiento. Parece increíble que aquel grupo de abigarrado de cuatro o cinco mil hombres, escasos de organización, porque no había habido tiempo de organizarlo, parece increíble que aquel puñado de valientes, aunque mandados por tan buenos jefes, pudiera venir arrollando de Oriente hasta Occidente al poderoso Ejército español de 200 mil hombres.

Y es así como, estudiando los hechos, así es como puede comprenderse la grandeza militar del hombre, del genio, porque el estudio puede hacer modificar el carácter y las condiciones; en el General Gómez no había estudio, no lo podía tener, era el genio, era el instinto de la guerra, era el corazón y el cerebro que acertaban en todo, era el genio de la guerra, era el rayo cuando tenía que partir, era rápido en sus movimientos, era incansable en la persecución, era un hombre sin estómago, sin necesidades, la marcha no lo abatía, la comida no le hacía faltan y suplía todos los deseos por darle la victoria a Cuba y realizar lo que se había propuesto y llegó a ver un día realizada su aspiración: la independencia de la República de Cuba. (Largos y atronadores aplausos interrumpen al orador)

Y le pagó a los cubanos su ingratitud y su olvido diciéndoles: podéis morir tranquilos, pues ya habéis realizado el ensueño, la República de Cuba existe, el cubano ha adquirido la tierra y la libertad de su país y como hombre libre y como ciudadano puede hacer todo lo que necesite.

Este es el resumen de la vida del militar más grande que ha tenido Cuba.

(Grandes y prolongados aplausos)

Notas



[1] Diario de sesiones de la Cámara de Representantes de la República de Cuba, Volumen XI, Nº 33, 19 de Junio de 1909, pp. 2-7.

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