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octubre-noviembre-diciembre, 2008
 
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Nuevas reflexiones sobre "rumor de Haití en Cuba: temor, raza y rebeldía, 1789-1844"
Mildred de la Torre Molina

La obra, fruto de un bien coordinado colectivo de autores, procedentes de España, Cuba y Estados Unidos, recoge diferentes temas y reflexiones, en su mayoría novedosos o escasamente abordados por la historiografía especializada en el siglo XIX cubano.

A juzgar por su conjunto temático, el objetivo central del libro es no solo mostrar el bregar historiográfico sobre uno de los sucesos más trascendentes en el devenir de la sociedad colonial cubana, sino también el de brindar a los estudiosos y al público en general, nuevos conocimientos capaces de incitar la realización de futuros empeños científicos.

El amplio soporte referencial está basado en los fondos bibliográficos y documentales existentes en España, Cuba y los Estados Unidos. Lo significativo, en este sentido, lo constituye la reproducción parcial de valiosos documentos, muchos de los cuales han permanecido inéditos hasta el momento y la emisión de pistas historiográficas útiles para nuevas lecturas e indagaciones sobre el tema.

Otro de los valores del texto es el relativo al tratamiento ético y respetuoso a la historiografía precedente y contemporánea pese a lo controversial que le pueda resultar a los autores alguna que otra hipótesis.

En sentido general, bien puede afirmarse, que el abordaje temático, de carácter político social y en menor medida económico, es profesional y académico y con una adecuada y fluida forma expositiva que permite su amena lectura. Apréciese a continuación las características de cada ensayo o capítulo.

“Desde Cuba, antes y después de Haití: pragmatismo y dilación en el pensamiento de Francisco de Arango y Parreño sobre la esclavitud”, por María Dolores González-Ripoll Navarro.

Su objetivo, tal y como se expresa en el título del ensayo, es el de valorar, bajo una óptica contemporánea, el quehacer socio-político de Francisco de Arango y Parreño con respecto al movimiento revolucionario haitiano, sin pasar por alto el conjunto de los factores sociales y políticos de la época.

La autora enfatiza en dos elementos generadores del proyecto aranguista: su profundo conocimiento de la sociedad cubana, y su adentramiento en el acontecer europeo y en su mundo colonial.

Igualmente pone en contacto al receptor con la cultura universal de Arango, es decir, con sus fuentes nutrientes. Esto último resulta en extremo interesante en tanto familiariza a los lectores con la literatura, las ciencias, las crónicas y los testimonios asumidos por Arango con vista a la formación teórica de su pensamiento.

Lo anteriormente apuntado tiene un alto valor metodológico porque no solo permite conocer la cultura de la época, al menos la relativa a las esferas intelectuales, sino también pone en evidencia la capacidad crítica de Arango y sus contemporáneos para asumir los valores universales de su tiempo y los específicos de Cuba.

A través de Arango, González-Ripoll muestra las divergencias y convergencias de una intelectualidad que pretendió, desde su cúpula, reformar la sociedad colonial de entonces.

Otro aspecto interesante del ensayo es el relativo a los cambios de la política interna española en Cuba como resultado del movimiento revolucionario haitiano En este sentido, la autora penetra en el quehacer de los políticos e ideólogos, de las instituciones, del movimiento sublevacionista esclavo, del cimarronaje y en la represión política y social, entre otros aspectos.

La reconstrucción de la plática entre Arango y su época permite, gracias al talento de González Ripoll, el establecimiento de numerosos diálogos entre el pasado y el presente, tarea que solo el buen oficio del historiador puede realizar.

“La amenaza haitiana, un miedo interesado: poder y fomento de la población blanca en Cuba”, por Consuelo Naranjo Orovio

La obra de Consuelo Naranjo es conocida en Cuba. Sus incursiones en el siglo XIX le han permitido detenerse en el pequeño pero intenso período abordado por el colectivo de autores del lbro. Específicamente, la revolución haitiana ha ocupado no pocos espacios en la bibliografía de Naranjo la que, a su vez, cuenta con valoraciones sobre el problema migratorio de la población blanca en Cuba. Todos sus trabajos están avalados por la historiografía cubana y por su amplio conocimiento de los fondos documentales referidos a la mayor de las Antillas.

