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octubre-noviembre-diciembre, 2008
 
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Máximo Gómez: 100 años
Yoel Cordoví Núñez

“Siempre estaré al lado de los cubanos y no aceptaré nada que no esté de acuerdo con mis sentimientos y las grandes aspiraciones de libertad e independencia de este gran pueblo”, así resumía el Generalísimo Máximo Gómez Báez el compromiso contraído, desde muy joven, con la patria cubana. Al año siguiente de esa confesión fallecía en la casona de 5ta y D, en El Vedado; era el 17 de junio de 1905.

Cien años después, un colectivo de autores de las más diversas instituciones científicas y artísticas acogía con entusiasmo la idea calorizada por la investigadora y profesora Ana Cairo Ballester de rendir merecido tributo a la memoria del estratega. No se trataría de un libro más que habría de engrosar la copiosa bibliografía acerca de la personalidad, sino de ofrecer un producto que, a partir de la valiosa herencia historiográfica y con los resultados de investigación más recientes, aportara una mirada lo más diversa e integral posible y que permitiera aprehender las cualidades del revolucionario, del militar, del hombre.

Semejante desafío, víspera del centenario, requería inexorablemente del concurso de especialistas de la vida y obra del general Gómez. Los estudios acerca de quien llegara a definirse como “revolucionario radical”, transformador de “cosas viejas” y “hombres viejos”, de quien se dedicara a luchar por un pueblo que hizo suyo, sin esperar ni pedir nada a cambio, de quien se identificó tempranamente con las necesidades de los sectores y grupos más preteridos de la sociedad colonial y confesó a su amigo José Martí que por ellos luchaba, requiere de una perspectiva de análisis mucho más integradora, en ningún modo reducidos a su faceta militar.

El libro Máximo Gómez. 100 años, publicado por la Editorial de Ciencias Sociales en 2006, llega en un momento importante de nuestro acontecer historiográfico, pero también político. El texto en su conjunto muestra las posibilidades de líneas de trabajo a emprender en el tratamiento de la figura del general Máximo Gómez, al tiempo que advierte la existencia de un universo documental por explorar y procesar, aporta, enriquece, convoca al debate científico.

Muy atinada la selección del artículo “El General Gómez”, escrito y publicado por José Martí en el periódico Patria el 26 de agosto de 1893 con el cual se inicia este libro. El retrato físico y moral que nos lega el Maestro acerca del Generalísimo y su familia, la espiritualidad del escritor rebosante de respeto y admiración hacia el guerrero, serán motivos de referencia en varios de los trabajos que integra la obra.

El estudio de la familia mambisa de los Gómez-Toro, a la que se refería Martí, en la que “Cada cual quiere servir primero y servir más”, es la propuesta del historiador Antonio Álvarez Pitaluga. El empleo de técnicas propias de los estudios de familia, el procesamiento minucioso y audaz de una información dispersa y poco convencional en investigaciones biográficas, permiten acercarnos “al hombre”, con sus gustos, sufrimientos, al padre de familia con su inseparable Manana y su extendida prole, al viejo estratega que llora y ama.

Entre los innumerables trances amargos que debió enfrentar esa familia estuvo el encarcelamiento de Gómez en República Dominicana, en medio de los preparativos del Programa de San Pedro Sula o Plan Gómez. De este singular y peligroso episodio en su vida trata el artículo “La prisión de Máximo Gómez en Santo Domingo, 1886”, del historiador dominicano Emilio Cordero Michel. La consulta de un valioso material documental inédito, procedente del archivo personal de los hermanos Billini Aristy, muy vinculados al lamentable suceso, le permiten reconstruir la trama que condujo al encarcelamiento y a la posterior puesta en libertad del jefe mambí.

Estimulante para este comentarista es el interés apreciable en el libro por encauzar los esfuerzos investigativos a revalorizar el pensamiento y el quehacer del general Gómez en el complejo período de ocupación militar estadounidense entre 1899 y 1902, así como en los años republicanos siguientes hasta su muerte, lapso caracterizado por insuficiencias y sensibles vacíos historiográficos en el tratamiento de la personalidad.

El mayor interés de los autores aparece centrado en las afinidades y disensos entre Gómez y otras figuras relevantes de la vida política del país. Tal es el caso del historiador Rolando Rodríguez en “La última querella de la revolución: la Asamblea del Cerro y Máximo Gómez”, quien incursiona con acierto y un bagaje documental apreciable en los acontecimientos que condujeron al nefasto desenlace para la unidad revolucionaria. El autor analiza las diferentes posiciones asumidas por los asambleístas y las estrategias políticas de los firmantes del empréstito Cohen, hasta llegar al encontronazo con El Viejo, contradicciones éstas que, a decir del especialista, sólo sirvieron para “echar agua en el molino de los enemigos de la independencia”.

