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octubre-noviembre-diciembre, 2008
 
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Una historia con perspectiva de futuro
Elier Ramírez

Si hay algún período de nuestra historia que tiene mucho que decirnos a los cubanos de hoy, sobre todo a los más jóvenes, es el que comprende desde el 1ro de enero de 1899 al 20 de mayo de 1902, o también conocido en la historiografía como la primera ocupación. Fue Cuba, en ese tiempo, la probeta donde Washington ensayó los nuevos mecanismos de dominación del imperialismo moderno. No tuvieron otra salida los más conspicuos dirigentes de la nación norteña que romperse los sesos e inventar una fórmula que dejara a Cuba apresada en las garras yanquis, sin que esto significase la absorción total de la apetecida Isla y sin que se hiciera muy evidente a los ojos de la opinión pública doméstica, cubana e internacional. La Resolución Conjunta, la pujanza tangible del ideal independentista en los cubanos, el temor a enfrentar dos escenarios bélicos al mismo tiempo: Filipinas y Cuba, y el rechazo de fuertes sectores económicos en los Estados Unidos a la anexión de la Isla, fueron los factores fundamentales que compulsaron al imperialismo estadounidense a seguir este disimulado camino. Tal fue el fardo en el que se embozaron las intenciones hegemónicas de los Estados Unidos sobre Cuba, que muchos de los que habían luchado con denuedo en la manigua, entre ellos el Generalísimo Máximo Gómez, al constituirse oficialmente la república neocolonial el 20 de mayo de 1902, pensaron que entonces si habían llegado a la soñada y peleada por 30 años independencia absoluta de la mayor de las Antillas, cuando en verdad la soberanía de Cuba, a través del engendro jurídico de la enmienda Platt, había quedado limitada bajo la tutela yanqui. Claro, que el vacío ideológico creado por la pérdida lamentable y temprana de José Martí y Antonio Maceo, quienes poseían una claridad meridiana en cuanto a las pretensiones del vecino del norte, y las divisiones y conflictos entre las fuerzas independentistas cubanas, espoleadas por los Estados Unidos, habían coadyuvado a ese sombrío desenlace.

De toda esta historia, versa el libro: Cuba: las Máscaras y las Sombras. La Primera Ocupación (Editorial Ciencias Sociales, 2007), otro aporte extraordinario a la historiografía cubana de Rolando Rodríguez, ya con una importante obra precedente, y quien comenzó este 2008 con una buena y merecida noticia, al confirmársele su condición de Premio Nacional de Ciencias Sociales. En el transcurso de sus páginas, respaldadas por una inmensa documentación de los National Archives y de la sección de manuscritos de la Biblioteca del Congreso de Washington, Rolando, con un discurso singular y seductor, nos revela el papel maquiavélico que desempeñaron figuras como John R. Brooke, Leonard Wood, Orville Hitchcock Platt, Robert Porter, Elihu Root y William McKinley, en su componenda por escamotear el triunfo independentista a los cubanos y dejar la Isla bajo el yugo estadounidense, aunque esclarece las diferentes maneras en que pensaron hacerlo cada uno de ellas. El análisis pormenorizado de las administraciones de Brooke y Wood durante el período de ocupación, es otro de los méritos de la obra. Rolando deja claro, además, que el verdadero artífice de la Enmienda Platt fue Elihu Root, Secretario de Guerra del gobierno de William McKinley, y que con ella no hizo falta instaurar ningún protectorado para dominar la Isla, “porque Estados Unidos había logrado sus propios métodos de gobernar, sin tener que copiárselos a Gran Bretaña”.[1]

Asimismo, Rolando, quien no gusta de santificar la historia, sino no más bien humanizarla, sin tapujo alguno relata los errores y las contradicciones de los cubanos en esas horas confusas -sobre todo entre Máximo Gómez y la Asamblea del Cerro- que contribuyeron a las furtivas y ambiciosas intenciones de los Estados Unidos. Además, no escatima Rolando fustigar, desde las primeras páginas del libro, con elementos incontrastables sustentados en una amplísima documentación, la actitud servil a los Estados Unidos y ponzoñaza para la causa independentista de personajes como Tomás Estrada Palma, Julio Sanguily y Gonzalo de Quesada.

La arremetida de los grupos económicos estadounidense hacia los principales renglones económicos del país, los fulgurantes, contradictorios y abigarrados debates de la Asamblea Constituyente, las discusiones en torno a la Enmienda Platt y el proceso agónico de su aprobación, las presiones y artimañas de los Estados Unidos sobre los constituyentes dirigidas a lograr la imposición de la coyunda, son los aspectos que, junto a los señalados anteriormente, y bajo la sagaz pluma de Rolando, hacen insoslayable la lectura de Cuba: Las Máscaras y las Sombras. La Primera Ocupación.

Por otra parte, esta investigación de Rolando Rodríguez se distingue, para darle aún más valor, por la rica polémica historiográfica, e incursiona en ella desde las primeras páginas del libro cuando defiende la idea de que a partir del 1ro de enero de 1899 hasta el 20 de mayo de 1902, lo que se produjo en la Isla fue una ocupación estadounidense y no la continuación de la intervención como sostienen otras aportaciones históricas. Asimismo, Rolando Rodríguez manifiesta su desacuerdo a que se le llame burguesía esclavista a la clase de hacendados y terratenientes de la plantación esclavista del siglo XIX y protectorado a la forma adoptada por el imperialismo en Cuba hasta 1933.