De ahí, precisamente, que llame la atención a los lectores de esta obra, la ausencia, en las referencias 24 y 29, de autores cubanos cuando aborda el pensamiento reformista y los aspectos relativos a la historia de la ciencia, asuntos, además, analizados por ella en otras oportunidades sin dichas omisiones.

Encomiables resultan los tratamientos de Naranjo a las causas y razones que tenían las autoridades españolas y los políticos y funcionarios cubanos para incrementar la población blanca en el país.

De indiscutible valor lo constituye la reconstrucción de las imágenes que sobre los franceses poseían las autoridades insulares. El asunto, generalmente, ha sido tradicionalmente expuesto por la literatura historiográfica desde el ángulo exclusivo de la persecución de que fueron víctimas dichos emigrados pasándose por alto la concepción humana y política que avalaba dicha represión.

En el texto hay alguna que otra afirmación categórica que bien puede matizarse. La más significativa, desde mi punto de vista, es la concerniente a que la revolución haitiana fue “creando una cultura de discriminación y exclusiva de la población de color”, (pp. 88-89), cuando en realidad, dicha cultura se cimentó en Cuba desde mucho antes de los sucesos haitianos.

Uno de los grandes méritos del ensayo de Naranjo Orovio está presente en el epígrafe titulado Los inicios de un debate: colonización y blanqueamiento, (pp. 108-136) donde, entre otras cuestiones, expone el contenido de los memoriales oficiales, orientados hacia el fomento de ciudades y núcleos poblacionales como consecuencia de los sucesos haitianos. Tal y como la autora lo desarrolla se asoma inteligentemente no solo al debate ideopolítico de entonces, sino también a las tendencias actuales de la historia social.

“Cuba en la sombra de Haití: Noticias, sociedad y esclavitud”, por Ada Ferrer.

La tesis defendida por la autora, en los inicios de su ensayo, es que si bien los sucesos de la isla vecina produjeron temor y enormes preocupaciones en los sectores políticos y adinerados de Cuba, no es menos cierto que económicamente los benefició.

Otra de las tesis historiográficas asumidas por Ferrer es que el acontecer haitiano promovió el antindependentismo en Cuba, es decir, contribuyó a la desvinculación de la Isla al proceso emancipatorio continental.

Su objeto de investigación es el de darle sustancia histórica a la repercusión que tuvo en Cuba el movimiento revolucionario haitiano y sus puntos de contacto con la sociedad de la mayor de las Antillas. Para ello desarrolla tres aspectos: el contenido, la transmisión y la circulación de noticias sobre Haití en Cuba; la sociedad esclavista que recibió tales noticias, y el examen de las conspiraciones que invocaron el ejemplo de Haití.

Indiscutiblemente, el ensayo de Ada Ferrer constituye un importante paso de avance en la historiografía especializada en la historia de Cuba de los inicios del siglo XIX. Porque si bien es cierto que todas las obras de historia de Cuba valoran la indiscutible influencia ejercida por el movimiento revolucionario emancipador haitiano en el devenir de la sociedad cubana no lo es menos que prácticamente permanece inédita la explicación sobre las formas y maneras de la penetración en Cuba del gran suceso acaecido en el país más cercano a la mayor de las Antillas.

La autora se sumerge en el difícil camino de analizar las acciones asumidas por las diferentes clases, sectores y segmentos sociales ante la revolución independentista de Haití como partes activas de la dinámica que tal suceso promovió en Cuba.

Igualmente interesante constituye el tratamiento ofrecido por Ferrer a la repercusión que tuvo el proceso independentista haitiano en la vida político social de Santo Domingo. Este asunto ha sido historiográficamente poco tratado y mucho menos lo relativo a sus vínculos con Cuba.