A las relaciones entre Gómez y uno de los asambleístas, partidario furibundo de su destitución, nos acercan los historiadores Ricardo Muñoz y Elda Cento con “Máximo Gómez y Salvador Cisneros: los Estados Unidos y el nacimiento de la República”. Los enfoques mesurados, sin parcialidad ni diatribas, siempre innecesarias en los análisis históricos, así como la adecuada contextualización de las convergencias y distanciamientos entre ambas figuras, son puntos a favor de un trabajo serio que aportar en información y análisis.

Uno de los momentos más tensos en las relaciones entre Gómez y el Márquez de Santa Lucía estuvo relacionado con la campaña electoral de 1901. Acerca de la conducta del general dominicano-cubano en torno a estos acontecimientos trata “Máximo Gómez y el gobierno de Tomás Estrada Palma”, del historiador Jorge Ibarra Cuesta. En el ensayo, el autor desmonta diversos criterios preestablecidos y ofrece coordenadas de análisis medulares para comprender al hombre y su época. Para Ibarra Cuesta, el general Gómez adoptó las decisiones que convenía al país, “aún cuando su imagen pública corriera el riesgo de ser desvirtuada”.

En esa misma línea se encuentra “La candidatura Estrada Palma-Masó: en torno a una polémica, del historiador Yoel Cordoví, interesado en discurrir sobre las posibles razones que condujeron al abstencionismo electoral de Máximo Gómez y su apoyo al maestro del Central Valley como candidato a la presidencia de la República. El autor afirma que el estratega apostaba por la inclusión de Tomás Estrada Palma y Bartolomé Masó en una misma candidatura, en busca de un liderazgo de fuerte representatividad independentista.

Con la misma intensidad que enfrentó la campaña electoral a favor de Estrada Palma en 1901, retomó su activismo político ante la decisión estradista de reelegirse, afiliándose al Partido Moderado en 1904. Al año siguiente fallecía en La Habana: “La noticia se esparció como pólvora por todo el país”, refiere la historiadora Yolanda Díaz en una especie de crónica de “La muerte” y las exequias del guerrero.

Por su parte, la historiadora Francisca López se adentra en los juicios polémicos construidos en el acontecer historiográfico sobre la figura de Gómez. En su artículo “Máximo Gómez entre el símbolo y la polémica”, analiza la construcción simbólica de la imagen física y moral del líder mambí desde los más diversos códigos del imaginario cubano, tanto los aportados por testigos y protagonistas que plasmaron sus múltiples y encontradas visiones a través de relatos, memorias y otros documentos escritos, como los que habrían de producir y reproducir los sectores más populares.

Las siempre polémicas y fascinantes relaciones Gómez-Martí y Gómez Maceo son otros de los ejes temáticos del libro. En estas últimas incursiona el historiador Oscar Loyola, quien desde una amplia y certera perspectiva de análisis de lo él que denomina el “contexto amistoso” en que desenvolvieron su quehacer las dos personalidades, delimita sus momentos de convergencias, así como las determinantes que influyeron en las contradicciones y distanciamiento.

Muy atinado, por cierto, el profesor Loyola al remitirse a Vittorio Gassman en memorable frase: “Un amigo es alguien que te conoce, y sin embargo, te quiere”. La lectura de los trabajos de Pedro Pablo Rodríguez, Marlen A. Domínguez Hernández e Ibrahim Hidalgo Paz, referidos a las relaciones de amistad y hermandad entre Máximo Gómez y José Martí, validan la sentencia.

¿Cómo llegó a producirse la identificación política y humana entre ambos, sobre todo tras la inicial ruptura de 1884? El lector interesado en el tema podrá acercarse al artículo “La amistad revolucionaria entre Máximo Gómez y José Martí”, de Pedro Pablo Rodríguez, donde constatará el itinerario de una relación que, a pesar de las contradicciones y encontronazos, devendría en “la amistad sincera, sin adulación, sin escondite, sin resquemores”, en “la amistad de dos grandes”.

Destacable el análisis que hace el autor de la célebre carta-ruptura de 1884, considerada por el especialista, con toda razón, “uno de los documentos básicos” para conocer el ideario político martiano. Sugerente también la posterior revelación de dos borradores fragmentarios de la referida epístola, inédita hasta ese momento, y cuyo cotejo con la versión final conservada por Gómez, evidencia el sumo cuidado con que enfrentó Martí la redacción de la carta, dos días después del enfrentamiento en la casa de Madame Griffou.