Con esta valiosa obra, Rolando ha dejado poco terreno a los que hoy, como deshonroso modus vivendi, se dedican ha desmontar, tergiversar y hasta inventar nuestra historia nacional. Ellos, por razones lógicas, buscan los temas, figuras y períodos menos trabajados por nuestra historiografía para manipularlos y construirlos a su antojo. Todo forma parte de una inmensa maquinaria humana y material diseñada por el imperialismo en su guerra cultural contra Cuba dentro de la cual, la historia, es un blanco de suma importancia. Sin lugar a dudas, con este extraordinario aporte historiográfico de Rolando Rodríguez, el período de ocupación no les servirá de mucho a estos “ideólogos” a sueldo para acometer su entelequia malévola.

La obra de Rolando pone al desnudo, que el período de ocupación fue la primera gran farsa del imperialismo estadounidense en América Latina, así como la materialización del sueño de algunos de sus más egregios padres fundadores, que siempre vieron a Cuba dentro de la concepción geopolítica de su futura expansión hacia el sur. Más, al no lograr su añoranza centenaria de anexarse a la Isla, el naciente imperio del Norte se las ingenió para limitar su soberanía y teledirigir a Cuba en función de sus intereses políticos y económicos. La imposición de la enmienda Platt, bajo la amenaza perentoria a los cubanos de ocupación permanente, fue la solución perfecta diseñada por el listo abogado y Secretario de Guerra de los Estados Unidos Elihu Root, para violar flagrantemente la Resolución Conjunta devenida ley de los Estados Unidos y que planteaba que Cuba era y de derecho debía ser libre e independiente. Paradójicamente, Estados Unidos en lo menos que pensaba era en conceder la soberanía a Cuba.

Por otro lado, esta investigación del doctor Rolando Rodríguez da muchas luces para entender y demostrar que Cuba no solo no debe su independencia a los Estados Unidos, como demostró en un excelente libro Emilio Roig de Leuchesering,[2] en contundente respuesta a los ofuscados, embusteros y cándidos que lo proclaman, sino también que Estados Unidos debe a Cuba la independencia que le arrebató por 60 años, pasando sobre la sangre de miles de cubanos que habían caído en una lucha redentora de 30 años y expoliando sus riquezas a diestra y siniestra. Aún hoy, después de 50 años de conquistada la verdadera libertad de Cuba, Estados Unidos se empeña en hacer retornar la Isla a los indignos años republicanos, pues en las cabezas de los gobernantes de esa nación, perdura la vetusta idea de inicios del siglo XIX de que Cuba no puede tener una política interna y externa propia, pues además de su pequeña extensión geográfica, está enclavada en el área de influencia de la potencia estadounidense. Ahí precisamente reside la naturaleza del conflicto Estados Unidos-Cuba, y que ha sido una constante desde la centuria decimonónica hasta la actualidad: hegemonía versus soberanía.

“Quienes no conocen su historia están condenadas a repetirla”, dijo Santayana. Sin dudas, después de la lectura de este libro de Rolando Rodríguez, estaremos mejor dotados para no cometer las pifias del pasado, máxime, cuando a pesar de los años que han transcurrido y de que nuestro pueblo es ducho en el enfrentamiento al enemigo a 90 millas, la política de Estados Unidos hacia Cuba -en su pérfida intención de pulverizar la libertad que coronamos el 1ro de enero de 1959- sigue ideando máscaras y sombras con las cuales presentarse a nuestros ojos, con el apoyo mendaz de los continuadores de Estrada Palma y Gonzalo de Quesada. Pero algo más dilucida perfectamente Cuba: Las Máscaras y las Sombras. La primera ocupación, de Rolando Rodríguez: frente a las pretensiones de Estados Unidos sobre Cuba, solo es posible para los cubanos salir airosos bajo una inquebrantable unidad. Revísese las páginas que abordan las divergencias entre Máximo Gómez y la Asamblea del Cerro que, no fueron las únicas del período dentro de las fuerzas independentistas, y se comprenderá el calado de esta idea.

A las generaciones más jóvenes les tocará vivir cuando ya no estén presentes físicamente los líderes históricos de nuestra Revolución, por eso, el estudio del período en que la Isla fue ocupada por los Estados Unidos -bajo la ausencia de José Martí y Antonio Maceo y en medio de máscaras y sombras que impedían ver con claridad el futuro de Cuba- es de mayúscula necesidad para los lozanos que tenemos la honrosa responsabilidad de mantener nuestra independencia y darle continuidad al proceso revolucionario. Este oportuno libro de Rolando Rodríguez constituye un referente imprescindible de consulta.

Notas



[1] Rolando Rodríguez, Cuba: las Máscaras y las Sombras. La primera ocupación, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p.490, t.1.

[2]Emilio Roig de Leuchesering, Cuba No debe su independencia a los Estados Unidos, Ediciones La Tertulia, La Habana, 1960 (tercera edición)

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Edición: Joanna Castillo Wilson
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ISSN2075-6046 / RNPS 2223