Lo cierto es que la autora prueba que las influencias externas pueden o no hacerse realidad según los comportamientos de los contextos de una sociedad histórica determinada. Tal es el ejemplo de las sublevaciones esclavas o el propio quehacer laborantista de los negros y mulatos libres y el de los movimientos ideológicos que pugnaban por espacios políticos dentro del ejercicio de la dominación colonial.

Ferrer desmitifica la revolución de Haití al describir con rigor y objetividad la violencia, el horror y la esperanza de quienes sacudieron al mundo desde sus siglos de ignominias. Al mostrar las fuerzas contendientes en sus reales dimensiones humanas ella logra un justo y equilibrado análisis

Tomando como fuente las actas capitulares de los ayuntamientos de Santiago de Cuba y de la Habana, Ferrer introduce al lector en algunos aspectos de la vida cotidiana que sufrieron cambios por los sucesos haitianos así como en el papel del rumor en la formación de imaginarios contradictorios y no siempre fieles a la realidad del cercano país.

En relación con las noticias divulgadas en la prensa insular sobre la Revolución Francesa, la autora señala, en la página 197, que hubo prohibiciones para evitar su propagación, cuestión cierta para el período posterior a la usurpación del poder español por Bonaparte. A partir de entonces, la imagen sobre Francia se tornó sórdida y carente de ideales humanísticos.

Ada Ferrer esboza y analiza a la sociedad cubana de los finales del XVIII y principios del XIX en correspondencia con los flujos y reflujos promovidos por el acontecer haitiano sin pasar por alto, salvo los contenidos culturales, a la casi totalidad de sus esferas político sociales. Las miradas, más desde Cuba que desde Haití, se entrecruzan en el estudio de Ferrer para reflexionar en torno a las injustas esencias humanas de la esclavitud y de la dominación colonial española.

. Al tiempo que nutre al observador contemporáneo de los valores de la esperanza, la desesperanza, la soledad y la fuerza moral de aquel tiempo pasado.

“Vertebrando la resistencia: la lucha de los negros contra el sistema esclavista, 1790-1845”, por Gloria García.

Con acierto, la autora se introduce en el complejo mundo de los ingenios y en menor medida en el de las ciudades para develar la multiplicidad de causas gestoras de las sublevaciones esclavas.

El trabajo permite comprender la necesidad de la reconstrucción de los mecanismos de sometimiento a los esclavos para el abordaje del complejo mundo de las mentalidades, de los imaginarios y de la filosofía de la explotación.

Ciertamente, la práctica de la política explotadora es el reflejo y el resultado de los verdaderos pensamientos de quienes se sintieron siempre poseedores absolutos de la naturaleza humana de los siervos. Igualmente, el contenido de las quejas de los explotados y de sus formas sublevacionistas, expuestas por García, evidencian la magnitud de sus concepciones sobre la esclavitud a la vez que ponen en entredicho los móviles civilizadores de los amos esclavistas

La autora también introduce al lector en la conocida problemática de las relaciones políticas que se establecieron en Cuba a partir de la promulgación de la Constitución de 1812 y sus incidencias en el régimen esclavista. El énfasis, en este sentido, se expresa a través de la formulación de mecanismos, por parte de la élite gubernamental y económica, supuestamente capaces de reprimir el progresivo descontento de los sectores populares y particularmente el de los esclavos. Dichos mecanismos revelan la mentalidad y la concepción social de dicha élite y los componentes de sus visiones sobre el universo que pretendían gobernar y diseñar. Ejemplo de ello lo constituyen las ordenanzas de 1820. Su no ejecución indica las inconsecuencias del pensamiento conservador y de los límites del esclavismo.