El historiador Ibrahim Hidalgo pone el énfasis en las “Coincidencias y divergencias de Gómez y Martí en la organización de la guerra necesaria”, aunque transita por los diferentes contextos de acercamientos y de tensiones hasta llegar a la muerte de Martí. Bastarían las primeras líneas de su texto para aquilatar los presupuestos valorativos esenciales de los que parte el autor cuando advierte la capacidad de dos “verdaderos revolucionarios” para llevar “hasta sus últimas consecuencias la discusión de opiniones y la confrontación de ideas”.

Ahora bien, el libro Máximo Gómez: 100 años, no es sólo el cristal a través del cual observamos al hombre que fue, en una época ya lejana condicionante de sus actos, que templó su carácter y posibilitó su grandeza. El libro reseñado es, además, un espejo, en tanto refleja la universalidad y la plena vigencia de un pensamiento, de una moral profundamente humanista, de un ejemplo de revolucionario en cualquier tiempo.

Una de las claves para la comprensión de esa trascendencia la ofrece el Director del Programa Martiano, Armando Hart, cuando afirma en Máximo Gómez, el generalísimo”, extracto de su conferencia publicada por Ediciones Urbe, República Dominicana, en 1992, que el dominicano era “la más pura expresión del pueblo” y en el transcurso del texto argumenta el carácter popular de su obra transformadora. Agrega el autor que los cubanos de hoy somos los genuinos herederos de “este grande de nuestra historia” y que lo que hacemos y haremos es para continuar su obra.

Desde luego, el resto es tan difícil como necesario, y así parece entenderlo Monseñor Carlos Manuel de Céspedes en sencillo, pero agudo artículo titulado “Del Generalísimo Máximo Gómez a los cubanos. Consejos para la vida republicana”, publicado por vez primera en Palabra Nueva, en 2004. Las frases de Gómez extraídas por el sacerdote católico son sólo la muestra de un pensamiento y de un proceder consecuente, cuya vigencia puede advertirse en cada consejo al pueblo de Cuba, como en aquel en que dice: “Aprended a hacer uso en la paz de vuestros derechos que habéis conseguido en la guerra; que no se deben conformar los hombres con menos, porque eso conduce al servilismo; ni pretender más, porque os llevaría a la anarquía”. La reflexión se impone y es ese el objetivo principal que persigue el autor.

“Máximo Gómez, «Quijote« cubano”, es la propuesta del escritor Eliades Acosta, motivado también por la definición de la estatura moral de la personalidad. El autor abunda en ejemplos que constatan la concepción del deber en Gómez y sus principios éticos, cualidades que, a decir del ensayista, permiten comprender la capacidad de un hombre de aceptar, como única recompensa a la propuesta de luchar por la independencia de un país, “la ingratitud probable de los hombres y el placer del sacrificio”, que le ofreciera otro de los grandes.

El ideal antillano de Máximo Gómez es el tema en que incursiona el desparecido historiador Francisco Pérez Guzmán, a quien con toda justeza está dedicado el libro. El autor, que tanto aportó a los estudios de nuestras gestas libertadoras y en particular a la vida y obra del Generalísimo, analiza en su artículo las condicionantes formativas y de madurez del pensamiento antillanista de la personalidad y al hacerlo esclarece que esa vocación tenía como eje central la total independencia y soberanía de Cuba.

Entre los valores sustanciales de este libro se encuentra la multiplicidad de facetas de la personalidad que logra integrarse, algunas poco conocidas; otras, desconocidas. Así, por ejemplo, a muchos lectores seguro sorprenderá el título “Máximo Gómez, escritor”, del poeta, ensayista y crítico literario Roberto Friol, publicado por primera vez y también empolvado en la revista Santiago, de junio de 1986. El ensayo lingüístico incluye el análisis de disímiles composiciones literarias del guerrero, desde los textos antológicos Convenio del Zanjón, El viejo Eduá, Mi escolta, La Odisea del General Maceo y el monumental Diario de Campaña, hasta narraciones menos frecuentadas como El sueño del guerrero, El guajiro y la guajira, La guerrilla de los casados, Mujeres, El Porvenir de Cuba, entre otros.

Por su parte, la especialista en estudios literarios Mariana Serra defiende en “El ensayista y El Convenio del Zanjón”, la existencia de una fisonomía ensayística en uno de los documentos testimoniales más importantes relacionados con la Guerra de los Diez Años. La autora no sólo expone el contenido del esclarecedor relato, sino que también se interesa por la “voluntad de estilo” apreciable en el texto. Serra coincide con el también escritor Ambrosio Fornet y con el propio Friol, en destacar el vigor y patetismo de la prosa del protagonista, así como su sentido de lo dramático, “apenas superado en nuestra narrativa de campaña”.