Los amos, gobernantes e ideólogos dudaban de la capacidad intelectual de los esclavos hasta el extremo de ubicarlos en el mismo orden y nivel de los animales irracionales, sin embargo, temían que fuesen capaces de rebelarse a tenor de los debates abolicionistas de las cortes españolas. Es decir, dichos animales podían perfectamente asimilar las lejanas discusiones teóricas y convertirlas en instrumentos de sus conductas radicalmente opositoras al régimen esclavista. Dichas conductas fueron propulsoras del conjunto de medidas, reseñadas por García, implementadas en los finales de la década del veinte, que iban desde la labor de la Junta de Policía de 1824 hasta las disposiciones y bandos del buen gobierno (pp. 276).

En los dos últimos epígrafes del ensayo, la autora hace gala de su profundo conocimiento sobre el conjunto de rebeldías esclavas acaecido durante los finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. Bien lejos está de perseguir el propósito de reseñar las acciones por las acciones mismas, sino en franquear críticamente sus causas a través de los testimonios de sus participantes con el marcado interés de exponer el doloroso universo de una sociedad imposible de olvidar. García revela que el discurso político de la élite económica y gubernamental es un suceso más a tenerse en cuenta y no toda la historia.

La autora muestra la interioridad del ingenio: su organicidad, sistema de trabajo, administración y las relaciones sociales existentes entre sus diferentes miembros, así como su proyección hacia fuera y hacia adentro.

Igualmente revela el sistema de vida de los esclavos así como las normas jurídicas impuestas por España para regularles sus existencias. Al develar su intimidad, García expone la real dimensión de la esclavitud con sus inherentes procesos internos, sus componentes humanos y sus capacidades generadoras de conductas y realidades antagónicas y contestatarias.

La relación entre política y ejercicio del poder, en sus diferentes esferas y modalidades, y el movimiento de rebeldía esclavo son valorados por la autora dentro de la propia dinámica en que se produjeron. De esta forma, se puede apreciar el diálogo entre la realidad más dolorosa de la sociedad cubana y la gobernabilidad del sistema político.

La autora le dedica un espacio al movimiento de los negros libres, entiéndase las conspiraciones de Nicolás Morales (1795) y José Antonio Aponte (1812), anteriormente estudiadas por José Luciano Franco y sumamente presentes en las obras de historia de Cuba. La nueva lectura de García ofrece elementos interesantes para comprender la inteligencia y la astucia de los jefes insurgentes así como sus pensamientos antiesclavistas.

Lo relevante, en este sentido, es que, si bien las revoluciones de Haití y del resto del continente influyeron en la detonación de las acciones insulares, no lo es menos el papel desempeñado por la unión entre los libres y los esclavos para la subversión del orden interno. Queda demostrada, además, la presencia intelectual de los líderes norteamericanos y haitianos y sus pensamientos emancipadores en movimientos que apenas rebasaron los horizontes marginales de algunas ciudades y campos cubanos. Pero las verdades externas se abren paso en el interior de las conciencias cuando estas se constituyen como resultado de los factores endógenos, quienes, a su vez, son los más relevantes gestores de los cambios sociales.

La narración de las conspiraciones, tal y como se presenta dentro de la sociedad, con sus turbias manifestaciones condenatorias y con sus sórdidas espiritualidades, tales como la violencia, la impotencia, el desprecio hacia la llamada cultura blanca y su condición humana, y todo lo que pueda recordar la espantosa vida de las plantaciones, se devela con la convincente nitidez con que fueron capaces de expresarse las voces de los siervos, para la posteridad, desde las mazmorras conducentes al patíbulo.

La agudeza del análisis de García acerca del miserable mundo de los barracones permite que el lector conozca las complejidades de las rebeldías en sus continuas interacciones con el ejercicio del poder colonial y con el de todas las esferas políticas de una sociedad cuyo fin era el de sostener el colonialismo sobre la base del esclavismo.

Resulta sumamente sugerente la demostración de García de las tendencias internas existentes en los movimientos sublevacionistas esclavos. Una, puramente contraria a la explotación y al poder de los blancos, otra, dirigida a mejorar las condiciones de vida apoyándose en las regulaciones oficiales, y otra, orientada hacia la búsqueda de la libertad en los montes y montañas, es decir, en la cimarronería. Dentro de cada una de ellas, por supuesto, hay todo un mundo de contradicciones y de valores espirituales que no pasa por alto por la autora.

Perceptible, también resulta, el camino que media entre lo exógeno a lo endógeno. De aquello que surge bajo la motivación de la revolución de Haití y de lo que aparece como resultado de las condiciones propias de la explotación esclavista en Cuba. La mezcla de muchos componentes internos y externos facilita la emersión de un universo peculiar donde los antagónicos son de carnes y huesos lo cual rebasa con creces cualquier ejercicio de la ficción o de la especulación filosófica.

Loable es el empeño de Gloria García por exponer las coordenadas emancipadoras de una sociedad impuesta por el colonialismo español y que la revolución independentista fue capaz de acelerar su desintegración, solo ella unió a los libres con los esclavos.

“El estado- nación o la ‘cubanidad’; los dilemas de los portavoces de los criollos cubanos de la época antes de la escalera”, por Josef Opatrný.

La problemática estado nación o la cubanidad es expuesta, por el autor, a través del discurso político existente en Cuba desde los tiempos del reformismo aranguista hasta la Conspiración de la Escalera. El contenido ideológico del pronunciamiento político está sintetizado en la narración de Opatrný de tal forma que puede seguirse el objeto analizado a través del acontecer histórico bajo el mismo prisma de la historiografía contemporánea, aunque omitiéndose los propios análisis marxistas realizados por él en los inicios de la década del 80 (“Antecedentes históricos de la formación de la nación cubana”, Universidad Carolina de Praga, 1984).

Opatrný cita y asume la tesis de José Antonio Piqueras de que

la élite reformista cubana optó por negociar con la metrópoli un nuevo estatus quo de recíproca conveniencia: concesiones sobre el régimen de tenencia de la tierra, esclavitud y libertad de comercio a cambio de sustanciosos excedentes fiscales y de lealtad política. Es patente que en la transacción quedó en el camino la nación cubana. (Leales en época de insurrección. La élite criolla cubana entre 1810 y 1814. Visiones y revisiones de la independencia americana, Salamanca, Ediciones Universitarias de Salamanca, 2003, pp. 188).

Igualmente defiende o al menos se adhiere al concepto, a diferencia de Hans-Joachin Konig, de la nación cultural, para el caso específico de los pueblos latinoamericanos en lo referente a la “formación de la nación con la construcción del estado independiente”.(pp. 323), sin embargo, no profundiza al respecto, tan solo esboza los polos opuestos de la historiografía: los que defienden que el estado podía construir la nación y los que entienden lo contrario, sin descartar la existencia, en ambos, de elementos coincidentes.

A partir del reconocido criterio de que las poderosas fuerzas políticas y económicas, en su generalidad, carecían de interés y voluntad para imponer el camino insurreccional independentista, el autor examina los legados de los principales teóricos de la ideología política de entonces y de los movimientos por ellos representados. Bajo ese mismo prisma, en cuanto a imposibilidades se refiere, describe la esfera de las relaciones internacionales, sobre todo el laberinto mostrado por el vecino norteño.

Como el propósito del autor, a juzgar por el texto, es exclusivamente el de mostrar la visión política de la élite, hay aspectos colaterales que solo se enuncian. Tal es el de la esclavitud y el relativo al sublevacionismo abolicionista cuyas incidencias en la ideología resultan innegables.

El criterio elitista sobre la sociedad esclavista en sus aspectos morales, éticos y humanos conforma la ideología de quienes propugnaron los caminos pacíficos y evolucionistas, dentro o fuera de las relaciones colonialistas. Está claro que los planos de la conciencia social inherentes a los procesos internos sublevacionistas son asumidos, en el texto, por Gloria García y Ada Ferrer, pero también no lo es menos que ambas no se adentraron en el universo de las teorías elitistas políticas, cuestión a esperarse por el autor del último ensayo del libro.

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