“Con olor a guerra. A propósito de las narraciones”, de la investigadora y crítica literaria Cira Romero, mantiene el énfasis en la “habilidad especial” de Gómez para escribir, a pesar de su formación autodidacta. Romero acude a la selección de textos que hiciera Fornet en 1979 para discurrir con precisión en torno a sus valores literarios, advirtiendo la “fuerte voluntad narrativa”, e incluso, de “buena literatura” apreciable en otros escritos que se suman a los tratados por Friol y Serra, entre los que aparecen Momentos de ocio, Recuerdos a mis hijos, Francisco Gómez Toro y La Fama y el Olvido.

Pero Máximo Gómez, además de escribir textos literarios, devino también en tema de inspiración para cultivadores de la poesía patriótica. He ahí el centro del estudio de la especialista en literatura y cultura cubanas María Elena Capó, quien selecciona y analiza en contenido y estructura lírica un conjunto de composiciones inspiradas en el viejo guerrero. Los poemas de Francisco Gregorio Billini, Bonifacio Byrne, Luisa Pérez de Zambrana, Aurelia Castillo González, Pedro Henríquez Ureña, Rubén Martínez Villena y el Indio Naborí aparecen reproducidos de manera íntegra a continuación del ensayo.

Al igual que la poesía, la narrativa incorporó entre sus motivos de inspiración la figura del legendario héroe, convirtiéndolo en “Un personaje literario”, tal como lo analiza la investigadora Ana Cairo, a través de un recorrido por exponentes del canon narrativo desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Particular énfasis hace la autora en las habilidades técnicas de Héctor Poveda, Carlos Montenegro, Miguel Barnet y Reinaldo Montero, escritores que junto as Martí alcanzaron, a juicio de Cairo Ballester, los mejores resultados en originalidad y técnica narrativa. Al finalizar el artículo se anexan algunas muestras de esta literatura.

A la bibliógrafa Araceli García-Carranza se le agradece la “Bibliografía selecta de Máximo Gómez”, apreciada siempre por especialistas y estudiosos de la personalidad. Este esfuerzo viene a actualizar la importante selección bibliográfica y documental que hiciera Ernesto Ruiz, en el sesquicentenario del natalito del Generalísimo.

Culmina el libro con las sugerentes “Instantáneas artísticas”, del historiador de la caricatura cubana, Axel Li. El autor apuesta en su estudio por la necesaria unidad entre texto e imagen, e incursiona en el itinerario visual que, entre fotografías, ilustraciones, grabados, pinturas, esculturas y otras manifestaciones artísticas, inmortalizan la imagen física del veterano. Es el testimonio gráfico, como preciada fuente artística e histórica, el centro de interés de Li, que cautiva por la originalidad con que trata la imagen y el imaginario en torno a Gómez desde las artes plásticas.

Por último, agradecerle a Ana Cairo, por el sistemático empeño de sumar voluntades en empresas historiográficas que se resisten a dejar morir la memoria y que contribuyen, con el saber de muchos, al enriquecimiento del acervo científico y cultural de un pueblo.

“A paso vivo” marchará este libro y todo aquel que beba en su lectura tendrá más de una razón para levantar la mirada ante los pedestales que inmortalizan y exclamar, con la misma sensibilidad y belleza que lo hiciera el historiador de la ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler ante el monumento a Máximo Gómez el 17 de junio de 2005: “Te abrazamos padre, y no te dejamos solo en este monumento espléndido de mármol y de bronce. Te volveremos a ver, así como tú querías, levantado, con el rostro firme, mirando al porvenir (…) Así te vemos, General, y así acudimos a depositar ante tu tumba y ante tu espíritu, las flores, las llamas, las lágrimas y las canciones de tu también patria amada.”

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NACIÓN CUBANA: ETNOS Y SOCIEDAD
Director: Félix Julio Alfonso López
Edición: Joanna Castillo Wilson
Diseño: Alejandro de la Torre Chávez
Programación: David Muñoz Compte
Consejo asesor: Roberto Fernández Retamar, Eusebio Leal Spengler, Eduardo Torres-Cuevas, Jorge Ibarra Cuesta, María del Carmen Barcia Zequeira, Raúl Izquierdo Canosa, Sergio Guerra Vilaboy, Fernando Martínez Heredia, Rolando Rodríguez, Ana Cairo, Fernando Rojas, Rolando González Patricio y Felipe Pérez Cruz.
ISSN2075-6046 / RNPS 2223